Por el Obispo Juan Pluma Morales, de la Conferencia Anual Septentrional (CAS)
“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”
(Santiago 4:6)
En cierta ocasión iba un campesino a visitar sus campos para ver si estaba lista la cosecha, había llevado consigo a su pequeña hija…
-Mira, papá- dijo la niña, -cómo algunas de las cañas del trigo tienen la cabeza erguida, sin duda serán las mejores y las más distinguidas. Esas otras de su alrededor, que caen casi hasta la tierra, serán seguramente las peores.
El padre tomó algunas de las espigas y dijo: -Mira bien, hija mía, ¿ves estas espigas que con tanta altivez levantan la cabeza? Pues están enteramente vacías. Al contrario, estas otras que están dobladas, están llenas de hermosos granos, y el peso del grano las dobla.
Esta anécdota nos muestra que el sabio y el bueno son humildes, pero la soberbia es propia del ignorante y del malo.
CONTEXTO DEL TEXTO
El apóstol Santiago dice que las rencillas son producto de los malos deseos que luchan en nuestro interior: queremos más bienes, más dinero, mejor nivel social, más reconocimientos, todo como característica de nuestro sistema socioeconómico, propio del varón sin Dios. Cuando nos empecinamos en satisfacer esos deseos, luchamos a fin de lograrlos. En lugar de apoderarnos con violencia de lo que anhelamos, debemos someternos a Dios, pedirle que nos ayude a deshacernos de nuestros deseos egoístas y a confiar en que Él nos dará lo que de veras necesitamos.
LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO
- Que el orgullo nos lleva a la soberbia, nos hace egocéntricos y nos hace pensar que tenemos derecho a todo lo que existe.
- El orgullo y la soberbia nos llevan a crear apetitos codiciosos de obtener más de lo que necesitamos.
- La medicina contra el orgullo y la soberbia es la presencia de Jesús quien dio su vida por nosotros, para obtener una vida distinta capaz de proveernos la sencillez de la vida.
ORACIÓN
Señor, gracias por darme el orgullo, sólo te pido que me ayudes a someterlo a ti; gracias porque tu vida y ejemplo, Jesús, me quebranta, me doblega y me hace decirte: Señor aquí estoy, controla mi vida. Señor, este mundo está lleno de soberbia, de allí vienen las guerras y la lucha por el poder y el dinero, de allí los políticos injustos, corruptos y falsos, de allí los pocos ricos y los muchos pobres; ven y quebranta cada vida, transfórmala para bien, para tener paz, justicia y amor en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, en nuestro país. En el nombre de tu Hijo, Amén.
