Las Religiones Arcaicas

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Llamamos religión, sea cristiana o no, al conjunto de dogmas, ritos, ceremonias, formas de adoración y alabanza, que se practican con el fin de relacionar al ser humano con el ser supremo, buscando recibir su aprobación y favores. Así, la religión es el esfuerzo del hombre por religarse (establecer una comunión saludable y benéfica) con su Dios o dioses.

El concepto de un Dios creador está innato en el humano. Desde su origen y en todas las culturas antiguas de los 5 continentes, quedaron por escrito múltiples versiones distorsionadas por la trasmisión oral a través de los milenios, de la deidad, el origen del universo, el mundo, los seres vivos, y el humano. Todos, como producto de un acto de creación.

Así, está comprobado que aunque el concepto del Creador, su voluntad, propósito, y planes para el mundo y el humano, en esta vida y en la futura, se han distorsionado enormemente, nunca se perdió totalmente, sino que se perpetuó, desde Adán y Eva, y a través de las generaciones. Además, que ahora, desde los libros de Moisés (el Pentateuco), se conserva la versión oficial de parte de Dios, sobre el origen de todas las cosas, en forma veraz, y corregida a su verdad original, en la Biblia.

Nunca, ni en los sitios más remotos y más aislados de las selvas o pequeñas islas, se ha encontrado una sola cultura primariamente atea. Los antropólogos aceptan que todo ser humano, en forma innata, busca en la religión relacionarse con el ser supremo al que sabe que debe adorar, y al que ha de darle cuentas de su conducta. Además, es en la religión, que el humano busca la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, su origen, razón de ser, y trascendencia más allá de esta breve existencia terrenal.

Fue así que alrededor del 1,500 a.C., con el Pentateuco, y el resto de los 66 libros canónicos (inspirados por el Espíritu Santo), escritos en los siguientes 1,600 años, por unos 40 escritores, todos judíos, menos Lucas que era griego, que quedó por escrito todo lo Dios decidió que quedara por escrito y sin error, todo lo que Él decidió que quedara por escrito sobre el pasado, presente, y futuro del mundo y sus criaturas.

Las religiones cristianas se organizan como escuelas, sanatorios, y cuarteles en las artes espirituales, con el fin de enseñar a sus feligreses, cómo vivir como cristianos en un mundo no cristianos; y cómo ser cada día un mejor hijo, siervo, ministro e instrumento de Dios, en un mundo hostil, en el que para ser feliz, hay que necesario depender cada día más de la providencia divina, y con su ayuda, protección, y capacitación sobrenatural, dominar cada vez más, el arte de vivir en victoria contra las fuerzas del mal y satanás, que no tiene otro propósito que hurtar, matar, y destruir nuestra felicidad, integridad y vida.

En las religiones cristianas evangélicas, también se aprende cómo recibir de parte del Padre Celestial, por gracia (o sea gratuitamente), y por la fe en Jesucristo, el paquete completo de la salvación (el nuevo nacimiento, la regeneración espiritual, la redención de la esclavitud del pecado, la capacitación para vivir una vida santa y victoriosa, y la esperanza de la santificación, perfección, resurrección, glorificación, y vida eterna), pues una de las pocas cosas seguras en este mundo, es que sea en un día o más de 100 años, todos, hagan lo que hagan, necesariamente se enferman, deterioran, y mueren.

Por muchas diferencias estructurales, administrativas, rituales, y formas de culto que tengan, el único fundamento seguro de todas las religiones cristianas evangélicas, es la Biblia, y su fe en Jesucristo como el único Gran Dios y Salvador de los humanos.

Las religiones pseudo-cristianas, sólo se apoyan parcialmente en la Biblia, pues distorsionan las enseñanzas bíblicas de acuerdo con sus otros libros sagrados, sus tradiciones, y las enseñanzas no bíblicas de sus profetas o líderes. Así, no creen que la Biblia es la única revelación infalible de parte de Dios, y la última autoridad en asuntos de fe; otros no creen que Jesucristo es Dios; o que la salvación es exclusivamente por gracia, independientemente de la religión cristiana a la que pertenezcan; y algunos más, no creen en el cielo y en el infierno.

Las religiones no cristianas, basan sus concepciones de la deidad, la moral, y la vida más allá de la muerte, teniendo como fundamento, sus tradiciones, las enseñanzas de sus líderes religiosos, y lo que interpretan que la naturaleza les revela sobre el Creador.

Se sabe que todas las religiones del mundo hasta nuestros días, con sus múltiples ramificaciones, surgieron a partir de una base común en las llamadas “religiones arcaicas.” Así, todas las religiones se pueden organizar y agrupar en dos grandes ramas, a partir de las cuales aparecieron a lo largo de la historia, las demás variantes antiguas y presentes.

Primero, en el extremo Oriente, se desarrollaron las religiones místicas, de las que se desarrolló el Hinduismo, cuyas raíces datan de alrededor del 3,000 a.C. (la época postdiluviana); y más recientemente, el Budismo, fundado por Siddhartha Gautama (Buda), alrededor del siglo V a. C.

Estas se caracterizan por el valor absoluto que atribuyen a la experiencia personal e interior de su unión con su concepto de la deidad. Actualmente hay múltiples versiones de estas. Todas son idólatras, politeístas o panteístas (que la deidad está en todo y todo es parte de la deidad). Al respecto, la Biblia dice que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los humanos que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

Porque las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas (la naturaleza), de modo que no tienen excusa. Así, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos (y filosofías). Su necio corazón fue entenebrecido, y profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios espiritual, invisible, inmenso, eterno, omnipotente, omnisciente, omnipresente, sabio y misericordioso, e incorruptible, en semejanza de una imagen muda, sorda, inánime, e impotente, de humanos corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles (Ro. 1:19-21).

También en el Medio Oriente, aparecieron las religiones monoteístas (con un solo Dios), y de tipo profético, o sea, basadas en las revelaciones de Dios a través de los grandes profetas de Israel (1,500-400 a.C.), o en las supuestas profecías comunicadas por Zoroastro (Zaratustra: 628-551 a. C.), en Persia; y Mahoma (575-632 d. C.), en Arabia.

El Islam (Mahometismo), basado en el Corán escrito por el profeta Mahoma, da referencias distorsionadas sobre Abraham y los profetas de los judíos. El Islam erradicó prácticamente por completo la religión de Zoroastro, el Mazdeísmo (Zoroastrismo), que sólo sobrevivió varios siglos más, en la isla de Ormuz, Persia, y en Bombay India.

La principal y primera religión profética y monoteísta es el Judaísmo, que se inicia con el patriarca Abraham (2,000 a.C.), y que se basa en unos 613 principios que son llamados preceptos, estatutos, decretos y mandamientos de Dios escritos primero por Moisés, en el Pentateuco o la Torá, y después confirmados (hasta 400 a.C.), en el resto del Tanaj (el antiguo Testamento de Biblia actual, que se complementó con los 23 libros canónicos inspirados por el Espíritu Santo), escritos después de la resurrección de Jesucristo y durante el primer siglo de la era cristiana por algunos de sus apóstoles y discípulos. Fue así que, después de la destrucción del segundo templo de Jerusalén, se originó por un lado, el cristianismo, y por otro lado, el judaísmo rabínico actual (sin templo ni sacrificios expiatorios).

La Biblia enseña que gracias a los judíos, el pueblo escogido por Dios, ahora todos podemos saber la verdad sobre Dios y su revelación, pues de los Israelitas son la adopción, la gloria, el pacto, la ley mosaica, el culto, las promesas, los patriarcas; y además, de su genealogía fue que vino Jesucristo, el Mesías prometido, y único Dios verdadero y nuestro Salvador (Ro 9:4-5).

Fue gracias a los escribas y masoretas (escribamos) judíos, que en forma milagrosa y a través de unos 3 mil años, y hasta la invención de la imprenta por Juan Gutenberg en 1450, se conservó por escrito, en forma extraordinariamente cuidadosa, la revelación escrita de Dios, en miles de copias en papiros y pergaminos perecederos, pero aún disponibles por miles (hay disponibles, más de 3,000 manuscritos de libros y porciones del antiguo Testamento, y 5,000 manuscritos de libros y porciones del Nuevo testamento).

El cristianismo, más que una religión dominguera, es un sistema de vida diario, y existe y está disponible para todo el que lo quiere practicar, gracias al esfuerzo de Dios, por reconciliar al ser humano consigo mismo, a través de una relación personal con nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo, el verdadero Dios, Salvador y Creador del mundo.

Pero hay miles de religiones cristianas evangélicas, que aunque son organizaciones humanas, terrenales y temporales, susceptibles de perfeccionamiento y de caer en error; tienen como propósito enseñar y capacitar a los cristianos, para vivir en victoria en un mundo no cristiano, fundamentándolos en la Roca que es Jesucristo, y en su sana doctrina bíblica.

En resumen, las doctrinas fundamentales de los cristianos evangélicos son: 1. Cristo es Dios. 2. La Biblia es la única autoridad en asuntos de fe y doctrina, y la única revelación infalible de Dios. La salvación es por gracia (gratuita, con solo sinceramente, creer, aceptar, recibir, y confesar a Jesucristo como Salvador personal). Hay vida perdurable después de la muerte: En el cielo y la gloria, para los salvos, por la fe en Jesucristo; o en el infierno para los que imprudente y neciamente, rechazaron la oferta gratuita de Salvación por los méritos del sacrificio propiciatorio (suficiente, sustitutivo y aceptable delante de Dios), por nuestros pecados.

Quien no acepta una sola de estas cuatro doctrinas fundamentales, no es ni cristiano, ni salvo, ni hermano en la fe de Jesucristo. Así, por muchas diferencias no trascendentales (que nadie se salva ni se condena por practicarlas o no), en sus formas de gobierno, adoración, alabanza, ritos y ceremonias, todas las religiones cristianas evangélicas, mantienen unidad en lo esencial: en el Espíritu, en la misma esperanza de la vida eterna; y en un solo Señor (Jesucristo), una fe (la salvación por gracia), un bautismo, y un solo Dios y Padre de todos (Ef. 4:3-6). AMEN.

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