Categoría: Editorial

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La invitación de Dios

“Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? […] les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Hechos 2:7, 11

El domingo 9 de junio los cristianos del mundo celebramos el Pentecostés, recordando aquellos acontecimientos de los primeros cristianos en Jerusalén y bajo la promesa del poder del Espíritu para la restauración de Su Reino, pero sobre todo, para ser testigos de Jesucristo allí, en toda la región de Judea, en Samaria y hasta lo último de la Tierra. No sólo el hecho extraordinario de que hombres hablaron en lenguas, sino de la seguridad de que Dios está con nosotros y en nosotros, para alcanzar a todos aquellos “extranjeros” ávidos de la redención de Cristo.

Pentecostés representa la iniciativa de Dios de acercarse a la humanidad y seguir creyendo en el buen corazón del hombre. Es una invitación, a través del Espíritu, a comprender que no hay barreras de lenguaje ya que nos une un proyecto común: la vida en el Reino. La igualdad es una característica importante y consecuencia del ministerio del Espíritu Santo. La invitación universal de Dios a ser partícipes de su Reino que nos une, nos identifica y nos compromete.

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¿Qué significa ser metodista hoy?

John Wesley regresó a Inglaterra deprimido y golpeado luego de su desastroso viaje de “evangelización” a las trece colonias inglesas en América en 1735. Fue en ese momento que se acercó a los moravos a los que había conocido 3 años antes durante su viaje a Georgia. En ese viaje se alzó una tormenta y rompió el mástil del barco. Mientras los ingleses se llenaron de pánico, los moravos se mantuvieron tranquilos y comenzaron a cantar himnos y a orar. Esta experiencia llevó a Wesley a pensar que los moravos poseían una fuerza interior que él no tenía.

Los moravos eran una Iglesia de origen alemán que practicaban la piedad, los cánticos y la fe ardiente en Jesucristo, quienes se establecieron también en Inglaterra. La noche del 24 de mayo de 1738, Wesley asistió a un servicio religioso de la sociedad morava en la calle Aldersgate, en Londres. Allí escuchó al coro cantar el Salmo 130. Después, el predicador leyó una porción del Prefacio de Martín Lutero a los Romanos. Wesley describe en su diario dicho momento:

“Como a las nueve menos cuarto, mientras escuchaba la descripción del cambio que Dios opera en el corazón por la fe en Cristo, sentí arder mi corazón de una manera extraña. Sentí que confiaba en Cristo, y en Cristo solamente, para mi salvación. Y recibí la seguridad de que Él había borrado mis pecados y que me salvaba a mí de la ‘ley del pecado y de la muerte’. Me puse entonces a orar con todas mis fuerzas por aquellos que más me habían perseguido y ultrajado. Después di testimonio público ante todos los asistentes de lo que sentía por primera vez en mi corazón”.

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La educación en la construcción del Reino de la justicia y la paz

El día especial para reconocer a los maestros en México es el 15 de mayo. Fue en 1917 cuando el Congreso de la Unión estableció esta fecha para honrar a aquellos que han abrazado la vocación de formar a la niñez y a la juventud. Pero, ¿Por qué el 15 de mayo precisamente? Porque en ese mismo año 1917 se celebraba el cincuentenario del Triunfo de la República ante la intervención francesa encabezada por Maximiliano de Habsburgo, Archiduque de Austria, derrotado definitivamente en Querétaro, justamente el 15 de mayo de 1867.

Ese triunfo representó, en su momento, la reafirmación de los ideales de independencia política de un pueblo que había vivido avatares de toda índole: sociales, políticos y militares, que no le habían permitido consolidar un proyecto de nación, desde la separación de España en 1821. Pero sobre todo, fue la reafirmación de un proyecto visionario de una generación notable de mexicanos que soñaba con un país pleno de paz, justicia y bienestar. Los maestros, pues, eran visualizados como los artífices fundamentales en la construcción de ese proyecto que llevaría a nuestro país a encumbrarse entre todas las naciones del mundo y que, desde entonces, se ha venido construyendo en nuestro querido México

En años recientes y en diversos foros auspiciados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), se ha consensuado que la educación es un proceso formativo que se construye a lo largo de una vida y se basa en cuatro pilares:

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La resurrección de Jesús: garantía de vida ante la injusticia hacia los más vulnerables

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Mateo 25:35-40

Al día de esta edición y como cada 30 de abril, en nuestro país se celebra el Día del Niño. Es una fecha especial establecida por los gobiernos de muchos países del mundo para recordar la responsabilidad de nuestra sociedad con los derechos de la niñez, a partir del sufrimiento vivido por ese sector de la población acaecido durante las grandes conflagraciones bélicas del siglo XX.

En su ministerio terrenal, nuestro Señor Jesucristo vino a dar dignidad a muchos grupos vulnerables: entre ellos, los niños, las mujeres, los pobres, los desposeídos, las personas con discapacidad y los marginados sociales ocuparon un papel preponderante. Ello derivó en un ministerio de cuidados para aquel que está en necesidad y que hoy nos brinda una gran oportunidad para llevar a cabo acciones transformadoras en el contexto de cada uno de esos grupos, abordando las causas que los generan y contribuyendo a la construcción del Reino de Dios y su justicia, mediante la acción social y la solidaridad.

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El Reino de Dios: un sueño de libertad y justicia

El pasado 10 de abril se conmemoró el centenario de la muerte del General Emiliano Zapata Salazar. Hombre sensible a los reclamos de su tiempo, vivió en carne propia la explotación de los terratenientes en el Estado de Morelos y luchó por restablecer los derechos de propiedad ancestrales de los más desposeídos: los campesinos. “La tierra es de quien la trabaja” fue su lema fundamental, en una época en la que México se debatía entre la difícil construcción de una identidad nacional después del sangriento siglo XIX, el marasmo político dejado por el porfiriato y la injusticia social que no dejaba despegar a una nación que cumplía casi cien años de vida independiente por aquel entonces. Por su lucha ante la injusticia, fue arteramente asesinado por las fuerzas del Gobierno Federal. Entre algunos de los ideólogos del zapatismo, figuraron Genovevo de la O y Otilio Montaño, campesinos, maestros y, este último, predicador metodista; ambos, redactores del Plan de Ayala, documento que marcó el rumbo de la lucha zapatista. Todos ellos fueron un estandarte de la reivindicación de los derechos del campesino, oprimido entre el amor a la tierra y la injusticia de la explotación del hombre por el hombre.

El 4 de abril, también, se cumplió el 51 aniversario luctuoso del pastor Martin Luther King Jr., caído en un atentado en la ciudad de Memphis, Tennessee, en los Estados Unidos. Luchador incansable por los derechos civiles de las minorías raciales de aquel país y del mundo, visionario de un mundo incluyente y justo, promotor permanente de la libertad.

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Iglesias con complejo de inferioridad

“Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.

Números 13:32-33.

Vivimos en un mundo hiperconectado que habla mucho y dice poco. Sigue enfrentándose a los mismos dilemas, aún con los grandes bancos de datos a la mano y la capacidad de compartir cualquier tipo de información, casi con cualquier lugar y persona en el planeta. Como nunca en la historia de la humanidad, el acceso a cualquier tipo de conocimiento es prácticamente instantáneo y ubicuo. A veces, la sobreexposición de los medios electrónicos y redes sociales nos enseña realidades que van más allá de nuestra comprensión.

Pero los problemas de los seres humanos son los mismos de siempre. La soledad, la incertidumbre ante el futuro, el rencor y la injusticia. Todos ellos siguen estando presente en nuestro devenir cotidiano. La tierra fértil para abonarla con el evangelio de la paz está allí, lista para ser sembrada, protegida y cosechada. Es tierra de la que fluye leche y miel, que es la Tierra Prometida. Pero también es terreno que requiere esfuerzo, disciplina y trabajo. Mucho trabajo. Trabajo diario.

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Para proclamar el Reino, debe existir mensaje y medio

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

El Día Internacional de la Mujer tiene como origen la marcha que realizaron en 1875 trabajadoras de una fábrica de textiles en Nueva York. Protestaban por los bajos salarios pero, sobre todo, por la discriminación que sufrían al recibir menos de la mitad de lo que cobraban los hombres. Esa jornada acabó con la vida de 120 mujeres debido a la brutalidad policiaca. A partir de esos hechos, en 1910 la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, oficializado por la ONU hasta 1972 en que se declaró como Día Internacional de la Mujer, designándose 1975 como el Año Internacional de la Mujer.

Más que una celebración, este día es un recordatorio de la reivindicación de los derechos elementales de las mujeres. Es fundamentalmente un recordatorio de lo que todavía tenemos pendiente. El Señor Jesucristo vino a rescatar la dignidad de aquellos que la habían perdido, de los oprimidos, de los débiles. Entre esos grupos vulnerables, están las mujeres.

La Iglesia Metodista de México debe ser sal y luz en nuestro país para combatir el terrible flagelo de la discriminación, comenzando con aquella que todavía se ejerce sobre las mujeres. Aún dentro del seno de la misma iglesia, todavía son comunes las discusiones sobre la pertinencia o no del ministerio pastoral femenino, por ejemplo. La columna de hoy en el portal Eje Central del Hno. Oscar Moha, nos confronta con realidades que son más frecuentes de lo que desearíamos:

“Como por tradición, en no pocas Iglesias Evangélicas la esposa del pastor es llamada pastora, aunque nunca haya pasado por un seminario ni [tenga] su llamamiento o vocación […] Desarrollan una especie de mimetismo espiritual que las lleva a usurpar una labor religiosa, a veces contra su voluntad, pero también a enfrentar una sutil discriminación ante una congregación machista que ve en el sexo femenino el estigma de la debilidad”.

(Moha, 2019).
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Vidas consagradas al Señor

Suponga que usted compra un esclavo y lo lleva a casa. Al llegar a la puerta, el hombre, arrodillado, le dice: «Amo, tú me compraste. Desde hoy, con placer, atenderé tus palabras». Para usted, haberlo comprado es una cosa, pero el hecho de que él se arrodille a sus pies proclamando el deseo de servirlo, es algo completamente distinto. Porque usted lo compró, él reconoce su derecho; mas porque usted lo amó, aún siendo él quien es, él se declara enteramente suyo. Solamente eso es consagración. Consagración es más que el ver su amor y más que saber que él nos compró: es la acción que sigue al amor y a la compra.

Para el Señor no hay nada especial en tener siervos como nosotros, pero para nosotros lo más maravilloso es tener al Señor. La consagración consiste en que Dios nos concede el honor de servirle. Debemos postrarnos ante él y decir:
«Gracias, Señor, porque tengo parte en tu servicio. Gracias, porque entre tantas personas que hay en este mundo, me has escogido a mí como parte de este servicio.»

La consagración es un honor, no un sacrificio. Es cierto que necesitaremos sacrificar algo, pero no existe conciencia de eso. La consagración está llena de sentido de honra y no de conciencia de sacrificio.

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Y dejando todo, le siguieron

”Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron” (Lucas 5:9-11).

Almon W. Greenman (1854-1942) y Marinda Greenman (1856-1942).
In memoriam.

El 9 de febrero ha sido es declarado “Día de la Educación Metodista en América Latina”, conmemorando que ese mismo día, pero de 1874 abrió sus puertas la primera institución educativa metodista de América Latina: el hospicio para niños en Puebla, México, que después se convirtió en el Instituto Mexicano Madero*. A 145 años de su fundación, hacemos patente un testimonio de gratitud al Señor por los frutos de esta gran institución durante más de un siglo.

Almon Witter Greenman, predicador metodista graduado de la Northwestern University en Chicago, Estados Unidos, de 26 años de edad y recién casado con Marinda Rosamond Gammon, dos años menor que él, fue enviado en enero de 1880 por la junta de misiones de la Iglesia Metodista Episcopal a una extraña y lejana tierra: Querétaro, en el desconocido e inhóspito México de aquel entonces. Después de larga travesía que incluyó seguramente recorrido en tren, vapor por el cauce del Mississippi y buque desde Nueva Orleans a Veracruz, llegaron a México en septiembre u octubre de ese mismo año. Permanecieron en Puebla hospedados en el internado fundado en 1874 aprendiendo el español. Desde allí mismo, el pastor Greenman hizo visitas de avanzada a Querétaro iniciando la obra metodista y preparando el establecimiento de su joven familia en esa ciudad a inicios del siguiente año, que para entonces ya estaban en espera de su hija primogénita.

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La ética cristiana: tiempo de cooperación y generosidad Universal

“Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

Vivimos tiempos en los que se pondera la “competitividad”, concepto que se asocia a conseguir cualquier meta a toda costa. Sin embargo, la perversión de este concepto, es la competencia en la que “a todas costa” se busca la destrucción de todo aquel que se pone enfrente. Anteponer mis intereses particulares a los del interés colectivo. En lo que se refiere a los sistemas económicos que dominan al mundo, ya debíamos haber aprendido que la competencia no es suficiente y puede ser distributivamente dañina. De hecho y en muchos casos, así ha sido. Se necesita, sobre todo, de la cooperación y la generosidad, en lo familiar, en lo local y en lo universal.

Desde esta publicación, queremos iniciar una discusión desde la perspectiva del Evangelio, que genere propuestas que cuestionen nuestra realidad social y económica. Que genere perspectivas esperanzadoras para quien se encuentra sumido en las tribulaciones del “mundo moderno”, en el que impera la servidumbre que generan las deudas (económicas y morales); la falta de trabajo (empleo o autoempleo); la ilusión de que tenemos que esperar “pasivamente” a que desde el cielo venga la solución a todos los problemas de nuestra sociedad.

En este número, José Hutter nos invita a comprender que “la única forma de crear riqueza es a través del trabajo, el ahorro y la innovación tecnológica”. Y eso aplica para todos los ámbitos: económico, social, político y espiritual. Pero también, hace un llamado a la acción, enfatizando el celo que los cristianos debemos tener por aprovechar al máximo el tiempo como regalo de Dios administrándolo eficazmente. No dejando para después lo que nos es obligado a hacer hoy.

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Año nuevo, rumbo “nuevo”

En esta época de epifanía, diversas tradiciones cristianas occidentales conmemoran la llegada a Belén de aquellos sabios de Oriente que, guiados por su estrella, buscaban al Salvador del mundo que nacería en Belén de Judea. Hombres sabios que, a pesar de todo, entendían que necesitaban una guía de una sabiduría que sobrepasaba todo entendimiento. Una sabiduría mayor proveniente de lo alto.

En nuestro presente, tan convulso e impredecible, se hace necesario un orden mundial de acuerdo al proyecto de Dios. Como entonces, la Buena Noticia nos convoca a proclamar una cosmovisión cristiana a través de la ética en cada uno de los aspectos de la vida. El Señor quiere impactar todo: desde la interrelación entre individuos, hasta nuestra organización como sociedad, incluida nuestra relación con el medio ambiente, la creación de Dios: en ciertos círculos, a esto se la ha venido a llamar “el desarrollo sustentable”. Sin embargo, nuestros modelos económicos basados en un consumo pernicioso de toda clase de bienes nos han llevado a sobreexplotación del medio ambiente basada en modelos que el mundo posmoderno se llama “productividad”. Algunas consecuencias de esta situación son la escasez de satisfactores, una organización social basada en el individualismo, la búsqueda del bien personal antes que el colectivo y, en general, la falta de justicia y paz.

Pero en el mensaje de Jesucristo hay esperanza. Las personas más felices no son las que tienen lo mejor, sino las que hacen que lo que tienen sea lo mejor. Debemos hacer nuestra la motivación del apóstol Pablo:

“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

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El año de Gracia del Señor: 2019

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:35).

Ante el inminente inicio de 2019, es necesario recordar que es tiempo de la Gracia del Señor. Siempre lo es y siempre lo será. El espíritu de Dios se mueve en todo el mundo, pero especialmente en nuestro querido México. La oportunidad de servir al prójimo con amor siempre está a la puerta, pero se hace más palpable con el inicio de este nuevo año.

El metodismo, a lo largo de su historia, se ha significado por la difusión de esa Gracia. Pero no sólo en una difusión como propaganda proselitista, sino sobre todo educando como una forma de vida en santidad. La gracia que se da sólo en el auténtico conocimiento de la verdadera naturaleza del sacrificio salvífico de Cristo, siguiendo su modelo pedagógico basado en el discipulado fructífero a través del amor a nuestros semejantes.

Es por ello, que como parte del impulso misionero original, la Iglesia Metodista de México siempre impulsó a las escuelas dominicales como instrumento de transformación. Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando, durante la Revolución Industrial en Inglaterra, los domingos se sacaba de la calle a los niños que trabajaban durante la semana para alfabetizarlos y socializarlos a través de la Biblia y la educación cristiana. Siempre combatiendo las tendencias enajenantes y ultramundanas que aquejan a buena parte del cristianismo, sobre todo latinoamericano. Esa realidad sigue vigente en nuestros días, sin lugar a dudas.

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Tiempo de paz y amor

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:26-27).

Hace poco más de 100 años el mundo se encontraba convulsionado por el término de una las guerras más destructivas y nefastas en la historia de la humanidad: la Primera Guerra Mundial. Si bien, este conflicto se verificó en suelo europeo, las consecuencias políticas, económicas y sociales repercutieron en todo el planeta.

El anhelo de paz provocado entonces por el caos circundante nos recuerda que el motivo de la temporada navideña es el amor de Dios que se manifestó en el nacimiento de Jesús. Ese amor transforma corazones, vidas y sociedades. En épocas de angustia Dios derrama de su Espíritu para hablar a nuestra conciencia sobre ello. Sin miedo, sin angustias y en completa paz. Hoy es tiempo de paz, porque el fruto del amor es la paz.

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Justicia, paz y alegría: las señales del Reino

Martin Larios Osorio

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

La paz es una aspiración permanente del ser humano. Sin embargo, no hay paz perdurable sin condiciones mínimas: materiales, sociales, personales y espirituales. El verdadero valor de las cosas se mide no por lo que vemos ahora, sino por lo que está anunciado que va a suceder. La fe del cristiano es la fe en la auténtica esperanza, por la cual merece la pena emplear la vida, procurando con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

Vivimos, como siempre, en una era de incertidumbre. Tiempos inciertos en donde no hay rumbo definido (aparentemente), donde a lo malo se le dice bueno, donde la incertidumbre se convierte en diversas expresiones de violencia y en donde la paz y la justicia de Dios parecen aspiraciones difíciles de alcanzar por medios que no sean milagrosos o sobrenaturales. Este 1 de diciembre nuestro país inicia una nueva administración política federal que, como en todo cambio, genera incertidumbre pero que convoca a todos los mexicanos a participar en la permanente dialéctica entre la consolidación institucional que nos ha costado más de dos siglos y la justicia social. En ambos ejes, el trabajo gozoso del pueblo metodista debe seguir siendo el sello que nos caracterice.

En esta edición hacemos un reconocimiento a la labor de los misioneros de los primeros años del metodismo en México, especialmente aquellos obreros que trabajaron en nuestro país de 1873 a 1878. No como avanzada de una conquista política o económica, pero en todo caso, como una avanzada de una conquista deMéxico para Cristo bajo una visión de una sociedad transformada por el Espíritu y que permee a todos los ámbitos de la sociedad hacia un contexto de justicia y paz como expresiones del Reino en esta bendita tierra.

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La revolución de los corazones

“Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz” (Efesios 6:12-15 NVI).

Para los metodistas, la norma de fe y conducta es la palabra de Dios. Escucharla y ponerla en práctica produce la fe que consiste en la convicción de la construcción de un reino magnífico, del Reino de Dios. Por otro lado, la libertad cristiana ha sido fundamento de la reforma permanente de la Iglesia. No nos conformamos a este siglo, sino nos transformamos constantemente por medio de la renovación de nuestro entendimiento para comprobar cuál es la voluntad del Padre Celestial, agradable y perfecta, para nuestros tiempos. Siempre buscando dar testimonio de que somos sus discípulos a través del amor a nuestros semejantes.

El 20 de noviembre estaremos celebrando como país un aniversario más del inicio del movimiento social conocido como la “Revolución Mexicana”, en donde se gestó una lucha que tuvo la justicia social como gran aspiración, pero que había que construir con mucho esfuerzo en el aquí y en el ahora. En ese movimiento participaron muchos evangélicos y metodistas que, con toda libertad, empeñaron su fe en acciones concretas. Hicieron de su visión del Reino y la crítica social herramientas para mejorar las condiciones de vida de una Patria llena de asimetrías y desigualdades de las que, ya muy entrados en el siglo XXI, no acabamos de despojarnos.

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1. EditorialReforma Protestante, llamado a re-formarnos

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? […] Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad“ (2 Corintios 13:5,8). 

El día de hoy los cristianos protestantes conmemoramos los 501 años de la Reforma Protestante, que se desencadenó con la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero en la capilla del castillo de Wittenberg, en la actual Alemania, aquel 31 de octubre de 1517. Los planteamientos de Lutero, argumentando genialmente contra la corrupción en el seno de la Iglesia Cristiana liderada omnímodamente entonces por Roma, desencadenaron acontecimientos que cambiaron la forma de concebir la relación de Dios y el hombre; la relación entre los actores geopolíticos europeos del siglo XVI; y, por supuesto, la forma como se concebía la vida. Aunado a ello, otros acontecimientos como el Renacimiento Italiano, la caída del último vestigio del Imperio Romano representado por el Imperio Bizantino y el descubrimiento de América, todo ello en el entonces reciente siglo XV, hicieron que los aspectos políticos, económicos, sociales, religiosos y espirituales, sufrieran una sacudida que tendría impacto hasta nuestros días.

Pero todo ello también surgió de la crisis personal del propio Lutero, quien en su búsqueda de la redención, cayó en cuenta que debía volver al mensaje primigenio y genuino de la Escritura. Posterior al evento de 1517, pasó leyendo, meditando y escribiendo varios años, haciendo un trabajo de interpretación seria de la Escritura y no sólo apelando a la teología de las emociones que son propias del ser humano, pero no pueden sustituir a la fe. Publicó posteriormente muchos documentos como sus comentarios a los Salmos y a la epístola a los Gálatas, así como sus traducciones del Nuevo Testamento (1522) y del Pentateuco (1523). Lutero sabía que los fundamentalismos ignorantes podían llevar a polarizaciones con resultados catastróficos, como sucedió con las rebeliones campesinas en la misma Alemania durante 1524 y 1525. Desde entonces, las iglesias protestantes se han esforzado por la concreción del Reino de Dios “Sólo por medio de la Escritura”, proclamando que “Sólo por la fe Dios salva”, “Sólo por la gracia”, “Sólo a través de Cristo” y, todo, “Sólo para la gloria de Dios”.

Frente a la mentira y la ocultación de la memoria histórica de muchos pueblos, otros reformadores anteriores a Lutero, como Jan Hus en Bohemia se consideran hoy como héroes nacionales en países como la República Checa. Hus proclamaba “Amaos unos a otros, desead la verdad sobre todos”. En el pensamiento de otro excelente protestante, Jan Amós Komensky, más conocido como Comenius y considerado padre de la didáctica y del libro de texto, escuchamos frases como: “¡Mantente viva, nación consagrada a Dios! ¡No mueras!” y  «Si la gente lee la Biblia en casa, no podrá confundirse».

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1. EditorialFelicidades, Evangelista Mexicano

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,  porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida” (Filipenses 2:12-13, 15 y 16a).

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Romanos 14:17, 19).

El 14 de octubre de 1930 vio la luz el primer número de nuestra publicación El Evangelista Mexicano, órgano oficial de comunicación de la Iglesia Metodista de México. Desde 1930 en diferentes formatos y épocas, ahora en plataformas electrónicas, El Evangelista Mexicano cumple con la función de ser la voz de la Iglesia de promover su misión, sus doctrinas, compartiendo la vida y testimonio de sus miembros extendiendo el Reino de Dios en nuestro querido México.

México es un país muy rico en historia, cultura y tradiciones. Es inmensamente diverso en recursos naturales, climas, diversidad biológica y ambiental. El Creador ha sido muy bueno con esta tierra. La aspiración de tener una Patria en que la tolerancia, el respeto, la libertad, la justicia y la paz, sigue siendo una meta que el pueblo metodista promueve y trabaja todos los días para cumplir con ello su misión de propagar el cambio que Dios obra en nosotros regenerándonos, para vivir una vida nueva de acuerdo a su voluntad. Creemos que a partir de “ser sellados” se inicia la vida cristiana, que es una vida de santidad conforme al ejemplo de Cristo y que tiene como meta la perfección, la cual es alcanzable en esta vida. Sin embargo, este proceso social es todavía un proceso inacabado y es responsabilidad de cada generación participar en el plan de Dios de acuerdo a su circunstancia histórica.

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1. EditorialLos que trastornan el mundo entero

Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; […] y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús” (Hechos 17:6b, 7).

Somos llamados por Dios a ser sal y luz del mundo. En el contexto del Sermón del Monte, Jesús proclama una bienaventuranza a los que padecen persecución por causa de la justicia en un mundo convulso por la corrupción, la injusticia, la esclavitud y la desesperanza.

El sentido del Reino proclamado por el Señor Jesucristo es la redención del ser humano a través de recuperar el sentido original del amor a Dios, a través del prójimo necesitado que está a la mano. En suma, el mandato de Jesús se puede resumir en la reconciliación con el Señor, pero no sólo como una experiencia mística individual, sino por la atención al pobre, al oprimido y al esclavizado. Es decir, al necesitado.

Debemos hacer uso de la oración con el Padre como un método para fortalecer nuestra fe en acción diaria. No sólo como un monólogo en el que yo soy el centro de atención de Dios, sino como un verdadero diálogo en el que escuchamos y actuamos, reconsideramos y rectificamos, escuchamos y hacemos.

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1. EditorialLa libertad

“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:34-36).

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Tes.2:12b. 13).

Los mexicanos recordamos en septiembre la gesta de Independencia iniciada en 1810 para conseguir la emancipación de España, dominación que duró 3 siglos bajo un yugo que marcó nuestra cultura, nuestra historia, nuestra vida social pero, sobre todo, nuestro ser individual, nuestra conciencia y nuestra actitud ante la vida y ante nosotros mismos.

La libertad es un bien atesorado por todos los pueblos de la Tierra, desde épocas inmemoriales. Es lo que nos permite llegar a la plenitud en todos los aspectos y cumplir nuestros más altos anhelos. En lo personal, en lo familiar, en lo comunitario. Nos da sentido, rumbo y nos permite soñar, trascender y concretar metas. Nos permite decidir nuestro propio destino.

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