
Cuando enseñamos y predicamos sobre la “Gran Comisión” nos remitimos al texto bíblico de dos grandes mandamientos: Marcos 16:15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” y Mateo 28:19,20 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Sin embargo en Génesis 1:26-28 encontramos el plan de Dios para el hombre que es la multiplicación; las primeras palabras que Dios hablo al hombre fueron: v. 28 “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra….”
Este mandamiento es producir fruto y producir vida, eso se llama fructificad. En el proceso de formar discípulos cuando yo presento plan de salvación, estoy fructificando; cuando el nuevo creyente presenta el plan de salvación, yo me estoy multiplicando y cuando otros presentan plan de salvación, yo empiezo a llenar la tierra. Dios nunca ha cambiado el plan de reconciliar al mundo con ÉL, porque es su voluntad primaria, porque el fructificar es producir fruto, el multiplicar es multiplicar ese fruto y el llenad la tierra es alcanzar a todo el mundo; y la Biblia declara que el pecado del hombre pasa hasta la tercera y cuarta generación, pero también pasa la bendición. Esa misma comisión fue dada a Noé (Génesis 9:1), y a la nación de Israel a través de Abram (Génesis 12:1-3), Isaac (Génesis 26:4) y Jacob (Génesis 28:3). Entonces podemos declarar que la “Gran Comisión) que Dios nos dio fue: FRUCTIFICAD, MULTIPLICAD y LLENAD LA TIERRA y en este proceso de transformación Israel dio como fruto al Señor Jesucristo. La promesa se sigue cumpliendo; Dios sigue bendiciendo a quienes bendigan a la descendencia de Abram y recordemos que el descendiente por excelencia de Abram es el propio Jesucristo en el cual son benditas todas la familias de la tierra.
Recordemos el legado espiritual que nos dejó Juan Wesley cuando nació la Iglesia Metodista en Inglaterra; Juan Wesley fue un maravilloso discípulo de Jesús; en una conferencia anual que se llevo a cabo en la ciudad de Bristol les dijo a los ministros y laicos: “UNA SOLA COSA DEBEN HACER, GANAR ALMAS” y la Iglesia Metodista creció y predicaba a miles de personas, y cuando reconoció el señorío de Jesucristo en su vida declaro: HE DECIDIDO SER UN CRISTIANO BÍBLICO COMPLETO QUIEN ME QUIERE SEGUIR.” También comparto con ustedes mis queridos hermanos(as) mi convicción sobre la obediencia a Dios: Debemos ser obedientes a la Palabra de Dios en su totalidad y debemos ser obedientes a los mandamientos de nuestro Señor Jesucristo para toda la vida. También tengo la convicción de que nuestra querida Iglesia Metodista debe dar testimonio de ser una Iglesia de una gran visión, de grandes oraciones y de obediencia a grandes mandamientos. La Biblia declara cuatro grandes mandamientos: Amar a Dios sobre todas las cosas, amar a nuestro prójimo, id y predicad el evangelio e id y haced discípulos y es el reto que como Iglesia y miembros en plena comunión tenemos el día de hoy, para evangelizar, formar discípulos y llenar la tierra de gente santa, para la honra y gloria a nuestro Dios y Señor.
FE EN ACCIÓN: El legado que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos fue la “Gran Comisión”, varios siglos después, la estafeta paso por nuestra querida Iglesia Metodista a través de Juan Wesley y este legado lo debemos recibir el día de hoy con disciplina, compromiso y obediencia para producir fruto y que ese fruto permanezca para la honra y gloria de nuestro Dios y Señor. Como Iglesia deseamos crecer, pero para ello, debemos retomar el modelo bíblico que Dios nos da en su Palabra para tener crecimiento: “Id y predicar el evangelio a toda criatura.” “Id y haced discípulos a todas la naciones” Recordemos las palabras del Apóstol Pablo: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Querido hermano(a) atrévete a ser diferente en este mundo y decide entregarle tu vida al Señor Jesucristo y cumple con las tres demandas que le da a todo el que quiere ser su discípulo en Lucas 9.23 “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz cada día y sígame.”
(Mi experiencia personal como discípulo de mi Señor Jesucristo. Hno. Cuau)

