La Migración Hoy

migracionPERSPECTIVA BIBLICA DE LA MIGRACIÓN HOY

La migración es un tema de actualidad. Para muchos podría parecer que está de moda, pero la realidad es que la migración ha existido desde el comienzo de las civilizaciones humanas. La Biblia está llena de historias de migrantes. Hay quienes salieron para estar cerca de sus familiares, como el caso del viejo Jacob, cuando decide emigrar para estar con su hijo José. Algunos de ellos salieron de sus tierras por el hambre, en busca de mejores oportunidades, y en algunos casos como parte de su estrategia para sobrevivir, tal es el caso de Abraham, o el caso de Rut y Noemí. Hubo quien tuvo que salir por la opresión, que es el mismísimo caso del pueblo de Israel en su salida de Egipto, el maltrato, el abuso y la injusticia en su contra fue tanto que Jehová escuchó su clamor y envió a Moisés para ayudarlos a emigrar. Algunos emigraron por amenazas de muerte o persecución, tal es el caso de Jacob cuando tuvo que huir por las amenazas de muerte de su hermano Esaú. Algunos otros fueron forzados a salir, fueron cautivados por los reinos conquistadores, y tuvieron que salir sin quererlo, como el caso Oseas y de Daniel. Hay quienes fueron víctimas de trata, y que fueron vendidos como mercancía, como el caso de José.

¿Te suena familiar? La Biblia es un libro lleno de historias de migrantes, migrantes que vivieron condiciones muy similares a las que viven los migrantes hoy. Pero ¿qué dice Dios sobre ellos? Muchos de los personajes antes mencionados son conocidos por sus hazañas de fe, por su obediencia a Dios, por su ímpetu o su integridad, pero pocas veces los hemos relacionado con la migración. Aun así, Dios tiene algo que decir a todos aquellos que por cualquier situación tiene que emigrar, y también tiene un mensaje claro y directo para todos los que no somos migrantes, pero estamos cerca de ellos.

La mayoría de los migrantes sufren mucho en su camino, especialmente aquellos que son pobres y que llegan a otro país en condición “ilegal”. Las inclemencias del tiempo por las que tienen que pasar, como estar demasiado tiempo bajo el sol, sentados en “la bestia”, y correr el peligro de sufrir graves mutilaciones cuando intentan subir o bajar. O caminar por largas horas en el desierto sin agua y comida, o cruzar el río nadando con el peligro constante de ser arrastrados por la corriente y perder sus vidas. Particularmente en nuestro país ellos enfrentan aún más peligros de los antes descritos, por ejemplo, el abuso de la autoridad, quienes les roban sus pertenencias y en ocasiones les quitan sus papeles; el crimen organizado, que los secuestra y en el mejor de los casos los mantiene cautivos en espera del rescate, pero que en muchas otras ocasiones son forzados a trabajar en la inmensa red de venta ilegal de droga, o en la terrible red de trata sexual. Muchos de ellos son “desaparecidos” y nadie vuelve a saber de ellos. El sistema ayuda a la impunidad y a que muy pocos casos sean resueltos; y por si lo anterior no fuera suficiente, muchos de ellos enfrentan la discriminación, el rechazo y los insultos de la sociedad. La gente en lugar de ver en ellos una persona con el mismo valor y dignidad, ven a un “ladrón” o un usurpador que viene a robarle las oportunidades laborales. Y uno se pregunta ¿dónde está la iglesia en este tema? Un silencio nos invade, pues no podemos decir que toda la iglesia está interesada y activa en cuanto a la migración, pero con esperanza, podemos decir que hay unos cuantos que están haciendo algo.

En el Pentateuco encontramos el Código de la Alianza (Éxodo 20:22,23); el Código de la Santidad (Levítico 17-26); el Código de Siquem (Deuteronomio 28); y el Código Deuteronómico (Deuteronomio 12-26). En todos ellos se les da a los migrantes los mismos derechos que a todos los habitantes, y se les protege del maltrato.

Aquí hay algunos pasajes de muestra:

  • No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto. Ex 23:9
  • No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto. Ex 23:12
  • Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Lev. 19:33
  • Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el último rincón del campo ni recojan todas las espigas que queden de la mies. Déjenlas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el SEÑOR su Dios. Lev. 23:22
  • Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tú fuiste extranjero en Egipto. Deut. 10:19
  • No te aproveches del empleado pobre y necesitado, sea éste un compatriota israelita o un extranjero. Le pagarás su jornal cada día, antes de la puesta del sol, porque es pobre y cuenta sólo con ese dinero. De lo contrario, él clamará al SEÑOR contra ti y tú resultarás convicto de pecado. No se dará muerte a los padres por la culpa de sus hijos, ni se dará muerte a los hijos por la culpa de sus padres. Cada uno morirá por su propio pecado. No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano, ni tomes en prenda el manto de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te sacó de allí. Por eso te ordeno que actúes con justicia. Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides una gavilla, no vuelvas por ella. Déjala para el extranjero, el huérfano y la viuda. Así el SEÑOR tu Dios bendecirá todo el trabajo de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no rebusques en las ramas; las aceitunas que queden, déjalas para el extranjero, el huérfano y la viuda. Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el inmigrante, el huérfano y la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto. Por eso te ordeno que actúes con justicia. Deut. 24:11-22
  • Maldito sea quien viole los derechos del extranjero, del huérfano o de la viuda.” Y todo el pueblo dirá: “¡Amén!”. Deut 27:19

Dios es claro en cuanto al amor y cuidado que se le debe dar al extranjero. Saber esto nos debe llevar a una reflexión sobre la manera en la que vemos y tratamos a los migrantes, pero más allá de la reflexión, nos debe llevar a la acción.

Es cierto que el fenómeno migratorio es grande y complejo, y que muchos factores intervienen. Sería muy difícil hablar de una solución, y menos con la problemática actual de las guerras, el hambre, el cierre de fronteras, etc. Lo que creo es que podemos hacer algo en lo inmediato y en lo cercano. Podríamos comenzar por cambiar nuestra actitud para con ellos, verlos con amor, como dice una canción de un cantautor colombiano llamado Santiago Benavides al referirse a la mirada de Jesús “se mira con el amor con que un padre mira a un hijo, y mira viendo la historia que hay detrás, se mira con el amor que costó su sacrificio, imagínate como mira Jesús”.

Otra cosa que podemos hacer es informarnos sobre lo que ya se está haciendo. Como lo mencioné al principio existen asociaciones civiles y ministerios de iglesias que trabajan en pro del cuidado del migrante, tal vez, si tienes tiempo, tú podrías incorporarte a alguno de estos esfuerzos y servir a nuestros hermanos migrantes de una manera más directa. Si tú no tienes, tiempo, pero quieres apoyar de alguna manera, lo puedes hacer donando insumos, o siendo un promotor del cambio.

En la Iglesia Metodista de México, tenemos un ministerio que se encarga de velar por el cuidado del migrante en su paso por México. Su nombre es CONAM (Comisión Nacional de Asuntos Migratorios). El propósito de este ministerio es brindar ayuda humanitaria, acompañamiento pastoral y asesoría legal a nuestros hermanos migrantes. Esto se logra a través de 4 actividades. La primera es la visita al Instituto Nacional de Migración en donde trabajamos como parte de una Asociación Civil llamada Pozo de Vida, que detecta víctimas de trata. Con los migrantes que son detenidos por migración, hacemos actividades de arte-terapia, compartimos información relevante respecto a su situación legal, y compartimos con ellos del amor de Dios. La segunda actividad es la visita a Casas de Refugio, en donde llevamos alimento, vestido e insumos personales, les brindamos información legal y de prevención de riesgos y compartimos la Palabra de Dios, oramos y cantamos juntos. La tercera actividad, es el trabajo en calles, en donde funcionamos como una unidad móvil que lleva ayuda integral, ropa, alimento y kits de higiene personal, folletos de información sobre sus derechos humanos, asesoría legal, información de las casas de refugio y alimento espiritual. La última actividad tiene que ver con la concientización social, hacemos talleres, conferencias, campañas y experimentos sociales que buscan la inclusión de los migrantes en la sociedad. Queremos hacer consciente a la población de que los migrantes son personas igual que nosotros en condiciones diferentes, pero que merecen el mismo trato.

Si cada día somos más los que estamos conscientes de esta realidad, y ponemos un granito de arena, se notará el cambio y quién sabe, podrían surgir ideas innovadoras que tengan un mayor alcance.

Hay mucho por hacer y tú puedes marcar una diferencia

Bibliografía:
Tamez, E. (2015) Historia de migrantes de la Biblia. Brasil: Sociedad Bíblica de Brasil.

Ma. Fernanda Casar Marfil
Colaboradora de CONAM
Lic. Estudios Internacionales
Lic. Teología
Móvil: 811-286 1616
Skype id: fernanda.casar

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