Categoría: Reflexiones

EDITORIAL

EDITORIAL
Ser Iglesia en tiempos de angustia

Es en tiempos de angustia cuando solemos replantear nuestras motivaciones y aspiraciones más profundas. No sólo sobrevivir sino cuestionamientos más trascendentes. ¿Cómo llegamos a ésta situación? ¿Qué hicimos? ¿Qué dejamos de hacer? ¿Es un castigo divino? ¿Cuándo terminara esto?

Para los cristianos, también es el inicio de planteamientos hacia el futuro. ¿Qué estoy aprendiendo de esto? ¿Qué me está enseñando Dios? ¿En qué está puesta mi confianza? ¿En quién está puesta mi confianza? Es, también, un recordatorio de quién está a cargo de todas las cosas y, con ello, un recordatorio de que nuestra propia humanidad, con sus limitaciones e imperfecciones, tiene una profunda necesidad de volver los ojos al Creador para acogernos a Su sabia voluntad.

Y para muestra de Su voluntad, tenemos que ilustrarnos con el testimonio del propio Señor en su ministerio terrenal. Jesús criticó fuertemente al sistema de convivencia humano en su tiempo, que servía a los intereses que oprimían, que se basaba en servirse y no servir. Por eso, en aquel tiempo de opresión y angustia, llamó a sus seguidores a no ser como aquellos que promovían esos valores.

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Cuando las Situaciones nos Rebasan

Cuando las situaciones nos rebasan

Iván Jiménez Jiménez

Jesús dejó de ser un desconocido. Gracias a las señales que hacía, una multitud se empezó a aglutinar en los lugares a donde iba. Ya no era el predicador galileo anónimo y solitario: ahora se perfilaba como un líder, un sanador famoso, alguien que podía cambiar la situación de vida de los necesitados. Su popularidad crecía y las multitudes se convirtieron en un problema.

Así sucedió el día que la multitud tuvo hambre. Luego de ver a quienes lo seguían, Jesús hizo una pregunta administrativa a Felipe: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (Jn. 6:5). La respuesta del discípulo fue clara: ni siquiera doscientos denarios (que era equivalente a doscientos días de salario) no bastarían para comprar el pan suficiente. La situación los rebasó por completo. La multitud tenía hambre y Jesús sentía la necesidad de proveer alimento para esas personas. No tenían dinero, tampoco comida, pero sí a mucha gente hambrienta. Esta fue una bendición que se transformó en prueba. La situación se salió de control, al menos para los discípulos, así como muchas cosas suelen salirse de control en nuestras vidas. Supongo que a todos nos ha pasado que el dinero, el tiempo, las fuerzas, la inspiración o los conocimientos parecen no ser suficientes para resolver los problemas que tenemos enfrente.

Nada es suficiente cuando se comparte y se pone en manos de Dios
Hay un héroe en esta historia: un muchacho anónimo que tenía cinco panes y dos peces pequeños. Como suele pasar con los héroes, nadie lo tomó en cuenta. Incluso Andrés lo mira con ironía (Jn. 6:9). Sin embargo, el muchacho está dispuesto a quedarse sin nada con tal de compartir la comida con Jesús. Es cierto que cinco panes y dos peces no son suficientes para más de cinco mil personas, es cierto que dar gracias por esa comida es un absurdo logístico, es cierto que la situación se ha salido de control, pero también es cierto que todo había sido puesto en manos de Jesús.

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Oremos por la Paz en la Ciudad

Oremos por la paz de la ciudad

¿Qué hacemos los creyentes cuando somos víctimas de la violencia y de la delincuencia organizada?
“[…] trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes” (Jeremias 29:7).

Hugo Almanza

Llevo alrededor de cinco años y medio viviendo en la que en inicios del 2019, el INEGI consideró la ciudad de mayor percepción de inseguridad de México. Cuando, en el 2014, mi familia y yo llegamos a Reynosa, la violencia de la ciudad estaba en uno de sus puntos mas altos. En casi 6 años, hemos identificado alrededor de tres momentos en que la situación de la ciudad ha sido de alerta; el motivo de escribir estas líneas es compartir contigo algunos de los retos que la iglesia enfrenta en el proceso de cumplir la Misión de Dios en la frontera de México con Estados Unidos, en el contexto de la violencia y los estragos que genera la delincuencia organizada.

Cuando la violencia es externa
Al principio de nuestro peregrinar de ministerio en la ciudad, lo primero que tuvimos que hacer fue aprender cómo se vive en nuestra ciudad cuando “se pone violenta”. Hay una frase que es parte del vocabulario común aquí: “hay situación”. Eso significa que bandas de delincuentes se están enfrentando entre ellos o contra la policía y el ejercito, en alguna parte de la ciudad; estas “situaciones” con frecuencia ocurren en las calles o zonas mas frecuentadas por la población, por lo que al escuchar detonaciones, casi inmediatamente revisamos redes sociales para identificar el área donde esta ocurriendo, y evitar movernos hacia esos lugares; cuando las situaciones ocurren cerca de donde nos encontramos, buscamos refugio, y esperamos. Los enfrentamientos normalmente duran unos cuantos minutos, de manera que a la media hora la gente puede volver a sus actividades normales. Narrarlo así es demasiado simple; me costó mucho entender esa dinámica, pero nos acostumbramos. Ese es el problema justamente: Nos Acostumbramos. La gente esta acostumbrada a la violencia. Es “normal” escuchar detonaciones; es “normal” que haya situaciones; es “normal” que en cerca de tu casa haya enfrentamientos durante la noche o madrugada… Los miembros de mi congregación (y yo mismo) tenemos historia tras historia de como estuvimos en alguna “situación”, y Dios nos libró de ella.

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Mujeres Metodistas Abriendo Camino en el Ministerio Femenino

Mujeres metodistas, abriendo camino en el ministerio femenino

Daniel Bruno
Adaptación

Ciertamente el movimiento metodista estuvo sostenido por mujeres prácticamente desde sus comienzos: así lo anota Wesley en la entrada de su diario del 4 de abril de 1739 en Bristol: “Al caer la tarde, tres mujeres arreglaron encontrarse una vez por semana con las mismas intenciones que las de las otras personas de Londres, para confesar sus faltas y orar unas con otras y así poder ser sanadas…”

Las mujeres de las diversas clases sociales que componían el movimiento, comenzaron a abrirse espacio, no sólo en las sociedades metodistas, si no también, en ámbitos públicos. El trabajo misionero, se desarrollaba en gran medida en sectores empobrecidos.

Casi un sesenta por ciento de las participantes del movimiento fueron mujeres y muchas de sus líderes de clases y bandas y misioneras han sido mujeres. Ni hablar del rol central que las mujeres metodistas han jugado en la tarea educativa, con su activa participación en la predicación laica y el activismo en las campañas de templanza, la lucha por el sufragio femenino, en la tarea de servicio social, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos.
Las actividades que desarrollaron las mujeres en los inicios del metodismo, tal como afirma Inés Simeone, se pueden clasificar en tres grupos básicos:

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¿Qué Hay de la Mujer Pastora?

¿Qué hay de la mujer “pastora”?

Podemos contrastar el “cómo fue hecho al principio” con cómo fueron las cosas tras la caída, hallando que la mujer siempre ha sido considerada inferior al hombre.

Angel Bea

En relación con el tema que encabeza el título de este artículo, cada vez que me han preguntado si yo estoy de acuerdo con que una mujer sea “pastora” siempre he contestado lo mismo: “No. No estoy de acuerdo”. A esa respuesta casi siempre le sigue otra pregunta: “¿Por qué?”. “Pues por la misma razón por la que no estoy de acuerdo con que un hombre sea el pastor de una iglesia”.

A continuación, siempre tengo que explicar que el modelo de gobierno moderno (entre otras modalidades) que establece que “un pastor” debe ser el líder máximo para gobernar la iglesia, no nos parece que sea el bíblico. Basta leer el libro de Hechos y las llamadas “epístolas pastorales” para ver que eso no era así. (Hch.14.23; 20.17,28; 1ªTi.3.1-7; Tito 1.1-9).

Por tanto, aquellos hombres denominados “pastores” que ejercen su ministerio fuera del orden que marca la Escritura, pero se permiten criticar e invalidar el ministerio pastoral de la mujer en la iglesia, deberían juzgarse a sí mismos primero y ajustar su situación a la luz de la Palabra. De otra forma su juicio carecería de valor alguno.

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Un Salmo en la Epidemia

Un salmo en la epidemia: la confianza triunfa sobre el miedo

El Salmo 91 ha infundido aliento y paz a millones de creyentes en el fuego de la prueba. Su mensaje es muy relevante a nuestra situación actual de epidemia.

Pablo Martínez Vila

“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: «Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré».

El Salmo 91, también llamado el “Himno triunfal de la confianza”, es una joya. Ha infundido aliento y paz a millones de creyentes en el fuego de la prueba. Según algunos comentaristas fue escrito en medio de una epidemia de peste (2 Samuel 24:13). Podrían ser circunstancias similares a las que estamos viviendo hoy. Su mensaje, por tanto, es muy relevante a nuestra situación actual de epidemia.

Vivimos días de ansiedad e incertidumbre. El mundo entero está con miedo. De pronto hemos tomado conciencia de la fragilidad de la vida. ¿Qué pasará mañana? La fortaleza en la que el hombre contemporáneo se creía seguro se ha tornado debilidad, hay grietas en la roca y nos sentimos vulnerables. La gente busca un mensaje de serenidad y tranquilidad. ¿Dónde encontrarlo?

El mensaje del salmo 91 se resume en una frase: la confianza triunfa sobre el miedo. El salmista nos presenta tres frases clave que resumen el “trayecto” dese la ansiedad-miedo hasta la confianza:

  • “Mi Dios”: lo que Dios es para mí
  • “Él te librará”: lo que Dios hace por mí
  • “Confiaré”: mi respuesta
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Ella es la Culpable

Ella es la Culpable

Iván Jiménez Jiménez

Muchos conocen la historia que aparece en Juan 8:1-11. Como suele suceder, ha pasado a la historia como la historia de “la mujer adúltera” y no con otros títulos. Bien podríamos bautizarla como la historia de “los jueces injustos”. En resumen, una mujer es llevada para que Jesús diera el visto bueno de su ejecución por lapidación. Había sido sorprendida en el acto del adulterio, aunque al hombre no lo llevaban, siendo que también debía ser presentado. Jesús no dice nada. Su silencio parece ser cómplice de una gran injusticia que se estaba cometiendo, hasta que dijo las inmortales palabras: “el que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (8:7). Los hombres se van y Jesús se quedó solo con la mujer.
“Ella es la culpable”, decían los hombres. “La adúltera es ella”. “Seguro sedujo a…. y por eso se acostó con ella”. “Si su esposa lo atendiera bien, … no habría tenido necesidad de buscar a otra mujer”. “… No tuvo la culpa; no es adúltero, sino un hombre desatendido”. “Los hombres tienen necesidades, ¿O no?”.

Sigue el ejemplo de Jesús: guarda silencio, aboga por lo que es justo
Me pregunto por qué Jesús se quedó callado tanto tiempo. Tal vez fueron segundos, pero cuando la vida de alguien está en riesgo y los verdugos tienen piedras en las manos, es demasiado tiempo. Jesús sólo escribía en tierra algo que nos es dado saber. Hay quienes dicen que escribía los pecados de los presentes. Yo creo que estaba pensando sobre lo que debía hacer y sólo ganaba tiempo. Finalmente, Jesús también era hombre, educado según los parámetros de su época y, como humano, también debía orar y reflexionar para mantener el rumbo correcto.

Jesús nos exige lo que es justo. La práctica de la justicia salva a la mujer. Hoy hay muchos que hablan y dicen; y exigen, critican y se burlan. Simplemente sé cómo Jesús: guarda silencio para pensar, no hables por ellas, interpela a tus congéneres para encontrar lo que es justo, exige justicia. El fruto de la justicia es la paz.

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Gajes de una Pequeña Pastora

Gajes de una pequeña Pastora

Ana Borunda

En mis años en el ministerio me han hecho comentarios como “¿Y dónde está el pastor principal?”, “¿A poco eres tú?”, “Pastora, la gente dejó de venir porque… pues, no quieren a una pastora; es que, la verdad, no esperábamos a una mujer como nuestra líder”, “¿Ya te diste cuenta que eres mujer?”, “¡N’ombre! En cuanto te cases o tengas hijos vas a dejar el ministerio, por eso las autoridades no les apuestan mucho a las mujeres”. Incluso escuché que, hace muchos años, a una pastora le preguntaron si no le era incomodo impartir la Santa Cena en su período (¿O sea?). Y la lista continúa.

Mi comentario no es para hacer una exégesis bíblica (que sí hay tela de donde cortar) o para convencer que somos mejores, es sólo que me llama la atención que nuestras acciones son incongruentes con lo que decimos creer. ¡A mí me impresiona ver que las mujeres pueden cantar (que por cierto es una forma de predicar), pueden cuidar niños (que también es ejercer autoridad y exposición de la palabra), pueden ser misioneras y arriesgar sus vidas (que eso es ejercer una función pastoral)! Y claro, también pueden diezmar. ¡Ah¡, pero el púlpito…, el púlpito es de varones. Definitivamente, creo que como dijo una buena amiga, somos el producto de una mala exégesis.

No me considero una feminista, creo que hay conceptos básicos en su ideología que no abrazo ni comparto. Pero en el tema que hoy nos atañe a todos, siento una admiración y gran lección.

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Amando y Perdonando

Amando y perdonando

Yashar

INTRODUCCIÓN

• Para que haya una convivencia entre dos o más personas, ¿Qué es lo que necesitamos?
• Para exista una comunidad ideal ¿Qué elemento es fundamental?
• Para que una relación marital perdure ¿Qué necesitamos?
• Para que haya un vínculo armónico entre padres e hijos, ¿Qué se requiere?
• De todos los mandamientos dados por Dios, ¿Cuál es el esencial?

Las lecturas que tenemos como referencia de este artículo nos comunican este elemento tan esencial: amor. Pero no solamente se queda en un concepto que comúnmente hemos limitado.

El libro de Levítico enfatiza el amor al prójimo como una ley fundamentando en la soberanía y santidad de Dios:

“Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios”.

El salmista enfatiza la importancia de aprender:

“Enséñame, oh Jehová el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin”.

La enseñanza no da sabiduría, sino el cumplimiento de esta:

“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios”.

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Aquel “Pero” de Jesús

VOZ PASTORAL
Aquél “pero” de Jesús

Pbro. Alán Sánchez Cruz

De acuerdo a los opositores de Jesús, su interpretación de las Escrituras no solamente iba en contra de la Ley de Moisés, sino que resultaba una burla. El maestro, con autoridad enseñaba: “Oísteis que fue dicho a los antiguos […] ojo por ojo y diente por diente […], amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”, y añadía: “Pero yo os digo […] cualquier que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio […]. Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen […]”.

Hoy, hemos caído en el error de defender “la sana doctrina” y el cumplimiento de la Ley a costa de casi todo. Olvidamos que el fin de ésta es el amor, cuando enjuiciamos a uno de los nuestros que ha caído; cuando pedimos cuentas a la chica que “salió embarazada”; o cuando un pastor o pastora tiene crisis de fe a pesar de que, se supone, “está más cerca de Dios”. Aquél “Pero” de Jesús nos enseña que no debemos adelantarnos a juzgar sólo porque aquello va “en contra” de la Ley/doctrina sino abrazar a aquel y a aquella que, cuando han caído, no desea sentir el juicio de una ley de hombres mas que del amor de Dios.


Tomado del boletín dominical de la Iglesia Metodista El Divino Redentor de San Vicente Chicoloapan, Mex. Febrero 16, 2020.

Algo Mejor es Posible

La huella de la gracia: “Algo mejor es posible”

Ignacio Simal

Estaba leyendo a Nadia Bolz-Weber, cuando cuatro palabras, entre otras, quedaron grabadas a fuego en mi “aposento interior”: “algo mejor es posible”. Algo mejor es posible para nuestras comunidades de seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret, el “Señor de la gloria” (1 Cor. 4:8).

Y ese “algo mejor” guarda relación con la experiencia de comunidad como huella visible de la gracia de Dios para todas las personas que participan de ella. Ya que decir “gracia”, es decir acogida, abrazo y perdón incondicional. Decir “gracia” es decir encuentro con personas ante las cuales puedo mostrarme desnudo, vulnerable, sin vergüenza para mostrarnos tal como somos, y no vivir ocultando nuestra desnudez con el delantal de hojas de las convenciones religiosas y de la “santidad” que las acompaña, tal y como se espera de nosotros. Solamente así podremos ser comunidades donde las personas puedan sentirse realmente conectadas unas con otras.

Pero no, entendemos la vida como un “Facebook” gigante, anhelando llenarla de cientos “me gusta”, convirtiéndonos en una parodia humana, ocultándonos en nuestro simulacro existencial de cara a la galería. Sin embargo, detrás del simulacro se encuentran las lágrimas y el dolor, y como “la Zarzamora” de la copla, andamos llorando por los rincones de nuestra interioridad, allí donde nadie nos ve. Y así, la comunidad, en lugar de ser una huella de la gracia de Dios, se convierte en una no-comunidad, en un espacio que añade más dolor al dolor al exigir, de facto, el ocultamiento de nuestra vulnerabilidad*.

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Migrantes y la Biblia

Migrantes y la Biblia

La vida eterna inicia en el momento que nos entregamos a Jesús e iniciamos una vida digna. Dios nos invita a ser luz en el camino de los migrantes, a dar de beber al sediento y de comer al hambriento

Guillermo Niño Fernández

La migración es un problema que se puede ver en la Sagrada Escritura. Les comparto brevemente algunas historias bíblicas.

El Eterno llama a Abram, posteriormente llamado Abraham, de Ur su tierra a la tierra prometida que no verá, con el objetivo de iniciar un pueblo santo (Génesis 12). Abraham, junto con su padre, esposa y sobrino fueron migrantes.

El pueblo hebreo fue esclavizado por el dictador del Faraón. La Escritura nos dice en Génesis 3 que Dios escucha el clamor de su pueblo, mira su aflicción y desciende para liberarlo. El pueblo hebreo, siendo migrante en Egipto, es violentado. La reflexión bíblica nos dice que el Eterno caminó junto con ellos y los liberó para darles la tierra prometida que había jurado a Abraham.

David, antes de ser rey de Israel, fue migrante en Jericó donde se fue a refugiar por las amenazas de muerte de parte del rey Saúl.
El mismo Señor Jesucristo siendo un recién nacido tuvo que salir de su tierra natal por la amenaza de muerte de Herodes.

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Autoridad

Autoridad: Jesucristo, la Escritura, el Espíritu Santo

Jesucristo se presenta deliberadamente como el Maestro autoritativo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos […]. Pero yo os digo”.

Martyn Lloyd-Jones

La autoridad de Jesucristo: el testimonio de los Evangelios

Permítaseme recordar brevemente el alegato que se presenta en el Nuevo Testamento en defensa de esta gran aseveración de la autoridad definitiva y suprema del Señor Jesucristo. Es interesante advertir cómo el Nuevo Testamento asevera ese hecho al comienzo de todas sus afirmaciones. Lo hace en el mismísimo comienzo de los Evangelios. Pensemos en Mateo 1:23. Esto sucederá —se nos dice— a fin de que se verifique la siguiente afirmación: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Ahí lo tenemos, al comienzo, justo en la mismísima introducción del Evangelio.

De la misma forma, el ángel que se apareció a María y le anunció esto hace la siguiente afirmación extraordinaria con respecto a este ser “santo”, a este niño que habría de nacerle: “Y su reino no tendrá fin”, el Señor eterno y universal. Luego, recordemos que el ángel que habló a los pastores dijo: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”.
Ahora bien, esa clase de afirmación se hace al mismísimo comienzo. ¡Qué trágica es la frecuencia con que, debido a nuestra gran familiaridad con las Escrituras, pasamos por alto cosas como esta! Los Evangelios se escribieron con un propósito muy claro y deliberado en mente. No fueron unos simples testimonios escritos, una mera recopilación de hechos. No, no cabe la menor duda de que tenían la intención de presentar las cosas desde un punto de vista concreto. Todos ellos presentan al Señor Jesucristo como el Señor, como esta Autoridad última.

El mensaje de Juan el Bautista fue esencialmente el mismo. Ahí lo tenemos solo, tras haber predicado y bautizado al pueblo en el Jordán, cuando oye las murmuraciones de la multitud. Hablan entre ellos y dicen: “Sin duda, este ha de ser el Cristo. Nunca hemos oído una predicación como esta. Cuando vemos su rostro, ¿acaso no se percibe su autoridad? Este tiene que ser el Mesías que esperábamos”. Pero Juan se dirige a ellos burlándose y dice: “No soy el Cristo”. “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Lucas 3:16-17). ¡Observa la aseveración! “Yo no soy el Cristo, no soy quien posee la autoridad. Preparo el camino; soy el precursor, el heraldo. Él es la autoridad y está aún por venir”. Nuevamente, toda la idea gira en torno a aseverar la autoridad de Nuestro Señor. ¡Con cuánto cuidado estos Evangelios hacen esa afirmación una y otra vez!

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El Reto de Seguir a Cristo

El reto de seguir a Cristo

Si somos seguidores de Jesús la iglesia del Cristo resucitado debe de ser voz de los que no tienen voz, es decir, demandar el pecado social que daña.

Pastor Guillermo Niño Fernández

El ministerio de Jesús se caracterizó por acercarse a los grupos más vulnerables para darles una vida digna. Las sexoservidoras, los leprosos, el grupo de personas con capacidades diferentes, los endemoniados y oprimidos por el sistema corrupto, las mujeres que no tenían voz ni voto en su comunidad, los gentiles, incluso alaba la fe del centurión que es gentil y servidor del Imperio Romano (para algunos intérpretes de la Biblia el siervo del centurión es su pareja sexual, si es así Jesús no lo juzga, pero sí lo sana).

Si somos seguidores de Jesús la iglesia del Cristo resucitado debe de ser voz de los que no tienen voz, es decir, demandar el pecado social que daña. Los feminicidios, los secuestros, las extorsiones y otros deben de ser demandados por la iglesia. Pero también fomentar la esperanza en Cristo por medio de su iglesia.

Entonces, la intervención de la iglesia es acompañar pastoralmente a los desplazados por la sociedad e incluso en ocasiones por la iglesia. Hay que acompañar a los niños que son abusados sexualmente, violentados en las escuelas y otros espacios, a los ancianos que son ignorados por sus familiares y otros, a las sexoservidoras que son vistas como un pedazo de carne, a los indígenas que son ignorados y viven injusticias sociales.

Otro punto es que lleguemos a las personas que hacen el mal en nuestras comunidades, por medio de visitas a los vecinos, posiblemente conozcamos a un miembro de la iglesia que conoce a un ladrón, narcotraficante, drogadicto, o una persona que violenta la sociedad.

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Palabras y Acciones Curativas

Palabras y Acciones Curativas

Por: YASHÁR

Referencias: Salmo 15, Miqueas 6:1-8, 1 Corintios 1:18-31 y Mateo 5:1-12.

INTRODUCCIÓN
Nosotros tenemos la capacidad de:

  • Dar muerte o vida
  • Levantar o desanimar.
  • Causar divisiones o uniones.
  • Liberar o esclavizar.
  • Podemos incendiar bosques completos.

Con una palabra podemos hacer esto y más. Las palabras es una forma de comunicarse y las acciones su complemento. Por eso las lecturas del día de hoy nos animan a:

  • “No calumniar con nuestra lengua, no hacer mal contra nuestro prójimo” (Sal).
  • “Hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante Dios” (Miq).
  • “Gloriarnos en el Señor” (1 Co).

CONTEXTO – DESARROLLO
Dios ha elegido unos caminos inesperados para mostrar su salvación y así se ha revelado en Jesús. La salvación ya es un cumplimiento. La fama de Jesús se extiende sobre las provincias cercanas y lejanas, gente le sigue, personas le buscan… ¿Qué les ofrece? ¿Qué hace? ¿Por qué le buscan?
Jesús con una palabra sana y con una acción dignifica: anuncia un nuevo Reino, una nueva forma de vivir, una manera distinta de sufrir. Para los líderes judíos los preferidos del Señor eran quienes cumplían al 100% la ley y todos los rituales que conllevaba; cosa que nadie llegaba hacer. Ahora:

  • ¿Quiénes son los preferidos de Dios?
  • ¿Con quién se identificará?
  • ¿Nosotros estaremos dentro de ellos?

Los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, lo que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los que padecen persecución, los que son perseguidos.

Jesús inicia su misión con nueve discursos, los cuales no solo se quedan en eso; sino que los llevaría a cabo cada uno de ellos a lo largo de su ministerio. En términos eclesiales, este sería su plan de trabajo, con indicadores y demás…

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DisCAPACIDAD y Empatía en Dios

Dis-CAPACIDAD y empatía “en” DIOS

Cuando hablamos de las personas con discapacidad, nos encontramos con una deshumanización, justo cuando ésta se convierte en una razón para la exclusión y para la discriminación. El texto bíblico no puede ser un pretexto para la perpetuación de estructuras opresoras, sino una oportunidad para la liberación.

Juan Calvin Palomares

Mientras escribía estas palabras me sentía enormemente tentado a criticar las teologías que enfatizan luchas espirituales contra el mal, contra satanás, y particularmente contra la enfermedad. Sólo diré, al hilo de N. Wright [1], que los resultados de investigaciones en torno a movimientos neo-carismáticos son contradictorios con los discursos de quienes lideran dichas corrientes: los registros empíricos sobre supuestas sanaciones no corresponden con lo que se dice desde los púlpitos, ni con los espectáculos que se originan. Considerar a una persona con Síndrome de Down una manifestación de satanás, algo que algunos de estos grupos han promovido, merece un calificativo que me voy a ahorrar por convicción pacífica.
Personalmente, siendo parapléjico desde hace veinte años a causa de un accidente de tráfico, he sufrido el acoso de personas que han querido orar para que salga caminando de mi silla de ruedas. Algunas veces ha supuesto una humillación pública hacia mi persona, acusándome de mi falta de fe. Paradójicamente, doy gracias a Dios por no levantarme de dicha silla y fallar así a mi convicción pacífica.

Zanjaré este asunto con una sentencia de puro sentido común, y pasaré a otras cuestiones, a mi juicio, mucho más interesantes: quién se sienta llamado a sanar a enfermos debería saber que nunca es tarde para formarse en medicina, enfermería, en primeros auxilios, en psicología, y tantas disciplinas que pueden nutrir la sociedad, y también la Iglesia. Las personas con discapacidad no deberían pagar las frustraciones de las vocaciones pérdidas.

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