Día: 15 febrero, 2016

Editorial

zorras

En lugar de que este Editorial sea redactado por nuestro Director, como cada vez, insertamos aquí, por esta ocasión, la siguiente reflexión que encontramos en un sitio de Facebook, y lo hacemos bajo el permiso de su autor. Nos parece que expone de manera atinada un asunto muy pertinente, dada la recientemente celebrada fiesta del amor y la amistad.

barra

El sabio Salomón en Cantares 2:15 establece: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” Este texto en su contexto habla del matrimonio como una “viña”; viña que está en cierne… que está comenzando o que se está fecundando.

El matrimonio es la institución más antigua, fundada y creada por nuestro Dios; más aun que la iglesia. Por eso, cuando se habla de la iglesia, se toma como referencia simbólica esta institución del matrimonio.

Dios quiere que estemos siempre cuidando nuestra relación de pareja, es una advertencia contra la autocomplacencia. La relación de pareja y el amor no son algo automático, son algo que se cultiva todos los días. Y habla de las “zorras pequeñas”… ¿por qué pequeñas y no grandes? Los conocedores dicen que las zorras pequeñas entran fácil y sutilmente por debajo de las cercas, y que éstas no pueden alcanzar las uvas, por lo que recurren a comerse la semilla o la raíz, o en otros casos, escarban para hacer su madriguera sacando la raíz o  la semilla  y todo esto resulta ser mucho más peligroso que comerse algunos frutos o uvas. ¿Por qué? Porque si se comen un fruto, la raíz queda y puede volver a fructificar; pero si se comen la semilla, ya no hay esperanza. Las zorras grandes se detienen y se comen el fruto, y esto es una perdida, pero no una perdida absoluta.

La raíz y la semilla del matrimonio son: El amor (1:2; 8:6,7), la prioridad y distinción con el amado 2:2,3), las palabras positivas (4:7), el cuidado y la vigilancia (5:2), la pertenencia mutua (6:3). Todas estas citas del libro de Cantares no representan una lista limitativa. Así que, ¡a cuidar las viñas!, a cuidar nuestra relación de pareja.

El amor es mucho más que bonitos pensamientos, versos o poesías; es más que intenciones, es más que mercadeo; o como dice el poeta, “Obras son amores y no buenas razones”, así que hay que obrar. No sólo un día, sino 365 días al año.

obispo_fuentes

Pensamientos Episcopales

pensamientos-fuentes

CON LA FORMA, SIN LA ESENCIA: CON LA ESTRUCTURA, PERO SIN LA SUBSTANCIA.

Al estar en el Primer Congreso Celular y oír a Joel Comiskey, me percaté de que Wesley, históricamente, aplicó los principios de la Iglesia Primitiva de reunir a la gente en grupos pequeños, que él llamó Bandas, Clases y Sociedades. De facto o de hecho Wesley no formó una iglesia y la organizó en células, sino fue al revés: él inició un movimiento CELULAR, pequeñas iglesias en casas que él llamaba ecclesiola in ecclesia, y después surgió la iglesia en un edificio, y en mi apreciación a partir de ahí, se limitó el crecimiento.

Al venir el Metodismo a nosotros en México, no directamente de los ingleses, sino de los norteamericanos, ellos organizaron la iglesia y quitaron en su percepción e “individualismo” las bandas y clases (que son los grupos pequeños) y dejaron sólo las “sociedades”; que es lo que ahora nosotros en México tenemos. Se olvidaron que lo que hacía crecer a las sociedades (y por ende a la Iglesia en general) eran las bandas y clases.

¿Estaríamos dispuestos nosotros ahora, después de tanto tiempo de costumbres, tradiciones o paradigmas, organizarnos al estilo inglés, y por ende al estilo de la Iglesia Primitiva? Somos 87 millones de metodistas en el mundo, la mayor parte fue ganada en los primeros años. De hecho somos la segunda denominación protestante más grande del mundo; pero de un tiempo acá, la iglesia perdió su empuje, sin siquiera conservar la siguiente generación. Esta pregunta es hasta cierto punto retórica y me la planteo a mí mismo: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a cambiar? ¿Hasta dónde estoy realmente convencido de los cambios para traer algo nuevo, vital a mi amada Iglesia Metodista?

Les confieso que tengo temor, pues yo mismo lucho con mi propias costumbres y estructuras que, a veces he idolatrado (en lo secular dirían “lucho con mis propios demonios internos”), pero sé que no se puede esperar algo diferente si no TOMO EL RIESGO. Y con la mano en la mano de Dios Todopoderoso, estoy dispuesto a hacerlo, aunque todavía no sé la manera; pero esto es parte del camino en fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

barra

LA PARTE REDENTORA DEL PADRE.

“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición…” (Salmos 103:13 y 14ª). La mayoría de nosotros, a falta de un buen padre terrenal -ya sea porque no lo tuvimos, o si lo tuvimos estuvo muy alejado, o el que tuvimos nos marcó de manera significativamente mala- vagamos por el mundo buscando un padre, un verdadero padre que nos dé amor, confianza seguridad, provisión, fe; un padre que sea más grande que nuestras necesidades, quebrantos, pecados y defectos de carácter, pues esto es lo que se espera idealmente de un papá.

El padre, humanamente hablando, aporta una riqueza inmensa a la vida de nosotros: provisión que se convierte en fe, enseñanza que nos da confianza, límites que nos dan seguridad, amor que nos da importancia y valía, vara para la disciplina y corrección, y cayado para el cuidado, presencia que nos da identidad.

Dios nos redime de nuestras heridas, de nuestra orfandad (pues él sabe que los padres humanos nos fallan y los que somos padres fallamos). Es el Padre perfecto, quien quiere ahora decirnos que aunque padre o madre nos hayan abandonado, con todo eso él nos recibirá. Sí, nos recibirá como el padre al hijo pródigo de la parábola, que al sentir que hemos perdido todo, extraviados en la nada, con la pérdida total de familia, bienes, amigos, identidad, trabajo, comida, nos encontramos con su mirada y sus brazos abiertos, movidos por su misericordia. Dios nos abraza (símbolo de aceptación), nos besa (expresión de amor), nos pone anillo (símbolo de autoridad restaurada), nuevo vestido (expresión de nueva vida, para andar en obras de luz), nuevas sandalias (para un nuevo caminar) y hace fiesta por nosotros. Hoy puede ser fiesta, fiesta para nosotros, fiesta para ti. Tus labios pueden decir: “Abba, Padre… papito…”

barra

RESPECTO A LA RESTITUCION.

Es interesante, leyendo el libro “Hombres nuevos”, de Rubén Ruiz, y el nuevo libro “Viviendo la fe Metodista en México”, de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México, Las instituciones de servicio social, sobre todas las escuelas, iniciaron como medios o instrumentos para formar elementos ministeriales y también proveer de educación a los menos favorecidos. Este año el Instituto Laurens, abrió la Licenciatura en Teología, que “fue la raíz y el propósito de la escuela”. ¿No es algo maravilloso? Volviendo a nuestras raíces, a nuestros fundamentos, restituyendo lo perdido. Hay que seguir para que esas puertas se abran a los menos favorecidos, con educación de calidad.

obispo_fuentes

Teléfonos de emergencia

telefonos

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12) 

TESTIMONIO Y MEDITACIÓN

Números telefónicos de ayuda de emergencia

  1. Cuando en aflicción, llama a Juan 14.
  2. Cuando otros te quedan mal, llama a Salmos 27.
  3. Cuando quieras llevar fruto, llama a Juan 15.
  4. Cuando has pecado, llama a Salmos 51.
  5. Cuando estás preocupado, llama a Mateo 6:19-34.
  6. Cuando estás en peligro, llama a Salmos 91.
  7. Cuando pareciera que Dios está lejos, llama a Salmos 139.
  8. Cuando tu fe necesita avivamiento, llama a Hebreos 11.
  9. Cuando te sientes solo y temeroso, llama a Salmos 23.
  10. Cuando has permitido que la ira y la crítica te controlen, llama a I Corintios 13.
  11. Cuando te sientes desganado y sin fuerzas, llama a Romanos 8:31-39.
  12. Cuando necesitas paz y descanso, llama a Mateo 11:25-30.
  13. Cuando pareciera que el mundo es más grande que Dios, llama a Salmos 90.
  14. Cuando sales de casa para trabajar o viajar, llama a Salmos 121.
  15. Cuando tus oraciones son egoístas, llama a Salmos 67.
  16. Cuando necesitas valentía para cierta obra, llama a Josué 1.
  17. Cuando necesitas dirección en cuanto a finanzas, llama a Marcos 10.
  18. Cuando estás en depresión, llama a Salmos 27.
  19. Cuando tu cartera está vacía, llama a Salmos 37.
  20. Cuando pierdes la confianza en la gente, llama a I Cor. 13.
  21. Cuando pareciera que alguien ha sido áspero contigo, llama a Juan 15.
  22. Cuando te sientes desanimado en cuanto a tu trabajo, llama a Salmos 126.
  23. Cuando veas que el orgullo llega a tu vida, llama a Salmos 19.

Para tener acceso a estos números de emergencia no se necesita operador, pueden ser marcados directamente y todas las líneas están abiertas las 24 horas al día. Pero si no encuentras lo que buscaste o lo encontraste pero no tuviste bendición, busca al que todo lo tiene, a Jesús.

CONTEXTO DEL TEXTO

Algunos de los cristianos judíos que recibieron esta carta a los Hebreos pudieron haber estado a punto de volver atrás del reposo prometido en Cristo, así como la gente en la época de Moisés dio la espalda a la tierra prometida. En ambos casos, las dificultades del momento presente ensombrecieron la realidad de la promesa de Dios, y el pueblo dudó de que Dios cumpliera sus promesas. Cuando ponemos nuestra confianza en nuestros propios esfuerzos en lugar de ponerla en Cristo, nosotros también estamos en peligro de darle la espalda. Nuestros esfuerzos propios nunca son suficientes; solo Dios puede vernos a través de nuestra fe.

ENSEÑANZA

La Palabra de Dios es viviente, cambia la vida y es dinámica al obrar en nosotros. Con la agudeza del bisturí de un cirujano, revela lo que somos y lo que no somos. Penetra la médula de nuestra moral y vida espiritual. Discierne lo que está dentro de nosotros, tanto lo bueno como lo malo. Y moldea nuestra vida. Que así sea.

ORACIÓN

Señor, gracias a tus misericordias que son nuevas cada mañana, no nos has consumido y por ello estamos avanzando el año 2016, sabemos que así como tu pueblo en su caminar a la tierra prometida encontró serpientes, gigantes y muros infranqueables, nosotros igualmente encontraremos obstáculos y problemas casi imposibles de vencer, pero tú pelearás por nosotros, es nuestra confianza. En tu nombre emprendemos la caminata, teniendo como meta no sólo terminar el año con bendiciones, sino principalmente participar en el extendimiento de tu Reino de amor, justicia y paz en nuestros pueblos, comunidades y ciudades. En Cristo, Amén.

juan_pluma

Ciencia contra Evolución

ciencia

El Dr. Henry Morris, Ph D. (1918-2006; fundador del Instituto para la investigación de la Creación), escribió: Ante los conocimientos científicos actuales, que alguien siga creyendo en la evolución es algo realmente sorprendente. Sin embargo, la comunidad científica oficialmente, defiende a la teoría de la evolución en forma fanática (sin entender razones), a pesar de que no puede presentar una sola evidencia incontrovertible de que haya alguna vez sucedido, o que actualmente esté sucediendo algún caso de macro-evolución (el cambio de una especie bien definida en otra).

Esta creencia en la teoría de la evolución sostenida férrea y apasionadamente, por la comunidad científica dominante, se sigue enseñando obligatoriamente en las escuelas, universidades, y centros de investigación, a pesar de que los mismos evolucionistas han encontrado y publicado en las revistas de mayor prestigio, literalmente, miles de hallazgos científicos que hacen inverosímil y por simple ley de probabilidades, prácticamente imposible, que el ADN de una planta o animal, pueda experimentar los monumentales cambios necesarios, para que se modifiquen y formen los miles de genes indispensables (un nuevo genoma), para que aparezca, a partir de otra, una nueva especie con todas sus estructuras, órganos, funciones, y características aparentes y distintivas (fenotipo).

Si la evolución fuera un hecho (como se establece sin prueba alguna), en los libros de texto de biología, deberían haber innumerables evidencias de ella en la naturaleza, tanto en los fósiles, como en las especies actuales que literalmente, en vez de mostrar características distintivas e inmutables, todas deberían estar en fases de transición entre una especie y otra. Sin embargo, lo que todos podemos observar son únicamente variedades o diferentes razas de las especies bien definidas (la llamada micro-evolución o evolución horizontal); pero nunca alguna evidencia, ya sea a nivel del ADN, como de la anatomía, o fisiología de un ser vivo, que demuestre que se está transformando en otro individuo de una especie diferente, o salvando las infranqueables brechas genéticas que hay entre una especie y otra.

Por ejemplo, hay múltiples variedades de pichones, perros, y gatos, pero nunca se ha encontrado un animal que sea mitad ave y mitad reptil (los llamados “eslabones perdidos de la evolución), o mitad gato y mitad perro, que demuestren la macro-evolución, o sea, el cambio “vertical” de una especie en otra. Los genetistas de la evolución, por décadas han experimentado con especies de rápida reproducción, como las moscas de la fruta, provocándoles artificialmente múltiples mutaciones, a base exponerlas a radiaciones, agentes químicos, y virus, y lo único que hay logrado, en vez de nuevas y mejores especies, son cambios y monstruosidades dentro de la misma especie.

El evolucionista Jeffrey Schwartz, profesor de antropología en la Universidad de Pittsburgh, reconoció que con excepción de la declaración de Dobzhansky, sobre la supuesta aparición de una nueva especie de Mosca de la Fruta, las evidencias demuestran que la formación de una nueva especie, cualquiera que sea el mecanismo que se use, nunca ha sido demostrada (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

El método científico tradicional, siempre ha requerido de experimentación y reproducción. El hecho de que la macro-evolución, jamás ha sido observada, parecería suficiente argumento para que quedara excluida del dominio de la verdadera ciencia. Aún el evolucionista Ernest Mayr, por décadas profesor de biología de Harvard, quien originalmente alegaba que la evolución era simplemente un hecho, reconoció que (la evolución), realmente era un hecho histórico para el cual las leyes y métodos de experimentación actualmente disponibles, no son técnicas adecuadas, para explicarla o provocarla (Mayr, E. 2000. Darwin’s Influence on Modern Thought. Scientific American. 283 (1): 83).

Cuando se les confronta con el hecho de que jamás en el pasado hubo evidencia de evolución, los evolucionistas responden diciendo que la evolución se lleva a cabo tan lentamente, que es imposible que la podamos apreciar en la actualidad. Anteriormente, desde el tiempo de Darwin (1856), y hasta fines del siglo XX, se aseguraba que eventualmente los fósiles demostrarían la presencia de formas de vida transicionales y los eslabones perdidos necesarios para comprobar la evolución de peces en anfibios, de anfibios en reptiles, de reptiles en aves y mamíferos, y de simios en humanos, por ejemplo. Pero actualmente, después de haberse coleccionado y analizado más de doscientos millones de fósiles en los principales museos de antropología del mundo, jamás se logró encontrar un solo ser vivo con estructuras inequívocamente transicionales, o sea, en proceso de evolución.

Dado que según Darwin, la evolución estaba siempre en un proceso de continuo cambio, lógicamente se concluyó que el registro fósil, debería abundar en evidencias de formas de vida transicionales, de especies menos evolucionadas, transformándose en otras más evolucionadas (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

Aún los evolucionistas que creen en la brusca y repentina evolución de una especie en otra (como los que creen que un buen día de un huevo de ave, salió un reptil), reconocen que se necesitarían varias generaciones, para que se completara la evolución de una especie en otra más complicada. Esto implicaría que aparecieran y fueron evidentes, un considerable número de estructuras transicionales en los fósiles, junto con los billones de estructuras no transicionales que hasta hoy, se pueden identificar en ellos; pero las evidencias demuestran que con la dudosa excepción del Arqueoptérix (supuestamente un reptil alado), y una supuesta ballena deambulante, no hay ni una sola. En vez de que tales formas intermedias y eslabones se encuentren llenando las brechas entre dos especies bien definidas, los paleontólogos reconocen que en los fósiles, tales brechas son definitivas (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

La supuesta evolución de la vida a partir de materia inerte; de los vertebrados a partir de invertebrados; y del humano a partir de simios, por ejemplo, carece en forma absoluta, de formas intermedias en evolución. Tanto en el registro fósil como en los seres vivos actuales, todos los eslabones necesarios para comprobar la evolución, siguen perdidos y ausentes. Con respecto al origen de la vida, investigadores como Leslie Orgel, tras reconocer que ni las proteínas ni los ácidos nucleicos podían haber aparecido por separado, concluyeron que a simple vista, uno debe concluir que la vida nunca pudo haber aparecido como consecuencia de reacciones químicas (Orgel, L. 1994. The Origin of Life on the Earth. Scientific American. 271 (4): 78)

Que alguien tan comprometido con la teoría de la evolución como Orgel, aceptara tal cosa, es algo inaudito, por lo que él sugirió como alternativa que lo primero que apareció fue en ARN (ácido ribonucleico); pero aun así, tuvo que admitir que los procesos que llevaron a cabo la aparición del primer ARN, siguen sin definirse, a pesar de las múltiples hipótesis propuestas por los investigadores, que en el mejor de los casos, solo se apoyan en evidencias fragmentadas (Orgel, L. 1994. The Origin of Life on the Earth. Scientific American. 271 (4): 78).

En otras palabras, no se conoce ningún mecanismo por medio del cual, la vida haya podido surgir en forma natural. Y es desafortunado que más de dos generaciones de estudiantes e investigadores, haya crecido con la falsa idea de que el famoso experimento de Stanley Miller (quien en forma artificial, en el laboratorio, logró sintetizar algunos aminoácidos), fue capaz de comprobar el origen natural de la vida, cuando no fue así. La realidad es que no hay ni una sola evidencia sobre la trasformación y evolución del supuesto organismo unicelular, del mundo primordial, hasta formar todos los grupos básicos de seres vivos representados en el periodo cámbrico (el primero con fósiles pluricelulares), y las millones de complejas especies existentes y extintas, de las que se tiene conocimiento. Ante tales evidencias, aun el reconocido evolucionista y paleontólogo Stephen Gould, admitió: La llamada “explosión cámbrica” ha sido el más asombroso e intrigante evento de la historia de la vida (Gould, S. 1999. The Evolution of Life. Evolution: Facts and Fallacies, Schopf, ed. San Diego, CA: Academic Press, 9).

Sin embargo, resulta igualmente intrigante, cómo es que una creatura invertebrada de un supuesto océano arcaico, con todas sus duras partes externas (exoesqueleto) bien formadas, pudo lograr que por evolución, se convirtiera en el primer vertebrado, que tuviera todas sus estructuras duras (esqueleto), exclusivamente en su interior. Tal transición o transformación de un invertebrado (carente de espina dorsal), en el primer animal con columna vertebral, aún se considera un total misterio, a pesar de las múltiples teorías propuestas (Long, J. 1995. The Rise of Fishes. Baltimore, MD: John Hopkins University Press, 30).

Las brechas entre las especies sin ninguna de las formas transicionales que la evolución requiere, son muy abundantes. Así, un acérrimo oponente del creacionismo científico, el paleontólogo Niles Eldredge, admite que en el registro fósil, si es que existe, la evidencia de las transiciones evolutivas, es mínima. Es una verdad evidente que prácticamente todos los miembros de un sistema biológico, se conservan inmutables, o con mínimas fluctuaciones, desde su primera aparición hasta su extinción (Eldredge, N. 1998. The Pattern of Evolution. New York: W. H. Freeman and Co., 157).

¿Cómo es pues que los evolucionistas logran hacer sus árboles evolutivos a partir de especies que jamás han cambiado? El hecho es que los fósiles claves o representativos de cada era geológica, no son creaturas en evolución o intermedias, y que cada una de las nuevas estructuras presentes en el resto de los seres vivos, aparecen en forma súbita y completa (Shubin, N. 1998. Evolutionary Cut and Paste. Nature. 349: 12).

En lo que se refiere a las supuestas formas intermedias entre los simios y el humano, sucede lo mismo. A pesar de que los antropólogos las han estado buscando afanosamente, por muchos años, y algunas han sido propuestas como válidas, todas a final de cuentas, han sido descartadas. Lo único que los paleo-antropólogos han podido mostrar tras más de100 años de búsqueda, son restos de menos de 2,000 ancestros humanos, que consisten más de pedazos de mandíbulas, dientes, y fragmentos óseos, que junto con hallazgos moleculares de especies vivas, son acomodados para formar una supuesta línea de ascendientes que se remonta hasta hace unos 5 a 8 millones de años, tiempo cuando los chimpancés y los humanos, supuestamente evolucionaron a partir de un supuesto ancestro común (Tudge, C. 1995. Human Origins Revisited. New Scientist. 146: 24).

Los antropólogos han intentado suplementar su extraordinariamente escasa evidencia fósil, con estudios de ADN y otro tipo de evidencias de genética molecular de individuos vivos, en su intento de estructurar un árbol evolutivo; pero la realidad es que esta evidencia genética, no ha ayudado mucho a sus propósitos, porque generalmente, contradice las evidencias dadas por los fósiles. El antropólogo Roger Lewin hace notar que en general, la filogenética molecular (las supuestas evidencias de parentesco, por similitudes en las moléculas de diferentes especies), no es para nada, tan clara como los pioneros en esta ciencia suponían. La dinámica relacionada con los cambios en el genoma (conjunto de genes e información genética de una especie), nos lleva a muchas otras conclusiones dentro de la filogenética molecular, incluyendo que los genes supuestamente homólogos (que se relacionan con la misma función como la formación del ojo) se comportan en forma diferente en cada especie (Lewin, R. 1998. Family Feud. New Scientist. 157: 39).

Otro autor concluye en forma pesimista, que la información genética de los humanos, incluyendo la secuencia del ADN, no demuestra el proceso de evolución. Por lo tanto, la reconstrucción objetiva de nuestro pasado extinto, solo puede ser logrado a base de una creativa imaginación (Takahata, N. 1995. Genetic Perspective on the Origin and History of Humans. Annual Review of Ecology and Systematics. 26: 343).

Dado pues que no hay ninguna sólida evidencia científica de que la evolución está ocurriendo, u ocurrió alguna vez en el pasado, es razonable concluir que la evolución ni es un hecho, ni una hipótesis científica válida, como algunos afirman. Más que ciencia, es un sistema arbitrario de creencias basadas en la fe en el naturalismo universal (que la naturaleza en sí, es omnipotente). Todas estas y más evidencias incontrovertibles en contra de la evolución, son a la vez poderosas evidencias a favor del origen de todas las cosas por creación especial, siguiendo el modelo de creación del libro de los orígenes (el Génesis).

Es por eso que para los creacionistas, no es problema el que haya brechas infranqueables entre las especies creadas simultáneamente, ni que tengan la capacidad de desarrollar variedades dentro de su misma especie, con el fin de adaptarse mejor al medio ambiente circundante y frecuentemente cambiante, evitando así su extinción. Para los creacionistas es fácil aceptar que es más factible la degeneración (por los daños acumulativos y heredables, causados por la contaminación ambiental: radiaciones, tóxicos químicos, y algunos virus), que la evolución (cambio espontáneo y al azar de una especie en otra más complicada), pues las evidencias demuestran que cada una de las especies fueron creadas originalmente, completas, funcionales, y perfectas.

ernesto_contreras

Crónica de la visita a Curico, Chile

chile_fhm

Por medio del Gabinete Nacional de las Fraternidades de Hombres metodistas de México, el presidente de la Federación de Hombres Metodistas de Chile, Hno. José Rubio extendió la invitación a México a su 62 Congreso Nacional de las FFHHCH para celebrarse en la ciudad de Curicó, Chile los días del 21 al 24 de enero 2016, misma que se publicó aceptando ser parte de la delegación mexicana, los hermanos Jesús Botello, Baldomero López , Alfonso Arenas, Dr. Ernesto Contreras y Fidel Martínez Almaguer este último por parte de la Confederación de HMLAC. Saliendo de la Ciudad de México el día 20 en distintos vuelos con dirección a Santiago de Chile.

Adjuntamos a continuación el documento en PDF con las fotografías e información del evento. 

UMAD Papaloapan

umad_papaloapan

UMAD: Una institución metodista en la cuenca del Papaloapan

El Año 2016 trajo consigo un ciclo escolar más en Universidad Madero campus Papaloapan, una institución de filosofía metodista ubicada en la ciudad de Tuxtepec, Oaxaca y que durante el 2015 celebró oficialmente su 15° Aniversario.

Aunque su historia se remonta al año de 1999, fecha en la que inicia actividades bajo el nombre de Centro Universitario del Papaloapan, con una oferta académica a nivel Bachillerato, 2 programas de licenciatura y 1 maestría.

Contando en ese momento con una matrícula de tan solo 23 alumnos, quienes con entusiasmo y perseverancia, de la mano de docentes y administrativos, poco a poco hicieron de esta institución un semillero de grandes talentos Tuxtepecanos.

Desde su primera generación en el 2001 han sido muchos los egresados que han llenado de orgullo a la institución, siendo el reflejo de la calidad educativa que se vive al formar parte de la comunidad UMAD.

En el 2006, la institución creció y se mudó a la comunidad de San Bartolo, para ofrecer mejores y amplias instalaciones, comenzando así una nueva etapa y nuevas aventuras con el nacimiento de programas académicos vanguardistas en la región, como las carreras de Diseño Gráfico, Arquitectura, Comunicación, Mercadotecnia, Ingeniería Industrial, entre otras.

Para la gran familia de UMAD Papaloapan, los valores han sido siempre parte clave en el desarrollo de este gran proyecto; la conciencia ecológica y social siempre será prioridad, por ello, con el paso del tiempo se implementaron programas como el PAC (Programa de Ayuda Comunitaria), el recopilado de pilas y programas de reciclado, entre otros.

Actualmente ofrece las licenciaturas de Administración e Innovación de negocios; Arquitectura y Diseño de Interiores; Ciencias Políticas y Administración Pública; Derecho; Diseño Gráfico y Artes e Imagen y Relaciones Públicas, pero sobre todo, ofrece a los jóvenes de la región, una educación que busca mejorar la calidad de vida de la sociedad, formando  profesionistas competentes y difundiendo conocimiento, cultura y valores.

XLVI Aniversario Templo San Juan SNDLG

sanjuan

El día 11 de enero del presente, se cumplieron 46 años de la dedicación del Templo de la IMMAR San Juan, actualmente pastoreada por la Pbra. Mary González, por lo que la congregación se reunió para celebrar un culto de Acción de Gracias a Dios el día 17, y para recordar a los pioneros que con fe y perseverancia se dieron a la gran tarea de la construcción del templo, ubicado en las calles de Simón Bolívar y Porfirio Díaz, en el centro de San Nicolás de los Garza, N. L.

Su primer pastor fue el Lic. José Martínez Garza, junto con la Misionera Daphne I. Swartz, quienes contaron con una ofrenda de una iglesia en Aldersgate, Georgia, y de otras iglesias Norteamericanas.

Algunas de las primeras familias asistentes en ese tiempo fueron: La familia López Gloria, la familia Cisneros López, la familia Vigil González, la familia Gloria Cura, la Hna. Librada Rodríguez y su familia, la familia Rangel Salazar, y la Hna. Petrita Ramos. La Hna. Lolita Cantú, la Hna. Anita Vda. De Torres, parte de la familia Castillo Martínez y otras familias, se fueron agregando posteriormente.

Es importante mencionar que el enfoque de la iglesia siempre ha sido el servicio social a la comunidad y el evangelismo, con lo que se ha colaborado a la extensión del reino de Dios, siendo semillero de otras congregaciones y pastores.

Se finalizó la celebración tomando una fotografía con las familias de los tiempos actuales.

sanjuan

Núcleos Protestantes, Ciudad de México

nucleos

betty

Esta valiosa conferencia fue rescatada y nos fue proporcionada por la Dra. Betty Flores Garza. Asiste con su familia a la IMMAR Bethel de la Colonia Portales, en la Ciudad de México. Pertenece a la CAM.

 

Esta ponencia, que es muy extensa, fue presentada en la Ciudad de México en el Primer Coloquio hacia los 500 Años de la Reforma Protestante, por Carlos Martínez-García. Él es sociólogo, escritor e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.

Me parece un documento que, a pesar de ser extenso, es muy interesante, muy bien documentado y de gran importancia. (Hna. Betty).

barra

Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México,  1861-1873 (I)

AUTOR: Carlos Martínez- García

El Templo de la Merced, en el XIX. Antes de la llegada denominacional organizada de los misioneros protestantes extranjeros (finales de 1872) se fue gestando en la ciudad de México un protestantismo endógeno. Este tuvo lugares donde se efectuaban sus reuniones, tanto en templos expropiados a la Iglesia Católica Romana por los gobiernos que encabezó Benito Juárez, como en salones rentados y en domicilios particulares. El presente es un intento de ubicar algunos de esos lugares, los cuales deberían ser rescatados del olvido por parte de los herederos confesionales de la generación precursora del protestantismo en la capital mexicana. Aunque no con la misma fuerza que el liberalismo político, también se fue gestando en México un liberalismo religioso en la década de los cincuenta del siglo XIX. Una manifestación clara de este último fue el grupo de los Padres Constitucionalistas, un grupo de sacerdotes católicos que se organizaron en 1854, y cuyo movimiento se caracterizó por ser “reformista intracatólico, nacionalista y antirromanista”.1

Estos sacerdotes radicados en la ciudad de México hicieron activismo a favor de la Constitución liberal de 1857, en cuyas sesiones se deliberó acaloradamente sobre la libertad de cultos, aunque finalmente no fue aprobada como pugnaban los liberales radicales.2

Desde sus primeros escritos se dieron a conocer como “padres constitucionales reformistas”,3 el nombre de Padres Constitucionalistas les fue dado desde fuera del movimiento. Los sacerdotes a favor de la Constitución liberal progresan en su organización sobre todo a partir de que el 15 de agosto de 1859. En la ciudad de México dan a conocer un documento en el cual manifiestan que su objetivo es “la observación verdadera de la santa y justa doctrina de Jesucristo”, y no reproducir “la costumbre del clero y su disciplina [que] parece más bien una secta errónea”.4

Denuncian que el arzobispo ha tenido conductas farisaicas, al infundir odio en el clero hacia las reformas liberales, y ello a causa de que las altas autoridades eclesiásticas “no respetan ni las Santas Escrituras, ni los Cánones, ni los Concilios, que por su sórdido interés a los bienes temporales, son la causa del desorden y la revolución social”. Mediante su delegado el grupo solicita ser apoyado “para promover las reformas [y] convocar sacerdotes pacíficos, que reconociendo en todo al supremo gobierno, sometiéndose a la Constitución y leyes que de ella emanen, nos ayuden alarmadas por las predicaciones sediciosas de los falsos ministros, y de esta manera cooperemos al reconocimiento del gobierno nacional, al establecimiento de la paz y al Jesucristo, que fue pobre, humilde, indulgente y amable, no cruel, tiránico, rico y vengativo como lo representan los prelados de México”.5

El grupo confía su representación en el presbítero Rafael Díaz Martínez, quien es enviado hacia Veracruz, donde se encontraba el gobierno del presidente Benito Juárez, para comunicar a éste pleno respaldo contra el conservadurismo de la cúpula clerical romana. Juárez había promulgado, pocas semanas antes (12 de julio) del manifiesto de los Padres Constitucionalistas, la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos.6

Lázaro de la Garza y Ballesteros, arzobispo de México, expide el 29 de julio, una carta pastoral para criticar y rechazar en todos sus términos la legislación juarista.7

El prelado expone que Juárez “hace al clero mexicano las mismas imputaciones que en todos países y en todos tiempos han hechos los enemigos de la Iglesia a sus ministros”. Considera que “las calumnias contra la verdad y contra quien la anuncie han sido siempre los artificios que han abierto el camino a la persecución”. El arzobispo sostiene que las nuevas leyes son un “desahogo [de Juárez] a sus sentimientos contra la Iglesia católica y sus ministros”.8

La reacción del arzobispo de México y obispos de otras entidades del país en contra de los Padres Constitucionalistas fue pronta y contundente. Tachan a estos de cismáticos, “sinagoga de Satanás, iglesia protestante e invención del jansenismo”. Además acusan a “los liberales de romper la unidad del país y de buscar la introducción de nuevas sectas”.9

Y mientras los padres reformistas se organizan y difunden sus postulados para crear una alternativa religiosa, en la ciudad de México, en 1860, en un local “contiguo al templo de la Santísima [donde] vivía un zapatero francés, éste los domingos reunía a ocho o doce personas a quienes leía y explicaba las Escrituras en castellano”.10

El mencionado templo se localiza en las actuales calles de la Santísima y Emiliano Zapata, en el Centro Histórico. El 11 de enero de 1861 Benito Juárez entró triunfante a la capital del país, luego de tres años de cruento enfrentamiento armado con los conservadores.11

Solamente cuatro días después, los Padres Constitucionalistas firman una declaración de principios y posteriormente la hacen pública en la prensa. Manifiestan que están ejerciendo un sacerdocio distinto al católico romano predominante, y solicitan un espacio en que puedan desarrollar libremente su ministerio: República Mexicana. Agencia general del supremo gobierno para los negocios del clero constitucional. Exmo. Sr. Los que suscribimos, presbíteros mexicanos, ante V. E. respetuosamente exponemos: que deseando cumplir con nuestra misión apostólica, hemos procurado la paz de la República, tranquilizando la conciencia de nuestros ciudadanos, bendiciendo más de cuatrocientos matrimonios civiles, sepultando y bautizando a cuantos lo han solicitado, sin más recompensa que las voluntarias donaciones de las personas acomodadas, como consta del adjunto documento y otros muchos que no presentamos por haberlos interceptado los enemigos del progreso y de la verdadera religión. Esta conducta que ha escandalizado a los fariseos, nos pone en el caso para seguir desempeñando nuestro ministerio, de solicitar de V. E. un templo de los dedicados al culto católico, para que los fieles tengan quienes les ministren todos los sacramentos, sin más retribución que las donaciones voluntarias, y que con estos sientan los beneficios de la ley, los que por ignorancia no los pueden comprender. Contamos con que V. E. accederá a nuestra solicitud por ser de justicia. México, enero 15 de 1861. Rafael Díaz Martínez, Juan N. Enríquez, Atanasio Ocariz, José M. Arvide, Manuel Aguilar Bermúdez, Vicente Hernández, José M. Campos, Ausensio Torres, Juan Malpica, Anastasio Brizuela. Exmo. Sr. gobernador del Distrito.12

El Monitor Republicano consideró que la solicitud de los firmantes debía ser atendida, dado el contraste de la “conducta de esos sacerdotes virtuosos y verdaderamente evangélicos, que saben cumplir con la misión de paz y de caridad que les impuso el Salvador del mundo, y la de los otros, que hacen esfuerzos por continuar una guerra civil que ha asolado a la República, y no vacilan en derramar la sangre del pueblo por continuar formando un poder abusivo y ajeno de su ministerio”.13

Tres de estos sacerdotes desempeñarían actividades importantes para el posterior fortalecimiento del cristianismo no católico: Rafael Díaz Martínez, Manuel Aguilar Bermúdez, quien era masón,14 y Juan Nepomuceno Enríquez Orestes. Éste último destaca por ser el más prolífico del grupo, y sus escritos en defensa del movimiento ven la luz en distintas publicaciones de la época. En el templo de la Merced comienza a oficiar misa e impartir sacramentos uno de los Padres Constitucionalistas, la nota periodística no proporciona su nombre, “pero se celebran sin el permiso de la autoridad eclesiástica [católica]”.15

Con anterioridad al personaje le había sido negada por el arzobispo “la licencia que solicitó para administrar en la Iglesia de Regina”.16

El periódico contrario a los Padres Constitucionalistas solicita a las autoridades eclesiásticas “se dignen aclarar qué es lo que hay respecto del templo de la Merced, sobre el que en el público tantas especies se vierten”. Es necesario hacerlo porque en el mencionado templo ofician “sacerdotes y eclesiásticos que se han separado de la Iglesia Católica Romana, para, sin duda, abrazar otra comunión”.17

La publicación considera que se hace indispensable orientar a “los verdaderos fieles”, con el fin de que “sepan a qué lugares no deben asistir, y a qué ministros deban o no ocurrir para la administración de los Santos Sacramentos y recibir el pasto espiritual”. Concluye la nota con la mención de “cuatro religiosos […] que existen en la Merced”, quienes por desobedecer las directrices del arzobispo “están suspensos”.18

El Pájaro Verde sigue de cerca las actividades de los sacerdotes cismáticos, y decididamente los critica, actitud en la que sigue principios con los cuales se identificaba: la defensa de la Iglesia Católica y su oposición a la política juarista. Desde que apareció el periódico (5 de enero de 1861), “a los liberales [radicales] se les conoció con el mote de ‘rojos’, y en contraposición se les decía ‘verdes’ a los conservadores”.19

Los primeros dijeron que el nombre del periódico era el anagrama de “arde plebe roja”, lo que negó Mariano Villanueva, su director.20

El ministro de relaciones de Juárez, Melchor Ocampo, dirige una misiva (22 de febrero) a Rafael Díaz Martínez, en la cual lo nombra “agente del gobierno para comenzar la reforma religiosa de la Iglesia Católica en México”. Además le asegura que “el gobierno cuidará de recompensar los trabajos suyos en proporción de la utilidad que de ellos espera sacar la República y a la vez procurará la recompensa de todos los buenos sacerdotes que vayan creyendo en su misión de paz”.21

A la solicitud del grupo de sacerdotes disidentes, las autoridades civiles responden otorgándoles en la capital de la nación el templo de la Merced, pocos días después los Padres Constitucionalistas reciben del gobierno la Iglesia de la Santísima Trinidad.22

Además de los actos eclesiásticos en estos lugares, “el grupo cismático no tuvo más actividad que las frecuentes reuniones en la casa del padre [Manuel] Aguilar [Bermúdez], con la presencia de una docena de sacerdotes cismáticos, a las que se unían el diputado Manuel Rojo y el artesano textil enriquecido, Prudencio G. Hernández, entre otros”.23

El domicilio de Aguilar Bermúdez estaba localizado en el número 4 de la calle de la Hermandad de San Pablo, renombrada después “1ª de Cuevas”,24 actualmente es la calle de Jesús María en el tramo comprendido entre Fray Servando (antes Cuauhtemotzin) y San Pablo.25

En casa de Aguilar Bermúdez se reúne una veintena de personas de distintas edades, incluso menores de edad e infantes. Hay lecturas bíblicas, intercambio de opiniones y esporádicamente Aguilar oficia de forma sencilla la Santa Cena, la cual imparte bajo las dos especies, el pan y el vino, elementos que “distribuía de rodillas”.26

Esto acontece antes de la Intervención francesa en México, es decir entre 1861 y principios de 1862. Sobre ciertas características de los Padres Constitucionalistas contamos con el testimonio de Arcadio Morales, quien menciona que se destacaron por “1) Desconocer al Papa. 2) Celebrar la misa en español. 3) Dejarse crecer la barba y montar a caballo, vistiéndose de charro en lugar de llevar ropa talar”.27

El respaldo del gobierno juarista a los sacerdotes liberales no crea la disidencia religiosa de estos con Roma y la jerarquía que la representaba en México, sino que le otorga mejores condiciones para que se expresara. Sería un error concluir que es el anticlericalismo juarista el único factor que hace posible el surgimiento de los Padres Constitucionalistas. Más bien estos ven fortalecidos sus esfuerzos por construir un catolicismo diferente (que terminará rompiendo con el tradicional) a la llegada de un régimen favorable a sus ideas. Rafael Díaz Martínez desempeña el papel de liderazgo entre los Padres Constitucionalistas, pero el más activo en cuanto a dejar de forma escrita los postulados del grupo es Juan Nepomuceno Enríquez Orestes. Es considerable el cúmulo de colaboraciones periodísticas en las cuales desarrolla la idea de que los verdaderos sacerdotes cristianos son quienes apoyan las Leyes de Reforma. No vacila en calificar a los integrantes del alto clero como contrarios al Evangelio de Jesucristo. Sobre Juan N. Enríquez Orestes se sabe que fue “un misionero paulino y trabajó en Tulancingo, Zimapán, Alfajayucan, Mineral del Monte y Jacala. En Jacala y Tlaltizapán fue párroco. Venía de Monterrey y tuvo problemas con el obispo [Francisco de Paula] Verea, como también más tarde con los paulinos y el arzobispo [José Lázaro de la] Garza por sus ideas liberales”.28

En sus artículos de prensa, Orestes delinea una separación entre el que llama clero cristiano y los fariseos (prelados católicos conservadores). Del primero escribe que su “único delito consiste en dar oídos a sus deberes, en seguir dóciles los preceptos del Evangelio, en hacer brotar de sus labios palabras de consuelo y reconciliación, repartiendo el pan de la doctrina, los bienes espirituales de los Sacramentos, sin esperar lucro ni recompensa”. En contraparte, denuncia Orestes, los altos dignatarios desatan “maquinaciones sordas” contra aquellos al etiquetarlos de sacerdotes ilegítimos y envían personas a los lugares donde ofician los disidentes para desacreditar su ministerio: ¿Qué objeto tienen esos hipócritas agentes colocados a la puerta de los templos que sirven, para decir en voz baja al pueblo ignorante que no entre allí porque quedará excomulgado, que aquellas iglesias están profanadas, que los sacerdotes que funcionan en ellas son unos apóstatas? ¿A qué vienen esas especies ridículas de los papeles reaccionarios de suponer que celebran la misa en traje secular, como si dado caso que fuera cierto semejante embuste, se seguiría algo en contra de la validez del Sacramento, como si su verdad dogmática pendiera de la vestimenta y demás accesorios? ¡Cuánta miseria! ¡Cuánta calumnia! ¡Cuánta infamia!29

En su afán de clarificar las posiciones de los clérigos que se ciñen a la Constitución y las Leyes de Reforma, Juan N. Enríquez publica en distintos periódicos y siempre señala a los altos funcionarios eclesiásticos católicos como adversarios del cristianismo primitivo, al que han distorsionado anteponiendo dogmas y tradiciones ajenos a su espíritu original. Lo mismo llama a defender la patria ante los intentos conservadores por revertir las conquistas liberales –denuncia el apoyo clerical a matanzas como la de Tacubaya (11 de abril de 1859)– que a deshacerse del celibato obligatorio para los sacerdotes y aboga por el derecho que tienen estos a la luz del Evangelio.30

Dos artículos de Enríquez Orestes merecen una extensa réplica por parte del connotado presbítero y teólogo católico Javier Aguilar de Bustamante. Son los publicados en El Monitor Republicano el 22 y 26 de mayo de 1862, titulados “Los sacerdotes cristianos y los fariseos”. En ellos el autor vuelve a la tipología antes utilizada por él para reiterar que los sacerdotes constitucionalistas reformistas son fieles al Evangelio, mientras que los fariseos, los altos clérigos católicos que combaten a Juárez y los liberales que le acompañan, en realidad traicionan las enseñanzas de Jesucristo.31

Para Orestes los abusos, desaciertos e infamias del clero romano son evidentes y van “contra los principios evangélicos y humanitarios de Jesucristo […] nadie ha sido más liberal ni más demócrata [que él]”.32

Contrasta las enseñanzas que procuran seguir los sacerdotes constitucionalistas, basadas en la Biblia, la que cita reiteradamente, con los desvaríos de la cúpula clerical que “trastorna la sana doctrina del Evangelio”. A la eclesiología vertical de los que él llama fariseos, Enríquez Orestes antepone una más abierta y horizontal, sostiene que se equivocan los teólogos que tienen por “Iglesia […] al pontífice y a los obispos, y la Iglesia, señores, es notorio que la forman todos los fieles; y si a esta hubiera reservado Cristo nombrar súbditos a los sacerdotes, todos los creyentes tendrían que intervenir en este nombramiento”.33

Además de ser implacable en su crítica a dogmas carentes de sustento bíblico, Orestes no deja pasar el disoluto estilo de vida de algunos integrantes de la cúpula eclesiástica católica. Recuerda que “el Concilio prohíbe que se consientan en la Iglesia ministros de costumbres impuras y escandalosas: y en el clero de la República, pero principalmente en el metropolitano y en el de Puebla, hay eclesiásticos tan relajados, que podrían dar lecciones de inmoralidad a los más viciosos presidiarios”.34

Obispos y arzobispos, puntualiza Orestes, protegen y estimulan a los clérigos que “andan con los invasores” franceses, censuran a los “eclesiásticos liberales” y le niegan validez a sus oficios religiosos. Con osadía señala quiénes son los que se obstinan en el error y la rebeldía a las verdades evangélicas: Ellos sí, son herejes, porque niegan la Escritura y la interpretan a su modo: cismáticos, porque se han separado de la misión del Evangelio, para formar una secta errónea que llaman romana: impíos, porque no tienen más religión que la del becerro de oro: irregulares, porque están manchados con la sangre de tantos asesinatos a que han cooperado públicamente de cuantos modos han podido, en la guerra intestina y en la invasión presente, cuya sangre está corriendo sobre sus coronas: excomulgados, porque la Iglesia verdadera del Mártir del Gólgota, aleja de su seno a los ministros indignos, cubiertos de tantas maldades.35

Con razón en su respuesta a Orestes el abogado y teólogo Javier Aguilar de Bustamante inicia afirmando que en los treinta años que lleva de servir en la sagrada Mitra “no había visto que apareciese un solo eclesiástico mexicano que atacara el dogma de la Iglesia; ni sé que en el presente siglo ni en los anteriores, existiese un miembro del clero de nuestra República que agitara los ánimos y las creencias de un pueblo, esencialmente católico”.36

Al referirse a los Padres Constitucionalistas Aguilar de Bustamante considera que ellos, en el siglo XIX, “quieren seguir el ejemplo de los [protestantes] del XVI”. El teólogo católico tiene en claro que Orestes abriga el plan de cultivar el protestantismo “entre los ilusos, sembrando doctrinas anti-católicas, ataca la unidad católica y la unidad del pueblo que a todo trance debemos conservar los mexicanos, como la principal garantía de nuestra existencia desgraciada”.37

Bustamante subraya que los esfuerzos de Orestes y demás curas constitucionales son cismáticos, “porque promueven la separación o división de la Iglesia universal”; además son heréticos ya que “se oponen a la verdad católica propuesta por la Iglesia y revelada por Dios”. No sin antes hacer largas disquisiciones basadas en el pensamiento de teólogos católicos y concilios, así como en defender la supremacía del Papa en turno, Aguilar de Bustamante expresa a Orestes que sus “esfuerzos impotentes forman su sepulcro, y que fuera de la Iglesia no hay salvación, ni en el tiempo ni en la eternidad”.38

Como en México se ha decretado la libertad de cultos y la abstención del Estado para proteger a la confesión religiosa histórica del país, el catolicismo, lamenta Bustamante, entonces por ello es posible que Orestes pueda difundir libremente sus errores: “si las más ilustres familias de Egipto, de Grecia y Roma, que componían los colegios pontificios, hubieran tenido un sacerdote que hubiese profanado el honor de sus compañeros, los tribunales de la República hubieran abierto sus salas para fallar sobre el tránsfuga que los hubiese ofendido”.39

El conjunto de lo que llegó a ser el templo y convento de la Merced inició su construcción en 1602. Un templo más amplio al inicial comenzó a ser edificado en marzo de 1634 y concluida la construcción el 30 de agosto de 1654. En 1862, “como resultado de la extinción de las órdenes monásticas, se dio principio a la demolición del convento y de la iglesia”.40

En el sitio donde estuvo el templo se acondicionó una “plaza que sirve de mercado”.41 En la siguiente cita se describe cómo era el templo en el que oficiaron por unos meses servicios religiosos no católicos los Padres Constitucionalistas: Espaciosa y de tres naves, resguardada por un techo de dos aguas, formado exteriormente de láminas de zinc y cubierto interiormente por un bello artesonado, sustituyendo a la cúpula una pirámide hueca hexagonal con una ventanilla en cada faz y con los detalles del techo en general. El templo estaba construido de norte a sur, a éste rumbo la ábside y a aquel las tres puertas correspondientes a las naves. El atrio era cuadrado, y limitado al sur y al este por las portadas del templo mayor y de la Santa Escuela por el norte y oeste por dos tapias con sus correspondientes entradas.42

Lo que hoy permanece del majestuoso conjunto es el claustro del convento de la Merced, el templo fue derruido en 1862. El Instituto Nacional de Antropología e Historia se hizo cargo en 2011 de la restauración del claustro y concluyó a finales del 2013.43

Imágenes del proceso restaurativo reflejan algo de la belleza que tuvo el conjunto original.44 El templo de la Merced albergó por unos cuantos meses el movimiento de los Padres Constitucionalistas, que dirigieron servicios libres del control de la Iglesia Católica Romana, y con ello fueron precursores en la gestación del protestantismo en la ciudad de México.


Notas

1 Daniel Kirk Crane, La formación de una Iglesia mexicana, 1859-1872, tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM, México, 1999, p. 47.

2Los pros y contras en la discusión en Los debates sobre la libertad de creencias, Facultad de Derecho-UNAM, México, 1994.

3Por ejemplo en La Unidad Católica, 26/IX/1861, p. 2; El Constitucional, 17/XII/1861, pp. 1-2; 28/XII/1861, p. 1 y 29/XII/1861, p. 2.

4 Kirk Crane, op. cit., p. 48.

5Ibíd.

6 Documento reproducido por Tena Ramírez, op. cit., pp. 638-641.

7Carta pastoral del Ilmo. Sr. Arzobispo de México Dr. D. Lázaro de la Garza y Ballesteros, dirigida al V. Clero y fieles de este arzobispado con motivo de los proyectos contra la Iglesia publicados en Veracruz por D. Benito Juárez, antiguo presidente del Supremo Tribunal de la Nación, Imprenta de José Mariano Lara, Calle de la Palma núm. 4, México, 1859, 15 pp.

8Ibíd., pp. 13 y 15.

9 Citado por Jean-Pierre Bastian, op. cit., p. 33.

10Arcadio Morales, “Asunto histórico”, El Faro, 1/VI/1906, p. 97.

11Raúl González Lezama, Reforma liberal, cronología (1854-1876), Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2012, p. 79.

12Monitor Republicano, 19/I/1861, p. 4. Al siguiente día el documento es reproducido por La Reforma, p. 2. Cuatro décadas y media más tarde la proclama es retomada por El Faro, órgano de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, que la publica bajo el título “Documento histórico”, 15/VII/1906, p. 120.

13Monitor Republicano, 19/I/1861, p. 4.

14La Patria, 18/XII/1891, p. 3.

15El Pájaro Verde, 24/I/1861, p. 2.

16Ibíd.

17Ibíd.

18Ibíd.

19 Lilia Vieyra Sánchez, “El Pájaro Verde”, en Miguel Castro y Guadalupe Curiel (coordinación y asesoría), Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX, 1856-1876 (parte I), UNAM, México, 2003, p. 426.

20 Ibíd., p. 425 y Vicente Quirarte, Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México, 1850-1922, Ediciones Cal y Arena, México, 2010, p. 12.

21 Jean-Pierre Bastian, op. cit., p 33.

22El Pájaro Verde, 9/II/1861, p. 2.

23 Jean-Pierre Bastian, op. cit., pp. 33-34.

24 Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 91; Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 13.

25Agradezco esta información a Juan Merlos Estrada.

26Arcadio Morales, “Asunto histórico”, El Faro, 1/VI/1906, p. 97.

27 Arcadio Morales, “Historia del Evangelio en la República Mexicana”, en Joel Martínez López, Orígenes del presbiterianismo en México, s/e, Matamoros, Tamaulipas, 1991, p. 70.

28Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 58.

29 El Monitor Republicano, 11/III/1861, p. 1.

30El Constitucional, 17/XII/1861, p. 1-2; 28/XII/1861, p. 1; 29/XII/1861, p. 2; El Monitor Republicano, 14/IV/1862, pp. 2-3; 22/IV/1862, pp. 1-2; El Siglo Diez y Nueve, 29/IV/1862, p. 3.

31Aguilar de Bustamante reproduce los artículos en su obra Ensayo político, literario, teológico, dogmático, Tipografía de Sixto Casillas, México, 1862, pp. 227-254. Los mismos han sido incluidos en Carmen Rovira (compiladora), Pensamiento filosófico mexicano, del siglo XIX a primeros años del XX, tomo II, México, UNAM, pp. 61-81. Es de esta obra de donde citaremos los artículos de Orestes.

32 Carmen Rovira, op. cit., pp. 62 y 64.

33Ibíd., p. 68.

34 Ibíd., p. 73.

35Ibíd., p. 79.

36 Javier Aguilar de Bustamante, op. cit., p. 219.

37Ibíd., p. 225.

38Ibíd., p. 314.

39Ibíd. pp. 314-315.

40Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdos, Imprenta de Arturo García Cubas, Hermanos Sucesores, México, 1904, p. 107.

41Manuel Rivera Cambas, México pintoresco, artístico y monumental, tomo segundo, Imprenta de la Reforma, México, 1882, p. 167.

42 Antonio García Cubas, op. cit., p. 107.

43http://www.jornada.unam.mx/2013/02/15/cultura/a05n1cul

44https://pasatiempoenblog.wordpress.com/ex-convento-de-la-merced-de-la-ciudad-de-mexico/
Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/38357/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_I

barra

Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México, 1861-1873 (II)

Un personaje que haría contribuciones importantes para fortalecer al inicial protestantismo mexicano fue John William Butler, quien era cuáquero y trabajó para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 24 DE ENERO DE 2016 09:30 h

Los precursores del protestantismo en la ciudad de México primero tuvieron reuniones en templos católicos expropiados por el gobierno liberal de Benito Juárez. Cuando la condición ruinosa de los templos hizo imposible continuar servicios en ellos, las células se concentraron en casas de los líderes, como el domicilio de Manuel Aguilar Bermúdez, situado en el número 4 de la calle de la Hermandad de San Pablo, renombrada después “1ª de Cuevas”.1

En el artículo anterior mencioné que dicha arteria es actualmente la calle de Jesús María en el tramo comprendido entre Fray Servando (antes Cuauhtemotzin) y San Pablo.2

Con el fin de solicitar apoyo externo a los esfuerzos internos que los Padres Constitucionalistas realizaban para impulsar núcleos no católico romanos, en 1862 y 1863 viajan a Nueva York “los sacerdotes [Francisco] Domínguez, [Rafael] Díaz Martínez y [Juan N. Enríquez] Orestes […] para ponerse en contacto con las autoridades de la Iglesia Episcopal”.

3 En los primeros meses de 1865, Juan Francisco Domínguez y Enríquez Orestes, destacados integrantes de los Padres constitucionales reformistas, y que llevan con ellos cartas de recomendación de Melinda Rankin,4 cabildean en Nueva York a favor de su causa, se reúnen con líderes eclesiásticos protestantes y en varias actos públicos describen lo que sucede en México respecto del movimiento a favor de la reforma política y religiosa. Entre 1864 y los primeros meses de 1867, el capellán moravo del ejército francés, Emile Guión, realiza servicios protestantes en San Ildefonso, Manuel Aguilar Bermúdez asiste en varias ocasiones.

5 Sóstenes Juárez también tiene contacto con Guión y toma de él la liturgia que pondría en práctica al interior del grupo con el que se vincula.6

Mencionamos que Juárez dominaba el idioma francés, prueba de ello es que años antes tradujo la obra El evangelio del pueblo, de Alfonso Esquiros.7

Un personaje que haría contribuciones importantes para fortalecer al inicial protestantismo mexicano fue John William Butler, quien era cuáquero8 y trabajó para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Por recomendación de él, Westrup le escribe a Santiago Hickey (afincado en Matamoros, Tamaulipas) con la solicitud de que se traslade a Monterrey, lo que acepta y llega a la capital de Nuevo León en noviembre de 1862.9

Entonces Butler ya tenía algún tiempo de realizar trabajos de distribución bíblica por el país, difundiendo materiales en Monterrey pero sobre todo en la ciudad de México y alrededores. Su labor concluyó en 1871.10

Manuel Aguilar Bermúdez era masón y fue el primero de los Padres Constitucionalistas en ser capellán de las fuerzas que combatieron la Intervención francesa.11

En 1864 el sacerdote Aguilar Bermúdez y el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, John W. Butler, entre otros, tienen reuniones de carácter evangélico en la ciudad de México, inicialmente “en los bajos de la casa núm. 21 de la calle de San José del Real” y después en el tercer piso.12

Entre los asistentes se encuentran José Parra y Álvarez, Prudencio G. Hernández y Sóstenes Juárez.13

Otra fuente menciona al padre Aguilar Bermúdez como quien consigue, en la dirección mencionada, “un espacioso salón […] y allí se celebraron las primeras reuniones públicas bastante concurridas”.14

Quien facilita el lugar, que era de su propiedad, es el señor Verduzco, “arquitecto y maestro de obras”. Él formaba parte de la congregación, y permite usar las instalaciones sin recibir retribución alguna hasta que el grupo se consolida y tiene fondos para cubrir alguna suma como pago de renta.15

Acerca del espacio donde se reunía la Sociedad de Amigos Cristianos/Sociedad Evangélica por lo menos a partir de 1864, San José el Real número 21, este se ubicaba en parte del conjunto que había “pertenecido al convento de los jesuitas de la Profesa, que por virtud de las Leyes de Reforma había sido secularizado”.16

Cuando en 1861 “se ampliaron plazas y se abrieron calles […] uno de los conventos que para abrir la [actual] calle de Cinco de Mayo sufrió ruptura fue el edificio que había servido de colegio de jesuitas, llamado La Profesa […]”.17

Para conmemorar la victoria “de las armas republicanas en Puebla el 5 de mayo de 1862, el Ayuntamiento de la ciudad acordó ese año dar el nombre de Cinco de Mayo a la calle que dividió la Profesa”.18

Esta quedó partida por la nueva vialidad, y al caminar por ella desde el Zócalo hasta dar vuelta a la izquierda en San José el Real (hoy Isabel la Católica), estaba una parte del convento y junto la Iglesia de la Profesa. Otra sección del convento quedó cruzando Cinco de Mayo. Cabe la posibilidad de que el sitio de las reuniones haya estado en el lugar que hoy ocupa el Hotel Gillow (inaugurado el 16 de junio de 1872,19 y que sigue abierto en Isabel la Católica 17), o en la parte que desapareció al ser abierta la calle Cinco de Mayo. También es factible que el antiguo número 21 de San José el Real corresponda al presente número 13 de Isabel la Católica. Lo cierto es que en la vieja calle de San José el Real floreció la Sociedad Evangélica de Manuel Aguilar Bermúdez, la cual después presidió Sóstenes Juárez. Como resultado de las gestiones de la delegación de los Padres Constitucionalistas que viaja a Nueva York, llega a la ciudad de México en diciembre de 1864 E. C. Nicholson, enviado por el Foreign Comittee of the Board of Missions of the American Episcopal Church.20

Durante su estancia de algunos meses en la capital del país, Nicholson coadyuva para conformar la Sociedad Católica Apostólica Mexicana. Al regresar a Nueva York, Nicholson informa entusiastamente de la vitalidad del núcleo liderado por Aguilar Bermúdez: La causa de la Iglesia reformada ha penetrado profundamente en las mentes y corazones de mucha gente, y si es dirigida con inteligencia será un éxito. Todos los hombres buenos e inteligentes nos tratan con respeto y alegría al conocer nuestros trabajos y propósitos. El trabajo abierto por nuestra iglesia es muy prometedor… Nosotros creemos que una adoración espiritual y racional de nuestro Salvador suplantará definitivamente las formas paganas de adoración que están en boga en México, y que una verdadera Iglesia Católica Apostólica y Mexicana se moldeará frente a nosotros compensando los sacrificios de los trabajadores y será bendición para toda la gente de esta tierra.21

El reporte de Nicholson describió a Manuel Aguilar Bermúdez como “representante de una multitud de sacerdotes devotos y buena gente en México, quienes han roto con el Papa y el papismo, se llaman a sí mismos verdaderos católicos, pero no romanistas”.22

El documento incluyó un pronunciamiento del grupo de creyentes que se reunía en San José el Real 21, los cuales se presentaban como “leales a Cristo, evangélicos en fe y esperanza, […] unidos para cuidarse unos a otros en amor, y para trabajar juntos con el fin de introducir en cada parte de México una fe más simple y racional, y un culto más puro y benevolente, como la fe y culto de Jesús y los apóstoles”.23

La contribución de Nicholson al grupo que encabezaba Manuel Aguilar Bermúdez fue brindarle orientación teológica y materiales educativos. No mucho después del decreto de tolerancia de cultos promulgado por el emperador Maximiliano (26 de febrero de 1865),24 Butler, Sóstenes Juárez y algunos Padres Constitucionalistas forman la Sociedad de Amigos Cristianos. Al triunfo de la República sobre los conservadores y Maximiliano, dicha Sociedad trasmuta su nombre por el de Comité de la Sociedad Evangélica, y sus integrantes abren al público sus reuniones que continúan desarrollándose en San José el Real.25

Junto con los trabajos que realiza para la agrupación evangélica, Sóstenes Juárez se da tiempo para manifestar su férrea oposición a la invasión francesa. Es el principal protagonista de una demostración de rechazo al imperio de Maximiliano cuando frente al cortejo fúnebre del coronel francés Tourre grita reiteradamente consignas. Mientras el contingente camina silencioso por la calle de Plateros (hoy avenida Madero, en el centro de la ciudad), “se oyó un grito que salía de entre la multitud diciendo: ‘Mueran los franceses. No basta con estos tres ataúdes. Es necesario que perezcan todos’. Estos gritos odiosos, sobre todo en aquella sazón, fueron seguidos de provocaciones más odiosas todavía”. La información periodística añade que “aprehendido infraganti el individuo que las hacía, declaró llamarse Sóstenes Juárez y ejercer la profesión de maestro en México”.26

El episodio le vale a Juárez ser declarado “culpable de provocación al crimen no seguido de efecto”. Por ello se le condena a cinco años de prisión y multa de mil francos. Sóstenes recibe el indulto de la pena, junto con sentenciados por otras causas, por parte del emperador Maximiliano.27

Las reuniones iniciadas en San José el Real a partir de 1864 alcanzan más organización y el 18 de noviembre de 1865 tiene lugar un culto más formal, en el que participan, entre otros, Manuel Aguilar, John W. Butler, Sóstenes Juárez, José Parra y Álvarez, Julián Rodríguez Peña, Eusebio Trejo Meza y Antonio Hinojosa.28

Tienen reuniones a las que los interesados llegan mediante invitación de alguno de los integrantes de la célula. Es decir, no propagandizan abiertamente la existencia del núcleo, aunque tampoco es un grupo cerrado y secreto. Más bien mantienen un perfil bajo, en espera de fortalecerse para proyectarse hacia afuera. Manuel Aguilar Bermúdez escribe una carta en 1866 a la Sociedad Bíblica de Londres, la que inicia refiriendo que lucha “en la República mexicana por la fe que una vez fue entregada a los santos”, eco de una cita bíblica localizada en el Nuevo Testamento (Judas 1:3). Notifica que “ha sido necesario combatir con las preocupaciones del fanatismo que ha existido aquí hace más de 300 años y también con la indiferencia religiosa de muchas almas extraviadas”.29

A pesar de los grandes obstáculos, dice Aguilar, la Biblia es distribuida y en muchos casos bien recibida por gente identificada con el partido liberal, obreros que la llevan a sus hogares y la comparten con sus familias. Percibe un futuro prometedor para la causa evangélica: Ya hallamos personas que examinan las Escrituras diariamente con espíritu de humildad y devoción; que las estudian bajo la influencia de fervientes oraciones y llenos de fe, que predican la verdad con celo apostólico, que se apropian sus saludables preceptos y se consagran a Cristo nuestro divino Salvador para vivir sólo para él. La buena semilla del Evangelio está cayendo sobre terreno sediento del agua de la gracia, el pan de la vida se toma con avidez por los hambrientos hijos, muchas ovejas descarriadas están oyendo la voz misericordiosa del divino Pastor que las llama; muchas sintiendo la bienhechora influencia de la gracia del Espíritu Santo, practican la caridad. Todo esto robustece nuestras esperanzas y, nos hace confiar en que Dios, en su infinita misericordia, está visitando este pueblo para el bien. Orad con nosotros para que nuestro padre celestial se digne bendecir nuestros esfuerzos, nos dé fuerzas en nuestras debilidades y nos llene de su Espíritu para que la obra que se hace en México, sea hecha para honra y alabanza de Cristo nuestro Señor.   Lo descrito por Manuel Aguilar Bermúdez a la Sociedad Bíblica londinense es de alguna manera confirmado por una fuente adversa a la implantación del cristianismo evangélico en México. En los primeros días de febrero de 1866, una publicación editorializa sobre la existencia de biblias sin comentarios que circulan en la capital del país. Sostiene que de acuerdo a su tradición de “haber sido siempre firmes paladines de la Iglesia católica […] hoy nuestra pugna es contra el protestantismo”.30

El periódico menciona que “en México nos habíamos visto a cubierto de los ataques de las sectas, pero comienza la lucha, y no queremos ser los últimos en saltar a la arena”. Interpreta que la lucha comienza debido a las “biblias sin notas que regalan los protestantes, y que está prohibida su adquisición, aunque no se lean, serán despreciadas por los buenos cristianos y resulte burlada la propaganda protestante”. Además de animar a sus lectores a rechazar las biblias antes mencionadas, denuncia que en unas partes se regala y en otras se vende “un almanaque protestante muy distinto del nuestro”. En él, según el editorial, se ataca a la religión y a la civilización de la raza mexicana. Es por ello que demanda “su autor salte a la arena; tenemos un arsenal abundante para armarnos y defendernos; hay plumas en México muy bien cortadas para combatirlo”. Confía en que “un pueblo tan católico, tan bien educado en su moral como el nuestro, deseche la propaganda protestante que se ha formado para descatolizarnos, y que gasten su dinero nuestros adversarios sin lograr su intento”.31

Retornamos a Manuel Aguilar Bermúdez y el papel que desempeña en la propagación del cristianismo no católico, así como lo que sucederá más tarde con el grupo que él contribuye a formar. Henry C. Riley, quien llegó a México en diciembre de 1868 o enero de 1869, informa que Aguilar Bermúdez “en compañía de un sr. Ocádiz tradujo el librito titulado El hombre y la Biblia, librito que es muy conocido de todos los evangélicos del país”. Además proporciona el dato de que “una vez muerto el sr. Manuel Aguilar, su congregación se dividió en dos: una siguió al sr. [Gabriel] Ponce de León, y otra al sr. Sóstenes Juárez”.32

Aguilar Bermúdez muere en el último trimestre de 1867, bajo el rumor de que fue “envenenado por los frailes”.33 Es sustituido en el liderazgo por Rafael Díaz Martínez y Sóstenes Juárez, sobre todo por éste último. Mediante el testimonio de Juan Magaña, uno de los asistentes a las reuniones en San José del Real número 21, conocemos que todavía en vida de Manuel Aguilar el liderazgo ya estaba en manos de Sóstenes Juárez.34

En el domicilio citado confluyeron varios esfuerzos y personas para consolidar la presencia protestante en la capital mexicana. En la tarea fue valiosa la asesoría de John William Butler para el fortalecimiento de la que se hizo llamar Sociedad Evangélica. Con su experiencia para distribuir la Biblia e interesar a distintas personas en asistir a sesiones de estudio bíblico, el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera prestó un servicio clave a la causa protestante. Compiló y escribió materiales para conformar el Calendario protestante de los amigos cristianos para el año de 1866, y 1867.35 Este último contiene, entre otros escritos, “La lectura de las sagradas Escrituras” y “Las tradiciones de los judíos impugnadas por nuestro Señor Jesucristo”.36

Butler inserta anuncios en los periódicos, tanto en inglés como en español, para dar a conocer el objetivo de la organización que representa: El que suscribe, agente de la Sociedad Bíblica de Londres, establecida con la mira de propagar las Sagradas Escrituras en todo el mundo, y en todos los idiomas, sin adulteración, interpretación o comentario alguno, y a costa de cualquier sacrificio pecuniario, como lo comprueba la pérdida sufrida en las ya repartidas en México; invita a todas las personas que se interesen en la propagación del Evangelio, a que ocurran al expendio de Biblias en la calle de San José el Real núm. 21, y establezcan las relaciones que se desean, a fin de facilitar su reparto en la mayor posible cantidad.37

Junto al templo de la Profesa, en lo que fue casa y convento de los padres felipenses estuvo de 1864 a 1869 la Sociedad Evangélica presidida por Sóstenes Juárez. Desde 1862 solo queda de todo el conjunto el templo. En 1868 la agrupación se anuncia en los periódicos con el fin hacer más conocida la existencia de sus actividades. Es así que, por ejemplo, en uno de los diarios más importantes aparece el siguiente aviso: “El Comité de la Sociedad Evangélica invita a sus amigos, a que concurran al culto reformado, que todos los domingos se practicará en la casa núm. 21, calle de San José el Real”.38

A partir de entonces el núcleo gana presencia pública y se agregan a él conversos y simpatizantes. Paulatinamente se acrecienta el liderazgo de Sóstenes Juárez, liberal y masón, integrante de la Sociedad Lancasteriana39 decidido partidario de Benito Juárez y su férrea lucha contra la intervención francesa. Sóstenes fue combatiente contra esa intervención y alcanzó el grado de mayor en el ejército juarista.40

Pocos años después se articularía al trabajo de los misioneros metodistas del sur, conectando a estos con la red de congregaciones que le reconocían a él como líder. Es Sóstenes Juárez quien hace llegar a La Opinión Nacional un comunicado en el que deja clara la existencia de la Sociedad Evangélica de México. Informa que “ya es un hecho práctico la libertad de cultos entre nosotros, y que está operándose entre nosotros, por este medio, el alejamiento de la antipatías nacionales que tantos males ha producido en lo social”.41

Informado lo anterior, reproduce el acta donde queda asentado que el 15 de agosto de 1868 en el seno del grupo “fue presentado ante la Sociedad Evangélica, por el Sr. D. Alberto Kienast y la Sra. Da. Sofía Landwchz un niño, hijo del Sr. D. Geo. M. Zinser y de la Sra. Da. Luisa Zinser, nata en Klockenbring, pidiendo a su nombre que en el seno de esta iglesia cristiana sea bautizado conforme a lo instituido por Nuestro Señor Jesucristo”. Acto continuo, después de haber leído la “Sagrada Escritura para instrucción de los presentes, en la parte referente al acto fue bautizado el niño en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, recibiendo en la frente agua pura, y llevando los nombres de Jorge Alberto, habiendo sido registrado antes, según las leyes de Reforma, en el juzgado civil número 1; ceremonia que se practicó por el C. Sóstenes Juárez, comisionado para este acto […]”. Firman el documento, además de Juárez, Alberto Kienast, G. M. Zinser y Lauro González. A los diecinueve años acudió Arcadio Morales al grupo encabezado por Sóstenes Juárez. El testimonio del primero nos proporciona algunas características del espacio de las reuniones y sus asistentes: El templo quedaba en el fondo de unos callejones tortuosos, oscuros, en el tercer piso de la casa mencionada […] me acompañaban el señor Luis Ortega, amigo mío y el señor Julián Rodríguez, que en paz goce, y que era el que se había empeñado en llevarme a su culto. Por fin llegamos a la capilla, y cual no sería mi sorpresa al encontrarme en una sala casi hermosa, limpia y bien alumbrada, como que era nada menos que la biblioteca de los padres filipinos, pues todo aquel edificio había pertenecido al convento de los jesuitas de la Profesa,42 que por virtud de las Leyes de Reforma había sido secularizado. Allí se hallaban reunidos como unos veinte individuos pertenecientes a la clase humilde del pueblo; campesinos y obreros todos; no había ni una sola señora ni un niño; pero, los hombres que se hallaban allí era muy devotos y reverentes. El señor Sóstenes Juárez, profesor, era el pastor de aquel rebaño, y en aquella noche tenía como ayudante al señor Coronel Lauro González, quien leía la fórmula bautismal. Cuando el señor González leyó el capítulo tercero del Evangelio de San Mateo, me pareció al momento reconocer a un antiguo amigo mío, un viejo conocido que, al oírlo me llenaba de placer. Al concluir el culto fuimos presentados al pastor y su ayudante, quienes nos invitaron a volver. Al salir de la capilla pregunté al señor Rodríguez: “Este es el culto protestante. Sí, señor, me contestó. ¿Nada más? Nada más leer las Escrituras sagradas, hacer oración y explicar sencillamente el Evangelio. Entonces, dije para mí, yo he sido protestante hace mucho tiempo. ¡Qué equivocado estaba!”43

Los detalles que describe Arcadio Morales acerca de la congregación de San José el Real núm. 21 nos ayudan para darnos una idea de cómo funcionaba la misma. Sabemos que las reuniones eran en un salón interior del convento de la Profesa, “no tenía más ajuar que una tribuna en forma de pozuelo al frente y unas cuantas sillas de morillo”.44

Las reuniones tenían lugar los domingos a las 11 de la mañana, con 70 asistentes, y los martes a las 7 de la noche, con entre 16 y 22 congregantes. Sóstenes Juárez “aparecía en el púlpito con su traje civil, y dirigía el culto con una liturgia especial que había formado tomando la idea, según decía él, de otra en francés que un ministro protestante que había venido con la Intervención francesa, le había proporcionado”. Lo usual era que Juárez leyera “sus sermones, y generalmente tomaba sus asuntos del Nuevo Testamento”.45 Hacia mediados de 1869 la prensa consigna el papel preponderante que tenía Sóstenes Juárez en la propagación del naciente protestantismo mexicano. Una nota periodística menciona que el credo “gana terreno aquí, que hay congregaciones evangélicas en Miraflores, Amecameca, Zoyatzingo, Ozumba, Ayapango y Cuautla; que todas estas congregaciones se han organizado por los esfuerzos de D. Sóstenes Juárez, conforme al plan de la que existe en la calle de San José el Real núm. 21, y de la cual es presidente dicho señor; y que hay todavía en esta capital otras congregaciones protestantes, además de estas”.46

Representantes de las comunidades evangélicas mencionadas tienen un encuentro en San José el Real, para coordinar los trabajos y apoyarse mutuamente. Dado el liderazgo de Sóstenes Juárez en ese lugar es muy probable que él haya presidido las deliberaciones. La primera reunión general de las comunidades evangélicas en la ciudad de México y entidades aledañas, “viene a mostrar la incipiente organización de los protestantes, que aun antes de la llegada oficial de las misiones [extranjeras] ya había dado algunos pasos firmes en la construcción de la nueva religión en México”.47

El grupo encabezado por Sóstenes Juárez tuvo comentarios adversos en la prensa católica. Una de estas publicaciones advirtió a sus lectores sobre “una que se llama Sociedad evangélica”, la que andaba “esparciendo sus desacreditadas y adulteradas biblias, y adoptando los folletos metodistas que se imprimen y publican en Nueva York por la Sociedad Hispano-Americana de Tratados”. Señalaba que los integrantes de la Sociedad Evangélica diseminaban su “propaganda contra el catolicismo” en forma similar a como las serpientes atacaban a sus víctimas: “para asegurar mejor su tiro se esconden entre las hierbas y flores, para seducir a los incautos, halagar a los crédulos y hacerse recibir por los ignorantes”.48 La Sociedad Evangélica de San José el Real muda el domicilio de sus actividades en la ciudad de México al callejón de Betlemitas hacia principios del último tercio de 1869, según publica un importante diario.49

El nuevo lugar era más amplio, y por ello representaba un avance en el ensanchamiento del grupo, que, como hemos visto, se estaba expandiendo a poblaciones en otras zonas de la República mexicana. Para cuando tiene lugar el traslado del grupo a Betlemitas, dos de los principales Padres Constitucionalistas que habían contribuido en los inicios y fortalecimiento de la Sociedad Evangélica de San José el Real (Rafel Díaz Martínez y Francisco Domíguez), ya no estaban en la ciudad de México. Se encontraban en Brownsville, Texas, “donde habían reunido a una congregación de aproximadamente 300 familias mexicanas, convertidas del papismo” al protestantismo.50

Notas

1 Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 91; Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 13.

2Agradezco esta información a Juan Merlos Estrada.

3Abraham Téllez Aguilar, Proceso de introducción del protestantismo desde la Independencia hasta 1884, Tesis de licenciatura, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras-Colegio de Historia, México, 1989, p. 163.

4Christian World, 16/IV/1865, p. 123. 5 Alberto Rosales Pérez, Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador de la ciudad de México bajo el pastorado del pbro. y dr. Arcadio Morales Escalona, 1869-1922, s/e, México, 1998, p. 40 y Daniel Kirk, op. cit., p. 91.

6 Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p.165.

7 La Reforma, 29/XII/1860, p. 4.

8 John Wesley Butler, History of the Methodist Episcopal Church in Mexico, The Methodist Book Concern, New York-Cincinnati, 1918, p. 130.

9 Tomás Martín Westrup, op. cit., p. 11 y Cosme G. Montemayor, op. cit., p. 5.

10 Abraham Téllez, op. cit., p. 165 y Alberto Rosales, op. cit., p. 10-11.

11La Patria, 18/XII/1891, p. 3; El Monitor Republicano, 9/VI/1862, p. 1.

12 La Buena Lid, X/1896, p. 4; Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23. El lugar mencionado se encontraba en el conjunto de lo que fue el convento y la casa de la Profesa, del que hoy queda el templo localizado en las actuales calles de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la ciudad de México.

13Ibíd.

14 Alberto Rosales, op. cit., p. 14.

15Arcadio Morales, “Asunto histórico”, 1/VI/1906, p. 97.

16 Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23.

17Clementina Díaz y de Ovando, “El Gran Teatro Nacional baja el telón (1901)”, Revista de la Universidad,http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php/rum/article/viewFile/13009/14247, p. 9. Información sobre la apertura de la calle y sus efectos en el conjunto de la Profesa en Manuel Rivera Cambas, México pintoresco, artístico y monumental, tomo 1º, Imprenta de la Reforma, México, 1880, p. 211.

18 Clementina Díaz y Ovando, op. cit., p. 9.

19 El Siglo XIX, 18/VI/1872, p. 4.

20 The Spirit of Missions, IV/1865, p. 141; Joel Morales Cruz, The Mexican Reformation: Catholic Pluralism, Enlightenment Religion and the Iglesia de Jesús Movement in Benito Juarez´s Mexico (1859-1872), Pickwick Publications, Eugene, Oregon, 2011, posición 3865; Abraham Téllez, op. cit., p. 163.

21 The Spirit of Missions, VII/1865, p. 261, traducción de Abraham Téllez, op. cit., p. 164.

22The Spirit of Missions, VII/1865, p. 257.

23 Ibíd, p. 259.

24http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1865_160/Decreto_de_tolerancia_de_cultos_275.shtml

25 Abraham Téllez, op. cit., p. 169.

26La Sociedad, 7/VI/1865, p. 3.

27La Sociedad, 7/VII/1865. p. 1.

28Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 15/IV/1897, p. 61. El autor menciona que a casi todos ellos los conoció bien y que, por ejemplo, Julián Rodríguez fue quien le invitó a las reuniones de San José del Real; Eusebio Trejo llegó a ser su suegro, y, al tiempo en que escribe menciona que Juan Butler reside en Toluca y Antonio Hinojosa es un anciano de 80 años, sastre, fundador e integrante de la Iglesia El Mesías en la ciudad de México. Manuel Aguilar Bermúdez muere en 1867, antes de que Arcadio Morales se integrara al grupo, razón por la cual no lo conoce personalmente, años después incluso pondrá en duda su papel como precursor del protestantismo en México. Al respecto ver El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p 369.

29 Texto completo de la carta reproducido por el misionero Henry C. Riley, El Abogado Cristiano Ilustrado, 20/VI/1901, pp. 198-199.

30El Pájaro Verde, 5/II/1866, p. 1

31Ibíd.

32El Abogado Cristiano Ilustrado, 20/VI/1901, p. 199.

33 La Patria, 31/VIII/1894, p. 1. Sobre la muerte de Aguilar Bermúdez no he podido precisar la fecha, sin embargo existe en el archivo de la Iglesia Episcopal, en Austin, Texas, una carta de Aguilar al reverendo Dennison, fechada en la ciudad de México el 8 agosto de 1867. Este dato lo brinda Joel Morales Cruz, op. cit., posición 4469.

34Arcadio Morales, “Rectificación: el padre Aguilar”, El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p. 369.

35Noticia, y crítica, sobre el calendario en Agustín de la Rosa, “Un calendario protestante en México para 1866”, La Religión y la Sociedad, 3/III/1866, pp. 284-288.

36 Editado en México, Imprenta de Manuel Castro, 1866, Laura Suárez de la Torre, “La producción de libros, revistas, periódicos y folletos en el siglo XIX”, en Belem Clark de Lara y Elisa Speckman Guerra (editoras), La República de las letras. Asomos a la cultura escrita del México decimonónico. Publicaciones periódicas y otros impresos, vol. II, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005, p. 20; Andrés Kirk, op. cit., p 89.

37 El Boletín Republicano, 29/IX/1867 p. 4 y 20/X/1867 p. 4; The Two Republics, 3/VI/1868, p. 4.

38El Monitor Republicano, 3/IV/1868, p. 3.

39 El Siglo Diez y Nueve, 8/I/1869, p. 3. El sistema pedagógico promocionado por Joseph Lancaster consistía en el uso de los alumnos más avanzados para servir de monitores a sus compañeros de clase, aquellos, a su vez eran capacitados por un maestro para que los monitores reprodujeran en los grupos lo aprendido. Así, con pocos recursos humanos y materiales, podían ser escolarizados amplios números de niños y niñas. Para enseñar a leer a los infantes se hacía uso de cartillas preparadas ex profeso y basadas en la Biblia, a la que se tenía como libro de texto. Después los materiales de enseñanza sustituyen a la Biblia, pero el método de aprovechar a los estudiantes más avanzados continúa en uso en distintos países. La Sociedad Lancasteriana se origina en Inglaterra, en 1789. Es fundada en México en 1822, ver Dorothy T. Estrada, “Las escuelas lancasterianas en la ciudad de México: 1822-1842”, Josefina Zoraida Vázquez (Introducción y selección), La educación en la historia de México. Lecturas de Historia Mexicana, núm. 7, El Colegio de México, México, 1992, p. 49.

40 Jean-Pierre Bastian, op. cit., pp. 36 y 57.

41El comunicado es reproducido por El Monitor Republicano, 23/VIII/1868, p. 2; y El Constitucional, 25/VIII/1868, p. 2.

42El claustro y el convento de los jesuitas comenzaron a ser demolidos en 1846, para abrir la calle hacia la Alameda Central. En septiembre de 1862 el presidente Benito Juárez decretó que “las calles de la Acequia, donde vivió el general [Ignacio Zaragoza], y la recientemente abierta en el ex convento de la Profesa, se llame en lo sucesivo de Zaragoza la primera y del 5 de Mayo la segunda”. Verónica Zárate Toscano, “La patria en las paredes o los nombres de las calles en la conformación de la memoria de la ciudad de México en el siglo XIX”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, materiales de seminarios, 2005, p. 8.

43 Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15 de junio de 1947, en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 23

44Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p. 165.

45Ibíd.

46La Iberia, 20/VI/1869, p. 3.

47 Abraham Téllez, op. cit., p. 170.

48 “Breve reseña de los cultos, o con más propiedad de las ‘sectas’ tituladas religiosas, invitadas a establecerse en la República”, Semanario Católico, 4/IX/1869, p. 4.

49 El Monitor Republicano, 9/X/1869, p. 2. 50The Spirit of Missions, IX/1869, p. 553.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/38417/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_II

https://www.youtube.com/watch?v=tbjzmocaZEA

barra

Núcleos protestantes en el centro histórico de la ciudad de México, 1861-1873 (III)

La Sociedad Evangélica de San José el Real muda el domicilio de sus actividades en la ciudad de México al antiguo convento ubicado en el callejón de Betlemitas (actual calle Filomeno Mata) hacia principios del último tercio de 1869, según publicaron periódicos de la capital.1 Al respecto La Iberia hizo un pequeño anuncio: “Templo Evangélico. El que estaba en la calle de San José el Real ha sido trasladado al exconvento de Betlemitas”.2 El nuevo lugar era más amplio, y por ello representaba un avance en el ensanchamiento del grupo, que, como hemos visto, se estaba expandiendo a poblaciones en otras zonas de la República Mexicana. La nota periodística no menciona el número de Betlemitas en el cual tienen lugar los servicios evangélicos. En 1871 un crítico de los núcleos protestantes caracterizó al grupo de Sóstenes Juárez de la siguiente forma: “celebran en Bethlemitas un culto demasiado sencillo: más político que cristiano, más racionalista que protestante, muy parecido al de los humildes, industriosos y benéficos cuáqueros”.3

En abril de 1870 el grupo evangélico de Chimalhuacán, estado de México, vinculado a la Sociedad Evangélica presidida por Sóstenes Juárez en la capital del país, fue víctima de ataques de pobladores católicos. Los perseguidos señalaron al sacerdote católico romano Bernardo de Villageliú como el instigador de las acciones en su contra.4 Del caso se ocupó ampliamente Ignacio Manuel Altamirano, para entonces en la cima de su carrera como escritor, periodista y firme defensor de las leyes de Reforma juaristas.

El cura Bernardo de Villageliú hizo llegar al gobernador del estado de México una relación de hechos que, según él, tuvieron lugar en Chimalhuacán. Ratificaba que los problemas en el pueblo eran ocasionados por “un grupo como de cien hombres que pretenden formar parte de la secta protestante, llamada Sociedad Evangélica”.5 Villageliú menciona que los protestantes de Chimalhuacán formaban parte de la red de iglesias lideradas por Sóstenes Juárez. Aporta el dato que Juárez había bautizado al hijo de un protestante, quien “arrepentido de su disidencia del catolicismo” se presentó ante él de forma espontánea para solicitarle impartiera el sacramento al niño, “porque no estaba conforme con el bautismo que dice le había conferido el que se titula ministro evangélico, C. Sóstenes Juárez”.6

Incapaz de mostrar con pruebas y argumentos que los señalamientos hechos en su contra en los atropellos de que fueron víctimas los protestantes, subraya Altamirano, el periódico que defiende al cura Villageliú (La Voz de México) reacciona como partidario fanático del Santo Oficio. A quienes “tienen el cinismo de defender la conducta de Villageliú y de recriminar a los protestantes”, les pregunta:

¿Qué tiene de extraño, pues, que un escritor independiente, que no está vendido a los intereses clericales y que se burla de los anatemas, al ver que jueces, prefectos, gobernadores, diputados católicos y todo el mundo abandonan a los desgraciados indios sumidos en la cárcel de un pueblo fanático, tenga la osadía, fiel a sus principios reformistas, de revelar esa violación de las leyes, ese inicuo atentado contra la libertad humana, esa arbitrariedad de los que cuentan aquí con recomendaciones y protectores?7

A la acusación de ser anticatólico, Altamirano señala que si una injusticia como la padecida por los indios de Chimalhuacán la sufrieran católicos, él no vacilaría en defenderlos de las arbitrariedades. Informa que los indígenas evangélicos han sido liberados, luego entonces no eran culpables de lo que fueron acusados por Villageliú. Finalmente reproduce una carta de los protestantes de Chimalhuacán, en la cual se aportan más datos que refuerzan los señalamientos realizados por Altamirano contra Bernardo de Villageliú.

En el verano de 1872, en agosto, más de treinta congregaciones evangélicas independientes del estado de México convocaron a lo que la prensa denominó un “Concilio protestante” a tener lugar en Chalco, cuyo fin sería subrayar que sus fundadores y quienes ahora las integran “no admiten clero alguno ni cooperarán a formar otro cuerpo teocrático de esa especie, pues creen, que al hacerlo así, no harían mas que cambiar de yugo, y que para ser cristianos les basta estudiar y practicar el Evangelio”.8 El diario agregaba que tales “protestantes puritanos no reciben subvención alguna del pueblo americano ni de ninguna persona o sociedad extranjera, como se asegura y se sabe que pasa con las congregaciones episcopales de San Francisco y San José de Gracia”, que formban parte de la Iglesia de Jesús, cuyo líder más visible era Manuel Aguas. A la convocatoria no fueron ajenas congregaciones que reconocían el liderazgo de Sóstenes Juárez, y posiblemente éste fue uno de sus principales impulsores.

Durante 1872 Sóstenes Juárez se mantuvo ministrando en el callejón de Betlemitas, por su parte Arcadio Morales a veces colaboraba con Juárez pero también tenía nexos con líderes protestantes para iniciar obra en otros lugares de la ciudad. Arcadio Morales y Agustín Palacios, a disgusto con la orientación eclesiástica episcopal que estaba tomando la Iglesia de Jesús, salieron de esta en octubre de 1872 e iniciaron una nueva congregación evangélica en “la 1ª calle del Cinco de Mayo” (corresponde hoy al tramo de esa calle ubicado entre Isabel la Católica y Motolinía).9

Al vincularse a principios de 1873 con los trabajos misioneros exógenos, Sóstenes Juárez tenía casi una década de haber iniciado su compromiso con la creación de núcleos cristianos de perfil protestante/evangélico. El desarrollado con el obispo John C. Keener no fue el primer contacto de Juárez con personajes extranjeros llegados al país con el objetivo de difundir el protestantismo.

A partir de 1864 Juárez tuvo contacto y relaciones de mutua colaboración con John William Butler, el representante de la Sociedad Bíblica de Londres. Desde enero de 1869 y durante algunos meses, quizá poco más de un año, Sóstenes fue respaldado por el misionero Henry C. Riley, quien de enero a octubre de 1869 contribuyó con el grupo que lideraba Sóstenes Juárez en San José el Real 21. Al mudarse el núcleo de Sóstenes Juárez a Betlemitas la participación de Riley continúó pero en menor intensidad, ya que el misionero decidió dedicar mayor esfuerzo a la tarea de hacer preparativos para publicar un periódico (La Estrella de Belén, que aparecería en marzo de 18970) y abrir un lugar para las reuniones de la Iglesia de Jesús.

Sóstenes Juárez estaba desarrollando su ministerio en la casona del callejón de Betlemitas, distante a pocas calles de la principal plaza pública de la ciudad de México, el Zócalo, cuando a principios de 1873 el recién llegado obispo John C. Keener le invita para unirse a los trabajos iniciales de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur. En ese tiempo Juárez tenía su domicilio en “la calle Nueva o de la Independencia (hoy 16 de Septiembre). Era viudo y no tenía hijos”.10

Antes de proporcionar mayores antecedente del obispo Keener considero pertinente tratar de dilucidar en qué parte del callejón de Betlemitas se reunía el núcleo evangélico de Juárez. Es probable que el domicilio de Betlemitas consignado en octubre de 1869 por El Monitor Republicano, y en el que Sóstenes Juárez ejercía liderazgo, fuese el mismo que más tarde, a partir de 1873, albergó una Iglesia presbiteriana en el número 8 del callejón de Betlemitas, con Arcadio Morales como su pastor.11 Por otra parte tampoco debe descartarse que los dos núcleos hayan ocupado números distintos en la misma calle.

Un anuncio hace que me incline por delinear que la congregación presbiteriana de Betlemitas 8 inició actividades en un lugar contiguo al de la célula encabezada, en la misma vialidad, por Sóstenes Juárez a partir de octubre de 1869 y hasta enero de 1873. El mencionado anuncio informaba: “Desde el domingo 27 [de julio de 1873] habrá cultos cristianos en el gran salón de Betlemitas número 8, los domingos a las diez y media de la mañana y a las cuatro de la tarde en el Dominical, y en la noche a las siete será el último culto del domingo. Los jueves también habrá un culto a las siete de la noche”.12 Según esta información, antes del 27 de julio de 1873 no hubo reuniones evangélicas en el callejón de Betlemitas 8 (esquina de las actuales Filomeno Mata y Tacuba, donde se ubica el monumento al primero). Las actividades de la congregación que pastoreaba Juárez habrían tenido lugar en Betlemitas 7, en algún salón del edificio que ocupaba la Sociedad Lancasteriana. Entonces la numeración de las propiedades era continua de un mismo lado de la calle.

Es importante retomar al personaje que logró la colaboración de Juárez para la causa de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en México. John C. Keener nació el 7 de febrero de 1819 en Baltimore, Maryland. Estudió en la Universidad Wesleyana de Texas. Su elección como obispo tuvo lugar en la Conferencia General de Memphis en 1870.13 En los días finales de 1872, el obispo Keener hizo el viaje de Nueva Orleáns a Veracruz en el “buque Tabasco”.14 Llegó al puerto mexicano el primero de enero de 1873 y a la ciudad de México el día 6 del mismo mes. Sobre la urbe a la que arribaba escribió: “El estilo de la arquitectura y la solidez de los edificios de la capital de México me asombraron. Al ir en coche de la estación [de ferrocarril] al hotel Iturbide [hoy Centro Cultural Banamex, en la calle Francisco I. Madero, Centro Histórico], me parecía una visión oriental, esa ciudad edificada en el interior del país, me traía a la memoria la ciudad de Florencia y la arquitectura de Miguel Ángel”.15

Antes que Keener había llegado el obispo Gilbert Haven, de la Iglesia Metodista Episcopal, quien desembarcó en Veracruz el 28 de diciembre de 1872 y para el 4 de enero del año siguiente estaba instalado en la capital mexicana, en el Hotel Gillow.16 Haven permaneció en el país tres meses, tras los cuales regresó a los Estados Unidos. Mes y medio después que John C. Keener, el 23 de febrero, arribó a la capital del país el obispó William Butler, quien al igual que Haven pertenecía a la Iglesia Metodista Episcopal.

En el buque Tabasco, Keener conoció a George W. Clarke, editor del semanario en inglés The Two Republics, que publicaba en la capital del país y cuyas oficinas estaban ubicadas en el número 5 de la primera calle de Plateros.17 Clarke puso en contacto a Keener con Christian Amadeus Breme (o Boheme), quien a su vez le presentó a Sóstenes Juárez.

Durante su primera visita el obispo John C. Keener dedicó sus esfuerzos a establecer un lugar para las actividades de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur entre la población mexicana. También apoyó a las congregaciones de habla inglesa existentes en la capital. Keener predicó en la recién organizada Iglesia anglo-sajona de México, cuyo pastor electo era el reverendo William H. Cooper, y que se reunía en el “salón de San Juan de Letrán”.18 El salón citado era el del número 12, primera sede de la Iglesia de Jesús, que abrió cultos en ese lugar a fines de marzo de 1870.19 También Keener encabezó un servicio unido de oración de los distintos grupos protestantes de habla inglesa que fue convocado para efectuarse el 2 de febrero en el “salón de la calle San José el Real, cerca de Cinco de Mayo”.20

El lugar al que acudió Keener habría sido el mismo en que se reunió la Sociedad de Amigos Cristianos/Sociedad Evangélica de Sóstenes Juárez por cinco años, de 1864 a 1869. En febrero de 1873 el obispo Keener asistió al salón que estaba en una planta alta de San José el Real 21. En la planta baja del domicilio hubo diversos giros comerciales, como la Librería e Imprenta J. F. Jens, que ocupaba los números 21 y 22 (entonces, como antes mencioné, la numeración era continua en un mismo lado de la calle).21 Una década después de la presencia de Keener en el antiguo lugar donde ministró Sóstenes Juárez, continuaba en los bajos del edificio la Librería e Imprenta J. F. Jens.22 La edificación fue ocupada, al menos a partir de 1888, por el Hotel Colón.23

El obispo Keener no hablaba adecuadamente español y para comunicarse fue importante la ayuda de Sóstenes Juárez, quien dominaba el francés y posiblemente comprendía algo de inglés. John C. Keener muy pronto tuvo buenos resultados en su búsqueda de comprar una propiedad que fuera destinada a las actividades eclesiásticas metodistas del sur. Adquirió la capilla de San Andrés, que formó parte del Convento Capuchino, y lugar donde fue “depositado el cuerpo de Maximiliano de Austria una vez traído de Querétaro, antes de embarcarlo para Europa”.24 El 27 de febrero de 1873 informaba los detalles de la operación:

Ayer pagué en efectivo y firmé los documentos para comprar la capilla [de San Andrés], con lo que ésta se constituye en el primer baluarte de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en el corazón de México. Tiene toda la apariencia de un Gibraltar cubierto de ceniza; acanterado y gótico que puede convertirse en un santuario para los tiempos de prueba […] Está situado en una esquina en la sección soleada de la calle […] Su costo real es lo doble de lo que pagué por la capilla y el lote adyacente juntos […] El terreno tiene paredes por los cuatro lados. Tan altos como la capilla, de modo que con una inversión mínima se techa, se pone piso y se anexa al santuario. La superficie total es de 55 por 66 varas [46 por 55 metros]. Desde que fue confiscada la propiedad ha estado a prueba. Su belleza se opacó un tanto, aunque conserva el mérito arquitectónico […] Ahora tendrá que repararse, se pintarán las paredes, se le pondrá piso nuevo, se arreglará el altar y se pondrá un púlpito adecuado. Todo de acuerdo con la fe de quienes vengan allí a adorar y a escuchar. Ahora sólo se necesita un predicador.25

La capilla estaba en la conocida como puerta falsa de San Andrés y el callejón de 1857. Hoy en ese lugar confluyen la calle de Donceles, Xicoténcatl y la cerrada del 57. San Andrés sirvió como lugar de reuniones tanto para la misión de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, la de Keener y Sóstenes Juárez, como de la Iglesia Metodista Episcopal, la de los obispos Gilbert Haven y William Butler, hasta que esta última tuvo su propio lugar, a partir del 25 de diciembre de 1873, para la realización de sus servicios en Gante número 5.

Tras un rápido acondicionamiento en la capilla de San Andrés iniciaron cultos metodistas el 30 de marzo de 1873. En el acto participaron líderes y feligresía de las dos denominaciones, las que después tendrían en el lugar servicios dominicales matutinos para los de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, y vespertinos para los de la Iglesia Metodista Episcopal.26

En 1912 el presidente Francisco I. Madero inauguró el Palacio de Comunicaciones, construido en donde estuvo la mayor parte del conjunto de San Andrés. El edificio es desde 1982 el Museo Naconal de Arte.

Poco antes de salir del país, el obispo Keener escribió (28 de marzo de 1873) algunas de sus impresiones acerca de los pobladores de la capital e hizo una comparación de la misma con urbes estadounidenses: “Me hallo a mí mismo, al abandonar esta tierra y gente, con ideas inmensamente corregidas y diferentes de aquellas con las que llegué”. Al adentrarse en el país imaginaba que “la gente sería ruda, pendenciera, mitad negra, turbulenta, incapaz de desarrollarse excepto lo más rudimentario a menos que fuera ayudada por medio de un proceso cristiano, y que el territorio estaría envuelto en incesantes revoluciones”.27

Al salir estimó que “en cuanto a la gente, 7 de cada diez personas tienen sangre indígena, uno de cada diez son de pura sangre española y no encontré un solo mulato o negro en la capital a no ser dos sirvientes importados por el cónsul americano, ni tampoco en el camino, excepto unos pocos en el puerto de Veracruz”. Y sobre la ciudad de México observaba que “en cuanto a capacidad y civilización, las cuales en muchos aspectos son altamente valoradas, esta gente puede sobrepasar a Boston en música, a Filadelfia en librerías y a Nueva York en bellas artes. Me duelo decirlo, pero es la verdad”.28

Al dejar el país, John C. Keener confió la obra en Sóstenes Juárez, pero unos meses más tarde enviaría para que estuviese al frente del trabajo a un personaje que había conocido en diciembre de 1872 en la Conferencia Anual del Oeste de Texas, y de quien líderes metodistas norteamericanos daban muy buenas referencias.

La persona recomendada fue Alejo Hernández, liberal que se enlistó en las filas combatientes contra la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Tras ser encarcelado por su oposición a la invasión extranjera, iniciar la lectura de literatura protestante durante su cautiverio y salir de este, Alejo Hernández viajó a Estados Unidos. En Brownsville, Texas, leyó la Biblia y tuvo nexos con una Iglesia presbiteriana. Ya converso al cristianismo evangélico, Hernández regresó a México por poco tiempo. De nueva cuenta volvió a Texas, y en Corpus Christi comenzó a congregarse en una Iglesia metodista.29

En 1871 la Conferencia Anual del Oeste de Texas, de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, ordenó diácono a Hernández. Después fue nombrado pastor asociado para ministrar en Laredo. Al año siguiente recibió la encomienda de ampliar sus trabajos entre la población texana de habla española. En la Conferencia eclesiástica metodista del oriente texano de 1872, Alejo Hernández conoció al obispo John C. Keener, quien estaba ultimando detalles para viajar a México.

Comisionado por Keener, Alejó Hernández se hizo cargo de la capilla de San Andrés a partir del 29 de junio de 1873.30 El pastor Hernández predicó en el cuarto (28 de diciembre de 1873) de los seis servicios especiales que con motivo de la apertura del templo metodista la Santísima Trinidad se realizaron a partir del 25 de diciembre de aquel año.31 En un nuevo viaje a México el obispo John C. Keener, de cuyo arribo dio noticia el periódico en francés editado en la capital,32 ordenó presbítero a Alejo Hernández el domingo 8 de febrero de 1874, en un servicio programado para iniciar a las tres de la tarde.33 Acerca de otro culto dominical, realizado una semana después de la ordenación de Hernández, Keener escribió que:

Esta tarde celebramos la Cena del Señor en la Capilla de San Andrés. Había presentes una buena compañía de mexicanos y personas de habla inglesa. El hermano [Alejo] Hernández predicó un sermón basado en Marcos [14:24]: “Esta es la copa del nuevo pacto en mi sangre”. Todos los ministros de las diferentes misiones (de la ciudad) estuvieron presentes. El señor Parkes, el señor Carter, el doctor Cooper, el doctor Butler, el hermano Daves, el hermano [Sóstenes] Juárez y el obispo Simpson se acercaron a la mesa. Yo consagré los elementos en inglés. Fueron administrados en español y la oración final fue en español, así como la alabanza congregacional. Muchos de los mexicanos se arrodillaron muy devotos en el altar y recibieron los sacramentos con mucha emoción, fue una ocasión quieta y bonita. Yo estaba gozoso de ver a los protestantes puestos de pie uno junto a otro en unidad […] Ellos están haciendo una buena obra, tienen largas audiencias para gente pobre, yo creo, la más pobre que haya visto en una iglesia en cualquier país.34

Alejo Hernández era el pastor de la capilla de San Andrés y Joel T. Daves el superintendente de la misión en México de la Iglesia Metodista Episcopal de Sur.35 Daves también apoyaba a las congregaciones de habla inglesa, como la que se reunía en el número 12 de San Juan de Letrán.36 Entre tanto Sóstenes Juárez continuaba colaborando para fortalecer la obra de los metodistas del sur, facilitando contacto con la red que lideraba desde los tiempos de la Sociedad Evangélica primero domiciliada en San José el Real 21, y después en el callejón de Betlemitas.

En el verano de 1874, solamente seis meses después de haber sido ordenado presbítero, Alejo Hernández tuvo un ataque de parálisis. Salió del país hacia Texas, donde murió el 27 de septiembre de 1875, “sus restos descansan en el cementerio de Corpus Christi”.37 A la salida de Hernández se hicieron cargo de las responsabilidades pastorales el misionero Joel T. Daves y Sóstenes Juárez.

En junio de 1874 surgió un punto a dirimir entre líderes protestantes mexicanos y los representantes de las misiones extranjeras. “Sóstenes Juárez y sus colegas decidieron formar una junta para ejercer control general sobre los intereses de las misiones”. Su objetivo “era proteger a los predicadores mexicanos de sus empleadores, de tal manera que éstos no pudieran seleccionar ni despedir a nadie sin antes presentar el caso a la junta, que sería la que decidiera en última instancia”.38 Por lo menos hubo una reunión para tratar el asunto:

Los misioneros William Butler [metodista episcopal], James [Joel] T. Daves [metodista episcopal del sur] y Merril N. Hutchinson [presbiteriano], encargados de las tres sociedades misioneras con sede en la ciudad de México, se presentaron puntualmente cuando fueron convocados por la junta encabezada por Sóstenes Juárez […] No obstante, Daves y Hutchinson, atemorizados por la confrontación, dejaron que Butler, que había adquirido una larga experiencia [misionera] en la India, dirigiera el debate. Éste contraatacó duramente el proyecto, subrayando que, a su juicio, era absurdo e impracticable desde el punto de vista de los intereses particulares de cada empresa misionera, ya que, por ser independientes unas de las otras, se encontraban en imposibilidad de aceptar el que cualquier institución decidiera por todas ellas. Al parecer, Juárez y sus colegas no tuvieron respuesta para oponerla al argumento y, así, propusieron sustituir la junta por una reunión periódica de todos en la que se buscara la edificación mutua.39

El obispo Butler, cita Bastian, consideró que con su intervención puso fin “al intento de [Sóstenes] Juárez de habilitarse como arzobispo de las misiones evangélicas en México”. Es oportuno señalar que hubo otros líderes protestantes mexicanos que manifestaron incomodidad con algunos pareceres de los misioneros. Fue el caso de Benjamín Pascal, ministro de la Iglesia de Jesús, quien señaló a Joel T. Daves desatinos en carta remitida al Christian Advocate y reproducida en parte en La Voz de México.40

En la misiva mencionada, Daves alegó que porciones y expresiones de su escrito fueron mal interpretadas, al reproducirlas fuera del contexto general de lo expresado por él.41 Por su parte Pascal arguyó que al hacer las aclaraciones, “debo decirle que no trato de elevarme a mí mismo y a lo que llama mi partido, porque no tengo pretensiones de ninguna clase ni existe antagonismo alguno entre nosotros, puesto que somos hermanos en una misma religión; también le diré que debí rechazar sus apreciaciones, porque tendían nada menos que a poner en duda nuestra sinceridad como protestantes, y nuestra dignidad como mexicanos”.42

Sóstenes Juárez combinaba labores eclesiásticas con las de su profesión como educador. Decidió darle más tiempo a las primeras, ya que problemas físicos le impedían continuar con ambas tareas. En junio de 1875 la Sociedad Lancasteriana le concedió una licencia de seis meses como director de su biblioteca, “con objeto de atender a su quebrantada salud”.43

Es importante aquilatar el peso educativo y cultural que tenía en México la Sociedad Lancasteriana en el tiempo que Sóstenes Juárez fungía como bibliotecario de la institución. La sede del organismo estuvo en una parte del ex convento de Betlemitas.44 Este ocupaba un área actualmente delimitada por las calles Cinco de Mayo, Filomeno Mata, Tacuba y Bolivar, en el Centro Histórico de la capital mexicana.

La extensa propiedad tuvo distintos usos después del decreto de las Cortes Españolas de 1820, cuando la orden de los Betemitas fue suprimida, “en 1829 sirvió el edificio de Escuela Militar, y hasta el 13 de febrero de 1861 de convento de monjas de la Enseñanza Nueva. El 9 de marzo del mismo año, se destinó una parte a escuela modelo de primeras letras y otra para la Compañía Lancasteriana”.45

Los logros del método lancasteriano de enseñanza fueron reconocidos de tal manera, que “veinte años después de su fundación, en 1842, el gobierno nacional entregó a la Compañía Lancasteriana la dirección de instrucción primaria de toda la República Mexicana”.46 El organismo tuvo la responsabilidad de enseñar las primeras letras y operaciones aritméticas a varias generaciones de estudiantes del país.47

Tras el triunfo de los liberales sobre el Imperio de Maximiliano, Benito Juárez entró victorioso a la ciudad de México, el 15 de julio de 1867, aquellos se dieron a la tarea de construir instituciones que reflejasen sus anhelos de transformar radicalmente al país. Una de sus prioridades estuvo en el terreno educativo, y pocos meses después, el 2 de diciembre, fue promulgada “la ley orgánica de Instrucción Pública”.48 Al iniciar el gobierno el plan de tomar en sus manos los distintos niveles escolares, los planteles lancasterianos comenzaron a declinar.

Todavía en 1870 la ceremonia de premiación a los estudiantes de las escuelas lancasterianas en la ciudad de México tuvo repercusión en la prensa. Ignacio Manuel Altamirano, él mismo integrante de la Sociedad Lancasteriana, reseñó lo que llamó “magnífico acto”, que se realizó en el Gran Teatro Nacional.49 Este fue construido en terrenos que fueron del convento y hospital de Betlemitas, y “se colocó la primera piedra el 18 de febrero de 1842”.50

La Biblioteca Popular del Cinco de Mayo, localizada en “la iglesia” del ex convento,51 en el callejón de Betlemitas número 7 (como la ubicaba todavía en 1883 un plano comercial),52 y patrocinada por la Sociedad Lancasteriana, conformó su acervó con varias donaciones, entre ellas “cien cajones de libros” duplicados procedentes de la Biblioteca Nacional.53 La Biblioteca Popular fue inaugurada el 16 de septiembre de 1870 por el presidente Benito Juárez, “a las cuatro de la tarde”.54 Daba servicio en días hábiles, “hasta las diez de la noche. El local está alumbrado con gas hidrógeno”.55

Un editorial periodístico describía la Biblioteca Popular como “excelente establecimiento […] un local amplio y gozando de buena luz, se presta de una manera satisfactoria a llenar su objeto. Vimos a varios ciudadanos ocupados en leer y aprovechando ya la proporción de instruirse que les suministra esta nueva biblioteca”.56

En la también conocida como Biblioteca del Cinco de Mayo tenían lugar otras actividades además del fomento a la lectura. Un ciclo de conferencias muy concurrido fue el de Historia política de México, en el que se anunciaba Ignacio Ramírez tendría a su cargo el “período comprendido desde antes de la Conquista hasta 1810. El señor [Ignacio Manuel] Altamirano desde la guerra de Independencia hasta 1853, y de la guerra de la Intervención y presidencia del señor [Benito] Juárez. Al señor Guillermo Prieto le toca el período que comprende la revolución de Ayutla y la guerra de Reforma, desde 1853 hasta 1861”.57 En cuanto a número de personas que usaban sus instalaciones, la Biblioteca Popular recibió en mayo de 1873 a 6 mil 356 visitantes que consultaron su catálogo y libros.58

La Sociedad Lancasteriana quedó disuelta en 1890, por decreto del presidente Porfirio Díaz.59 La Biblioteca Popular fue cerrada, “trasladándose los libros a la Biblioteca Nacional”.60 La dirección de la institución que tan efectivamente proveyó acceso bibliográfico a un gran número de lectores estuvo en sus primeros años, los de mayor esplendor, bajo la dirección de Sóstenes Juárez. Él dejó la Biblioteca del Cinco de Mayo, como se ha visto, en junio de 1875 para dedicarse de lleno a los trabajos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur.

En el tiempo de Joel T. Daves como superintendente de la misión fue remozada la ex capilla de San Andrés, y se hizo una nueva dedicación del lugar el 22 de agosto de 1875.61 Asistieron al acto 400 personas, mexicanas en su gran mayoría. Un buen grupo de asistentes debió quedarse fuera del recinto porque ya no había cupo dentro. El sermón fue predicado por Santiago Pascoe, “quien fue asistido en el servicio por el reverendo Sóstenes Juárez y el reverendo [José Elías] Mota”.62 La dedicación de la renovada capilla la realizó el pastor Joel T. Daves, que “predicó su primer sermón en español”.63 Sóstenes Juárez y J. E. Mota quedaron nombrados como pastores de la capilla, a la que desde entonces se le llamó El Mesías.64 Otra versión sostiene que fue tres años después cuando le pusieron al templo el nombre antes citado.65 El misionero Joel T. Daves debió regresar con todo y familia a Estados Unidos a finales de 1875, “porque en especial su esposa no pudo adaptarse a las condiciones climáticas del Valle de Anáhuac”.66

El obispo John C. Keener visitó por tercera ocasión la capital del país en febrero de 1876.67 Los pastores de la capilla de San Andrés/templo El Mesías, Sóstenes Juárez y Elías Mota informaron a Keener sobre el estado de la obra: “70 miembros, 30 discípulos en la Escuela Dominical y 65 educandos en las dos escuelas de niños y niñas establecidas en la ciudad de México”.68

Sin tener superintendente general propio, la supervisión de los trabajos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur quedó provisionalmente en manos del obispo William Butler, de la Iglesia Metodista Episcopal. Sóstenes Juárez continuó su pastorado en condiciones difíciles, y los resultados que de la obra había presentado en febrero de 1876 se modificaron dos años después.

La Iglesia Metodista Episcopal del Sur envió a un nuevo superintendente general, “el reverendo William M. Patterson, de la Conferencia de Memphis, arribó a la capital con su esposa y tres niñitas el siete de febrero de 1878”.69 Las “revoluciones políticas que azotaban al país, el fanatismo y la escasez de elementos dispuestos para el servicio mermaron seriamente a la obra durante esos veinticinco meses [sin superintendente propio]. De los halagüeños datos reportados en 1876 [por Sóstenes Juárez y José Elías Mota], sólo quedaban: siete miembros, dos ministros mexicanos (los antes mencionados) y las dos escuelas con muy poca población”.70

Por la reorganización de la misión Metodista Episcopal del Sur, Sóstenes Juárez fue enviado a León, Guanajuato; Elías Mota a Cuernavaca, Morelos, y quedó Francisco Escobar y Villegas como pastor en la ciudad de México. El primero de enero de 1879 vio la luz la publicación oficial creada por Patterson, El Evangelista Mexicano.71

A Sóstenes Juárez se debe la fundación o consolidación de congregaciones protestantes en diversos lugares del país. Por casi tres décadas —desde sus años de liderazgo en San José el Real, el traslado del grupo al callejón de Betlemitas y su vinculación con la Iglesia Metodista Episcopal del Sur a partir de enero de 1873 y hasta mayo de 1891— Sóstenes Juárez fue un personaje central para los inicios del cristianismo evangélico en, por ejemplo, la capital del país y distintas poblaciones del estado de México, Morelos, Puebla, Guanajuato y Aguascalientes.72 Su deceso tuvo lugar el 25 de mayo de 1891, en Aguascalientes, donde era pastor.73

Arcadio Morales, quien conoció a Sóstenes Juárez el 26 de enero de 1869 (la noche que aquel consideró la de su conversión), como líder de la Sociedad Evangélica de San José del Real, escribió una semblanza sobre su compañero de labores. En ella precisó información acerca de Juárez y su importancia como pionero del protestantismo mexicano. En la parte final quiso “hacer constar tres cosas”:

1ª. Que los primeros años que [Sóstenes Juárez] trabajó en plantar en México el culto evangélico, no percibía ninguna remuneración, se sostenía de su trabajo, aunque muy pobre, pero con suma honradez. 2ª. Que la piedad cristiana del señor Juárez se fue evidenciando más y más, a medida que se acercaba el final de su carrera, perdiéndose enteramente en él aquellos arranques de incredulidad que algunas veces nos disgustaron. 3ª. Que Juárez fue fiel hasta el fin, según dicen los testigos oculares de sus últimos momentos, y descendió al sepulcro en los brazos de Jesús, el único Salvador que por tantos años había predicado. La muerte sólo pudo bajarlo del púlpito para sentarlo en el lugar que Cristo le había ido a preparar diez y nueve siglos antes, y allí esperamos encontrarlo cuando entremos a la Jerusalén celestial.74

La capilla de San Andrés fue templo de la Iglesia Metodista del Sur de 1873 a 1899, año en que debió abandonar la antigua construcción debido a los planes urbanísticos modernizadores del régimen presidencial de Porfirio Díaz. La capilla era parte de un gran conjunto que incluía el Hospital de San Andrés, sobre la calle del mismo nombre (hoy Tacuba) y frente al majestuoso Palacio de Minería. El conjunto aludido “se ubicaba en el ángulo noreste de la capital […] tenía como límites: las calles de San Andrés (Tacuba), tercera del Factor (Allende), Puerta Falsa de San Andrés (Donceles) y Puente de la Mariscala (Aquiles Serdán)”.75

Cuando en febrero 1872 quedó cercenado el conjunto de San Andrés, el escritor Juan A. Mateos celebró que hubiese tenido lugar “la ceremonia patriótica que inauguró la apertura de la calle donde se levantaba la iglesia de San Andrés”.76 Un año después la nueva arteria cambia su nombre al de Xicoténcatl (que hasta el día de hoy mantiene), “en honor de Felipe Santiago Xicoténcatl, teniente del batallón de San Blas que defendió Chapultepec y falleció en la falda de dicho cerro protegiendo la bandera mexicana en el ataque norteamericano”.77 De un lado de Xicoténcatl quedó el edificio que años después fue sede de la Cámara de Senadores (de 1931 al 2011), del otro los restos del conjunto de San Andrés que paulatinamente iba decayendo.

El Hospital de San Andrés fue demolido en 1902, en pleno auge de la dictadura de Porfirio Díaz, para levantar en su lugar el Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, inaugurado el 25 de mayo de 1912 por el presidente Francisco I. Madero.78 La Iglesia Metodista El Mesías tuvo que cambiarse en 1899 de la que fuera capilla de San Andrés a una sección del Convento de San Diego, ubicado en la calle del mismo nombre (que hoy es José María Luis Mora), donde permaneció cerca de dos años.79 La Iglesia El Mesías inauguró su templo en el número 47 de Balderas el 11 de febrero de 1901, lugar en el que se encuentra en la actualidad.


Notas

1 El Monitor Republicano, 9/X/1869, p. 2; The Two Republics, 16/X/1869, p. 3.

2 La Iberia, 12/X/1869, p. 3.

3 Juan N. Enríquez Orestes, Juicio sobre la carta y conversión del P. Aguas, Imprenta F. Díaz y Santiago White, México, 1871, p. 21.

4 El Monitor Republicano, 22/IV/1870, p. 3.

5 La Voz de México, 30/IV/1870, p. 2.

6 Ídem.

7 El Siglo Diez y Nueve, 10/VII/1870, p. 1.

8 El Monitor Republicano, 22/VIII/1872, p. 3.

9 El Monitor Republicano, 22/X/1872, p. 3, Arcadio Morales, “Memorias”, El Faro, 15/VI/1947, reproducidas en Alberto Rosales Pérez, op. cit., p. 36.

10 Carlos Suárez Ruiz (coordinador), Libro histórico de la Iglesia Metodista “El Mesías”, conmemoración del centenario de su templo actual, Iglesia Metodista de México-Ediciones y Gráficos Eón, México, 2003, p. 19.

11 El Faro, 15/I/1899, p. 9.

12 El Siglo XIX, 25/VII/1873, p. 4.

13 Gustavo A. Velasco, op. cit., pp. 43-44.

14 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 18.

15 Ídem.

16 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 37; Gilbert Haven, Our Next-Door Neighbor: A Winter in Mexico, New York, Nelson and Phillips, 1875, p. 89.

17 The Two Republics, 4/I/1873, p. 1.

18 The Two Republics, 1/II/1873, p. 3.

19 La Estrella de Belén, 8/IV/1870, p. 6.

20 The Two Republics, 1/II/1873, p. 3.

21 La Iberia, 1/I/1875, p. 3.

22 http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~3380~330033:Plano-del-perimetro-central,-direct#

23 El Diario del Hogar, 13/I/1888, p. 3.

24 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 54.

25 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., pp. 20-21.

26 Ibíd., p. 21

27 The Two Republics, 24/V/1873, p. 1.

28 Ídem.

29 Gustavo A. Velasco, op. cit., pp. 51-54.

30 Ibíd., p. 53; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 21.

31 El Siglo XIX, 21/XII/1873, p. 4 y 29/XII/1873, p. 4.

32 Le Trait d’Union, 27/I/1874, p. 2. En la edición del 22 de febrero de 1874, p. 3, La Voz de México notificó la salida del país por parte de Keener.

33 The Two Republics, 8/II/1874, p. 3.

34 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 22.

35 El Monitor Republicano, 3/VI/1874, p. 3.

36 The Two Republics, 12/IV/1874, p. 3.

37 Gustavo A. Velasco, op. cit., p. 54.

38 Jean-Pierre Bastian, op. cit., p. 59.

39 Ibíd.

40 La Voz de México, 24/V/1874, p. 3.

41El Monitor Republicano, 3/VI/1874, p. 3.

42 El Monitor Republicano, 6/VI/1874, p. 3.

43 El Siglo Diez y Nueve, 8/VII/1875, p. 3.

44 El Águila Mexicana, 19/VIII/1825, p. 2.

45 Luis González Obregón, México viejo, época colonial. Noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres, Alianza Editorial, México, 1992, p. 375.

46 Dorothy T. Estrada, op. cit., p. 50.

47 María Isabel Vega Muytoy, “La cartilla lancasterianas”, Tiempo de educar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre 1999, pp. 166-167.

48 Josefina Zoraida Vázquez, “La República Restaurada y la educación, un intento de victoria definitiva”, en Josefina Zoraida Vázquez (Introducción y selección), La educación en la historia de México. Lecturas de Historia Mexicana, núm. 7, El Colegio de México, México, 1992, p. 95.

49 El Siglo XIX, 30/I/1870, p. 1.

50 Clementina Díaz y de Ovando, op. cit., p. 9.

51 Luis González Obregón, op. cit., p. 375.

52 http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~3380~330033:Plano-del-perimetro-central,-direct#

53 El Ferrocarril, 13/IX/1870, p. 3.

54 La Iberia, 16/IX/1870, p. 3.

55 La Voz de México, 8/X/1870, p. 3; El Ferrocarril, 1/XI/1870, p. 3.56 El Ferrocarril, 1/XI/1870, p. 1.

57 La Iberia, 1/III/1871, p. 3.

58 El Siglo XIX, 20/VI/1873, p. 3.

59 http://www.quadernsdigitals.net/datos_web/hemeroteca/r_47/nr_526/a_7343/7343.html

60 Luis González Obregón, op. cit., p. 375.

61 El Monitor Republicano, 21/VIII/1875, p. 4.

62 The Two Republics, 1/IX/1875, p. 3.

63 Ibíd.

64 The Two Republics, 8/IX/1875, p. 3; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 22.

65 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., pp. 22-23.

66 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 23.

67 El Monitor Republicano, 23/VI/1876, p. 2.

68 Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 23.

69 Ibíd., p. 24.

70 Ibíd.

71 Ibíd.

72 El Faro, 1/XI/1893, p. 166; El Abogado Cristiano Ilustrado, 1/VI/1887, p. 87.

73 El Faro, 1/VII/1891, p. 104; Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 27.

74 Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 1/XI/1893, p. 166.

75 Felipe Villela Dïaz, “Los templos de la Congregación El Mesías, 1873-2001”, en Carlos Suárez Ruiz, op. cit., p. 115.

76 El Monitor Republicano, 15/II/1872, p. 1.

77 Verónica Zárate Toscano, “La patria en las paredes o los nombres de las calles en la conformación de la memoria de la ciudad de México en el siglo XIX”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, materiales de seminarios, 2005. p. 10.

78 http://culturacolectiva.com/historia-del-museo-nacional-de-arte/

79 FelipeVillela Díaz, op. cit., pp. 121-122.

http://protestantedigital.com/magacin/38357/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_I

http://protestantedigital.com/magacin/38417/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_II

http://protestantedigital.com/magacin/38474/Nucleos_protestantes_en_el_centro_historico_de_la_ciudad_de_Mexico_18611873_III

Actas del Siglo XIX

conferencia_xix

Las siguientes estadísticas, nombramientos y actas de la Conferencia Fronteriza Mexicana, bajo la administración de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur de los EUA, fueron hallados por nuestro buen amigo el Rev. John Feagins, Pastor de la Iglesia Metodista Unida La Trinidad, en San Antonio, Texas. Son documentos redactados entre 1885 y 1899.

Su lectura nos ilumina con datos por demás interesantes acerca de la marcha de la obra en aquellos primeros años de la misión metodista en México. En un acta de 1885 aparece una mención de nuestro periódico con el nombre corto de El Evangelista, mientras que en otra del año 1887 podemos hallar una mención más con el nombre ya completo de El Evangelista Mexicano.

Las palabras de John al compartirnos estos documentos de un valor inigualable son las siguientes:

Estimado Hermano Bernabé,

Tuve la oportunidad de visitar los archivos de la Conferencia Rio Grande en la biblioteca de Perkins/SMU en Dallas. Tienen copias de las primeras Actas de la Conferencia Fronteriza Mexicana.  Están en condición delicada y me permitieron tomar fotos con el iPhone (sin flash).

Te mando los resultados – y me disculpo por la calidad, pero son relevantes.  En algunos se menciona El Evangelista Mexicano. Creo que con más tiempo y cuidado, se pueden hacer copias de mejor calidad.  

John Feagins

Las escrituras y la palabra “discípulo”

escrituras_discipulo

¿Qué significa la palabra DISCÍPULO?

Significado según el Diccionario Manual de la Lengua Española Vox, <Persona que recibe enseñanza de un maestro o que sigue estudios en una escuela> Recuerdo cuando en mi escuela me acercaba a mi maestro que estaba con otros maestros, y decía presento a mi discípulo. Pienso que en las escuelas, el día de hoy, se ha perdido ese sentido de reconocimiento entre un maestro y su alumno. El diccionario acota la siguiente expresión: <Jesús de Nazaret tuvo muchos discípulos, de los cuales doce fueron los apóstoles.

Pero pasemos a ver qué dice la Biblia sobre la palabra discípulo, en el Antiguo Testamento, se menciona una sola vez en Isaías 8:16 “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.” La palabra hebrea usada es muy interesante (limmud), que describe a alguien que ha sido instruido hasta adquirir una disciplina de vida. Esta palabra se deriva de un verbo radical hebreo (lamad), con un significado doble: enseñar y aprender. La mentalidad detrás de este significado doble es que nadie aprende si no hay quien le enseñe, pero tampoco nadie enseña sino logra que haya alguien que aprenda. A través de este comentario, notamos la idea de una cadena continua de transferencia de conocimientos, y de experiencia con Dios, para transformación de vidas. En el Nuevo Testamento el nombre común discípulo aparece en su forma masculina (mazetés), aprendiz, con su forma femenina (mazetría) y su derivado (symnazetés) condiscípulo. El verbo correspondiente es (mazeteyo), derivado del verbo (manzano): llegar a saber o a conocer, interrogar, buscar, adquirir una costumbre. Como es de esperar, el nombre complementario es (diskalos), maestro, instructor, preceptor. Derivado del verbo (didasko), instruir, aconsejar, al igual que el sustantivo (didajé), enseñanza. Como en el vocablo hebreo del AT ya comentado, no hay mazetés, si no hay didáskalos.

En el sentido más estricto de los términos, en nuestra querida Iglesia Metodista todos los metodistas debemos aspirar a ser discípulos de nuestro Señor Jesucristo, pero en el entendimiento que hay un solo Maestro: Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. En un sentido más amplio, el NT usa el término <maestro>, para referirse a lo que en el proceso de hacer discípulos hemos llamado <discipuladores>. Su labor tiene que ver con los conocimientos de Dios y su Palabra, pero tiene que ver mucho más con su experiencia con Dios en la ayuda de crecimiento hasta adquirir la madurez suficiente para ser un discípulo y comenzar a su vez a discipular. Muchas veces en las iglesias los discipuladores no se hallan entre los que más conocimientos teóricos o teológicos tienen, sino entre los que conocen mejor a su Dios y Salvador.

FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a) metodista te invito a que reflexiones sobre tu propia necesidad espiritual de crecer y madurar hasta el nivel de discípulo espiritual del único Maestro y convertirte en un discípulo multilplicador y en un discípulo colaborador. El discípulo no ha nacido de nuevo para tener una fe intelectual, sino andar en la verdadera fe para vivir la Palabra de Dios, y para crecer a la imagen y semejanza de nuestro Señor Jesucristo. Llamado a los líderes de nuestras iglesias locales, para invertir tiempo, mayores esfuerzos y recursos en esta labor que nos fue encomendada por Cristo, porque uno de sus mayores frutos es la libertad prometida por Cristo a sus discípulos, y para darles esa libertad, y ayudarlos a comunicarla, a través de la obra del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. El discípulo aprende a creer y vivir de noche sin titubear lo que Dios le ha dicho mientras era de día. La palabra clave es permanecer, te invito a leer Juan 8:31-36.

Tomado de la Biblia del discípulo y mi experiencia personal con Dios.

Hno. Cuau.

meneses

 

Obituario

ELI SAUL GUTIERREZ ZAGOYA

WP_20160131_001El sábado 30 de Enero de 2016, en la población de Tepetitla, Tlax., su lugar de nacimiento, falleció el hermano Elí Saúl Gutiérrez Zagoya víctima de un infarto. Durante el día domingo se tuvieron dos cultos de afirmación de la esperanza en la Resurrección y el lunes uno de Febrero uno más, antes de ser llevados sus restos al cementerio local.

El hermano Elí Gutiérrez sirvió toda su vida a Dios a través de la Iglesia Metodista, en el área de la Conferencia Anual del Sureste. Desempeñó varios cargos en comisiones locales, distritales y conferenciales, así como en organizaciones e instituciones de servicio de la iglesia.

Siempre acompañando a su fiel esposa Blanquita en su también destacada actividad dentro de las Sociedades Misioneras Femeniles. Familia miembro de la congregación del templo El Buen Pastor de la Col. Belisario Domínguez. Descanse en paz.

 “Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Cristo para esto murió, resucitó y volvió a vivir, para ser el Señor así de los muertos como de los que viven”    Romanos 14:7-9

Poética

01-poesc3adaPoesía Bíblica

En el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nomimagesbre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.

Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19 -salvo el número 30- poesías de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

 

Sobre el Antiguo Testamento

Amos

poética, amosAmós, boyero humilde, por Dios llamado un día

dejó el campo nativo y se marchó a Betel…

Allí anunció a su pueblo con singular hombría

los males que roían la entraña de Israel.

Por sus maldades, Tiro, Damasco, Edom y Gaza

serían castigados lo mismo que Moab,

e Israel la impía, que al pobre en fuego abraza,

sería destrozada lo mismo que Judá.

Un día, un sacerdote de pecho empedernido,

al rey envió mensaje diciendo que había oído

en labios del profeta palabras contra el Rey.

Amos al sacerdote: Mi Dios llamome un día

del pie de mis ganados, ¡oh mísero Amasías!

Por confesar su nombre sucumbiré en Siquem

Abdías

poética, abdías.Cuentan que una águila, desde empinada roca

miraba que un rebaño en garras de un león,

marchaba prisionero. Y con soberbia loca,

Ccarnero que escapaba mató sin compasión.

Después una paloma, al águila altanera

le anuncia que su nido cruel fuego lamerá,

en digna recompensa de la actitud grosera

como trató al rebaño en hora tan fatal.

¿Rebaño?: Los judíos marchando al cautiverio:

¿Paloma? ¡El profeta! Su vida es un misterio:

¿El águila altanera? Los hijos de Esaú.

Nos cuentan el gran Josefo que dicha profecía

cumplióse exactamente, como lo dijo Abdías,

un lustro solamente después que vio la luz.

Jonás

poéetica, jonás.Este profeta recibió del cielo

orden terminante de ir a predicar.

Pero la orden santa con hondos recelos

y muestras de miedo recibió Jonás.

Al mismo momento, buscando un navío,

hacia viento opuesto dióse a navegar…

El mar se enfurece, se torna bravío

y el cuerpo se traga del pobre Jonás.

Pronto se lo encuentra golosa ballena…

Después de tres días lo arroja en la arena

Y el profeta, entonces, marcha a predicar.

La tierra hoy sería un huerto de oliva

si contra los seres que el deber esquivan

fuera la ballena que encontró a Jonás.

Del Nuevo Testamento

San Pedro

poética, san pedro1La palabra profética fue faro

que en tenebrosa y aflictiva noche

hizo de luz clarísimo derroche,

hasta ese día, luminoso, claro.

Y a nuestras almas alumbró la estrella

de un nuevo día. Bajo dicha lumbre

vivan las almas en pía mansedumbre,

de Jesucristo en las radiantes huellas.

Las duras aflicciones soportemos

como hijos del Señor. En Dios tenemos:

consuelo, dicha, protección y paz.

El alma vive al sufrimiento uncida…

¡ay! es mejor para la humana vida

sufrir haciendo el bien, ante que el mal.