¿DE DONDE VIENEN NUESTRO PLEITOS Y DISGUSTOS?
Santiago 4:1 nos contesta: ¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?
Vienen de aquello que deseamos, de aquello que creemos que es un derecho, de lo que creemos que merecemos, de aquello que hemos juzgado, y nosotros mismos nos hemos dado la razón, juzgando al prójimo, de aquel espíritu de auto conmiseración, donde me gratifico a mí mismo creyendo que tengo la razón, de aquello que ilusamente me hace feliz, de aquello que se ha hecho una obsesión, llevándome finalmente a la idolatría, pues pierdo de vista a Dios y a mi prójimo por posicionarme yo, y salirme con la mía.
Escuchemos con atención a Santiago… ¿Dónde está el pleito? Definitivamente duermo con el enemigo, con ese ser interno con el que tengo luchas todos los días.
Obispo Fernando Fuentes A.
SÓLO SALVACIÓN EN CRISTO
Extra Ecclesiam nulla salus. Palabras del latín que significan: «Fuera de la Iglesia no hay salvación».
Hechos 4:12 dice: «Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos». «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio la vida de su hijo primogénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda mas TENGA VIDA ETERNA» (Juan 3:16).
Por lo anterior podemos entender que sí hay salvación fuera de la Iglesia, PERO NO FUERA DE CRISTO.
Obispo Fernando Fuentes Amador
SOBRE EL ABUSO SEXUAL
Torcuato Luca de Tena, en su libro «Hacia tu libertad», afirma que Jesús es solidario con los que padecen abuso sexual, pues él al momento de la crucifixión, fue despojado de sus vestiduras, se expusieron sus partes íntimas, y eso en cualquier código mundial de derechos humanos se llama abuso sexual.
«Las víctimas de abuso están muy llenas de vergüenza, a causa de la naturaleza del mismo comportamiento de maltrato, en particular del abuso sexual. Nuestros genitales son las partes más íntimas y personales de nuestro cuerpo. Cualquier exposición inapropiada, sin mencionar el contacto con alguno de ellos, resulta en una profunda vergüenza”.
Esto puede explicar por qué algunas de las palabras hebreas que se utilizan para «vergüenza» en el Antiguo Testamento hacen referencia a los genitales externos. No es porque estos sean pecaminosos en sí, sino porque son muy personales y, cuando se exponen de manera inapropiada, la situación tiene la capacidad poderosa de incitar a la vergüenza… el sexo es la actividad de unión más poderosa en la que una persona puede involucrarse.
Los pecados sexuales establecen un vínculo único, el cual es capaz de crear un daño que va más allá que cualquier otra actividad que involucre nuestro cuerpo (1a Corintios 6:18). Por ende, cuando existe una violación sexual, sin variación da como resultado la vergüenza.
«En realidad, después de experimentar un incidente traumático, cualquier persona sufre de estrés. Para algunos, los síntomas disminuyen con el paso del tiempo y los recuerdos del incidente traumático se almacenan como sucesos desafortunados que pertenecen al pasado; sin embargo, para otros, los recuerdos y las emociones relacionados con el trauma controlan la vida, por sí solos, y dado que el trauma se activa con el tiempo, la angustia se incrementa”.
“Para estas personas, el tiempo no sana todas la heridas. ¿Por qué? Porque el estrés extremo puede producir cambios psicológicos. Dios creo nuestro cuerpos de tal forma que nuestras hormonas y sistemas neurológicos (En especial el hipotálamo, la pituitaria y el adreno cortical) se pongan en acción de manera automática cuando se percibe el peligro («luchar o morir») nos mantengan alerta, y nos den energía extra para actuar. Sin embargo, para algunos, los sistemas corporales que se activan con el trauma no retornan a su estado normal. Esto causa síntomas de estrés emocional y físico, a largo plazo. En otras palabras, el trauma puede crear cambios físicos y emocionales permanentes, los cuales actúan a través de los sistemas neurológicos y hormonales de las víctimas del abuso».
Sacado del libro “Cómo comprender y sanar el abuso”, de Steven R. Tracy.
Obispo Fernando Fuentes A.
SOBRE LO INJUSTO Y LA SANTIDAD
“El que es injusto, haga injusticia todavía. El que es impuro, sea impuro todavía. El que es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, todavía”.
Quien procura a Dios en Jesucristo a través del Espíritu Santo, tendrá el empoderamiento, la virtud, el tiempo y la ocasión para ser integro, perfecto, santo; tendrá cielos abiertos para el auxilio divino. Quien se arroja en los brazos del pecado, sucumbe ante él, le genera dolor, le explota el ego… pues la esencia del pecado, es el yo, siempre tendrá una puerta abierta que le suministrara ocasión, oportunidad, placer para caer y volver a caer.
El cuerpo y la mente tienen rutas de atajo, que fácilmente nos conectan con aquello que nos da una sensación de bienestar temporal. No se puede ser medio santo o medio injusto. Se es o no se es, apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor.
Obispo Fernando Fuentes Amador
Los anteriores mensajes breves no fueron redactados para su publicación en este órgano informativo, sino localizados y rescatados de diferentes comunicados que el Obispo Fuentes envió mediante las redes sociales a su área episcopal. Es iniciativa de este periódico su publicación, ya que su contenido tiene un valor pastoral aprovechable para todos nosotros.

