
Estamos entrando al mes de febrero, otra vez. Esto nos lleva a enlazar nuestros pensamientos con la celebración folklórica del día y mes del amor, principalmente por el día 14. Es un tema que al menos en el área de nuestro mundo emocional nos ayuda a equilibrar el talante, afectado por los sinsabores que diariamente padecemos por causa del anti-amor, como lo son el asesinato de Gisela Mota en Temixco, los jóvenes víctimas de una desaparición forzada en Tierra Blanca, la depreciación del peso, las finanzas públicas tan “petrolizadas”, los rebotes subsecuentes a la recaptura del Chapo Guzmán, el inacabado caso Moreira, y todo lo demás. Podemos tomar un respiro y considerar ese aspecto en alguna medida presente en la convivencia humana, que denominamos amor. Representa la única deuda que debería ser eterna, “el amaros unos a otros” (Ro. 13:8).
El mejor canto al amor que encontramos en el Antiguo Testamento es el libro del Cantar de los Cantares. Libro que nada tiene que ver con la relación amorosa entre Jesucristo y su iglesia, como alegóricamente lo han querido entender nuestros místicos. El método alegórico de interpretación de las Escrituras, que fue una de las influencias que recibimos del helenismo alejandrino, ya quedó suficientemente desprestigiado en la historia de la iglesia como para querer revivirlo. La alegorización de la Biblia comete dos errores graves, y posibilita un tercero, pues, por un lado le quita al texto bíblico el significado que el escritor y Dios mismo querían comunicar; y por otro lado sustituye el significado objetivo con otro significado subjetivo que le pertenece a la mente humana de quien está interpretando el texto (no importa si utiliza pasajes bíblicos para apoyarse); es decir, se suplanta el mensaje de Dios con un mensaje humano. Y este proceso posibilita un mal adicional, consistente en que el expositor y los oyentes lleguen a suponer que este segundo significado sembrado por el intérprete alegorizador, sea una “revelación” especial de Dios. O sea que se elimina la palabra de Dios, se hace la sustitución con la palabra de hombre del alegorizador, y se termina llamando palabra de Dios a esa palabra humana.
En fin, el caso es que Cantares exclusivamente exalta el amor humano erótico, el amor más ardiente y pasional que existe, el amor entre un hombre y una mujer cuyas vidas interactúan de un modo tan pleno que podría decirse que llegan a “ser una sola carne” (Gn. 2:24). Esta relación romántica, sólo posible entre un esposo con su esposa, se describe en este poema de Salomón, en 8:6, como una “fuerte llama”. Y aquí tenemos que echarles una ayudadita a Reina y Valera, puesto que su traducción fue incompleta, o al menos imprecisa. La palabra hebrea que tradujeron como “fuerte” es Yah, una contracción (o apócope) de Yahveh. Por eso la Biblia de Jerusalén traduce como “llama de Yahveh”. O también es correcta la traducción de la Nueva Versión Internacional, “llama divina”. Quienes suponían que el nombre de Dios no aparece ni una vez en todo este libro, ya comprenderán que no es así. Este es el único lugar en todo el libro donde Dios es mencionado.
El amor matrimonial no contiene de suyo los recursos para su propia subsistencia, es tan inseguro como todos los ensueños románticos, por sinceros e intensos que sean. Pero puede ser un amor invencible si Dios se convierte en su sustento. Y si es así, entonces el amor es una llama divina, un fuego de Dios que ni las muchas aguas ni los ríos lo pueden apagar. Una pareja joven que, frente a un altar, siente que nada hay tan grande en el mundo como su amor, no puede tener aún la señal de la genuinidad y profundidad de su amor. El signo de la veracidad de un amor es que éste no puede ser apagado, y para comprobarlo necesita de muchos años. O, prefiriendo la expresión de San Pablo, “El amor nunca deja de ser” (1ª Co. 13:8). La evidencia de un amor renovado diariamente por Dios, una llama cuyo combustible proviene de Dios, es la permanencia de por vida, hasta que la muerte haga la separación. El amor es una llama de Dios y el amor nunca deja de ser, son dos expresiones que se corresponden, una es la evidencia de la otra. Personalmente, no sabría cómo entender esto de otro modo.


Otro sinsabor es el caso de D. Trump. All frente de las encuestas nacionales conservadoras. Je
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¡Sí!
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