Poesía Bíblica
Esta sección “Poética” es presentada por nuestro Hermano José Donato Rodriguez, quien fuera director de nuestro periódico en el periodo 2010-2014.


En el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nombre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.
Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19 -salvo el número 30- poesías de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Nuestros profetas menores
Daniel
Historia y profecía. El contenido
de dicho libro estas palabras dan:
La vida de Daniel, que siempre ha sido,
para mi vida, bendición sin par.
Sus profecías con ardiente celo,
Como en historia, describiendo van
a Grecia, Roma; el Príncipe del cielo,
quien funda un reino de indecible paz.
Daniel, un joven, su vida es una estrella
que entre los hombres de su edad descuella
como una antorcha de radiante luz.
¡Ay! Si los hombres de esta era impía
fuesen como él, la humanidad sería
fecundo huerto de sin par salud.
Oseas
Gomer, mujer adúltera, esposa del profeta,
tras del pecado jira con loca insensatez…
Oseas, el esposo, en pos de la coqueta,
avanza, enamorado, para volverla a ver.
Lo mismo en Dios amante. Perdona los pecados
de idolatría y robo en que húndese Israel:
Por medio del profeta la llama, estusiasmado,
para dejar el mundo y hacia su Dios volver.
El pueblo indiferente a su pecado unido,
de Dios vive ausente… En su miseria hundido,
avanza por abismos de luto y destrucción.
¡Conviértete! Alguien grita. Ya lejos del pecado
yo te seré rocío; tu lirio perfumado
bajo la grata sombra de nuestro dulce amor.
Joel
La Palestina, tierra prometida,
por la langosta y el ardiente estio
no fluye miel. En polvo convertidas
están sus tierras por falta de rocío.
Joel, profeta, a la oración convida
al pueblo entero, y dice: “arrepentíos”,
así del campo brotará la vida
y allá en los cauces cantarán los ríos.
El pueblo escucha. De dolor henchido
busca al Señor, humilde, arrepentido,
entonces caen lluvias por doquier.
Cúbrese el campo de fragantes flores;
de nueva aurora vénse los fulgores
de aquel gran día que anunció Joel.
Del Nuevo Testamento
Santiago
La fe es una planta de frutos cargada
que al mundo regala sus ríos de miel;
bajo sus ramajes de sombra sagrada
obtienen las almas la paz, el placer.
Si el árbol no frece sus maduros frutos,
cual higuera estéril, es estorbo vil;
sus hojas que engañan vestirán de luto
ante las demandas de un ojo sutil.
La planta y el fruto: ¡Ved! Se pertenecen.
La planta es inútil si fruto no ofrece,
Y el fruto sin planta no puede crecer.
La fe sin frutos, oídlo, no existe.
En orden las cosas: el campo se viste
De plantas primero, de frutos después…
