Jesucristo, el don inefable de Dios

Dr. Ernesto ContrerasEste artículo fue escrito por el Dr. Ernesto Contreras Pulido, médico especializado en el tratamiento del  cáncer mediante quimioterapia y radioterapia.
Fue líder laico metodista dentro de la CANO mientras vivió en Playas de Tijuana, B. C.
Actualmente vive con su familia en San Diego, California, E. U. A., donde colabora con la Iglesia de Las Asambleas de Dios.                                                                      drernestocontreras@hotmail.com


Aunque en la actualidad se acostumbra casi en todo el mundo, celebrar la Navidad dando regalos, ya desde los tiempos bíblicos, se repartían regalos en los principales festejos. Nehemías dijo: Vayan y festejen con banquete de deliciosos alimentos y bebidas dulces, y regalen porciones de comida a los que no tienen; y Mardoqueo les dijo: “Celebren esos días con alegría y festejos, obsequiándose porciones de comida unos a otros, y haciendo regalos a los pobres.” Y cuando Cristo nació, los sabios de oriente festejaron tan trascendental evento, trayéndole valiosos regalos a Jesús: Oro, incienso, y mirra (Ne 8:10; Es 9:22;Mt 2:10)

El concepto de dádiva o regalo, se menciona unas 2,100 veces en la Biblia, y aunque los regalos humanos suelen ser imperfectos, perecederos, y frecuentemente poco útiles, a Dios le agrada que nos demos regalos. La Biblia dice: Debemos recordar las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: «Más bienaventurado es dar que recibir.» (Hch 20:35).

Por encima de todo esto, los cristianos evangélicos, reconocemos que sea directa o indirectamente, a través de padres, maestros, patrones, clientes, y demás patrocinadores, la realidad es que toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Stg. 1:17).

Los regalos de Dios para nosotros se iniciaron con la maravillosa creación del universo, el mundo y todas las cosas que en ellos hay, todo lo cual fue calificado por el Creador, como ‘bueno en gran manera’ (Gn 1: 3, 31; y 2:3). Son varios los regalos que la Biblia asegura que con dones de Dios. Hay dones que son terrenales, temporales y pasajeros, y dados por misericordia a buenos y malos. Jesucristo dijo que es nuestro Padre que está en el cielo, el que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y envía lluvia sobre justos e injustos.

Y el sabio Salomón escribió: Bueno es que el humano reciba y goce la salud, el trabajo, los bienes, y las riquezas que vienen de parte de Dios; y que coma, beba, y goce el bien de toda su labor, durante el corto tiempo de vida que Dios le concede, porque éstos son regalos de Dios (Mt 5:45; Ecl 3:13 y 5:18,19).

En el Nuevo Testamento, se mencionan varios regalos o dones de Dios que son espirituales y eternos, como la salvación, la justificación, la redención, la regeneración, la resurrección, la santificación, la glorificación, y la vida eterna, por ejemplo. Pablo escribió: Pues los dones de Dios y su llamado, son irrevocables (Ro 11:29).

Jesucristo dijo: “Padre: Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y yo les he dado tu Palabra.” La Biblia que es la Santa Palabra de Dios, es uno de los mayores regalos que Dios nos ha dado, porque es perfecta, fiel, recta, justa, pura, limpia, verdadera y eterna, capaz de dar fe y convertir el alma; y de hacer sabio al sencillo, alegrar el corazón, y alumbrar los ojos del entendimiento y el espíritu. Sus dichos son deseables más que mucho oro afinado; y dulces más que la miel que destila del panal. Además, el siervo fiel de Dios es amonestado, bendecido, guiado, y fortalecido con ella; en leerla, memorizarla, guardarla en el corazón, y obedecerla, hay grande galardón, pues la Biblia dice que Dios hace misericordia a millares, a los que le aman, y guardan sus mandamientos (Jn 17:10,14; Sa 19:7-11; Ex 20:6). La salvación es el más maravilloso regalo de Dios para el pecador. La Biblia dice: por gracia (gratuitamente) es que somos salvos, por medio de la fe en Jesucristo, y esto no es por méritos propios, pues es un don de Dios; ya que la paga del pecado es muerte, mas el don o regalo de Dios es la vida eterna por los méritos de Cristo Jesús Señor nuestro (Ef 2:8; Ro 6:23)

La Biblia dice que también el Espíritu Santo es un regalo o don de Dios, prometido por Jesucristo para todos los salvos. Pedro dijo: Arrepiéntanse y bautícese cada uno en el nombre de

Jesucristo para perdón de los pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo: Espíritu de poder, de amor, y de dominio propio (Jn 14:16; Hch 2:38; 2ª Ti 2:7).

También la Biblia enseña que a todos los salvos, Dios les da dones espirituales para que cumplan con excelencia las tareas y buenas obras preparadas de antemano por Dios, para que ellos las cumplan. Pedro escribió: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, y para edificación de la iglesia. Así, si alguno habla, hable conforme a la Palabra de Dios (la Biblia); si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da; para que en todo Dios sea glorificado por Jesucristo, al cual sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén (Ef 2:10; 1ª Pd 4:10-11; 1ªCo 14:12).

A los siervos fieles, Jesucristo en su segunda venida, les promete regalos (premios, galardones, coronas, y reconocimientos). Él dijo: «He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuera su obra. Porque Dios no es injusto para olvidar nuestra obra y el trabajo de amor que hemos mostrado a su nombre, habiendo ministrado a los santos y ministrándoles aún. Y deseamos que cada uno de nosotros muestre la misma diligencia hasta el fin, para la plena certeza de la esperanza; y que no nos hagamos perezosos, sino que sigamos el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, ya sea bueno o sea malo. Regocíjense por aquel día, y salten de gozo; porque he aquí que su galardón será grande en el cielo.

Tengamos pues cuidado de no perder lo que hemos logrado con tanto trabajo, y seamos diligentes de tal manera que a su tiempo, recibamos nuestro galardón completo (Ap 22:12; He 6:10-12; 2ª Co 5:10; Lc 6:23; 2ª Jn 1:8). Pero por supuesto que el mayor regalo que Dios nos ha dado es Jesucristo nuestro Gran Dios y Salvador, que siendo Dios, se hizo carne en aquella primera Navidad, cuando nació y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Y cuando a partir de entonces, vivió, ministró, murió y resucitó entre nosotros. El evangelio dice: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que nos hadado(regalado) a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado, pero el que no cree, ya es condenado, y no por lo inmenso, espantoso, o abundante de su pecado, sino por una sola razón: Porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios, ni aceptado y recibido el regalo de Dios para salvación, y esa es su condenación (Jn 3:16-19).

En la primera navidad, el ángel dijo: “No teman porque he aquí les doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que nos ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto será por señal; hallarán al niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre.” Y repentinamente, dice la Biblia que apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.” (Lc 2:10-14).

¡Gracias a Dios por su don inefable, Jesucristo! Por eso, lo más importante en esta Navidad, es que te asegures que le has recibido y aceptado, y que estás gozado del más grande regalo de Dios que es Jesús, tu Salvador. (2ª Co 9:15). Si tú no lo has hecho, ¡Haz que la Navidad tenga un significado trascendental para ti! ¡Invita ahora a Jesús a nacer en tu corazón! Jesucristo dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él» (Ap 3:20). Por eso, yo te ruego, como si Dios mismo rogara por medio de mí, que hoy hagas esta sencilla oración:

“Buen Señor Jesús, gracias por venir a Belén a nacer para ser mi Salvador. Yo reconozco que como todos los demás, soy pecador, y te pido perdón por ello; entra en mi vida: aquí sí hay lugar para ti, y ven a ser mi Salvador y mi Señor. Yo te prometo, que de hoy en adelante, con la ayuda de Dios, cada día me esmeraré más por vivir como Dios manda en la Biblia, y a cumplir el maravilloso plan y propósito que Tú tienes para mí. Gracias Buen Padre Celestial, porque de acuerdo a tu palabra, hoy puedo confiar en que mi nombre está escrito en el libro de la vida eterna, por los méritos de Jesucristo, mi Salvador”. AMEN.

Si tú oraste así, con corazón sincero ante Dios, te felicito y te doy la bienvenida a la familia de Dios. No dejes de asistir el próximo domingo a una iglesia cristiana, a adorar y alabar a tu gran Dios y Salvador Jesucristo, con tus hermanos en la fe, y a escuchar la predicación de su bendita Palabra que es la Biblia.

¡Felices fiestas navideñas! Y es mi oración que el Espíritu Santo mismo, te de testimonio de que ahora eres un hijo de Dios. AMEN.

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