
¡Felicidades! Usted, como maestro y líder de una célula (grupo pequeño de estudio bíblico, evangelización y discipulado), ha aceptado uno de los retos más gratificantes que hay en este mundo y una de las más grandes bendiciones que puede haber en la vida cristiana: Ministrar evangelizando, discipulando y enseñando la sana doctrina a otros.
No hay mejor manera de afirmar los conocimientos y aprender más, que enseñando. Hay muy pocos otros ministerios que permiten, tan objetivamente, gozar la satisfacción legítima del deber cumplido, y la bendición de poderse, al final de la jornada, presentar ante Dios aprobado, como obrero y siervo útil de Dios, que no tiene de qué avergonzarse y que usa bien la Palabra de Verdad, que es la Biblia.
Le quiero sugerir algunos consejos prácticos que le ayudarán a optimizar el tiempo de reunión y a mantener al máximo, la atención y cooperación de los discípulos. Eso es lo que le corresponde a usted: Sembrar en las almas listas, dispuestas y disponibles para recibirla, la simiente preciosa de la Palabra de Dios, usando sus mejores recursos, métodos y conocimientos. Lo demás, lo milagroso, que es que a su tiempo, esa simiente bendita caiga en tierra fértil, se arraigue, crezca y de fruto, le toca a Dios.
Recomendaciones:
- Procure prepararse durante la semana, con oración, lectura disciplinada de la Biblia y un estudio adecuado de la lección.
- Use métodos audiovisuales. Recuerde: Aprende más el que ve, escucha, habla y escribe.
- Haga participar a los discípulos (leyendo, comentando, etc.).
- Enriquezca las enseñanzas con sus comentarios y testimonios.
- Procure no hacer preguntas hasta el final.
- Recuerde: Siempre que surja la oportunidad, presente el mensaje de salvación.
- Contestar preguntas y aclarar dudas, puede ser más importante que terminar una lección, en una sesión. Si en ese momento no está seguro de la respuesta, siempre, en una reunión posterior, después de consultar con el pastor, dé respuestas claras, correctas y completas, a las preguntas.
- Mida bien su tiempo. A veces, para terminar una lección, se necesitan más de una reunión semanal.
- No deje de invitar, con paciencia y perseverancia, a todos los discípulos a integrarse a la iglesia, a bautizarse, y a cooperar como miembros útiles, activos y en plena comunión, del cuerpo de Cristo.
- Pídale a Dios que le ayude a cooperar en la capacitación continua de sus consiervos (como los futuros líderes de células), animándoles y ayudándoles a descubrir, desarrollar y ejercitar sus talentos, dones y ministerios para que cada día sean mejores instrumentos en las manos de Dios.
- Siempre dele gracias a Dios, por darle la bendita oportunidad de ser instrumento en su trascendental obra.
- Recuerde: Siendo que hay cientos de siervos fieles mucho más capacitados que usted y yo, es un verdadero privilegio y preciosa responsabilidad el que Dios, a pesar de nuestras imperfecciones, nos use a nosotros.
- No permita que el diablo lo desanime con sus burlas y ataques, ni haga caso cuando a través de otros, ridiculiza y minimiza la importancia de su trascendental ministerio, o le recuerda mil argumentos que según él, comprueban que usted es un incapaz. La Biblia dice: “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.” (2ª Co3:4,5).
¡Gloria Dios! Porque en todo momento nos da su guía, sabiduría, ayuda, protección y dones espirituales, para cumplir fielmente y con perseverancia, la tarea encomendada, que es no menos que un asunto de vida o muerte, pues de la respuesta que los asistentes den al mensaje y buenas nuevas de Salvación por gracia y por la fe en Cristo Jesús, que usted les presente, dependerá en dónde pasarán la eternidad después de terminado su peregrinar terrenal, si es que no llegan a tener una segunda oportunidad de aceptar a Jesucristo como Salvador, más tarde.
Sólo asegúrese de hacer bien su parte en la obra de Dios. Déjele el resto al Señor de la mies.
Saludos y bendiciones.
Su consiervo,
Dr. J. Ernesto Contreras Pulido

