Metodistas en la Revolución Mexicana

Para meditar un momento acerca de la importancia del movimiento y guerra de transformación social, denominado históricamente como la Revolución Mexicana (la primera en su tipo entre las que tuvieron lugar en el siglo XX), y la relación que el metodismo sostuvo con ella, estamos retomando un discurso del Maestro Luis Rublúo Islas, durante la ceremonia cívica en el Hemiciclo a Juárez, organizada por la Iglesia Metodista de México, A. R. con motivo del XXV período de sesiones de la Conferencia Anual de México, el viernes 16 de Julio de 2010, a las 12.00 Hrs. Éste fue publicado en septiembre 26 de 2010, aquí mismo en El Evangelista Mexicano.
“El grito se levanta tierra afuera por razón de lactancia. Espiritual de tierra adentro… Porque tierra adentro quiere decir la herencia de un Hidalgo, y la epopeya de un Morelos, y la peregrinación de un Juárez, y el martirio de un Madero. Se quiere decir que México tiene héroes, que México tiene abuelos…” Alberto Rembao, Evangelio de la mexicanidad. 1949.
Lic. Luis Rublúo Islas
Lic. Luis Rublúo Islas

Pbro. Moisés Valderrama Gómez, Obispo de la C. A. M., Pbro. Andrés Hernández Miranda, Obispo Electo de la C. A. M.,
Queridos hermanos de la Conferencia Anual de México,
Conciudadanos todos:
Entre el gran pueblo mexicano, emerge el pueblo evangélico de México y, en la configuración de éste, destaca el pueblo metodista mexicano; y como tal, es pueblo cristiano y en su doctrina cabe, natural, entrañablemente un inmenso amor a la Patria; tanto, como son símbolos nuestros y desde el principio, el pabellón tricolor: verde, blanco y rojo; el escudo del águila y la serpiente, el Himno Nacional con las estrofas escritas por Francisco González Bocanegra y música de Jaime Nunó; la egregia figura del más grande estadista de esta tierra: Benito Juárez; y, palmo a palmo, la geografía nacional nos es igualmente entrañable, según de toda esa geografía provienen
nuestros miembros, hermanos correligionarios. Nuestro compromiso con la Patria, nunca, nunca acabará: somos mexicanos.
Por cuanto hace a la historia, de los primeros metodistas institucionales se dieron grupos importantes de escritores e historiadores, interesados desde el pasado prehispánico y escribieron de toda época. La congruencia entre el amor a Cristo y el amor a México, bajo del respeto sin límites, dio a una vez como resultado, una pléyade de personajes allegados como miembros de la iglesia o como simpatizantes, lo que explica su intima colaboración al interior de la comunidad metodista de México, de notables intelectuales patriotas: Don Justo Sierra, el Maestro de América, para empezar, de quien guardamos páginas hasta hace poco inéditas en su bibliografía; Heriberto Frías, el pre-revolucionario autor de la novela primigenia, de un género trascendente en el país: Tomo Chic; Frías, quien en nuestra jerga lingüística fue “un metodista ganteano” –alusión a nuestro templo situado en la calle Gante número 5-, y ahí trabajo mucho: de él conservamos obra literaria, teatro representado en la iglesia; y, no se diga el Cantor del Hogar, Juan de Dios Peza, quien durante los últimos treinta años de su vida, lo recordamos ahora en su centenario de muerte –enero de 1910 -, convivió entre nosotros, auxilio a la señorita Julia Butler en la preparación del primer Himnario Metodista Mexicano. Y aún él mismo escribió himnos, los que ahora se cantan en nuestra liturgia: A Cristo doy mi canto”, es un ejemplo. Y podría agregar otros nombres con satisfacción: Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, José María Vigil, Amado Nervo, etc. Nada de esto es simple presunción, nuestro Archivo Histórico cuneta con documentos preciosos, sobre todo por la simpatía que despertó la liberalidad y un no desmentido nacionalismo de la Iglesia Metodista de México y la generosidad de su periódico oficial, entonces: El Abogado Cristiano Ilustrado y su imprenta, de la que el arqueólogo mexicano, Dr. Leopoldo Batres, edito obras suyas. Otra de estas características patrióticas las tenemos en los nombres de escuelas e institutos fundados por la iglesia: Hijos de Hidalgo, Hijas de Allende, Hijos de Juárez, o Colegio Insurgente Julián Villagrán, son asimismo ejemplos.
Por tales remembranzas históricas, ciertas, no debe sorprender a nadie, como, cuando ahora México se apresta para conmemorar el Bicentenario de la Independencia Nacional, los metodistas podemos referirnos a riquísima historiografía relativa, escrita por pastores y laicos de ayer y de hoy. Y si se trata del Centenario de la Revolución Mexicana, la aciaga época y aquellos episodios; pero muchísimo más: los metodistas vivieron intensamente el periodo a través de nuestros abuelos y padres quienes abrazaron las causas de aquel movimiento social, el primero el mundo en el siglo XX. Movimiento el que lucho por el respeto a principios, los cuales ya se habían ganado con sangre; principios de libertades de conciencia, de expresión dentro de un Estado laico, pero de nuevo vulnerados. Esos abuelos metodistas fueron, muchos, muchos revolucionarios.
A distancia, como el gran episodio histórico según resulta, podemos contemplar un cuadro de Generales Metodistas, de reconocida presencia, junto a Madero, junto a Carranza, junto a Zapata, junto a los Flores Magón. De esos generales, unos cayeron en combate, otros murieron fusilados y otros más, sobrevivientes, con el tiempo se vieron reconocidos como veteranos de la guerra. Otro cuadro es el de pensadores, si bien entre ellos caben generales del cuadro anterior; en este contemplamos a los educadores influyentes, quienes contribuyeron para la estructuración del Artículo Tercero Constitucional y derivados de este, un replanteamiento de programas en la
educación pública. Se hallan, asimismo los obreristas, los agraristas de genio, lo reitero. Cuadro anterior a los dichos, pero en mayor número, lo integran los precursores y luego decididos revolucionarios, desde fines del siglo XIX y en los albores del XX, cansados de una dictadura cada vez insostenible, hasta la institucionalización de las ideas surgidas durante el conflicto. Es necesario que se sepan siquiera, algunos de los más importantes episodios en los cuales hombres y mujeres comprometidos en la lucha revolucionaria, gente metodista de aquellos cuadros, participaron
Del precursor, el más numeroso, destaca una mujer a la debemos mucho: la maestra Juana palacios, primera en dirigir un jardín de Guiños en la República, año de 1887 en Puebla; iniciadora de un feminismo, cuya doctrina la que data de 1906, es feminismo junto con el hombre y no contra el hombre; mujer escuchada y respetada, llego a ser la primera en su género en dirigir la escuela de Altos Estudios, hoy Facultad de Filosofía y Letras de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México. Y agregamos otra dama: Bertha Gamboa, hija del pastor y escritor Conrado Andrés Gamboa, y después esposa del poeta español León Felipe. Sus ideas avanzadas las comenzó a verter en El Abogado Cristiano Ilustrado y con el tiempo creo la cátedra de Historia de la Revolución Mexicana, a partir de la literatura: la Novela precisamente, la que surgió del movimiento esfuerzo del cual devino en una extraordinaria Antología, la que casi dejo preparada cuando murió, y la sucedió en la tarea quien fue rector de la Universidad Nacional, el Dr. Antonio Castro Leal, y por ello este maestro le rindió un singular homenaje a la maestra Gamboa de Camino. En el pensamiento de esta mujer esta considerar el idealismo y acción de aquella tragedia nacional, por sus logros positivos, una gran lección de civismo.
El Gral. Emiliano Zapata confió a dos pastores-maestros, entonces de sus principales generales, metodistas ambos: José Trinidad Ruiz y Otilio Montaño, la redacción del Plan de Ayala, uno de los documentos próceres de la Revolución Mexicana; sí, nosotros podemos decirlo con seguridad y orgullo legítimo, ese, el Plan de Ayala es un documento metodista por su hechura; y lo dice la historia, y lo dicen los historiadores no metodistas, desde luego no con este énfasis, pero quienes sí reconocen semejante sello; y no en balde calzaron con sus firmas, inmediatamente después de Zapata, aquel insigne papel. Los hermanos metodistas Ruiz y Montaño, cayeron en la lucha; el último injustamente acusado, calumniado y a quien no se le dio el derecho de defensa; y entre los cargos estuvo el de “redactar cartas pastorales”. Murió fusilado.
En la huelga obrera de Río Blanco, Veracruz, 1906-1907, estuvieron dos metodistas de incansable activismo y los dos muertos también durante la lucha: José Rumbia Guzmán, pastor y maestro, y Camerino Z. Mendoza, laico metodista; el nombre de éste último es tan recordado por su influencia, como que ahora una población importante en el estado de Veracruz, cercana a Rió blanco, se llama exactamente Ciudad Camerino Z. Mendoza, Ciudad Mendoza. Había nacido en Real del Monte, Hidalgo.
Durante la revolución Constitucionalista, la que echo fuera al usurpador Victoriano Huerta y Junto a Venustiano Carranza, destacaron varios de nuestros personajes en la diplomacia, en la educación y aun en la política. Uno de ellos, el profesor Andrés Osuna quien fue integrado al gabinete del Primer jefe, en la cartera de Educación Pública para el Distrito y territorios federales y luego Gobernador del estado de Tamaulipas. Por su parte debo agregar: Otilio Montaño también ocupó la Secretaría de Educación Pública en uno de los gobiernos convencionalistas; y el Gral. Camerino Z. Mendoza fue Gobernador del Estado de Puebla. Otros tres hombres metodistas recuerdo: el Dr. Alberto Rembao, quien a sus quince años perdió una pierna en la guerra. Siempre recordó su iglesia “del primer amor”, la metodista “La Santísima Trinidad” de la Ciudad de Chihuahua, después fue congregacionalista, pero dejó un libro documento: Chihuahua de mis amores, memorias, visión de la historia mexicana, testimonios suyos sobre la revolución, desde su asiento en la dirección de estudios latinoamericanos de la Universidad de Columbia, en Nueva York. El Dr. Efrén Muñoz Mata, uno de los cronistas oficiales de nuestra iglesia, médico, educador, historiador, autor de un libro clásico: México en la Historia. Por último, el Dr. Gonzalo Báez Camargo, revolucionario constitucionalista, subteniente en la tropa del Gral. Francisco Coss y seguramente el más lúcido y autor de testimonios, tanto como para ser un eje en esa materia. En efecto, escribió y publicó muchísimo bajo del seudónimo que lo hizo célebre en idioma español: Pedro Gringoire.
Para concluir permítaseme un recuerdo de mi padre, en su juventud miembros de nuestra iglesia, asistente al templo “Emmanuel” de real del Monte, también se fue a la Revolución en el Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza y solo alcanzó el grado de sargento; pero llego a ser Presidente Municipal de real del Monte y por lo menos en el estado de Hidalgo, suprimió desde su aldea, las Tiendas de Raya, por lo que pretendieron asesinarlo y, en efecto lo dejaron por muerto en un atentado. Sobrevivió y en su Mineral puso el nombre de su correligionario y paisano Camerino Z. Mendoza, al Mercado Municipal, hasta ahora el más grande de todos; creo escuelas y la gente lo recuerda con cariño, como para que un barrio y una calle lleve su nombre; Abraham Rublúo Calva. El vivió la dureza de la rebelión Cristera y nos contó cómo, con prudencia, mucha prudencia y lecciones de tolerancia, para nada fáciles, pudo atemperar las pasiones ante la cercanía de un Obispo católico, el de Huejutla, quien fue conducido preso a la cárcel de Pachuca por infringir Constitución y leyes, de manera muy grave.
No la iglesia Metodista como tal, si los metodistas, muchos, como ciudadanos quienes jamás escondieron su fe cristiana, estuvieron en esa revolución Mexicana. Quisiera extenderme, no es el momento, para ellos precisan libros que narren tantos episodios y vidas de los nuestros. Así se verá cómo el metodismo, una manera de ser cristiano, mantiene el espíritu de servicio a los demás y es afín a las causas de libertad. Cristo nos dijo: “… conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” Juan 8.32) Y el apóstol Pablo, al escribir a Tito su discípulo, lo alecciona respecto del poder público y del Estado, conforme con las doctrinas de Jesucristo: para exhortar con autoridad de espíritu, precisa también respetar la autoridad de los gobernantes “en buena obra” (Tito 3.1 y ss)
¡Qué bien decir estas cosas en el hemiciclo a Benito Juárez, el más grande estadista de México!
Muchas Gracias.