Dr. Ernesto Contreras Pulido, médico especializado en el tratamiento del cáncer mediante quimioterapia y radioterapia. Fue líder laico metodista dentro de la CANO mientras vivió en Playas de Tijuana, B. C. Actualmente vive con su familia en San Diego, California, E. U. A., donde colabora con la Iglesia de Las Asambleas de Dios.
En Inglaterra, para 1977, Lesley (de 29 años de edad), y John Brown, llevaban ya nueve años intentando sin éxito, concebir un hijo, pues se los impedía la obstrucción severa de sus trompas de Falopio (estructuras tubulares que se encargan normalmente y en forma alternada, de transportar, tras la ovulación el día catorce antes de cada menstruación, los óvulos desde los ovarios hasta el interior de la matriz).
Por eso, cuando se enteraron que el Ginecólogo Patrick Steptoe (único que entonces era capaz de extraer o cosechar óvulos por Laparoscopía: exploración del abdomen con una mini-cámara colocada al final de un delgado tubo flexible de fibra óptica), y el Fisiólogo Dr. Robert Edwards, de la Universidad de Cambridge, estaban investigando un método para resolver algunas causas de infertilidad, Lesley y John se ofrecieron como voluntarios, y el 25 de Julio de 1978, en el Hospital General de Oldham, de Láncashire, cerca de Manchester (Reino Unido), Lesley dio a luz por operación cesárea, a su primogénita Louise Brown, una niña perfectamente sana, que pesó 2. 608 Kg, y que era la primera persona concebida por fertilización in vitro (FIV), o sea, fuera de la matriz y en un frasco de cristal (una caja de Petri y no en una probeta o tubo de ensayo, como se difundió en las noticias). En 1980, Edwards y Steptoe (1913-1988), abrieron en Cambridge, la Bourne Hall Clinic, el primer centro de reproducción asistida del mundo.
Cuatro años después de Louise, su hermana menor, Natalie Brown, fue la persona número 40, concebida por FIV; y en 1999, Natalie fue la primera “niña de probeta” que dio a luz, por vía natural, a su hija Casey. Cuando en el 2004, Louise se casó, también concibió y el 20 de diciembre del 2006, dio a luz por vía natural, a su hijo Cameron (2.7 Kg). Edwards (1925-2013), que desde 1958, había estado desarrollando su técnica y a partir de 1972, junto con Steptoe había tenido más de cuarenta intentos fallidos, antes de tener éxito con la concepción de Louise, recibió, por estos extraordinarios logros, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 2010.
El Comité internacional para la Monitorización de las Técnicas de Reproducción Asistida, calculó, que a partir de 1980 y hasta el 2012, se habían concebido 5 millones de bebés, por este método (10,242 niños hasta marzo de 2004, en el Reino Unido). Aunque está reportado el caso de la rumana Adriana Iliescu que tras nueve años de hormonoterapia para revertir su menopausia (cesación de la menstruación), logró en 2005, por FIV, concebir y posteriormente dar a luz una hija sana a los 66 años de edad, la mayoría de las clínicas han establecido los 50 años, como edad máxima para las candidatas a este procedimiento, que es el principal y más exitoso tratamiento para la infertilidad, cuando otros métodos (relaciones sexuales o inseminación artificial en el día de la ovulación), no han tenido éxito.
Más por ignorancia que por otra cosa, contrario a la idea de que la Fertilización in vitro, es un procedimiento contrario a la naturaleza, se ha comprobado que no es sino una alternativa, que en manos expertas, no trae ningún riesgo significativo para el bebé concebido, ni de complicaciones para la madre en cuya matriz es oportuna y exitosamente implantado el embrión producto de un óvulo y un espermatozoide (las células reproductoras de su padre y madre biológicos), cuyo huevo o cigoto, ha sido incubado por unos pocos días, fuera del útero. Tras la implantación o nidación, el desarrollo intrauterino o gestación del bebé, es exactamente igual al de un bebé que habiendo sido concebido en el tercio inicial de la trompa de Falopio (por la unión del óvulo y espermatozoide de sus padres biológicos), tras unos cuantos días de migración y crecimiento), llega y se anida exitosamente, en la matriz materna.
El procedimiento se inicia en el día de la ovulación (14 días antes de la siguiente menstruación), con la cosecha o extracción de los óvulos producidos en los ovarios maternos, los cuales, a temperatura controlada y en condiciones de estricta esterilidad ambiental, se colocan en una placa plana de plástico o vidrio (Caja de Petri), en un medio líquido, rico en glucosa y espermatozoides del padre, para que uno de ellos, al penetrar en el óvulo, lo fecunde o fertilice, concibiéndose así un nuevo ser humano, que en forma cuidadosa, unas 48 horas después (en fase de embrión), es colocado en el fondo uterino, con la esperanza de que logre sin contratiempos, anidarse en el endometrio (recubrimiento interior del útero), para establecer así un embarazo. Es frecuente que para que obtener más de un óvulo fértil, se le administre a la mujer (durante unos 10 días anteriores a la ovulación), hormonas que ejerzan el efecto de la Hormona Folículo Estimulante, que normalmente es la responsable de la maduración de un ovocito (célula precursora del óvulo); con esto, se provoca que maduraren simultáneamente, más de un ovocito, y así el día de la ovulación, se puedan cosechar más óvulos maduros, de tal manera que las posibilidades de obtener más concepciones (huevos), y, posteriormente, más nidaciones, sean mejores, al introducir varios huevos o cigotos simultáneamente en la matriz. Si se llegan a anidar más de un huevo, el resultado será el desarrollo de gemelos fraternos (no idénticos).
En resumen, para que un tratamiento de FIV tenga éxito, es necesario disponer de óvulos sanos, espermatozoides que puedan fecundarlos, y un útero que pueda mantener un embarazo. Cuando la matriz de la madre biológica (la que dona el óvulo), tiene alteraciones que le impiden anidar en su seno a su hijo concebido por FIV, también es posible lograr el embarazo y el parto de un hijo, usando la matriz de una madre subrogada (que presta su útero para que en ella se desarrolle un hijo ajeno). Otra alternativa es implantar en la matriz de la mujer estéril, un embrión concebido por otra pareja, pero que a partir del momento de la nidación, lo considerará como su hijo adoptivo.
Todo esto se dice fácil; pero la probabilidad de que una pareja infértil conciba un bebé por FIV es de una sobre cinco, prácticamente la misma que tiene una pareja sana de concebir de forma natural (in vivo). En E.U.A., la tasa de nacidos vivos tras una FIV es de alrededor del 27% de los intentos (con una tasa de nidación exitosa y embarazo del 33%). Además, las posibilidades de éxito varían mucho dependiendo de la edad de la mujer, siendo mayor el éxito de la FIV en mujeres menores de 35 años (43% de nidación exitosa, y 36.5% de nacidos vivos), y drásticamente menor en las mujeres mayores de 40 años (4%).
El principal problema desde el punto vista ético, es el de los embriones no usados y conservados en congelación, lo cual dejaría de ser problema, si se pusieran todos a disposición de las miles de parejas estériles que desean adoptarlos. El problema es que el concebirlos y conservarlos cuesta más de lo que la mayoría de las parejas candidatas, pueden pagar por obtenerlos.
La controversia alrededor de este procedimiento que indiscutiblemente ha beneficiado a millones de parejas hasta entonces estériles y sin ninguna otra alternativa práctica para poder concebir, engendrar, y dar a luz a hijos, sigue siendo muy válida y acalorada.
Como en otras situaciones parecidas en que no tenemos respuestas definitivas a la luz de la Biblia, seguimos pidiéndole a Dios que nos conceda guía al respecto y solución para el problema principal: Los embriones (personas), que a razón de más de medio millón actualmente, están congelados, esperando ser adoptados antes de que pasen 5 años de haber sido concebidos, que será cuando dejarán de ser candidatos para ser anidados. Y usted ¿qué opina?

