NUESTRO PESO PUEDE SER EL CONTRA PESO DE NUESTRA
RESPONSABILIDAD PRIMARIA EN LA MAYORDOMÍA CRISTIANA
Hace muchos años el ser gordito, para la mayoría de la gente, era estar sanito, lleno de vida, aun en nuestros días, es señal de buena salud, o de ser simpático, gracioso, o chistosito.
Invierto este tiempo al escribir estas líneas, movido por la preocupación de la salud, calidad y extensión de vida de mucha gente que amo. Me esfuerzo porque de ninguna manera moleste o incomode a quienes se sientan aludidos, sino que óptimamente pueda servir como un alerta y anime a tomar medidas concretas, practicas a fin de lograr deshacerse de esos kilos de más que tanto les dañan.
Últimamente la población se ha alarmado por el efecto del estereotipo de las muñecas Barbis, y las «Mises» en los concursos de belleza donde la esbeltez, raya en la línea esquelética, y se llega a excesos como la bulimia y la anorexia.
Sin tener los criterios profesionales de biólogos, médicos, nutriólogos, psicólogos, o dietistas, podemos darnos cuenta que la obesidad es un problema de salud, que en todos los casos deteriora la calidad de vida y puede llegar a ser fatal.
Hemos escuchado a muchas personas que argumentan, a manera de justificación su sobre peso, que se sienten bien así, que eso les da y fortalece su personalidad, y aun que así Dios los ha hecho y así los quiere.
Hace unos meses, al bajar 16 kilos que me sobraban, mi medico familiar, una doctora del IMSS, Mary Paz Rojas, me expreso: «Que gusto me da atenderle, me siento como maestra de escuela cuando su alumno ha sacado puros dieces», y agrego, sabiendo cual es mi ocupación: «Usted si pude predicar sobre lo sagrado de la vida y nuestra responsabilidad de cuidar, delante de Dios, nuestro cuerpo, no como algunos sacerdotes que esconden su obesidad bajo la sotana». (¡ !). Pocos días después participe en una reunión conferencial de pastores, y pastoras, y de golpe observe que seis o siete de cada diez, notoriamente estaban sobrados de peso, (con púlpito integrado). Yo he sido gordo en algunas etapas de mi vida, sufriendo el estigma de los apodos, pero sobre todo padeciendo poca calidad de vida.
Es incuestionable que pueden estar participando u originando esta anomalía factores hormonales, genéticos, alteraciones emocionales, costumbres familiares, estilos culturales, etc., pero también es cierto que esos elementos son factibles de ser atendidos y corregidos por el área de salud que corresponda. Salvo, quizás algunas excepciones.
En muchos casos, la obesidad es una muestra de una conducta carente de dominio propio ante la gula o por lo menos carencia de responsabilidad en la mayordomía de su propio cuerpo.
Está bien sabido cómo nos afecta en nuestra salud física el sobre peso: Alteración de la presión arterial, dificulta el trabajo de órganos esenciales de nuestro cuerpo, muy directamente nuestro corazón, los riñones, el hígado y aun el cerebro.
Pone en alto riesgo nuestra composición sanguínea propiciando casi inevitablemente problemas de diabetes, y esta, limitaciones y daños irreversibles a la vista, las articulaciones, mal funcionamiento glandular, y funciones cerebrales, como la concentración, la reflexión, la memoria, tu estado de animo, etc.
En casos acentuados de obesidad, se sufren problemas económicos al no encontrar ropa de su talla o encontrarla a mas alto costo. El problema financiero se agrava cuando la cantidad de alimentos que se necesita consumir se ha convertido en un hábito compulsivo.
Otro problema no menos importante es la autoestima dañada por la incomodidad de bromas y comentarios, de no caber en la ropa, ni en los asientos, particularmente de avión, romper, a causa de su sobré peso bancos, sillas , etc.
Debemos y es útil preguntarnos: ¿vale la pena hacer un esfuerzo en el presente para así tener a corto, mediano y largo plazo mejor calidad de vida? ¿Me quiero lo suficiente para que con responsabilidad, y la ayuda de Dios, ponga un alto a la gula, la vida sedentaria, y así evitar una amputación y acelerar el momento de la muerte?
Te comparto con afecto y respeto algunas recomendaciones que a mí me han dado resultado:
- CONTROLA TU PESO. Usa la báscula con frecuencia, pésate, mide tu cintura y tu presión arterial por lo menos cada semana. Identifica y acepta si estás en tu peso ideal, tienes sobre peso, o padeces obesidad.
- Diariamente has ejercicio, camina, (intensifica la visita pastoral domiciliaria), nada, trota, saca a pasear a tu perro, por lo menos 20 o 30 minutos diariamente, tu corazón, cerebro, aparato digestivo y sistema nervioso te lo agradecerán. Si rebasas los sesenta años hazlo bajo supervisión médica.
- Evita: las grasas, lo frito, harinas, exceso de sal ( te retiene los líquidos) y azúcares, No cenes, merienda, No te artes, come lo que sea sólo lo necesario y mastica despacio, toma suficiente agua ( no refrescos, cada refresquito, equivale a de 6 a 9 cucharadas de azúcar), come frutas y verduras, no jugos, tienen mucha azúcar.
- Ámate un poco más a ti mismo, ejerce disciplina personal, ponle horario a tus comidas, ( come, no tragues) consulta con regularidad a tu médico, ponlo en oración, Dios quiere y puede ayudarte, eres importante en su proyecto de vida en ti, para ti, y por medio de ti.
- Si le hemos entregado nuestra vida a Dios, nuestro servicio debe y puede ser lo más eficiente y efectivo y dar el máximo de rendimiento, servimos al Rey de reyes y Señor de señores.
Ten presente, tu cuerpo es templó del Espíritu Santo ¡Vive! Y vive plenamente, ¡Vive hoy! Pues de lo contrario….
«Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee…
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, quien no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando está infeliz con su peso, su trabajo, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir atrás de un sueño, quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, probar la aventura de caminar tomado de la Mano de Dios.»(Adaptado)
Fraternalmente.
Pbro. Rafael Murillo Paniagua

