“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).
La paz es una aspiración permanente del ser humano. Sin embargo, no hay paz perdurable sin condiciones mínimas: materiales, sociales, personales y espirituales. El verdadero valor de las cosas se mide no por lo que vemos ahora, sino por lo que está anunciado que va a suceder. La fe del cristiano es la fe en la auténtica esperanza, por la cual merece la pena emplear la vida, procurando con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.
Vivimos, como siempre, en una era de incertidumbre. Tiempos inciertos en donde no hay rumbo definido (aparentemente), donde a lo malo se le dice bueno, donde la incertidumbre se convierte en diversas expresiones de violencia y en donde la paz y la justicia de Dios parecen aspiraciones difíciles de alcanzar por medios que no sean milagrosos o sobrenaturales. Este 1 de diciembre nuestro país inicia una nueva administración política federal que, como en todo cambio, genera incertidumbre pero que convoca a todos los mexicanos a participar en la permanente dialéctica entre la consolidación institucional que nos ha costado más de dos siglos y la justicia social. En ambos ejes, el trabajo gozoso del pueblo metodista debe seguir siendo el sello que nos caracterice.
En esta edición hacemos un reconocimiento a la labor de los misioneros de los primeros años del metodismo en México, especialmente aquellos obreros que trabajaron en nuestro país de 1873 a 1878. No como avanzada de una conquista política o económica, pero en todo caso, como una avanzada de una conquista deMéxico para Cristo bajo una visión de una sociedad transformada por el Espíritu y que permee a todos los ámbitos de la sociedad hacia un contexto de justicia y paz como expresiones del Reino en esta bendita tierra.
La laicidad en México ante el nuevo escenario político
Leopoldo Cervantes-Ortiz
Foro Ciudadano Iglesias y
religiones a favor de los derechos humanos y el Estado laico, Auditorio Benito
Juárez, Congreso de la Ciudad de México, 26 de octubre, 2018.
Mientras que la gente, la sociedad se consideraba sin derechos humanos, no admitía los derechos de los demás. Sólo la apropiación de ese significante, de esa realidad simbólica, conceptual, jurídica, la de derechos humanos, le dio al Estado laico la posibilidad real de existir como una atmósfera cotidiana de la sociedad, no simplemente como el conjunto de leyes que ahí están y que sirven extraordinariamente en el proceso educativo, sino en el proceso de la vida cotidiana.[1] Carlos Monsiváis
Lo acepten o no los sectores sociales más retardatarios, la práctica formal y legal de la laicidad es un proceso irreversible en México. Y se menciona esto así debido a que, incluso algunas formaciones políticas (sin exceptuar al partido que ganó las elecciones presidenciales el 1 de julio pasado), siguen utilizando elementos religiosos o haciendo alusiones a ese tema en sus plataformas o campañas. También fue el caso del abanderado priísta en las mismas elecciones, quien ofreció todo un panorama litúrgico y familiar acercade las fiestas de fin de año. Sin negar la omnipresencia de los elementoscristianos, así como su relevancia para millones de ciudadanos/as, el Estado mexicano y los regímenes que lo encarnen tienen delante de sí un enorme desafío: cumplir y hacer cumplir las leyes que han establecido la laicidad como norma basada en la igualdad plena de todas las creencias religiosas (o de la increencia misma) y en la libertad para practicarlas, pero sin poner en entredicho la neutralidad total de quienes representan los estamentos públicos en las áreas correspondientes. Ese tipo de veleidades coyunturales únicamente se explica por la ansiedad de los candidatos por obtener el voto de los creyentes como una especie de conversión intempestiva a una afición religiosa que, bien vista, no tiene suficiente atractivo para ellos en tiempos“normales”. La impostura de los políticos abiertamente religiosos, como HugoÉric Flores, presidente del PES, llegó hasta el extremo de anunciar, con bombo y platillo que, con su ingreso a la Cámara de Diputados, “Dios regresó a la esfera política mexicana”. No cabe duda de que el “síndrome Prigione” sigue aún muy vivo entre nosotros.
Dios anunció que el amor sería lo que delataría a sus seguidores: no los milagros ni la doctrina. ¡Ni siquiera el poder! Sólo el amor. Jaime Fernández
Peter Baltes fue el bajista del grupo de heavy metal “Accept”, un grupo alemán originalmente formado en la década de los 70. Se separaron en 1997, pero volvieron a tocar juntos a principios de este siglo. Peter decía recientemente en una entrevista: “Dos de mis mejores amigos murieron en un accidente. Hasta ese momento, yo estaba en un grupo importante, viajaba, tenía lo que quería, pero nunca me había enfrentado con la muerte. Me di cuenta de que era real. Mi esposa estaba asistiendo a una iglesia, y dos de sus amigos vinieron sólo para orar conmigo, mientras lo hacían jamás había sentido nada igual. Dios quito todas mis cargas y transformó mi vida”.
A veces cuando escuchamos lo que el amor de Dios hace en la vida de algunas personas, nos suena como que ya lo habíamos oído antes. La Biblia nos enseña que Dios toca el corazón de cada uno de una manera diferente, pero la expresión de ese amor y la transformación que efectúa en nuestra vida, es común a casi todos. El amor de Dios es la fuerza que mueve el universo.
Por decirlo de alguna manera, Dios se vacía a si mismo dándose por cada uno de nosotros. Ese darse es infinito, así que la palabra “vacío” no existe en el lenguaje de Dios, ¡pero no existe otra manera de explicarlo! Dios nos regala un amor absolutamente radiante cuyas características nos asombran una y mil veces, porque el verdadero amor es ignorado, el que ama da permiso para ser olvidado y pisoteado, ese amor parece abrir la puerta al desagradecimiento porque quién ama no se preocupa por lo que consigue sino por lo que da ¡Es capaz de dar su propia vida! Porque cuanto más ama, más da… Ese tipo de amor es completamente sobrenatural. ¡Eso fue lo que hizo Jesús por nosotros!
Trabajar por la paz involucra a toda la sociedad y, de una manera muy concreta y cercana, a cada familia.
Basta con recordar que la familia es el lugar donde cada niño aprende, poco a poco, modos de pensar y de comportarse a partir de lo que ve y escucha de sus padres. Si éstos actúan y hablan desde presupuestos de odio, rencores y violencia, es fácil intuir que los hijos recibirán un influjo negativo en sus hogares. Si, por el contrario, los padres viven y transmiten valores de respeto, acogida, perdón y justicia, los hijos cuentan con un ejemplo maravilloso para introducirse en la sociedad desde actitudes pacíficas.
Por lo mismo, la familia es una pieza clave para la paz, a todos los niveles: en el barrio, en el pueblo o ciudad, en el Estado, en el mundo entero.
Entonces, ¿cómo puede la familia ser una promotora de paz? La familia ayuda a experimentar “algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo”.
A 140 AÑOS DE DISTANCIA: SEMBLANZAS Y REMEMBRANZAS
Obispos y misioneros que sembraron para el nacimiento del metodismo mexicano (1873-1878)
J. Donato Rodríguez y Romero
Compilación para la sesión de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México, noviembre de 2018, Pachuca, Hgo.
INTRODUCCION Dando gracias a Dios por el don de ministerio misionero presentamos pequeñas notas biográficas de algunos obispos y misioneros que estuvieron sembrando durante los primeros cinco años (1873 a 1878) en México, sirviendo a Dios, para establecer la obra metodista en la República Mexicana por parte de las Iglesias Metodista Episcopal (IME) y Metodista Episcopal del Sur (IMES), ambas de los Estados Unidos de Norte América; y un opúsculo laudatorio a los misioneros, del insigne pastor metodista Epigmenio Velasco Urda (1880-1940).
1873
OBISPO JOHN C. KEENER (IMES)
A principios de enero viajó del Puerto de Nuevo Orleans en un pequeño vapor mexicano de nombre “Tabasco”, con rumbo a la Ciudad de México para comenzar el trabajo de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur (IMES) en el centro del país. La fecha se considera como la del inicio de la obra oficial de esta Iglesia en el país. Intentó la compra de la propiedad en Gante sin lograrlo; en cambio adquirió la capilla de San Andrés a finales de enero firmando las escrituras en febrero, siendo ésta la primera propiedad adquirida por la IMES en la capital del país.
Lo que dijo Epigmenio Velasco acerca de los misioneros EN HONOR DE NUESTROS MISIONEROS
Tomado de “El Evangelista Mexicano” del 15 de mayo de 1940, año de su fallecimiento.
Al hacerse la crónica de nuestra pasada Conferencia Anual reunida en Pachuca, se mencionó el hecho de que en la primera nocje se celebró un programa especial con el cual se rindió homenaje a nuestros estimados misioneros, honrando así sus años de trabajo entre nosotros, pagándoseles el merecido tributo de agradecimiento y compañerismo por sus meritorias labores. Parte importantísima de dicho homenaje fue el discurso pronunciado por nuestro compañero el Sr. Epigmenio Velasco; dicho discurso tenemos el gusto de insertarlo íntegro en seguida:
“Muy queridos hermanos misioneros: Es para mí un honor muy alto y sumamente grato expresarles en nombre de mis compañeros, los obreros de nuestra amada Iglesia, el grande aprecio y el cariño que os tenemos por la obra desinteresada y útil que habéis realizado entre nosotros como dignos mensajeros del Señor Jesús. Muchos paisanos vuestros han venido del otro lado del Río Grande buscando unos, tierras feraces de sembradío, otros el rico metal de nuestras minas, otros, el codiciado petróleo de nuestro subsuelo y todos ellos, negocios pingües para enriquecerse. ¡Qué distinto ha sido el objeto de vuestra venida! Hermanos queridos, vosotros, animados del santo amor de Cristo, habéis venido buscando el alma de nuestro pueblo para instruirla, redimirla y salvarla.
Hace más de medio siglo, vuestros predecesores vinieron en representación de nuestras dos Iglesias madres, como pioneros valerosos a romper el duro suelo de la superstición y el fanatismo, plantando con sacrificio la simiente del Reino de Dios. Aquellos fueron tiempos duros y ellos fueron héroes de la fe. Los restos de algunos de ellos descansan en nuestros cementerios y el recuerdo de su abnegada labor es legado precioso que nos dejaron para estímulo en nuestras actividades evangélicas.
Obispos metodistas de Norte y Centroamérica se pronuncian sobre caravana de migrantes
Publicado por la Iglesia Metodista Unida, Servicio Metodista Unido de Noticias. Noviembre 21, 2018.
La migración humana es tan antigua como la historia humana. Individuos, familias, tribus y naciones se han ido trasladando desde ante de los tiempos de Abraham y Sara. A lo largo de los siglos, factores políticos y económicos, las guerras inclusive; retos concernientes a la salud y al medio ambiente; el racismo, la xenofobia y la discriminación religiosa a veces han desarraigado a las personas de sus lugares de procedencia, y a otras las han seducido hacia nuevos lugares a través de desiertos, ríos, continentes, océanos y fronteras nacionales y étnicas.
Hoy en día, la migración es un asunto internacional crítico y, a veces, un asunto nacional apremiante; un asunto de último recurso y de ninguna otra opción para millones de seres humanos y, una alternativa desesperada para quienes prefieren quedarse donde están si existieran las condiciones que permitieran su seguridad y lo esencial para su supervivencia. En términos generales, las personas migrantes de hoy son quienes –forzadas o por su propia elección– abandonan sus lugares de origen debido a conflictos armados, desastres naturales, violencia institucional o causada por las pandillas, proyectos de desarrollo, trata de personas (incluida la trata laboral, sexual o de drogas), o privaciones económicas extremas. (Resolución de la Iglesia Metodista Unida: La migración global y la búsqueda de justicia).