El periodo intertestamentario

Dr. Ernesto Contreras

Este artículo es una aportación el Dr. Ernesto Contreras Pulido, médico especializado en el tratamiento del cáncer.

Fue líder laico metodista dentro de la CANO mientras vivió en Playas de Tijuana, B. C. Actualmente vive con su familia en San Diego, California, E. U. A., donde colabora con la Iglesia de Las Asambleas de Dios.


 

Antes del estudiar los cuatro evangelios (o el Nuevo Testamento en general), es preciso realizar una revisión de los principales hechos del período intertestamentario, es decir, del tiempo que transcurre entre los libros de Malaquías, y Mateo; entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Para cuando llegó este período ya se habían cumplido la mayor parte de lo profetizado por Daniel con referencia a la imagen soñada por Nabucodonosor (Daniel 2), que es paralela a la profecía de las cuatro bestias (Daniel 7). Ya habían pasado los imperios mundiales Babilónico, Medo-Persa (430-332 a.C. Tiempo de Malaquías), y Griego (331-167 a.C.), y estaba vigente el imperio Romano (tiempo de los 27 libros del Nuevo Testamento).

Es en el periodo intertestamentario, que Dios prepara el escenario que debía estar listo para la venida de su Hijo Unigénito al mundo, como fue la helenización (influencia de la cultura e idioma griego); y el establecimiento del sistema de gobierno y ley romana en el mundo de su tiempo, que fueron claves para la inicial propagación del evangelio. Se dice que los persas fueron benignos con los judíos palestinos, y que durante el imperio griego, bajo Alejando Magno, éste mostró una gran consideración hacia los judíos, pues dejó intacta Jerusalén, y ofreció garantías a los judíos para que se establecieran una gran colonia en Alejandría (fundada por Alejandro al norte de África).

A la muerte de Alejandro a los 33 años de edad, durante los siguientes 22 años, el imperio griego estuvo en manos de los sátrapas; pero en 301, tras la muerte de muchos de ellos y los forcejeos entre los generales y líderes políticos, se conformaron cuatro grandes áreas: Tracia y parte de Asia Menor quedó bajo el liderazgo de Lisímaco. Macedonia y Grecia, bajo Casandro. En el oriente, Siria le tocó a Seleuco, y Egipto a Tolomeo. Palestina, situada entre ambos, fue primeramente de Egipto (entre 323 y 203, unos 120 años), bajo el reinado de Tolomeo Sóter; y luego de Tolomeo II Filadelfo.

Durante los Tolomeos, los judíos gozaron de relativa paz, y edificaron sinagogas en todas las colonias. Fue por órdenes de Tolomeo Filadelfo que se produjo la primera traducción del Tanaj judío (Antiguo Testamento), al griego, la Septuaginta (entre 280 y 150 a. C), hecha por unos 70 eruditos hebreos, y todos los libros del Nuevo Testamento, se escribieron originalmente en griego, lo que puso la Biblia entera, al alcance de todo el imperio, y el mundo conocido de entonces.

En 198 a. C., Antíoco III el Grande reconquistó Palestina para los seléucidas, y poco después, fue que el rey Antíoco IV Epifanes, enemigo acérrimo de los judíos, hizo un esfuerzo salvaje y decidido para exterminarles a ellos y a su religión. (Éste se llamó a sí mismo «Teos Epífanes» – dios manifiesto). Al fracasar, destruyó los muros de Jerusalén, y profanó el templo (llamándolo ‘Templo de Júpiter Olímpico’), y sacrificó una cerda sobre el altar, y roció con su sangre el lugar santísimo. Luego erigió ahí un altar a Júpiter, prohibió el culto del templo y la circuncisión; destruyó todos los ejemplares de la Escritura Sagrada que pudo encontrar, y mató a los que los guardaban; vendió como esclavos a miles de familias judías y recurrió a toda forma imaginable de tortura para obligar a los judíos a que renunciaran a su religión.

La figura de Antíoco Epífanes tiene gran valor profético, porque las profecías de Daniel 8:9-14 y 11:21-35 apuntaban a su persona. Por lo demás, la figura de Antíoco apunta también al Anticristo (Mateo 24:15), de quien es un tipo o antecedente, pues también profanará el templo (la abominación desoladora). Las atrocidades cometidas por este rey fueron las que condujeron al sublevamiento de los Macabeos (matatías y sus cinco hijos guerreros: Juan, Simón, Judas, Eleazar y Jonatán), una de las hazañas más heroicas de la historia de la humanidad. Judas Macabeo (‘martillo’) reconquistó Jerusalén en 165, purificó y re consagró el templo, y aunque murió en 161 a.C., con sus hermanos, le dio independencia a Jerusalén durante unos 100 años (Jonatán de 150-144 a.C.; y posteriormente, Simón). Esto dio lugar a la fiesta de la purificación o de la dedicación (Hannukah) que ya se conmemoraba en tiempos de Jesucristo (Juan 10:22), y hoy se celebra el 25 de diciembre, coincidiendo con la Navidad.

Los judíos del tiempo de Cristo, esperaban un libertador del tipo de los Macabeos. Durante el gobierno de los Macabeos, el Sanedrín aprobó el sumo sacerdocio hereditario a perpetuidad, y los sacerdotes asmoneos gobernaron Judea hasta los días del idumeo, Herodes el Grande (37 a. C).

Bajo el gobierno de Alejandro Janeo (103-78), hijo de Simón Macabeo, el más cruel e impío de los sumos sacerdotes, los judíos recuperaron todo su territorio. Galilea fue judaizada; pero los samaritanos no aceptaron cambios, por lo que aún cien años más tarde eran enemigos de los
judíos.

Fue en ese tiempo (siglo II a.C.), que surgieron las sectas de los fariseos (que a partir del siglo II a.C., eran patriotas y defendían la antigua fe, aunque con hipocresía), los saduceos (aristócratas, ricos, materialistas, y amantes de la filosofía secular y helenista, que no creían en los ángeles, ni en la resurrección, ni en el castigo y la gloria de la vida futura (Mateo 3:7; 22:23; Marcos 12:18; Lucas 20:27; Hechos 5:17;23:6). Eran racionalistas y mundanos, y controlaban en gran parte el Sanedrín. Los publicanos, eran judíos ricos y deshonestos, cobradores y acaparadores de impuestos, al servicio de Roma y considerados por sus compatriotas, apóstatas, y falsos judíos
(Mt 5:46; 21:31).

También estaban los zelotes (como Simón el Zelote, apóstol y discípulo de Jesucristo), una secta fundada por Judas el Galileo, radicalmente nacionalista y rebelde que mantuvo una constante resistencia militante en contra del imperio romano. La última plaza fuerte de los zelotes, Masada, cayó en mayo del 74 d. C. Eran fanáticos de la libertad y esperaban al Mesías como un caudillo libertador, a manera de los Macabeos.

Los esenios, desde el siglo II a.C., eran un grupo piadoso con vida de tipo monástico, en la comunidad de Qumrán (donde en 1947 se encontraron los rollos del Mar Muerto, que ellos conservaron y escondieron). Estaban dedicados a la celosa conservación de las Sagradas Escrituras. Creían en un inminente apocalipsis, y mezclaban su judaísmo con algunas creencias paganas.

Por fin estaban los herodianos, que por mantener la paz, se opusieron a Cristo (Mt 22:15-22 y Mr 3:6). Apoyaban el gobierno de Herodes el Grande (quien ordenó la matanza de los niños, después de que Jesucristo nació y hulló a Egipto), y a los tres de sus ocho hijos que heredaron su reino (auspiciados por Augusto César): Herodes Antipas en Galilea y Perea. Llamado el Tetrarca, fue acusado de adúltero por Juan el bautista, a quien decapitó; y él reinaba cuando al ser enviado por Pilatos, se juzgó y crucificó a Jesucristo, quien le llamó “aquella zorra.” (Lc 3:19, 13:31-33, y 23:6-12; Mr 6:17-18). Herodes Felipe II, en los territorios al noreste del Jordán, Iturea, Decápolis, etc.; y Arquelao, en Idumea, Judea y Samaria, que después de sólo 10 años, fue desterrado y sustituido por procuradores, como Pilatos, que gobernaron desde el 7 hasta el 70 d.C. Bajo sus amenazas, José y su familia, se mudaron Nazaret (Mt 2:22). Pablo fue juzgado bajo el reinado de Herodes Agripa II, bisnieto de Herodes el Grande, quien mandó a matar a Santiago el apóstol (Hch 12:1-2; y 25:13-26 y 32). ).

Para el tiempo de Cristo había un millón de personas en Palestina y unos 300 millones en el resto del mundo. La sociedad estaba dividida en 3 clases sociales principales: Los ricos (jefes políticos y religiosos, grandes comerciantes y terratenientes, y publicanos); clase media (comerciantes, artesanos, sacerdotes y escribas); y los pobres (jornaleros, mendigos, leprosos y esclavos). Los principales oficios eran la agricultura, la ganadería, la pesca (Genesaret), trabajos artesanales y comercio.

El templo daba trabajo a muchos sacerdotes y levitas. El exilio en Babilonia depuró la fe judía, limpiándola de la idolatría. Bajo el liderazgo de Esdras se estableció el canon hebreo (que contiene los 39 libros del Antiguo Testamento actual), y bajo los Escribas (que desde el exilio fueron los doctores, maestros, e intérpretes de la ley, y meticulosos copistas oficiales de las Sagradas Escrituras Mt.13:52; 23:2, 13), se estableció la instrucción individual en las sinagogas. A pesar de que el templo estaba vigente y funcional, se dice que para el año 70 d. C. ya había unas 400 sinagogas que mantuvieron viva la fe judía después de su destrucción. Jesús, los apóstoles, y los primeros judíos mesiánicos (convertidos al cristianismo), asistían a ellas. (Mt 13:54, Mr 1:21, Jn 6:59, Hch 13:5, 14, 14:1; Stg 2:2,3).

Los 39 libros del Antiguo Testamento (el Tanaj), estaban organizados en 22 (de acuerdo a las letras del alfabeto hebreo), y divididos en tres secciones: Ley o Pentateuco (la Torá), los Profetas y los Escritos (Lc 24:40). Además del Tanaj, los judíos utilizaban el Talmud, el comentario de la Ley, escrito por los escribas y rabinos, a partir del 300 a. C. Éste se componía del Midrás (tradición oral), la Misná (versión escrita) y la Guemara (aplicación práctica de la Ley).

En los tiempos de Cristo, se usaba ampliamente la Septuaginta, y la mayoría de las citas bíblicas dadas por Jesucristo y sus apóstoles, son de la versión griega Septuaginta del Tanaj, que incluía, en una sección aparte, pero en el mismo volumen, los llamados libros apócrifos (de origen oscuro, o sea no inspirados por Dios): Tobías, Judith, Baruc, Eclesiástico; I y II de Macabeos, y Sabiduría, así como algunas secciones griegas agregadas a los libros de Ester y Daniel, escritos durante los llamados 400 años de silencio (entre Malaquías y el Nuevo Testamento). Al final del primer siglo de la era cristiana, en la ciudad de Jamnia, Palestina, los rabinos judíos corroboraron el canon del Tanaj establecido por Esdras, y no reconocieron ninguno de los 14 libros apócrifos: 1 y 2 Esdras, Tobías, Judit, el suplemento de Ester, Sabiduría, Eclesiástico, 1 y 2 Macabeos; Baruc, El cántico de los tres jóvenes, La historia de Susana, Bel y el dragón, y la oración de Manasés.

Algunos autores de los apócrifos reconocen que no fueron inspirados por Dios (2 Macabeos 15:38-39; Eclesiástico 33:16); pues enseñan, entre otras cosas, la práctica de orar por las almas de los muertos (2 Macabeos 12:39-46), apoyando la idea del purgatorio; y que el perdón de los pecados se alcanza por la limosna (Tobías 12:9). Promueven además, el culto a los muertos (Tobías 4:17), y la idolatría, así como algunas prácticas inmorales como la mentira y la seducción. Ni el Sanedrín (establecido en Jerusalén el siglo III a.C., y formado por el sumo Sacerdote y 70 sacerdotes, saduceos, fariseos, escribas y ancianos: Hch 9:1-2; 22:5); ni Jesucristo, ni los apóstoles, ni los padres de la iglesia, citaron o dieron autoridad canónica a libro o pasaje alguno de los apócrifos.

El templo de Jerusalén fue el lugar de adoración y el punto de convergencia de todos los judíos hasta el año 70 d.C., cuando fue destruido con Jerusalén por el general romano Tito. Allí los sacerdotes ofrecían los sacrificios, y se celebraban las fiestas. El originalmente levantado por Salomón, fue destruido por los babilonios (587 a.C.). El segundo templo, reconstruido por Zorobabel al regreso de Babilonia (536-516), sufrió ataques, saqueos y profanaciones a manos de Antíoco Epífanes (168 a.C.), Pompeyo (63 a.C.), y Craso (54 a.C.). A partir del 20 a.C. y hasta los tiempos de Jesucristo, Herodes lo reconstruyó, y amplió suntuosamente, con abundante mármol y oro, y así permaneció hasta su destrucción definitiva (70 d. C.).

Las filosofías no monoteístas judías predominantes en el tiempo de Jesucristo y sus apóstoles, eran el humanismo aristotélico, el platonismo, agnosticismo, epicureísmo y estoicismo (Hch. 17:18).

Pompeyo conquistó Siria y Palestina en 63 a.C. Antípater (de Idumea) fue nombrado gobernador de Judea. En el año 40 a. C., César Augusto nombró a Herodes el Grande como rey de los judíos (37-4 a.C.). Durante el imperio romano, el mundo estaba globalizado, bajo la paz y derecho romanos, casi sin fronteras, y con buenas carreteras desde España hasta el Éufrates y desde Alemania hasta África. Todo esto, facilitó la difusión inicial de la fe cristiana, sobre todo, gracias al apóstol Pablo, y los que salieron de Jerusalén y Palestina, por las persecuciones. El erudito cristiano Wilton M. Nelson evalúa de la siguiente manera el aporte de los romanos a la difusión del evangelio: «La unión de tantas razas y pueblos bajo un imperio ayudó a derribar las barreras raciales y culturales y a unificar la raza humana. En estas condiciones el mundo habría de escuchar la predicación de la doctrina de que en Cristo, no hay griego ni judío, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que todos los creyentes son uno en Cristo». Ralph Earle, por su parte, lo plantea muy gráficamente: «En muchos sentidos fue para Pablo más fácil viajar por el territorio del Mediterráneo que lo sería para un misionero hoy día. Podía ir de un territorio a otro sin ser detenido en las fronteras por los oficiales de aduana» (Conozca su Nuevo Testamento).