
La metafísica es considerada como la filosofía fundamental. Se ocupa de analizar al ser, qué son las cosas, qué propiedades tienen, los procesos de las cosas, y la relación que hay entre ellos.
Según la época histórica y el filósofo popular en turno, recibe diferentes nombres como filosofía ontológica (cuando se ocupa de las cosas que son); teología natural (estudio de Dios a través de lo que se conoce, o la naturaleza, sin misticismos ni artículos de fe); psicología racional (que se ocupa del alma o mente del hombre). La cosmología racional investiga el mundo en general.
Se dice que la metafísica es especulativa cuando parte de un principio supremo (como Dios), a partir del cual va interpretando y definiendo la totalidad de la realidad; e inductiva, cuando intenta a partir de las ciencias básicas, llegar progresivamente, a una imagen metafísica (mental y subjetiva) del mundo.
Se dice que es reduccionista (no empírica-inductiva, ni especulativa-deductiva) cuando se basa y parte de presupuestos para poder llegar a conocer las cosas y personas, y actuar ante ellas, de acuerdo a su conceptos.
Desde Aristóteles, Sócrates y Platón, se intenta contestar a las preguntas fundamentales de la existencia humana: ¿Qué es lo bueno, justo, valioso, etc.?, partiendo de presuposiciones universales cognoscibles (que se pueden deducir), por todos los humanos, independientemente de las características momentáneas, futuras, y casuales; y así, las ideas son el paradigma de las cosas.
En la metafísica, todo parte de la dualidad del ser y el no-ser. Aristóteles añade el concepto del Ser primero e inmutable, generador de todo lo demás (Dios). Platón además, pretende probar la posibilidad del conocimiento científico y del juicio imparcial, basado en que todos recordamos y tenemos la capacidad para traer a la conciencia las ideas eternas; y además tenemos la capacidad común a todos los humanos, de ser racionales.
Durante la época medieval, los temas centrales de la metafísica son la diferencia entre el ser terrenal y el ser celestial o esotérico (más allá de la realidad que se percibe por los sentidos); la doctrina de los trascendentales (que pasan más allá de esta realidad o mundo); y las pruebas de la existencia de Dios.
Dios es el fundamento absoluto del mundo, del cual no se puede dudar. Se discute si Dios ha creado el mundo de la nada (creación ex nihilo), y si es posible acceder a su conocimiento a través de la razón o sólo a través de la fe. Se aplica el dualismo del acá y del más allá, de la mera percepción sensible de lo material; y del pensar puro como conocimiento racional; y se desarrolla el concepto de una vida interior con trascendencia.
Kant intentó llevar a cabo un análisis detallado de la facultad humana de conocer, es decir, un examen crítico de la razón pura, de la razón desvinculada de lo sensible (Crítica de la razón pura, 1781-87). Por ello, concluyó que la metafísica tradicional no es posible, porque el humano no puede decidir racionalmente sobre preguntas centrales tales como si Dios existe, si la voluntad es libre, o si el alma es inmortal, pues no dispone de la facultad de formar un concepto basándose en la experiencia sensible de lo espiritual, que es la única que permitiría la verificación de las hipótesis metafísicas.
Como el pensar no dispone de ningún conocimiento de la realidad en este aspecto, estos asuntos siempre permanecerán en el ámbito de lo especulativo-constructivo. Él considera a la realidad como un acontecimiento espiritual en el que el ser real es superado, siendo integrado en el área del ser ideal.
El idealismo alemán apoya que en vez de entender la metafísica como la búsqueda de la obtención del conocimiento objetivo, se ocupa de las condiciones subjetivas de posibilidad de tal conocimiento. A partir de este planteamiento considera que puede superar la contradicción empírica entre sujeto y objeto, para poder captar lo absoluto e inmaterial.
Actualmente, la división entre el mundo sensible y el mundo inteligible, con su correlato cuerpo-alma, y la preeminencia del alma perdurable, sobre el cuerpo finito, asegurada por la teoría de las ideas, sitúa el mundo real más allá de los sentidos.
Martin Heidegger dijo que en nuestra época la metafísica ya fue cumplida; y que el pensamiento metafísico ya no puede dar cuenta. Ante esto, la potencia del pensamiento consiste precisamente en conocer e intervenir sobre lo conocido. Pero el pensamiento metafísico carece ya de potencia ya que ha rendido sus últimos frutos.
Sólo el estudio atento y la modificación consciente y rigurosa de las herramientas proporcionadas por la tradición filosófica, pueden ajustar la potencia del pensamiento a las transformaciones operadas en aquello que la metafísica estudiaba: el ser, el tiempo, el mundo, el hombre, y su conocer.
Pero esa modificación supone a su vez, un salto que toda la tradición del pensamiento ha escenificado, ha fingido o soñado dar, a lo largo de su desarrollo. Es un salto fuera de la metafísica, y por tanto, quizá la revocación de sus consecuencias.
Sería a partir de los años veinte cuando en el círculo de Viena, se ofrecería una crítica total a la metafísica como un conjunto de proposiciones carentes de significado, por no cumplir con los criterios verificacionistas del significado. No obstante esta posición es hoy minoritaria en el panorama analítico, donde se ha recuperado el interés por ciertos problemas clásicos de la metafísica como el de los universales, la existencia de Dios, y otros de tipo ontológico.
El punto de vista cristiano evangélico, es que desde el momento en que a partir de la invención de la imprenta (1450), la traducción de la Biblia a más de 2,500 idiomas, y la difusión universal de la misma por los medios de comunicación masiva, como la internet, consideramos, como una muy superior alternativa a las elucubraciones infructuosas de la metafísica, hacer el análisis del ser humano, la naturaleza, y la causa primaria de todas las cosas en Dios, a la luz de la Biblia, la infalible Palabra de Dios, que además, da una respuesta y solución satisfactoria y realista, a las preguntas fundamentales, y trascendentales del humano.
Mientras que la filosofía y la ciencia siguen modificándose, corrigiéndose, y enriqueciéndose, gracias a la enorme cantidad de conocimientos que se han agregado y hecho universales, sobre todo en los últimos 150 años, las verdades de la Biblia siguen inmutables e infalibles, y lo único que la ciencia les ha contribuido, es que a final de cuentas, la ciencia siempre termina concluyendo que la Biblia tenía razón, pues jamás se ha hecho un descubrimiento que desmienta o contradiga en forma incontrovertible, al texto sagrado.
En conclusión, para todo ser humano, tarde o temprano, la alternativa que debe escoger, para encontrarle sentido a la existencia, el cuerpo, el alma y el espíritu, es: o decidir, como en la metafísica, darle a la falible y limitada mente humana la autoridad final; o darle la autoridad final al omnisciente, sabio, y omnipotente Creador, revelado en la Biblia.

