Capsulas de Discipulado

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EL CRECIMIENTO EN LA FE Y EL AMOR.

Hay algunas cosas que los líderes de las iglesias y los discipuladores a cargo de los nuevos creyentes deben tener en cuenta:

  1. Todos trabajamos para el Reino y no para establecer nuestro propio reino. Ante una situación de este tipo, Pablo proclamo: “Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1ª Corintios 3:6,7). Esto también puede entenderse que la persona que discipulamos debe sentirse en libertad de integrarse a la congregación donde sienta y entienda que es llamado por Dios, para servir en la obra del ministerio, aunque no sea nuestra iglesia.
  1. El Espíritu Santo es el que dirige nuestros esfuerzos. Los métodos humanos son útiles siempre que sean los que Dios indique que se utilicen. En la labor de discipular se aplican los mismos principios bíblicos: Isaías 35:8,9 “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea no se extraviará. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.”  Dios es el soberano y nosotros sus siervos.
  1. Nadie puede dar lo que no tiene. El discipulado cristiano es una relación de maestro a alumno, basada en el modelo de Jesús y sus discípulos, en la cual  el maestro reproduce en el nuevo creyente, la plenitud de vida que él tiene en Cristo, en tal forma que el discípulo se capacita para adiestrar y enseñar a otros. El que está realizando la labor de discipulador tiene la gran responsabilidad de mantenerse en una estrecha comunión con Dios y ser ejemplo de un estilo de vida diferente que le agrade a su Dios y Señor.
  1. Dios ya ha puesto en nuestras manos el gran “Manual del Discípulo”; la Biblia. Las sagradas escrituras inspiradas por el espíritu de Dios son nuestra norma infalible en cuanto a creencias, estilo de vida e integridad y moral. No solo son una guía para llevarnos al cielo, sino que tiene que ver de forma práctica y directa con nuestra vida en la tierra. Por eso el primer deber del discipulador es lograr que el discípulo se enamore de las Escrituras e instruirlo de modo que pueda hallar a Dios en ellas.
  1. Dios ya ha puesto a nuestro alcance el mayor de los recursos (medios de gracia). Conocer personalmente a Dios que es amor (1Juan 4:8), es sentir deseos de amarlo y de amar a los demás, y en esto se resume toda su ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Jesús en Mateo 22:37-39). El amor se cultiva con la relación, conversación y la identificación. El mayor de los recursos.; lo llamamos oración y la Palabra. Necesitamos orar y enseñarle al nuevo discípulo a orar sin cesar (1 Tesalonisences 5:17) y a amar la Palabra de Dios.
  1. Dios no nos ha dejado solos, ni huérfanos. Eso les aseguro Jesús a los primeros discípulos y nos lo asegura a nosotros el día de hoy. Es necesario que yo me vaya para que descienda el Espíritu Santo sobre vosotros, que es igual que el mismo vendría a nosotros (Juan 14: 17,18). Y nos hizo miembros de su cuerpo, que es la iglesia, la cual tiene sus manifestaciones visibles en las iglesias locales, grupos de creyentes que tiene el deber y el privilegio de amarse y apoyarse mientras avanzan juntos en el Camino, (Juan 14:6; Hechos 9:2; 18:26; 19:9,23; 22:4; 24:22).
  1. La relación con Dios es personal y colectiva a la vez. La mentalidad del mundo ha acostumbrado a las personas a una religiosidad de tipo cultural (Pertenezco a esta religión porque es la que se practica en mi nación), o de tipo familiar (Soy de esta religión porque eso fue lo que me enseñaron mis padres y debo serles fiel). Por supuesto, esta fidelidad ciega a la fe de los antepasados tiene muy poco valor ante Dios. Es como si los hebreos hubieran rechazado la libertad que Dios les ofrecía por medio de Moisés, debido a que querían seguir viviendo esclavizados como vivieron sus padres y abuelos. Pero el que ha nacido de nuevo en el evangelio de Jesús, necesita comprometerse con las creencias recibidas, a fin de creerlas y hacerlas suyas si es que están de acuerdo con la Palabra de Dios o rechazarlas si no lo están. Debemos tener siempre presente que la persona que nace de nuevo, no nace solo para citar textos bíblicos de memoria, ni asistir a las actividades de la iglesia como rutina y para que lo vean. Nace de nuevo para vivir la Palabra de Dios y plantar el Reino de Dios dondequiera que se encuentre. Una de las enseñanzas más básicas, y que sirve de fundamento a todo lo que se construya sobre ella, es el principio de que no se trata de una religión recibida de otros seres humanos y aceptada sin analizar y sin razonar, sino de una relación de amor, real, personal y verdadera, que Dios ha querido establecer con cada uno de nosotros y a muy alto precio.

Una vez aceptadas, necesitamos mantenernos firmes en su “profesión” (Hebreos 3:1; 4:14, 10:23) y “confesión (Filipenses 2:11; Hebreos 13:15; 1Juan 1:9; 2:23; 4:2; Apocalipsis 3:5). Estas relaciones genuinas, nacidas de un acto voluntario, y después de un acto de obediencia voluntario y terminando en un acto de fe, por parte del creyente, son las que lo llevan a establecer relaciones estrechas con quienes sostienen su misma profesión de fe, a fin de amarse, apoyarse, sobrellevar los unos las cargas de los otros y cumplir así la ley de Cristo (Gálatas 6:2). Además debe integrarse con la familia de Dios, con el propósito de alabar y adorar a Dios único y verdadero, aprender de su Espíritu como único Maestro y buscar con pasión las almas pérdidas donde quiera que se encuentre para ofrecerles la única salvación.

FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a) el proceso de formación de discípulos espirituales siempre debe basarse en relaciones fuertes entre el discipulador y el discípulo, porque no se trata solo de estudiar las disciplinas espirituales de las que ya hemos hablado, sino también de un ministerio de edificación y transformación que da vida a estas relaciones. Como discípulos del Señor Jesucristo tenemos la responsabilidad de vivir la vida cristiana con dignidad como ejemplo para el discípulo, tratando de mirarlo invariablemente con los ojos de Cristo, y de entenderlo con el modo de pensar de Cristo. Recuerde querido hermano(a) CRISTO CUENTA CONTIGO. 

-Tomado de la Biblia del Discípulo 

  y mi experiencia personal con Dios.                 

  Hno. Cuau.

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