Este artículo fue seleccionado y nos fue enviado por el Dr. Ernesto Contreras Pulido, médico especializado en el tratamiento del cáncer mediante quimioterapia y radioterapia. Fue líder laico metodista dentro de la CANO mientras vivió en Playas de Tijuana, B. C. Actualmente vive con su familia en San Diego, California, E. U. A., donde colabora con la Iglesia de Las Asambleas de Dios.
Por Austin Ruse
Washington, D. C., 1 de febrero (C-FAM) Con regularidad, fuentes aparentemente fiables informan a los funcionarios de todo el mundo encargados de establecer políticas que «la orientación sexual y la identidad de género» son categorías de no discriminación en el derecho internacional. Esto significa que las leyes nacionales e internacionales deben modificarse para aceptar la idea de que la homosexualidad y sus diversas variantes, que incluyen el travestismo, no pueden ser discriminadas de modo alguno.
Este tipo de no discriminación implicaría cambios en las leyes de matrimonio, de adopción e incluso en el uso de los baños públicos. Significaría que dichas nociones no podrían excluirse de ningún nivel de escolaridad, ni siquiera de la escuela primaria. Generalmente, estas demandas de no discriminación terminan discriminando a los cristianos y a otros que tienen objeciones morales y religiosas para aquellos conceptos.
No nos oponemos a garantizar que los homosexuales no sean discriminados de ninguna forma injusta. Y, ciertamente, nos oponemos a las leyes que convierten a la homosexualidad o a los actos homosexuales en delitos punibles con pena de muerte. Y pedimos a todas las personas de buena voluntad que jamás hagan daño de modo alguno a los homosexuales. Pero oponerse a la agenda homosexual es algo muy distinto de promover que se dañe a los homosexuales. Y pese a que estamos a favor de protegerlos de agravios, no significa que sostengamos que la orientación sexual y la identidad de género sean categorías protegidas en el derecho internacional. Ya existen tratados internacionales que protegen específicamente contra esos males, que incluyen los pactos de 1966 con los que se dio fuerza de ley a la Declaración Universal de Derechos Humanos, el tratado contra la tortura y otros.
El hecho es que la orientación sexual y la identidad de género no son categorías de no discriminación aceptadas en tratados de la ONU o en otros ámbitos del derecho internacional. No importa que lo diga el Secretario General de la ONU. No sólo está equivocado: excede su autoridad al hacerlo. También es irrelevante que lo digan los comités de la ONU, o profesores de derecho, o la Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Es falso que lo respalde la Asamblea General de la ONU, que jamás ha aceptado una noción tal. Los defensores de esta idea creen que si uno logra que la suficiente cantidad de fuentes aparentemente fidedignas sostengan esta afirmación, se torna verdadera. Pero el hecho es que al menos la mitad de los Estados Miembros de las Naciones Unidas se opone incluso a usar la frase «orientación sexual e identidad de género» hasta en documentos no vinculantes, mucho menos en tratados vinculantes. El derecho internacional se compone mediante tratados y no por los comentarios del Secretario General.
Saludamos a los Estados Miembros que se opusieron a esta idea en la Asamblea General. También, a aquellos países que han decidido no quedarse con la defensa. Con demasiada frecuencia, los países que representan a pueblos tradicionales son más bien como sacos de boxeo para la izquierda radical de la ONU. Y tienden a quedarse allí, recibiendo golpe, tras golpe, tras golpe. Pero algunos están procediendo a la ofensiva.
Una coalición de sesenta países que representan a todas las regiones del mundo firmó una declaración conjunta en 2008, que deja clara su oposición a regularizar la orientación sexual y la identidad de género. Es más, algunos, como Rusia y otros países de Europa del Este, están proscribiendo la propaganda homosexual en las escuelas. Aunque es muy lamentable la violencia concomitante contra los homosexuales, ellos tienen derecho a oponerse a que se adoctrine a sus hijos con ideas inmorales y malsanas acerca de la sexualidad.
C-FAM exhorta a los gobiernos a que continúen haciendo frente a la izquierda sexual radical y a que bloqueen todos los esfuerzos tendientes a convertir la orientación sexual y la identidad de género en nuevas categorías del derecho internacional.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano


Muy buen artículo.
Podrían pedirle al doctor Contreras que nos pasará los datos y vínculos para cada comentario acerca de la ONU.
Por otro lado es de notar que en EEUU la decisión de quitar la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, fue política y no clínica. Otra señal más del avance liberal en él deterioro de lo valores nacionales.
Me gustaMe gusta
Raúl, por lo pronto publicamos aquí tu solicitud y comentario. Quizá lo lea pronto el Dr. Contreras. De todos modos, le escribiremos para salicitarle los datos. Bendiciones.
Me gustaMe gusta
Muchas, muchas gracias por publicar mis contribuciones.
Muchas gracias por sus comentarios.
Este es uno de los multiples artículos que he difundido de esta agencia (https://c-fam.org/) que tiene contratada una persona que cabildea en la ONU en contra de la política liberal y a favor de los principios cristianos sobre los derechos y conceptos fundamentales de la familia (como Dios la instituyó: Papá, mama e hijos, o sea está en contra de los contratos nupciales entre personas del mismo sexo, y de que adopten y crien hijos); de la vida humana como don de Dios (desde la concepción hasta la muerte, o sea está en contra del aborto y de la eutanasia activa); de las personas como Dios las creó: Varón y mujer (que el humano es bisexuado, que el sexo está determinado por Dios a través de los cromosomas sexuales: XX para la mujer y XY para el varón), bisexuadas (que las conductas sexuales diferentes: lesbianismo, gays, trasvestismo y transexualismo, llamadas ahora géneros, son antinaturales), heterosexuales (que sólo las relaciones sexuales pene-vagina son naturales, sanas y preservan la especie), y con dimorfismo sexual (el cuerpo y funciones del varón son diferentes y complementrias a las de la mujer y viceversa); de los adolescentes (que lo sano es practicar la abstinencia sexual pre y extramatrimonial); y de los niños (que lo ideal es que se críen en un hogar con papá y mamá y que no se les exponga a una educación sexual mentirosa y dañina: como que hay varios géneros, que la sexualidad es un juego, etc.).
Hasta donde sabemos, la homosexualidad no es una enfermedad mental, sino que es una conducta adquirida y que se torna prácticamente irreversible (sólo un milagro de Dios, la revierte), si se establece como norma de conducta en la adolescencia (han descubierto alteraciones en el tallo cerebral de los homosexuales adultos, inexistentes en los niños), y por ser un pecado (algo que ofende a Dios y daña y condena al humano), es indeseable, y como cualquier otro pecado, require del arrepentimiento (reconocer, confesar y repudiar el pecado), y la fe en la suficiencia de la sangre de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo, para pagar por todos ellos, ser salvos de la condenación que acarrea y ser liberados de la esclavitud del pecado.
Pero si aún se descubriera que está genéticamente determinada (por un gen homosexual), como parte de la herencia adámica (sentencia de muerte física, esclavitud del pecado, concupiscencia, etc.), eso no la justificaría (como no se jutifica ninguna conducta pecaminosa), y seguiría requiriendo como todos los demás pecados, de la misma gracia que Dios le ofrece a todo ser humano, por cuanto todos pecaron, todos necesitan salvación, para todos hay salvación y todos pueden alcanzarla por la gracia de Dios, poniendo nuestra fe en Jesucristo.
Recordemos que nosotros, los cristianos evangélicos, no discriminamos a nadie ya que Dios no hace acepción de personas, y sólo odiamos y repudiamos al pecado (por los perjuicios que nos acarrea), pero no al pecador (homosexual o de cualquier otro tipo), al que le rogamos, como si Dios rogara por medio de nosotros, que se arrepienta y crea, acepte, reciba y confiese a Jesucristo como su Gran Dios y Salvador, y único posible remedio efectivo para todos sus males.
Espero que mi comentario sea de bendición y edificación. Saludos y bendiciones.
Dr. Contreras P.
Me gustaMe gusta