El honesto Abraham

abraham

“Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio” (Pr. 21:3)

Abraham Lincoln, famoso Presidente de los Estados Unidos, mucho antes de llegar a ese cargo ya tenía renombre dentro de su comunidad por su honestidad. De joven trabajaba en una tienda de abarrotes y se cuenta que una noche, después de cerrar, mientras revisaba sus ventas se percató de que había dado el cambio incorrecto a una señora, la misma que vivía a unos cinco kilómetros. Sin importar la hora, ni que el camino fuera de tierra, fue hasta su casa a devolverle los aproximadamente seis centavos que le debía. Tal vez la señora nunca se hubiera percatado de esos centavos, pero él fue a devolverle.

Y hay muchas historias más que dan cuenta de cómo Lincoln se ganó el título de Honesto.

Su integridad fue reconocida por todos los habitantes de su comunidad. Cuando llegó a ser presidente luchó por abolir la esclavitud a lo largo de su país y finalmente fue asesinado por un hombre que no estaba de acuerdo con sus políticas y la libertad de los esclavos. Lincoln no esperó a ser Presidente para tomar decisiones importantes, desde su juventud su carácter lo hizo destacarse.

Dios está buscando personas comprometidas, con carácter, que sin importar si son seis centavos o miles de dólares, sean capaces de hacer lo correcto y devolverlos a su dueño, que sin importar si la gente no está de acuerdo, hagan lo correcto y defiendan sus ideales, sus creencia, aún a costa de su propia vida. Sólo te serán encomendadas grandes cosas cuando en lo pequeño seas fiel, cuando en los detalles de tu vida cotidiana demuestres que tienes un corazón recto, cuando no necesites estar rodeado de mucha gente para hacer lo correcto. 

CONTEXTO DEL TEXTO

En los días de Salomón, los reyes poseían autoridad absoluta y a menudo se consideraban dioses. Este proverbio muestra que Dios, no los gobernantes terrenales, tiene la autoridad final sobre nosotros. A pesar de que no se han dado cuenta, los reyes o presidentes más poderosos de la tierra han estado siempre bajo el control de Dios y en su caso él los juzgará. Véase Isaías 10:5-8 para un ejemplo de un rey que Dios utilizó para sus propósitos.

LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO

  1. Que las alabanzas y ofrendas no son sobornos que le hacemos a Dios.
  2. Que si nuestros tratos personales y de negocios no se caracterizan por la justicia, ninguna cantidad de generosidad en el plato de la ofrenda la compensará.
  3. Que debo vivir la justicia siempre, eso le agrada al Señor; y si somos muchos, miles, la justicia será la regla, la ley vivida por un pueblo o un país.

ORACIÓN

Señor, gracias por enseñarme que tú eres la justicia y la verdad, por eso enviaste a Jesús, tu Hijo amado. Hoy el mundo por la avaricia, el egoísmo, la soberbia y el amor al dinero y al poder, vive en guerras y en luchas de poder y de violencia, pero estoy seguro que por tu paciencia y tu amor no nos has consumido. Dame valor y decisión para compartirles de tu amor. Ahora y siempre, en Cristo Jesús, amén.

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4 comentarios sobre “El honesto Abraham

  1. Que Dios bendiga el ministerio del Obispo Juan Pluma Morales.

    La sencillez y la precisión del texto, son propicias para una reflexión que no deja lugar a dudas. Esta meditación nos invita a todos a redescubrir de una manera clara la importancia de las acciones propias: aquellas que deben nacer de un corazón recto; de una ética profunda para hacer las cosas que son honestas hacia nosotros mismos y ante los demás, sin detenernos a disfrazarlas ni tampoco a demorarlas.

    Como cristianos estamos inmersos en el mundo, pero nuestra naturaleza espiritual nos lleva a estar fuera de él. Si pusiéramos atención en los puntos sensibles de nuestra conducta, el testimonio del Pueblo de Dios sería lo suficientemente contundente para propiciar no solamente el bien común de la sociedad en que vivimos, sino que sería luz para la vida de nuestra comunidad de fe. Y entonces, al actuar con honradez de principios, con probidad moral, intelectual y religiosa, nos daríamos a nosotros mismos y al mundo un regalo inconmensurable: pues la justicia sería cada vez más una vivencia palpable y no una búsqueda llevada por veredas tortuosas.

    Lamentablemente es nuestra tozudez la que nos conduce –y no pocas veces-, a ignorar la contundencia del valor de la honestidad. Realmente seríamos de bendición si nos diéramos cuenta de que no hace falta que alguien nos obligue para actuar como debemos; que nuestra fe cristiana es razón suficiente para impelernos a resarcir los agravios cometidos en contra de otros, dejando a un lado la condición de ser llevados a rastras por la circunstancia de lo punible para cumplir con el deber ser, ni esperar a recibir el reclamo para hasta entonces hacer lo que de antemano ya sabemos ético y correcto…

    Nos llevaría a afirmar nuestros actos en la enseñanza del Señor Jesucristo y nos conduciría de vuelta a la credibilidad y a la confianza, sin necesidad de forzar el concepto de justicia a los dictados de tribunal alguno; sino simplemente a lo que nos señalara la conciencia y la integridad de nuestra fe.

    Como bien se entrevera, el fruto es consecuencia de la concordancia entre nuestra fe y nuestros hechos, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los abrojos (Mateo 7:15-20; Cfr.: Santiago 2:14-17); y como bien lo dice el obispo, no importan los montos ni si son seis centavos o miles de ellos: lo que Dios busca es el compromiso, el carácter, la buena fe y la recta conciencia… pues al final, lo advierte el Señor Jesús, “por sus frutos los conoceréis”.

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