Categoría: Artículos de Reflexión

¿Estamos Ante el Fin del Mundo?

¿Estamos ante el fin del mundo?

Fernanda Casar Marfil

Han sido días de mucha incertidumbre, las circunstancias a nuestro alrededor nos producen una fuerte ansiedad sobre el porvenir, y en medio de la incertidumbre han surgido alrededor de la gente que conozco y acompaño, muchas dudas sobre si este es el fin del mundo.

En nuestro inconsciente tenemos metida una visión muy extraña con tintes “hollywoodenses”, sobre lo que va a pasar y cómo va a pasar, por eso en esta ocasión me gustaría abordar algunos puntos respecto a lo que la Biblia menciona sobre el fin de los tiempos.

A manera de contexto, debemos saber que la mayoría de las teorías sobre el fin del mundo, toman un poco de aquí y otro poco de allá, sin tomar con seriedad el género y contexto de los libros que usan como fundamento, y esto ha resultado en una obsesiva búsqueda de correlación entre lo que está escrito y lo que está pasando en nuestro presente. Así ha ocurrido a través de la historia, muchos han declarado en diferentes momentos que la figura del Anticristo está (o estuvo) representada por Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Henry Kissinger, Mikhail Gorbachev [1], hasta Donald Trump. Definitivamente el tema nos debe llevar a un serio estudio sobre el libro del Apocalipsis, pero ese no es el único documento bíblico que aborda el tema.

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Es Personal

Es personal

Hugo Almanza

Hace algunos meses mientras veíamos las noticias en España e Italia, nos asombrábamos de las cifras de enfermos y muertes que presentaban; a través de redes sociales observaba a los líderes y hermanos en la fe que compartían con temor sobre la condición de la nación respecto al Sars-Cov2, y pensábamos “eso no puede ser cierto… no nos va a pasar”; entonces un líder de opinión en tecnología español (@earcos) y un predicador (@itielarrollo) ambos españoles, compartieron en Instagram que las cifras se hicieron personales para ellos; que ya no eran números, sino rostros de personas amadas quienes estaban incomunicados en un hospital, o muriendo. 

Pues durante estas semanas, las cifras se empezaron a hacer personales para nosotros. Mi congregación empezó a sentir la lucha contra el Sars-Cov2 cuando uno de los líderes de la congregación cayó al hospital con problemas para respirar; luego unos días después uno más enfermó, y otro; y luego otro con sospechas, y otra más con síntomas. ¿Qué hace un pastor cuando sus ovejas empiezan a enfermar, y las indicaciones son que no tengas contacto con nadie pues este virus es sumamente contagioso? La pregunta ha girado en mi cabeza durante el último mes; especialmente cuando mis congregantes empezaron a enfermarse. Llamadas, videoconferencias y textos ayudan, pero nunca es suficiente. Estoy convencido que Dios llama a algunas personas para el ministerio pastoral, y que es imposible para ellos no amar y preocuparse cada día por cada persona del rebaño; y es mi caso. Oramos y lloramos por nuestra gente, y quisiéramos poder hacer más. 

Quiero compartirte una serie de recomendaciones para este tiempo: 

Pastorea a tu familia

De un día a otro nos quedamos sin el soporte espiritual que nos ofrece el congregarnos y disfrutar de la compañía y comunión de nuestros hermanos; en esta “nueva normalidad” en la que aún no podemos congregarnos, y vivimos “Experiencias en Línea” conectándonos a través de internet con nuestra congregación, más que nunca necesitamos atender las necesidades espirituales de nuestra familia. Tu cónyuge necesita tu apoyo espiritual; necesitan más que nunca orar y buscar al Señor juntos; tus hijos necesitan ver en ti el ejemplo de un hombre y una mujer temerosos de Dios que oran, que leen la escritura, que dan con generosidad, que se preocupan por otros, que aman a su prójimo, en fin, que son coherentes poniendo en práctica la fe que has seguido a lo largo de los años. Es nuestra responsabilidad el velar por la vida espiritual de nuestra familia. Y como nota especial: no descuides a los máspequeños; ellos también necesitan escuchar la palabra de Dios (al igual que tu). Si tu iglesia tiene programas en línea para niños, permite que participen y acompáñalos; y si tu congregación no puede proveer material para niños (después de todo, el 90% de las iglesias son pequeñas y probablemente no tienen los recursos suficientes para sostener un ministerio en línea), busca la manera de que tus hijos reciban alimento espiritual también. 

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Secretos del Viento Renovador

Secretos del viento renovador

Abner Alaniz Rangel

La pandemia del Covid-19, ha impuesto una nueva modalidad, del ser y del vivir. Me circunscribiré, solo al ámbito religioso, porque a raíz de esta pandemia, las instituciones religiosas, necesitan de VIENTO RENOVADOR EN TODOS LOS SENTIDOS. Habrá que buscar por todos los medios, que los congregantes, realmente tengan la experiencia del “Pentecostés” y del “Parto de Damasco”, para evitar la mera religiosidad, y la incultura religiosa, que permite que los lideres abusen de los feligreses, imponiendo reglas y normas que nada tiene que ver son las Sagradas Escrituras.

La gente espera, ansía un nuevo mensaje cargado de esperanza. Ansia que desde los púlpitos realmente se predique el mensaje de Jesucristo, y no solo palabrería vana y hueca del ser humano. Lo importante, es darnos cuenta que no basta con ir a la iglesia, sentarse y escuchar, siempre hay que aprender a escuchar y a actuar; adoptar el compromiso de servir al Señor, mediante los dones y talentos que él nos ha dado. Convertirnos en el “Cristo de la toalla”.

Las iglesias en general, pasan horas y horas discutiendo aspectos administrativos, pues están más interesados en la parte económica y en ver como exaccionar a las iglesias y se soslaya la parte espiritual y devocional de la vida del creyente. Por eso, nos hace falta “Los secretos del viento renovador”, la experiencia del Corazón ardiente de los caminantes de Emaús. La Biblia tiene todas las respuestas a las preguntas de hoy. Y aparece de nuevo una vez más, la noticia que nos da sentido y nos orienta a caminar juntos, rumbo al reino que viene, al que vamos y en el que ya estamos.

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¿Qué Debería Hacer un Estudiante de Teología?

¿Qué es lo que debería hacer un estudiante de teología hoy?
Teología en práctica [1]

Leonel Iván Jiménez Jiménez

Tienen que ser como niños [Mt. 18.3] y es por esta meta que ustedes estudian teología: para convertirse en niños otra vez” [2].

Karl Barth

Estudiar teología es un acto de osadía. No es raro que cada generación de estudiantes de teología sea reducida. En medio de la incertidumbre económica y las presiones sociales, un estudiante de teología es un ser extraño: alguien que dedica su tiempo a estudiar idiomas que ya no se utilizan en la forma en que los aprende, que tiene asignaturas tan extrañas como “teología sistemática” y que pasa sus días (con sus noches) revisando un texto de autores inciertos y antigüedad considerable. 

​Además, el estudiante de teología se mueve en un mundo raro y contradictorio: la iglesia. Como creyente ha sido llamado a ser parte de la iglesia, el cuerpo de Cristo, pero también tiene como vocación servir a la comunidad religiosa cristiana. Tiene la misión de mirar a las congregaciones tal como Cristo las mira, como hombres y mujeres libres, pero también debe conocer las heridas y vicios de una comunidad en que habita un mundo también herido, no para juzgarla, sino para guiarla en la construcción de algo diferente. 

​Cualquiera en su sano juicio recomendaría alejarse de inmediato de la teología y los seminarios. No obstante, debemos decir lo contrario, pues el estudio de la teología implica cierta locura y mucha osadía, las cuales no son ajenas a la fe cristiana: la cruz es locura y la encarnación osadía de un Dios que ama sin limites. El estudio de la teología implica la locura de acercarse radicalmente a la revelación de Dios -Jesucristo- para pretender la osadía de “contar la vieja historia” a un pueblo necesitado de buenas noticias.    

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Sé Es Pastor

Sé es pastor

Prob. Málenny Cruz

Te levantas de mañana y agradeces.
Te preocupa aquel enfermo hospitalizado a altas horas de la noche y por quien has estado orando;
Nuevamente oras a Dios y lo dejas en sus manos mientras buscas qué desayunar… Tu familia se despierta, todos hablan, se sonríen, te acarician.
Recibes un mensaje que te inquieta porque algunos del rebaño no están bien: oras;
la llamada de uno más que tiene dudas.
Suena el timbre de la casa aun cuando se sabe no es posible recibir a visitantes… Preparas, desayunas.
Elaboras material, envías una oración.
Platicas por llamada con algunos, envías unos textos, transmites en vivo, grabas audios o videos.
Todo sigue su cauce, el día avanza, te preocupa la comida, lees tu Biblia, haces notas.
Un mensaje de una hermana conmovida por la hermosa reflexión; corazón agradecido igual que muchos.
Un tiempo de familia y un respiro hondo cuando el día está en su ocaso; un día más en que esparciste la semilla y que cuidaste del viñedo;
Un día más en que aprendiste a ser hermano aun con la distancia,
y un día más en el que esperas que el rebaño haya comido el alimento que les diste;
Un día incierto como muchos, pero lleno de esperanza como todos.

Profetas de Pacotilla y Señales de los Tiempos

Profetas de pacotilla y señales de los tiempos

¿Dónde publica el Mesías que lo que acontece en la vida son señales que anuncian al castigo divino? Jesús no era un charlatán, como tantos hay en nuestros días. Jesús anuncia la buena noticia

Pedro Álamo

En nuestros días, han salido a la palestra agoreros del fin del mundo, heraldos de juicios divinos, pregoneros de catástrofes, teólogos de mal agüero, profetas de pacotilla…, ante la pandemia provocada por el coronavirus. Todos tienen un denominador común: mercadear con la fe provocando miedo. ¡Qué lejos están del evangelio y de la intención de Jesús de Nazaret!

No he oído a esos charlatanes protestar contra el peor mal que azota a la humanidad, el hambre, ni denunciar la injusticia social que millones de personas están viviendo, ni levantar la voz ante la explotación y dominación que ejercen los poderes financieros sobre la población mundial, ni sobre la trata de personas… No, solo tienen voz para aprovecharse de la situación y proclamar a los cuatro vientos que la pandemia es un juicio divino, una especie de preparación de lo que está por llegar con la seguridad del que se cree en posesión de la verdad revelada de Dios…

Los males que denuncian los profetas de la Escritura están dirigidos al pueblo de Dios y son estructurales, culminando con los mensajes de Jeremías y Ezequiel cuando denunciaban a los pastores de Israel: “Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová” (Jer 23.2), “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!… No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia… Yo estoy contra los pastores…” (Ez 34.2,ss.).

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Jesucristo y la Vida Económica

Jesucristo y la vida económica

Silvano Mares Rangel

Referencias: Mateo 8:2, Lucas 9:58, Lucas 10:4, Juan 12:6, Juan 13:29, Mateo 6:19-34, Lucas 12:13-48 y Mateo 20:1-16.

Usted jamás ha pensado en la vida de Jesús, el Jesús humano que comía, dormía, lloraba, tenía frío. ¿Se ha cuestionado usted cómo le hacía Jesús para vivir? ¿Dónde comía y dormía? ¿Qué importancia daba al dinero y a los bienes materiales? ¿Quién lo patrocinaba? ¿Qué lecciones su vida nos deja a nosotros? Acudamos a las Escrituras para darnos una idea de lo que era el Señor. Mateo 8:20 dice “[…] las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos –le respondió Jesús- pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”.

“Luego dijo Jesús a sus discípulos: -por eso les digo: no se preocupen por su vida, que comerán, ni por su cuerpo, con que se vestirán, la vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa fíjense en los cuervos no siembran ni cosechan, ni tienen almacén ni granero, sin embargo, Dios los alimenta” .

Lucas 12: 22-24

Lucas 10:3-11 dice “¡Vayan ustedes! Miren que los envió como corderos en medio de lobos. NO lleven monedero ni bolsa ni sandalias, ni se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan primero “Paz a esta casa”, si hay allí alguno digno de paz gozará de ella; y si no la bendición la bendición se cumplirá. Quédense en esa casa, t coman y beban de lo que ellos tengan, porque el trabajador digno es de sueldo. No anden de casa en casa. Cuando entren en un pueblo y los reciban coman lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganle “el reino de Dios ya está cerca de ustedes”.

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Espiritualidad Barroca en Tiempos de Pandemia

Espiritualidad barroca en tiempos de pandemia

David Rodríguez Fuentealba

“Me siento tan tentado, tan tentado a perder las esperanzas. Estoy asustado. El silencio de tu espera es terrible. Rezo, pero estoy perdido. ¿O es que sólo estoy rezando al silencio? A la Nada”.

Sebastião Rodrigues, Silence (Martin Scorsese)

La pandemia del Covid-19 ha provocado que procesos de digitalización se hayan visto bruscamente acelerados. Sin duda, con mayor o menor resistencia, era una realidad imposible de eludir en el mediano y largo plazo (Harari, 2018). Lo que nunca imaginamos es que tendríamos que elaborar nuestros ministerios eclesiales a través de plataformas digitales. La cultura analógica de ser y hacer iglesia en Latinoamérica, con todo el elemento de la corporalidad y afectividad fraternal de nuestras comunidades, fue abruptamente interrumpida por una disyuntiva paradójica: en nuestra lejanía, está el amor.

Por tanto, lo que por mucho tiempo representó una amenaza para los fines disciplinarios y la moral doméstica de la iglesia, internet y redes sociales, hoy se transforma en los medios por los cuales aquello que sentimos decir, sale al mundo, quizás sin límites de resguardo.

En lo tocante al fenómeno religioso ha habido variados intentos por releer (vacíamente) la importancia de nuestros templos y de la liturgia. Aminorar la repercusión de la sacralidad de nuestros cultos, no ayuda a asumir que estamos entrando francamente en un proceso de desritualización [1].

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Vida o Almas

Vidas o almas

El no haber discipulado a la feligresía en las cosas básicas ya dio su fruto, creyentes tibios que se enfriaron. ¡Y esperan recargar pilas al volverse a reunir! Es motivante el reunirse, pero no es el único ni principal factor de crecimiento personal en la fe.

Carlos Alejandro Muro Flores

¿Qué es lo que queremos salvar, las VIDAS de las personas o las ALMAS de la gente?

Ya fue declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que podría declararse ENDÉMICA la pandemia por SAR COV-2 (esto es, que va a permanecer con nosotros con brotes de cuando en cuando).

No puedo dar crédito cómo se están levantando voces dentro de la comunidad eclesiástica hablando de volver a la normalidad como si no estuviera pasando nada.

Si estamos pensando en salvar VIDAS es inminente el peligro que con lleva el volvernos a reunir en nuestros templos.

Todavía tengo muy presente las publicaciones relatando los contagios en diversos eventos de ministerios de canto, de niños o de liderazgo y todo en el marco de nuestras reuniones buscando agradar a Dios; a pastores, ministros o sacerdotes desafiando la enfermedad y que ahora forman parte de las estadísticas de muertes por contagio. Esto se frenó gracias a la intervención del gobierno en diferentes países ¡Congregaciones enteras fueron diezmadas!

Si estamos buscando salvar VIDAS debemos seguir las indicaciones de NO reunirnos por lo pronto. Reunirnos en mi opinión todavía no sería una opción. Todo tiene su tiempo y hoy es tiempo de salvar VIDAS, quizá la tuya o la de alguien cercano.

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¿Por qué no estoy pidiendo que se abran los templos?

¿Por qué no estoy pidiendo que se abran los templos?

Isaí Rayas Linares *

“Veo una gran necesidad de Dios en nuestra sociedad. Veo familias que están colapsando, gente sumida en depresión, ansiedad, y sufriendo violencia intrafamiliar. Veo gente desesperada por no encontrar una solución a sus problemas gente enferma y con un gran dolor en sus vidas. Veo a hijos que se levantan contra los padres para arrebatarles la vida, y veo hogares devastados por el alcoholismo y la drogadicción. Veo a hombres con una gran carga por no poder suplir las necesidades de su familia, veo mujeres abandonadas y sin consuelo, veo empresarios arruinados por esta pandemia, veo mucha gente que perdió su trabajo y la está pasando muy mal… Y todavía me preguntan ¿Por qué es necesario abrir las iglesias?”

Yo también me lo he preguntado. ¿Por qué es necesario abrir los templos en estos tiempos? Pero cuando pienso como algunos creyentes “se necesitan abrir los templos porque la gente necesita de Dios para salir de sus problemas (problemas como los que ya describí)” me critico antes de responderme y, sabiendo que la crítica no nos gusta, a veces hasta decimos; criticarnos es ir contra Dios… Aun así, no puedo evitar cuestionármelo. De verdad, ¿si abrimos los templos todos esos problemas se van a solucionar? O, cuando menos, ¿empezarán a disminuir?

La verdad es que siempre ha habido necesidad de Dios y la creación tiene milenios reclamando la manifestación de los hijos de Dios para suplir esa hambre espiritual que el mundo experimenta: los divorcios van en aumento desde hace décadas, y es algo tan notorio para todos, al grado que la misma autoridad civil desde hace más de un lustro –al menos aquí en Durango- implementó platicas prematrimoniales, hablando con sinceridad con ayuda de algunos pocos ministros, sobre la vida matrimonial; con sus altas y sus bajas, cosa que en muchas iglesias se ha dejado de lado por temas tabúes, como que “no son propios para hablarse en la iglesia”, pero no se tratan ni en consejerías personales y se ha limitado a enseñar “la mujer sométase a su marido”, “el varón sea hombre de una mujer”… y listo. Todos los demás problemas, si se presentan en la iglesia en muchos casos se hace “de la vista gorda”

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Nosotros, los de Entonces

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

Por Alan Sánchez Cruz
Domingo 7 de junio de 2020

Qué interesante es la actividad, a veces ociosa, pero nostálgica de mirar un álbum fotográfico. Nuestros padres o abuelos seguramente nos dejaron mirar alguna vez una de sus fotografías en blanco y negro. ¿A quién no le sucedió que, llevando a la novia, o al novio a casa, llegase el momento de desempolvar el álbum y ver aquellas fotos donde estamos llorando, o donde nuestra mamá nos acababa de bañar, o la foto cuando se nos cayó el diente?

Fue a finales del siglo XIX que la gente comenzó a tomarse fotografías con mayor frecuencia, y hasta 1903 que se desarrolló el procedimiento de impresión a medios tonos que facilitaría la publicación de fotografías en libros, revistas y periódicos. Antiguamente, la familia o el individuo se colocaba delante de la cámara con el cuidado de no hacer movimientos bruscos, porque la fotografía podía salir mal. Inclusive, alguno de nosotros conserva una foto borrosa, o donde tenemos los ojos rojos o cerrados. Hoy, la tecnología -en complicidad con la providencia divina- ha favorecido a quienes no somos tan agraciados: con alguna aplicación podemos ponerle “un poco más ahí”, quitarle “un poco más acá”, y editar la imagen a nuestro gusto.

Creo que el propósito principal de las fotografías fue desde sus inicios, y sigue siendo, conservar momentos. Sin duda, al regresar a ellas, hemos expresado: “¡Mira lo que estábamos haciendo!”, “¿te acuerdas…?”. Sería interesante leer la Biblia como un álbum de fotografías, donde, a través de las mismas, se cuenta la historia de un pueblo al que Dios favorece y acompaña. Las fotografías que salieron mal pudieran ser aquellas donde se cuenta que el pueblo se desvió, se fue tras otros dioses o “se movió” -en el momento del flash- y salieron borrosas. Al repasar su historia, aquel pueblo hubiese preferido que el Señor le dijese: “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaías 43:18-19 DHH). En cambio, sería bueno mirar aquellas fotografías donde ese mismo pueblo está consciente de su humanidad, de sus pecados, pero tiene su seguridad en el Dios con quien ha hecho alianza. El salmista dice: “Él es el Señor, nuestro Dios; ¡él gobierna toda la tierra! Ni aunque pasen mil generaciones se olvidará de las promesas de su alianza…!” (Salmo 105:7-8 DHH).

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Ética Pastoral

Ética pastoral

A propósito de inminentes cambios pastorales e inicio del año conferencial 2020-2021, hacemos un llamado a la ética, ya que al denigrar a un obrero que nos antecede, menospreciamos al Ministerio del cual todo formamos parte.

David Tinoco Andrade (†) *

La Iglesia Metodista, merced a su característico de libertad y mente abierta produce un verdadero mosaico de corrientes, opiniones y modos de pensar.

Un tema que siempre es punto de innumerables interpretaciones es el de la Itinerancia. Prueba de ello fue la interesante mesa redonda que en las sesiones de la Conferencia Fronteriza se llevó a cabo, precisamente con el tema “La itinerancia metodista”.

La consideración en sí está llena de paradojas. El mismo pastor que dice que no está de acuerdo con la itinerancia porque lo cambian precisamente cuando él y su familia se están “ambientando” a la comunidad. Este mismo pastor se inquieta y pregunta al presbítero de distrito, a un secretario ejecutivo y, si es muy osado, aún al mismo obispo acerca de “si habrá muchos cambios”. Es el mismo que en sus predicaciones y en sus editoriales en el boletín de su iglesia comienza a amenazar (o aliviar) diciendo “ya viene la Conferencia Anual y sabemos que habrá muchos cambios…”.

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¡Enfermedad Contagiosa Ataca a los Cristianos!

¡Enfermedad contagiosa ataca a los cristianos!

¡Es peligrosa! ¡Contamina!

Abner Alaniz Rangel

Por supuesto, que de momento toda la atención mundial está centrada en el COVID-19. Sigo con atención los mensajes de nuestro primer mandatario en las mañaneras y me parecen adecuadas sus acciones y recomendaciones. En mi último diplomado sobre periodismo, tuve la oportunidad de escuchar la disertación del Lic. Joel Jiménez, Director del Instituto Autónomo de Investigación Teológica, que tomare como referencia.

Una de las grandes luchas que el cristiano tiene que enfrentar, indudablemente, es la lucha de la carne contra el espíritu. Pablo, el apóstol de los gentiles, resume esta lucha al decir: “Yo no me entiendo a mí mismo, porque quiero sinceramente hacer lo bueno, pero no puedo. Hago lo que no quiero hacer, lo que aborrezco. Sé bien que no estoy actuando correctamente y la conciencia me dice que las leyes que estoy quebrantando son buenas. Más de nada me sirve, porque no soy yo el que lo hace. Es el pecado que está dentro de mí, que es más fuerte que yo, el que me hace cometer perversidades”. (Romanos 7. 15, 16, 17, paráfrasis La Biblia al Día).

De gran trascendencia, será analizar la enseñanza de las Escrituras, porque invariablemente los malos pensamientos, son un obstáculo a la sana relación entre los seres humanos. Los malos pensamientos, nos condicionan para tener un concepto equivocado y una torpe relación, con aquellos que forman nuestro entorno familiar, laboral o eclesial.

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Evangelio de la Conspiración

‘Evangelio de la conspiración’ en tiempos de coronavirus

Sin dudas, las teorías de conspiración están en nuestros púlpitos. Los profetas del desastre harán su agosto.

Tomás Gómez Bueno

Las teorías de conspiración, hoy en boga por los estragos que está causando la pandemia del coronavirus, se están convirtiendo en unos de los insumos de mayor uso de parte de los predicadores extremos y sensacionalistas. La oferta de abundancia, poder, seguridad y bienestar sin límites que nos trajeron con su manida teología de la prosperidad, parece no tendrá mucha acogida en medio y después de la pandemia.

Estos profetas, al margen de la Biblia, tomarán la ofensiva, se desmontarán del carro de la abundancia y se montarán en el carro del desastre y el miedo. Los que antes se montaron en la abundancia creada en la sociedad del consumo, ignorando las injusticias, los mismos que crearon la teología de la prosperidad al servicio de la vanidad y el lujo, ahora nos traerán su versión del COVID-19, y por lo que se percibe, viene envasada en las especulaciones más fantasiosas de la llamada teoría de la conspiración.

Así como los predicadores de la prosperidad sustituyeron a Dios por el dinero y nos señalaban la ruta a la prosperidad, pero también nos cobraban el peaje; estos promotores de teorías de conspiración ponen el destino final de la humanidad en manos de grupos y personas superpoderosas que, según ellos, son los dueños y señores de los fines últimos y supremos de la vida y de la historia.

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Pandemia, Apocalipsis y Nuestra Misión Cristiana

La pandemia, el Apocalipsis y nuestra misión cristiana

Rebeca Stam

¡De un día para otro nos cambió la vida! Arrancó la pandemia del coronavirus y ya todo cambió. Tenemos que aislarnos, no socializar físicamente, mantener dos metros de distancia y, mejor todavía, quedarnos en casa. Algunos países o localidades han sido más cautelosos y estrictos que otros. Algunos gobernantes esperan que ignorándolo se acabe el problema. Las salidas a la calle están limitadas a lo más necesario: comida, medicina, trabajo, emergencias. Las escuelas se cerraron y los estudiantes continúan su aprendizaje a distancia. Las reuniones familiares, de amigos o grupos se realizan en línea. Los que pueden, trabajan desde sus casas. Otros se reinventan la circunstancia para sobrevivir. Muchos ya no tienen trabajo. O comida. Todo, absolutamente todo, ha cambiado. Hay que adaptarse.

Las noticias pueden infundir temor. Los números de casos y, tristemente también de las muertes, suben exponencialmente. Hay que disminuir ese crecimiento. Hay que desacelerarlo. Buscamos achatar la curva para que los servicios hospitalarios no colapsen. Nos piden lavarnos las manos una y otra vez, estornudar o toser según el protocolo, y no tocar nada, mucho menos tocarnos la cara. Solo quedándonos en casa se evita el contagio y la vil multiplicación exponencial. ¡Parece una película de ciencia ficción!

Ya en varias noticias se han descrito escenas reales como algo “apocalíptico”, porque claro, en las películas de ciencia ficción – e incluso en algunas películas o series que se autodenominan cristianas – se narran cosas terribles como si fueran sacadas del libro de Apocalipsis. Presentan al Apocalipsis como algo tenebroso, terrible, que da miedo. Pero ¡nada más lejos de la verdad! Y, probable y tristemente, los cristianos mismos hemos permitido, y hasta perpetuado, ese uso tan equivocado del concepto de “apocalíptico”.

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Sigilo Profético y Parloteo Apocalíptico

Sigilo profético y parloteo apocalíptico

Harold Segura

Por estos días de emergencia sanitaria y crisis económica, saltan a la palestra religiosa diferentes discursos bíblicos y teológicos que prometen explicar (a veces enmarañar) las razones del virus, los propósitos de Dios y otros misterios insondables. Los discursos apocalípticos (los que vaticinan peores males) superan con creces a los proféticos (los que denuncian los males y proponen cómo lidiar con ellos).

A propósito de ese contraste entre los acercamientos apocalípticos y lo proféticos, viene al caso mencionar que en la antigua literatura judía los textos apocalípticos se diferenciaban notoriamente de los proféticos (X. Pikaza). Los primeros afirmaban el fracaso de la historia y, por lo tanto, presagiaban las acciones justicieras de Dios para terminar con esa historia y hacer una nueva. Siendo que ya no se podía hacer nada, Dios debía intervenir para rehacer lo que el ser humano había arruinado. Desde esta óptica apocalíptica, Dios es el censor soberano y, el ser humano está a merced de agentes sobrehumanos (demonios o ángeles) que toman la decisión sobre el futuro de la humanidad.

Los textos proféticos, por su parte, no concebían la historia como “caso cerrado”, ni menos al ser humano como sujeto de fuerzas ajenas. Preferían criticar el actuar humano en la historia y animarlo a trabajar para construir una historia afín con los propósitos del Señor. En lugar de sentenciar ¡aquí ya no se puede hacer nada! Preferían anunciar ¡aquí todo está por hacerse! Denunciaban los males y estimulaban las acciones éticas a favor de la vida y el cambio. Jeremías lo hace a su manera:

“Así ha dicho el Señor: «Deténganse en los caminos y pregunten por los senderos de otros tiempos; miren bien cuál es el buen camino, y vayan por él. Así hallarán ustedes el descanso necesario. Pero ustedes dijeron: “No iremos por allí.” También les puse vigilantes que les advirtieran: “Presten atención al sonido de la trompeta.” Pero ustedes dijeron: “No vamos a prestar atención”.

Jeremías 6:16-17
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Espiritualidad en Tiempos de Contagio

Espiritualidad en tiempos de contagio

Juan Pablo Espinosa Arce

Tiempos de preocupación
Son tiempos de preocupación, de cuidado, de autocuidado y de cocuidado. La irrupción del virus COVID-19, llamado popularmente como el “coronavirus”, nos afecta a todos de alguna u otra manera. Es interesante la palabra “afectación”, la cual indica que algo nos impacta, nos importa, nos concierne. El virus en expansión nos afecta, nos daa, nos recuerda cuan vulnerables somos. El filósofo Karl Jasper habla de las “situaciones límites”, es decir, de todas aquellas cosas que hacen que el ser humano recuerde su precariedad y vulnerabilidad: la enfermedad, el dolor, el fracaso, la muerte. A partir de esto, me surge la pregunta de cómo pensar una espiritualidad en tiempos de contagio. ¿Qué le dice la experiencia espiritual al contagio y qué nos aporta el contagio a nuestra comprensión de la espiritualidad? Son algunas de las cosas que buscamos ofrecer en esta columna.

La espiritualidad es una búsqueda humana
El psiquiatra chileno Sergio Canals en su obra “El poder de la caricia” define la espiritualidad como una actitud de búsqueda propia del ser humano que se enfrenta a la realidad. Jasper, por su parte, vincula las situaciones límites con estas búsquedas más profundas y comenta que la razón técnica, las búsquedas del progreso económico, social, político, cuantitativo, han “privado” al ser humano de esta dimensión más profunda que es la espiritualidad. Pero, y aquí aparece algo interesante, a saber que esta misma época actual nos ha demostrado que las lógicas de exceso de acumulación, del culto al dios dinero o de las tentaciones del poder no son para nada eficaces al momento de enfrentarnos a un virus. Insistimos con lo que anteriormente decíamos: el virus nos recuerda – como un fantasma de Dickens – que somos vulnerables, que nos enfermamos, que estamos en situaciones de precariedad. Pienso también que estos días de cuarentena, del no poder salir de las casas, de no tener las rutinas diarias normales nos recuerdan que hay muchas personas que viven todo el año precariamente. Quizás este tiempo también es una invitación a entender que la espiritualidad en semanas de crisis sanitaria es un recuerdo de que somos polvo, de que somos frágiles (Cf. Gn 3).

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Espíritu Santo: Nueva Normalidad

El Espíritu Santo: una nueva normalidad de la presencia de Dios

“Que nadie presuma nunca descansar en un supuesto testimonio del Espíritu separado de sus frutos”.

Juan Wesley

Claudio Pose

Los cristianos tenemos una doble vía de confirmación de la presencia y la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Luego de que Cristo se despojara de su forma corporal ¿De qué modo Dios sigue presente y cercano a nosotros? y ¿Cómo tener la certeza de que el Espíritu Santo obra en nosotros y que nosotros obramos de acuerdo a Él?

Entre el episodio de la ascensión de Cristo y la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés se produce un cambio profundo en la manera en que Dios se relaciona con la humanidad. Cristo ha permanecido durante tres años junto a sus discípulos con una cercanía estrecha, expresada tan bellamente por el evangelio de Juan: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros.” (Jn 1: 14)

Si bien el Nuevo Testamento ofrece suficiente argumentación de la presencia de Dios por medio del Espíritu Santo luego de la ascensión de Jesús, fue recién el Concilio de Constantinopla (año 381) el que hizo explícita la formulación que permite comprender la presencia y acción de Dios como Espíritu Santo y, por lo tanto, un único Dios en tres personas.

Para los discípulos el momento de la ascensión tiene que haber sido muy conmovedor. Aquello que había sido cotidiano y normal durante tres años, dejaría de serlo, no porque Jesús no estuviera más, sino porque estaría de otra manera. Comienza una nueva normalidad en el vínculo con Dios: el Espíritu Santo.

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Corazón Templado, Botas Embarradas

Corazón templado, botas embarradas: el nacimiento del movimiento metodista

El nacimiento del movimiento metodista gira en torno a dos fechas, dos momentos, dos experiencias, inseparables y complementarias que le impondrán su marca a la forma de comprender el evangelio y de materializar la misión de la iglesia.

Iglesia Evangélica Metodista Argentina
Archivo Histórico, Quiénes Somos

24 de mayo de 1738

Juan Wesley asistió a un servicio religioso de la sociedad morava en la calle Aldersgate, en Londres. Allí escuchó al coro cantar el Salmo 130:1-5. Después el predicador leyó una porción del Prefacio de Martín Lutero a los Romanos. Wesley describe en su diario dicho momento:

«Como a las nueve menos cuarto, mientras escuchaba la descripción del cambio que Dios opera en el corazón por la fe en Cristo, sentí arder mi corazón de una manera extraña. Sentí que confiaba en Cristo, y en Cristo solamente, para mi salvación. Y recibí la seguridad de que Él había borrado mis pecados y que me salvaba a mí de la ‘ley del pecado y de la muerte’. Me puse entonces a orar con todas mis fuerzas por aquellos que más me habían perseguido y ultrajado. Después di testimonio público ante todos los asistentes de lo que sentía por primera vez en mi corazón”.

Después de 13 años de su ordenación como pastor anglicano, después de haber predicado muchos sermones, algunos de ellos memorables como “La circuncisión del corazón” en el cual criticaba la religiosidad superficial que se vivía en los claustros de Oxford, Wesley es sacudido por una movilizadora experiencia espiritual. Sería equívoco hablar de una conversión, más bien Wesley recibe la convicción de “recibir poder de lo alto” el cual, como una brisa que ayuda a reavivar el fuego, lo empujará con inusitada fortaleza a la aventura de ser testigo de las Buenas Noticias de salvación, hasta lo último de la tierra.

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La Didáctica de Wesley sobre la Salvación

La didáctica de Wesley sobre la salvación

Admilson Araujo Leite *

La salvación siempre ha sido un tema central en las enseñanzas de John Wesley, en sus prácticas y en toda su experiencia religiosa. Tu celo por la salvación comienza con tu propia vida; no solo por los suyos, sino por todas las almas vivas que Dios creó para que, a través de ellas, él, Dios, pueda ser glorificado. Wesley se encargó de hacer todo lo que se refiere a la piedad, la misericordia, la justicia y la caridad, con el objetivo de la salvación, incluso si no lo sentía, no lo daba por sentado, es decir, no sentía la alegría de hacerlo, debido a su conciencia, al darse cuenta de que algo faltaba, a pesar de sus esfuerzos. La plena confianza y fervor para salvarse en Cristo, que percibió en otros contemporáneos, era lo que buscaba sentir y vivir (Sal 51.12).

Sin embargo, a pesar de que experimentó esta crisis de conciencia, su facilidad para comunicar la salvación, al exponer su mensaje de liberación a las almas, fue muy productivo. Su enseñanza era práctica, satisfaciendo las necesidades de la sociedad; y a pesar de muchos oponentes, nunca se cansó de tratar de liberar a los oprimidos de sus males, apuntando a su necesidad biológica, integridad social y libertad / liberación espiritual.

Todo esto se hizo más intenso y efectivo, desde el momento en que su comunión con el Salvador Jesucristo marcó su vida. Y esto se debió a escuchar la Palabra con fe y ver su corazón arder, calentándose por la presencia de la gracia, por el Espíritu Santo. Desde entonces, sus mensajes se han vuelto más vivos que nunca, dejando un legado en el reino de Dios, incluso hoy, llegando al “mundo”, siendo una referencia para la vida espiritual y eclesiástica.

Su método de enseñanza prevalece hasta la actualidad, no solo por su buena didáctica, sino porque fue guiado por la sabiduría de Dios y la unción del Espíritu Santo.

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