Hitos de historia (primera parte)
Por Dr. Rubén Pedro Rivera

No es posible hablar de la ciudad de Chihuahua, sin incluir en su historia la vida y obra del Colegio Palmore, que cumple por estas fechas 125 años de fecunda existencia.
De sus aulas han egresado miles de estudiantes quienes por la calidad de la enseñanza recibida han llegado a ocupar sitios y responsabilidades de la más alta importancia. Ha sido allí, en los salones de clases en donde ricos y pobres, hombres y mujeres han recibido el mismo trato y la misma educación, pues ha sido objetivo de esta institución promover la cultura sin distinción de clases ni de género. Por ello, especialmente en las primeras décadas de su labor se atendió a los más desprotegidos y se abrió la oportunidad a las mujeres cuando una cosa y otra no eran comunes.
Pero para comprender mejor la trayectoria del Palmore hay que remontarnos al siglo antepasado.
Año, 1885, el Obispo Holland Nimmonds McTyeire designa en el mes de marzo, al Presbítero Samuel Grafton Kilgore para iniciar trabajo misionero por parte de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, en la ciudad y Estado de Chihuahua. Este misionero se aplica de inmediato a su tarea y para el año 1888 reporta haber adquirido por la cantidad de $1760 dólares, un lote de terreno, propiedad de cuatro personas, entre ellas el Gobernador Maceyra y el Sr. Gabriel Sáenz, en donde se inicia en enero de ese año la construcción de una capilla y una casa pastoral. Tiempo después, visita al pastor Kilgore, el Dr. William Beverly Palmore, amigo personal, político, periodista y promotor de la educación, a quien el anfitrión le muestra la media manzana vecina en donde podría construirse una escuela anexa a la capilla. El Dr. Palmore se entusiasmó con la idea y proveyó los fondos para adquirir la media manzana que era propiedad de la familia Ontiveros. Por su parte la señora Adam Hendrix (madre del Obispo del mismo nombre), aportó otro donativo con el cual se adquirió la propiedad del señor Bernardino González, que colindaba con la de la familia Ontiveros. Fue en estos terrenos donde se comenzó a edificar la primera etapa de lo que vendría a ser el Colegio Palmore.
En tales terrenos existía una casita de adobe, la cual hubo de ser habilitada para servir como escuela y casa habitación de dos maestras, mientras otras dos se hospedaron en la Casa Pastoral de los Kilgore. Para proveer una mejor habitación se mandó traer de Laredo una casita prefabricada en madera armable, con la cual se mejoró el problema de hospedaje. Una vez que se pudo contar con espacio para la escuela, se iniciaron los cursos que estuvieron a cargo de las maestras Augusta (Gussie) Wilson y Miss Blanche Gilbert como directoras, y como ayudantes Miss Arrington, (parienta del Dr. Palmore), y Miss Dorsey. Ellas pusieron las bases educativas iniciales y fueron sustituidas a los dos años por las maestras Lizzie Wilson y Lucy Harper. La misionera Arrington permaneció como maestra de música, materia novedosa y exclusiva del Palmore en esa época. En el reporte del Superintendente Alejandro H. Sutherland, presentado ante la asamblea de La Conferencia
Anual, en 1888 informó: “Tenemos ya buenas escuelas para niñas, en Saltillo, Durango, Chihuahua, y Nogales” ¡El Colegio Palmore había nacido!. En el año de 1890 la recién nacida escuela informó tener 18 alumnas inscritas, y al final de los primeros seis meses de vida ya tenía 46 alumnos en lista.
La escuela fue afirmando su labor a la vez que ampliaba su edificio. Al grupo de maestros se añadió el Profr. Servando I. Esquivel, bajo cuya influencia la escuela creció notablemente.
Luego vino la época revolucionaria. ¡Tiempos aciagos! Muchos edificios e instituciones sufrieron graves perjuicios. Nuestro colegio no fue excepción. Acosado por las graves circunstancias, hubo de cerrar sus puertas en 1913, para reabrirlas en 1915, pero no por mucho tiempo. De nuevo tuvo que suspender su labor, hasta el año de 1918, tiempo en que navegó penosamente frente a una economía nacional destrozada y nuevas leyes políticas que afectaron seriamente a las escuelas religiosas. En ese tiempo asumió la dirección el Profr. J. P. Lancaster, quien con duro trabajo mantuvo a flote la institución, cediendo el timón a la maestra Margaret Belle Markey (1927). Devino, luego de otras personas el Profr. Ángel Rodríguez, quien con dinamismo y firme voluntad recuperó el impulso de avance de años pasados y con visión promovió al Departamento de Educación Comercial, para hacer frente a las necesidades imperiosas de la nueva sociedad pos revolucionaria.
Bajo la dirección de la maestra Miss Markey se separó la instrucción primaria de la comercial, asignando directores para cada una; en el Departamento Primario quedó la Profra. Ernestina M. Sánchez y en el Comercial, el Profr. Francisco Cepeda. La maestra Markey fungió hasta el año de 1934, cuando por un año asumió en emergencia la Profra. Ernestina M. Sánchez, bajo cuya responsabilidad las dos ramas alcanzaron plena madurez y ya eran auto sostenibles. La maestra María Luisa Naranjo ocupó la Dirección de la Escuela Primaria, en tanto que el Profr. Cepeda, continuó dirigiendo la Escuela Comercial.

Las nuevas leyes (1917) del país, que se fueron implementando con mayor firmeza al paso de los años, obligaron en 1935 a los maestros extranjeros a abandonar el país y ante tal emergencia las materias que antes se daban en inglés se cursaron en español. Con todo, la institución continuó creciendo, fundándose en 1967 la Escuela Secundaria y en 1969, la Preparatoria. El Colegio alcanza nuevas cumbres de solidez y difusión en la experta mano del Profr. Francisco Cepeda, bajo cuyo desempeño, se adquirieron nuevas propiedades,, se restauraron las clase en inglés y se construyeron nuevas aulas. El profesor Cepeda llevó las riendas hasta el año de 1977 cuando se retiró tras recibir la Medalla Altamirano por sus cincuenta años de labor magisterial. En su honor, las autoridades municipales dieron su nombre a una de las calles citadinas.
(Continuará)
