La fe y la lectura son buenas amigas. Siempre van de la mano. El Protestantismo trajo una nueva manera de vivir la fe. También trajo un cambio de vida, es decir una manera distinta de vivir.
Hoy hablaremos de la importancia de la lectura para la fe. Notaremos dos problemas. El primero es que el Catolicismo Romano no impulsa el estudio de la Biblia porque el Magisterio es el único capacitado para su interpretación. Mientras que en el Protestantismo el estudio de la Biblia por los fieles es necesario y alentado para su desarrollo espiritual. El segundo es que las estadísticas de lectura en México no son del todo favorables. Tristemente, México no tiene el hábito de la lectura.
Todo esto nos lleva a experimentar dos escenarios. En el primero encontramos nuevos convertidos, y dado que la mayoría llegan del Catolicismo Romano, no cuentan con la costumbre de leer la Biblia. En el segundo tenemos a creyentes que han crecido en la Iglesia toda su vida pero lastimosamente no cuentan con el hábito de la lectura. En ambos escenarios parece que ser mexicano pesa y lastima al propio creyente en muchos sentidos.
Entiendo que estos escenarios no son la regla pero tampoco son la excepción. Desafortunadamente vivimos en un país que no aprecia la cultura, el desarrollo intelectual ni la educación formal. Vivimos en un país donde leer todavía es un privilegio para muchos. Un país con libros caros. Un país que, tal y como lo manifiesta el antiguo proverbio egipcio, vive en la peor de las oscuridades… la ignorancia. La paciencia de muchas personas para leer escritos sin dibujitos suele ser heroica. La lectura es una virtud olvidada.
No lo pienso aburrir, asustar ni deprimir, con estadísticas oficiales. Mi sola intención es mostrarle el triste panorama que muchas congregaciones, familias y creyentes viven cada día. Creyentes que carecen del hábito de la lectura son malos creyentes. Inútiles para toda buena obra. Es imposible que un creyente tenga una vida fructífera si carece del hábito de la lectura. Es muy difícil que una congregación se desarrolle y que la Iglesia crezca, ahora sí que como Dios manda, si tiene fieles que no leen… ni siquiera por obligación. Ahora, otro es el problema de la comprensión de la lectura, pero ese asunto lo analizaremos en un artículo posterior.
Teóricamente hablando, ningún protestante, independiente de su nacionalidad o hábitos culturales, debería de tener problema alguno al estudiar la Biblia. La razón es muy sencilla. Dado que el Espíritu Santo habita en el creyente, guiándole a toda verdad, además del hambre de crecer más y más en su vida cristiana, esto le impulsaría de manera natural a leer y a estudiar el texto bíblico. Esa ética protestante de preparación y desarrollo personal debería guiar a todo creyente a la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras. Por si eso fuera poco, en el Metodismo contamos con claros ejemplos de personas que cultivaron el hábito de la lectura.
Por lo tanto me parece inexcusable que el creyente no cultive el hábito de la lectura. Si la persona es salva y desea caminar en el Espíritu leer y estudiar la Biblia debería de ser de lo más natural en su vida. Los antecedentes sobrarían. Recuerde mi amable lector aquellos momentos de su primer amor. Donde los deseos de leer y estudiar el texto bíblico vorazmente eran comunes. Las ansías de conocer su fe y vivirla era vital para usted.
Dígame, ¿qué sucedió? ¿Es usted de aquellos que se dejaron vencer por las estadísticas y por la cultura circundante? ¿O acaso es de aquellos que alimentaron su fe y se inspiraron en su herencia protestante y wesleyana? Espero esto le inspire a crecer, avanzar y a desarrollarse espiritual, personal, cultural, académica e intelectualmente.
Que Dios bendiga a la Iglesia a desarrollar el Metodismo, cristianismo de verdad.



LA LECTURA DE LA BIBLIA Y LA ORACION TODOS LOS DIAS ES EL DESAYUNO MAS FUERTE QUE ME NUTRE MI VIDA ESPIRITUAL Y FISICA.
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Cierto, Hno. Víctor Job, y gracias por decirlo. Cuando oramos no estamos poniendo a Dios a prueba, realmente nos estamos poniendo a prueba a nosotros mismos.
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