Categoría: Reflexiones

Una Cosmovisión Cristiana

Una cosmovisión cristiana

¿Realmente la Biblia nos facilita pautas para organizar una vida entera, incluso una sociedad?

José Hutter

A lo largo de sus 2000 años de historia, los cristianos no solamente se han dedicado a predicar el evangelio. Evangelizar es sin lugar a duda su privilegio más grande y su tarea más urgente. Pero de paso -y casi como un efecto colateral- la fe cristiana ha moldeado culturas y naciones enteras. Para nosotros que vivimos en una época que se ha tildado de “post-cristiana” casi nos parece ciencia ficción.

Fueron los cristianos quienes regalaron al imperio romano una nueva cultura y ética. A través del Imperio bizantino de hecho prolongaron la vida de la Roma antigua unos mil años más, hasta la época de los reformadores. Enriquecieron Occidente y Oriente con una cultura avanzada en todos los ámbitos.

Más tarde, en Occidente ocurrió otro tanto: el re-descubrimiento del evangelio en la época de los reformadores llevó a Europa a una auténtica explosión de creatividad, desarrollo y bienestar en todas las áreas de la vida humana.

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Los Sabios de Oriente

Los sabios del Oriente

Dr. Ernesto Contreras Pulido

La Biblia dice: Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes III, llamado el Grande, he aquí unos hombres sabios del oriente vinieron a Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella (que anunció su llegada) hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”.

Oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él; y convocando a todos los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo; y ellos le dijeron: “En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú Belén Efrata, aunque eres una pequeña aldea entre todo el reino de Judá; no obstante, de ti saldrá un Guiador, que será Pastor de mi pueblo Israel; y cuyos orígenes vienen desde la eternidad” (Mi. 5:2).

Entonces Herodes, llamando en secreto a los sabios, inquirió de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: “Vayan, busquen, y pregunten con diligencia por el niño; y cuando lo encuentren, vuelvan y díganme dónde está, para que yo también vaya y le adore”. Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron.

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Esbozando una Sonrisa

Foto: Matheus Bertelli, Pexels

Esbozando una sonrisa
Ofrendémonos en este nuevo año al Dios que hace nuevas todas las cosas.

Por Yolanda Tamayo. Enero 7, 2019.

Ante mis ojos se desnudan nuevos días. Me ilusiono y deseo que la tierra en barbecho esté preparada para la siembra.

Confío en Dios, me abrazo fuertemente a sus promesas, asida a ellas auguro una travesía grata, un viaje en el que volver a blandir sueños que se han diluido. Tomo fuerzas, levanto la mirada y me impulso hacia el año que ante mí se desabriga, deseosa de que cada día esté cubierto de enseñanzas que poner en práctica. La vida es demasiado corta, pese a ello, seguimos preso de un fútil deseo por eternizarlo todo, entregados a la nula labor de querer detener el tiempo y doblegarlo a nuestro antojo.

Qué torpeza la de seguir sometiéndonos a las malas costumbres que nos empobrecen. Desechemos el poner florituras al rencor, a la conveniencia, al sentimiento de pasividad ante lo realmente importante.

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Sorderas del Alma

Sorderas del alma

El seguidor del Maestro, no puede tener un alma sorda, ni unas manos insolidarias, ni unos pies que no estén prestos a acudir allí donde se da ese grito.

Juan Simarro

Se ha dicho que el dolor es el “megáfono de Dios”, un grito que se expande por el mundo desde aquellos momentos del Edén. Muchos dolores, muchos gritos que surgen sin cesar en medio de un mundo doliente. Yo, estando de acuerdo con esto, veo y oigo muchos otros gritos que, quizás, también están siendo aumentados por el “megáfono de Dios”, y ante los cuales muchas veces nos hacemos los sordos, aunque se expresen con tanta fuerza que parecen querer romper nuestros tímpanos, al menos los “tímpanos” del alma.

¿Quién no oye el grito de los pobres? ¿No es, acaso, un grito también ampliado por el megáfono de Dios y ante el cual, desgraciadamente, nos hacemos los sordos? ¿Hay sorderas del alma, del corazón, de la sensibilidad? Los pobres, los oprimidos, los débiles del mundo, los explotados, vejados, humillados y ofendidos. ¿No están, acaso, en el centro de la sensibilidad de Dios? ¿No son citados como destinatarios específicos del Evangelio? ¡Cómo no va a estar su grito amplificado por el “megáfono de Dios!

Quizás es que el alma tiene una sordera selectiva. Quiere escuchar algunos de los gritos amplificados por Dios, pero otros no. Parece que donde la conciencia se endurece hasta quedar sorda, es ante ese gran escándalo humano que es la pobreza en el mundo, la opresión, el despojo de los débiles, el abandono de más de media humanidad. Señor, ¿dónde está tu grito?

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En Nuestro Lugar

En nuestro lugar

La pregunta de por qué murió Jesús es, sin embargo, central para entender el cristianismo. Es más, no comprendemos a Cristo si no entendemos su cruz.

José de Segovia

La Iglesia, desde los primeros siglos, ha mantenido que un Cristo menos que humano no podría ser el Salvador de los seres humanos.

A muchos nos gusta la Navidad porque es una historia hermosa que nos hace revivir recuerdos nostálgicos, la alegría de la infancia y el ideal de paz en la tierra. En la cruz, sin embargo, no hay nada atractivo. Muchos la utilizan como elemento decorativo, pero no deja de ser un patíbulo. Es un instrumento de ejecución, que produce una muerte horrible, cruel y sangrienta. Algo que no sólo resulta incomprensible, sino desagradable, totalmente repulsivo.

La pregunta de por qué murió Jesús es, sin embargo, central para entender el cristianismo. Es más, no comprendemos a Cristo si no entendemos su cruz. Es algo más que un símbolo. En ella está el corazón del Evangelio. En primer lugar, nos preguntamos qué queremos decir cuando hablamos del “sacrificio vicario del Hijo de Dios encarnado”.

Para entender lo que esto significa, tenemos que darnos cuenta de que estamos ante la pregunta que tanta gente se hace, cuando se le presenta la fe cristiana: ¿cómo puede ayudarnos hoy la muerte de un hombre hace dos mil años? Todos admiramos a personas que sufren incomprensión, traición y muerte, por fidelidad a una buena causa. Podemos aceptar la cruz como un noble acto de autosacrificio, pero ¿qué es eso de un sacrificio vicario? Y ¿por qué del Hijo de Dios? ¿No basta que sea simplemente un hombre?
La muerte de Jesús no es sólo un buen ejemplo, sino el pago de la deuda que costaba nuestro rescate.

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Es Tiempo de la Gracia

Es tiempo de la Gracia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

¡Qué bendición es ser cristianos! Salvos de la eterna condenación, libres de la esclavitud del pecado, y herederos de todas las promesas eternas que Dios ofrece a sus hijos gratuitamente. Y todo, sólo porque la Biblia dice que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, derramado su preciosísima sangre, al morir sacrificado en forma cruel, con sus manos y pies horadados y clavados en la cruz del monte Calvario, para después resucitar, venciendo la muerte, y garantizando así que el que en Él cree, aunque esté muerto vivirá.

Dios en la Biblia dice: Porque ciertamente todos los sacerdotes de antaño, estaban día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca podían quitar los pecados, pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante, esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y lo mismo atestigua el Espíritu Santo, que añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones, pues donde hay remisión de pecados, no hay necesidad de más ofrendas por el pecado.

Dios dice que por ello, Jesucristo es el Testigo Fiel, el Primogénito de los Muertos (el primero de los humanos engendrados que resucitó con cuerpo glorificado), y el Soberano de los reyes de la tierra que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre. Por tal amor con que nos amó, ¡A Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos! Amén (Ap. 1:5, 6).

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¿Qué Debe Contener la Predicación Wesleyana?

¿Qué debe contener la predicación de quienes se apellidan herederos de la tradición wesleyana?

Miguel Ulloa Moscoso*

Los Artículos de fe de la tradición metodista declaran: La Iglesia visible de Cristo es una congregación de fieles en la cual se Predica la palabra pura de Dios, y se administran debidamente los sacramentos (Artículo XIII. De la Iglesia) Bajo esta definición de iglesia, el metodismo histórico y el pentecostalismo tradicional, en alguna de sus expresiones, ha definido el sentido protestante de la Palabra, que en el caso wesleyano, siendo fieles a la tradición anglicana, está en una relación directa con los Sacramentos.

La tradición reformada, específicamente en Calvino, pondrá especial sentido en la predicación de la Palabra, por ello el púlpito pasó a ser el centro del altar protestante en las reformas litúrgicas que impulsó el calvinismo y otros movimientos. A diferencia de los sacramentos donde las iglesias han establecido rituales y formulas específicas de acuerdo a sus énfasis doctrinales, la predicación ha quedado a la libre interpretación y revelación de quien “expone la palabra”. En muchos casos, la predicación cristiana evangélica tradicional, invoca fuertemente al llamado a la experiencia de Dios, al cambio de vida, a dejar el pecado, e incluso el normar algunas conductas amparadas en la sana doctrina y en la “correcta interpretación de la palabra”. Estos asuntos son expresiones nacidas en el contexto de la reforma y la declaración de la Sola Escritura.

Versando a Karl Barth, en su obra “Introducción a la Teología Evangélica”, él menciona que el conflicto se genera en que no toda predicación protestante de por sí es predicación evangélica. A propósito de esto, la predicación de Juan Wesley y los primeros predicadores/as laicos/as del naciente movimiento metodista tenía como propósito primero llamar a los oyentes al arrepentimiento y a que las personas creyeran en Jesús.
Ante esta última declaración, es necesario recoger y releer el sentido que tomó la predicación wesleyana en su momento de origen, a lo menos podemos identificar, siete conceptos que no deberían estar ausentes en un pulpito de una iglesia metodista o de tradición wesleyana.

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Los Niños en el Movimiento Ecuménico

Los niños en el movimiento ecuménico

Una serie de relatos vivaces y de primera mano sobre la comunidad ecuménica y sobre nuestro viaje común, las iglesias miembros han ido aportando las historias de personas, acontecimientos, logros e incluso fracasos. Todo ello ha profundizado nuestra búsqueda colectiva de la unidad cristiana.

Ulrich Becker

El secretario general del CMI, Philip Potter, cogiendo al bebé Mwuselele Nyoni en la VI Asamblea, en Vancouver. Foto: CMI

Normalmente, quienes cuentan la historia del movimiento ecuménico empiezan hablando de la primera Conferencia Misionera Mundial, en Edimburgo, en 1910, y de los movimientos de Fe y Constitución, y Vida y Acción, que se concretaron poco después. En esa triple división del movimiento ecuménico durante su fase preinstitucional, suelen ignorarse los movimientos precursores de los siglos XVIII y XIX, surgidos del impulso misionero y de una dinámica de renovación. Uno de esos movimientos fue el de la escuela dominical.

Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando, durante la Revolución Industrial en Inglaterra, los domingos se sacaba de la calle a los niños que trabajaban durante la semana para alfabetizarlos y socializarlos a través de la Biblia y del catecismo. Ese movimiento se extendió rápidamente a los continentes europeo y norteamericano, con un creciente carácter misionero, y en el siglo XIX su presencia pasó a ser cada vez más común también en las misiones.

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Saludo Navideño y Fin de Año

Saludo navideño y fin de año

“Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmos 46:11).

Tijuana, B.C. 13 de diciembre de 2018.
Nuestros mejores deseos hoy, mañana y siempre.

Obispos,
Representantes laicos,
Superintendentes,
Funcionarios y miembros de la IMMAR

Al pueblo metodista de nuestra República Mexicana; a nuestros hermanos en Estados Unidos de América y Latinoamérica; a ustedes, que pertenecen al pueblo especial de Dios y que siguen creyendo en Jesucristo y viven muy unidos a Él, les envío mis saludos.

Estamos viviendo una temporada que nos mantiene sumamente ocupados, haciendo todos los preparativos para las celebraciones de los Domingos de Adviento, las Noches Invernales, los Cultos de Luces y el Culto del Pacto al final de año.

Hoy vemos hermosamente decorados nuestros templos con luces y adornos propios de la temporada. Algunos hermanos están concentrados en adquirir los presentes que habrán de ofrecer a sus seres amados. Nuestras hermanas, sin duda alguna, tienen en mente los platillos que cocinarán y servirán. En fin, cada quien está metido en sus ocupaciones.

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Ad-venio… venir, llegar.

Ad-venio…venir, llegar

Con la globalización y el imperante espíritu laico, las fiestas han perdido su sentido original.

Roberto Velert

Escribo este Desde el Corazón días antes de que empiece el primer Domingo de Adviento, y no pienso que lo haga para añadir a la Navidad la cantidad de hojarasca con la que ya se le ha puesto alrededor: una profusión barroca, adornos casi de grafiteros electrónicos, cada año más seculares, intencionados o no, que la deforman y la enmascaran.

Escribo, y espero que no, contagiado porque los grandes almacenes ya han encendido como en las calles, sus reclamos de Navidad sin esperar siquiera a la llegada de Adviento. Escribo cuando los anuncios navideños se mezclan con las prolíficas rebajas del “Black Friday”, esa escandalosa importación consumista, que nos abate al contemplar tanta publicidad y escaparates más colonizados por el Inglés que a los monitos del Peñón de Gibraltar que con Brexit o sin Brexit seguirá siendo Brithis y la Unión Europea ni “mu”.

Escribo también como ya he dicho, antes de la primera fecha de Adviento, porque además cada vez me resulta más raro ver anuncios en castellano, y me permito protestar, pues algo Protestante soy, como queriendo ser una vocecita de alarma ante este aluvión manejado por economistas, publicistas y sociólogos que también influencian la prensa, y que maltratan nuestro idioma ¿hará algo la Real Academia Española o el Gobierno?

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“Noches De Paz” Durante la Primera Guerra Mundial

“Noches De Paz” durante la Primera Guerra Mundial

Alan Sánchez Cruz
Diciembre de 2018

Llegó diciembre, el mes que, para muchos, significa la mejor época del año; con sus luces y regalos, en este mes repasamos los momentos buenos y malos de un ciclo que termina. El pueblo evangélico tiene, además, un motivo de celebración en el amor de Dios que se manifestó en el nacimiento de Jesús. Claro, no fue en diciembre; aunque, es una conmemoración simbólica que permite a dicho pueblo recordar “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”[1] , según lo expresaba el apóstol Pablo a Timoteo.

La témpora de Adviento y Navidad alegra nuestras reuniones como Iglesia, pues nos posibilita entonar himnos y/o villancicos entrañables como “Venid, fieles todos”, de John Frances Wade; “Oíd un son en alta esfera”, de Charles Wesley; “Ángeles cantando están”, villancico francés del siglo XVIII; y el himno por excelencia: “¡Noche de paz, noche de amor!”, con letra de Joseph Mohr y música de Franz Grüber; entre otros. Hay dos detalles que hacen especial a Noche de paz en estas fechas: el primero tiene que ver con la composición del himno, y, el segundo, es una historia que se cuenta al inicio de la Primera Guerra Mundial.

El último himno al que nos hemos referido tiene su origen en Alemania. Cecilio McConnell, estudioso de los cantos evangélicos, narra la historia de esta manera:

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La Esencia del Cristianismo

La esencia del cristianismo

¿Qué es aquello que podemos considerar como auténticamente cristiano? Expresado de otra forma, ¿cuál es el núcleo, el meollo, el centro desde donde comenzar a comprender la fe, aquello que sirva de guía para dirigir la vida cristiana?

Alfonso Pérez Ranchal

¿Se trata en sostener una determinada teoría de inspiración bíblica? ¿Tal vez la respuesta se encuentre en el libro de Hechos y en la acción del Espíritu Santo sobre las congregaciones? ¿Está la clave en una fe inquebrantable, en buscar la prosperidad a toda costa o en sentir cada vez con mayor fuerza la acción del Espíritu divino? En claro contraste, ¿será lo más conveniente considerar las Escrituras y la mentalidad bíblica como algo proveniente del pasado, de una cosmovisión precientífica que debe ser superada en todos y en cada uno de sus relatos?

Sin duda, el judaísmo primero, y posteriormente el cristianismo, no se consideraban a sí mismos como el resultado de tradiciones puramente humanas, esto es de la acumulación de experiencias cotidianas explicadas en términos sobrenaturales. Tanto para unos como para otros la irrupción de Dios en la historia se había producido. No se trata, por tanto, de la creación del teísmo desde la antropología, sino de la consideración de la revelación divina desde el propio ser humano. El hombre no inventa a Dios, sino que lo explica desde su realidad, su entorno y su historia.

La Biblia en cuanto Palabra de Dios, es el registro en términos humanos de un encuentro personal entre Dios y el hombre, que conforma la historia de la salvación y guía la experiencia creyente. Como tal historia, con el lenguaje, localización, símbolos y figuras propios de un tiempo y situación históricos, obedece a los parámetros de lo temporal, la situación a la que originalmente corresponde. La atemporalidad de las verdades de la revelación no está en su forma, sino en su contenido, en cuya apropiación existencial e intelectual intervienen factores de fe, formación, estudio y momento histórico [1].

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