
NUEVOS CREYENTES, SU SEGUIMIENTO Y LA CONSERVACIÓN DE LA NUEVA CRIATURA.
El niño recién nacido no puede valerse por sí mismo; carece de pensamiento lógico y de capacidad para decidir. Sería el más desvalido de los seres de la tierra si no existiera una relación continua y especial con sus padres, en especial con la madre. En esa relación va creciendo y desarrollándose hasta convertirse en un adulto capacitado para hacer con sus hijos lo que hicieron sus padres con él. Lo que sucede en el mundo físico también se produce en el mundo espiritual. Pablo en 1Timoteo 3:6 declara “no un neófito..”, llamaba neófitos (en griego <plantas tiernas>) a los que acababan de nacer de nuevo. Desde ese mismo momento comienza un crecimiento que nunca termina y que lo debe llevar de neófito a discípulo y de discípulo a discipulador. Su desarrollo espiritual se produce en un medio adecuado: la iglesia de Cristo, esta institución que es la familia de Dios, en donde somos llamados hijos de Dios y Cristo es el primogénito (Efesios 2:19), el edificio del cual ellos son las piedras vivas y Cristo la piedra angular (1Pedro 2:5,6) y el cuerpo del cual ellos son los miembros y Cristo la cabeza (Romanos 12:5; 1Corintios 10:17; 12:27;Efesios 1:23; 3:6; 4:4,16, Colosenses 1:18).
Pero, este proceso de crecimiento no lo podemos hacer por nuestros propios medios debido a nuestra naturaleza caída. Sin embargo Cristo no nos dejo solos (Juan 14:18), sino que nos envió a su Espíritu Santo (v17). Este no solo mora en nosotros, sino que está en nosotros, de modo que podamos andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados (Efesios 4:1). Gracias a ÉL, podemos ir creciendo y desarrollándonos en el seno de su Iglesia, y siendo testigos de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, ante un mundo sumido en las tinieblas y esclavizado por el poder del pecado. Así será, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).
Lo primero que necesita el nuevo creyente es un fundamento sólido sobre el cual edificar la humildad, Jesús dijo: “Ser como Yo manso y humilde”, a fin de echar abajo todo lo que no esté de acuerdo con ese fundamento y con la tutoría personal y colectiva que solo puede recibir en una iglesia local con fuertes raíces bíblicas. Este proceso no se puede dejar para después, como tampoco se puede posponer la alimentación de un infante. Es necesario que nuestra querida Iglesia Metodista comience de inmediato a apoyarlo, instruirlo y sostenerlo en sus luchas, y que el comience también de inmediato a recibir en mansedumbre, humildad y sumisión lo que le quiere enseñar el Espíritu Santo. Esta labor que algunos llaman: Seguimiento o conservación de resultados de la evangelización, es el comienzo del discipulado, y sus bases son: 1) El conocimiento de la Biblia; 2) El establecimiento de una comunión genuina con Dios mediante los dos medios de gracia, meditación de las escrituras y la oración y 3) La confraternidad con los hermanos o la comunión (en griego <koinonía>) con otros creyentes.
FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a), Cristo cuenta contigo, para iniciar en los recién convertidos de tu congregación, su proceso de crecimiento en la formación de discípulos espirituales, tengan paciencia, perseveren y recuerden EL DISCIPULADO BÍBLICO CONSISTE EN INVERTIR LA VIDA EN LA DE OTROS. UN VERDADERO APOSTOLADO.
Que Dios les bendiga y les guarde de todo mal.
Tomado de la Biblia del Discípulo y mi experiencia personal con Dios.
Hno. Cuau.

