Carta Pastoral Inicio de Año Conferencial

Carta pastoral con motivo del inicio del año conferencial 2019-2020

Ciudad de México, a 2 de agosto de 2019.

Ustedes fueron enviados para cosas más grandes (Con motivo del inicio del año conferencial 2019-2020)

Mis queridos compañeros y compañeras de camino:

Escribo esta carta para recordarles que Jesucristo nos ha llamado para acompañar y pastorear a su Iglesia y guiar a su Pueblo por un camino más excelente.

Me faltan palabras para decirles lo inspirador y vivificante que estos doce meses han sido para mí. Ha significado tanto para mi vida el orar con ustedes, rendirle culto a Dios en su compañía, escuchar algunas de sus historias y conocer a sus familias. Mientras les escribo esta carta tengo presente la imagen de sus rostros en mi mente y pienso en lo que hemos compartido, desde las historias de grandes alegrías hasta las penas más íntimas que albergan nuestros corazones, así como las esperanzas que nos impulsan a trabajar en la obra cristiana.

Cada uno de nosotros ha sido creado por Dios y para Dios, quien nos mantiene bajo su mirada, viéndonos, a cada uno de nosotros como sus hijas e hijos amados. Aunque la gente se olvide de nuestros nombres y trabajos, el Señor se acuerda cada mañana de nuestra vida: su misericordia se renueva con el amanecer. Dios no sabe de olvidos. No padece las amnesias humanas ni omite acompañar a quienes llamó. En los tiempos difíciles esto sea nuestro consuelo.

Quiero compartir mi entusiasmo por nuestro deber y misión histórica como la familia de Dios en la Conferencia Anual de México. Me entusiasma recordarles que todas y todos somos responsables por la misión evangelizadora de la iglesia, y que somos llamados a anunciar a Jesucristo con nuestras palabras y nuestras acciones. Se nos ha llamado para llevar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a un nuevo encuentro con el Dios de la vida.

Al iniciar un nuevo año conferencial, debemos tener presente que, al caminar con Jesús, al seguirlo y al modelar nuestras vidas conforme a la suya, percibimos lo que la vida realmente significa. Movidos por su amor, compartimos la nueva vida que hemos encontrado con nuestros hermanos y hermanas en la iglesia, nuestra nueva familia, adorando al Dios vivo, comunicando su revelación a los demás y sirviendo a nuestro prójimo a través de obras de misericordia y amor.

No olviden que han sido enviados para ser agentes de transformación en una sociedad en la que nos enfrentamos a muchos problemas e injusticias —la triste persistencia del pensamiento y las prácticas de corrupción, las desigualdades en nuestro sistema de justicia penal, etcétera- las cuales son indicadores de que nuestra sociedad ha perdido el sentido de la verdad sobre la preciosa naturaleza y dignidad de la persona humana. Estamos llamados a cosas más grandes que aquellos lujos y pretensiones de grandeza que hoy se tienen por privilegios. En una paradoja, la grandeza a la que se nos invita es lo más pequeño y menospreciado del mundo: servir. Servimos por medio de la palabra, la escucha, la liturgia, el acompañamiento; las llamadas a deshoras y los viajes de encuentro con las ovejas de Dios. Servimos con nuestra vida entera, con todo lo que somos y todo lo que se nos ha dado. Ahí está la grandeza de las y los ministros, y no en otro lugar.

Por eso me entusiasma escribirles esta carta al inicio del nuevo año conferencial porque en Dios haremos proezas el extender el reinado de los cielos aquí y ahora. Dios sea con ustedes en este nuevo ciclo para nuestra Conferencia y que nuestra Conferencia tenga el giro que tanto anhelamos.

¡Gloria por siempre a Cristo!

Obispo Moisés Morales Granados
Iglesia Metodista de México Conferencia Anual de México, A.R.