En todas las culturas, la renovación de la Creación es entendida y sentida como una nueva oportunidad de volver a nacer. Todas las civilizaciones antiguas pudieron dejar por escrito, aún en escritura de jeroglíficos, la importancia que para la humanidad significa un nuevo comienzo.-
La Biblia, como libro sagrado, no es ajena a este sentir, de hecho comienza el texto con la primera primavera la Creación de Dios desde la nada. Pero más que un sentir, la renovación de la Creación se presenta en la Biblia como una forma de vivir la existencia de todo lo creado y en todo lo creado.
Las disposiciones sobre el cuidado de la tierra, el jubileo del trabajo, las primicias de las cosechas…. van marcando una constante de una nueva forma de vivir y compartir en este mundo y esta Creación, pero este movimiento constante de renovación, aunque parezca contradictorio, está anclado, sostenido, en una realidad inmodificable: el Amor de Dios manifestado en Jesús, para toda la humanidad.
Entre los cambios ambientales producidos por el mal uso de la tecnología y el consumo, entre las grandes cantidades de refugiados que, por diferentes motivos son obligados son obligados a mudar de país y continente, entre la acumulación de basura y el deterioro de las relaciones humanas… nos volvemos a preguntar en donde está lo inmutable de nuestra vida… y eso está en la Fidelidad de nuestro Dios que nos convoca cada día a ser testigos de la contracorriente de este mundo.
Contracorriente basada en el compromiso misericordioso con cada vida, contracorriente sostenida en la bondad de posar nuestra mirada en lo que nos rodea y devolver acciones de solidaridad.
Cuando Jesús les propone a sus discípulos una nueva manera de ser comunidad, una contracorriente… lo hace invitándolos a mirar su creación… los lirios del campo… las aves del cielo… y al mismo tiempo los invita a mirar un futuro ANCLADO en la confianza de su cercanía.
En estos tiempo, como siempre, la Iglesia está llamada a dar testimonio de un mundo mejor, pero el único testimonio válido, es el que se da no desde la multitud de las palabra, sino desde el vivir cotidiano de nuestra Fe.
Que el anticipo de una nueva primavera, no solo sea una realidad del afuera… sino del adentro de nuestro cuerpo… mente… pensamiento y espíritu.
Que la Nueva Creación encuentre un espacio de crecimiento entre medio de las incertidumbres y miedos… y que sobre todo la Palabra anide en nuestra vida para ser cortacorrientes anclados en Jesús.
Bendecido tiempo de Primavera
Pastora Mariel Pons
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