Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Juan 10:27
Estamos próximos a celebrar el “día del ministerio cristiano”, o conocido más como “el día del pastor”. Dentro de nuestra Iglesia Metodista, el pastor de una iglesia (sea presbítero ordenado itinerante, local, de fin de semana, probando, seminarista, etc.) es el líder natural, administrativo y espiritual de la congregación, responsable de los bienes materiales, espirituales de dicha comunidad hasta por 4 años, según la Disciplina de la IMMAR, por lo que no hay duda de la importancia que tiene un pastor.
En el caminar de los 150 años del metodismo mexicano, la propagación del evangelio, y el crecimiento de las iglesias se ha dado, por un lado, de la guía del pastor; por otro, de los líderes laicos; y por otro (el más importante), porque así lo quiso Dios.
Un pastor es un guía, un amigo, un predicador, un administrador; pero, sobre todo, es un ejemplo, un ejemplo vivo de una promesa. Dice 2ª Crónicas 15:12: “entonces prometieron solemnemente que buscarían a Jehová el Dios de sus padres, de todo corazón y de toda su alma”, no para quedárselo para sí mismos, sino para hacer ver a otros que Dios está aquí, está presente todos los días, sin haber dejado de lado Su amor por toda la creación.
Esta promesa no es fácil, porque sobrepone a Dios por encima de todo: familia, comodidad, alimento, salud, estabilidad, etc. Pero ¿Cómo valoramos al pastor hoy en día?
Mencionamos que los laicos también han sido pieza fundamental de la existencia de la Iglesia. Con su trabajo, su oración, su tiempo, sus ofrendas, su permanencia, se levantaron cientos de templos en la República Mexicana, han perdurado todos estos años, a través del legado a sus familias; se sumaron en buscar a Dios todos los días, con todo el corazón y toda el alma. ¿Cómo están los laicos hoy en día?
Hay un fenómeno social muy palmario en este siglo XXI: “el clientelismo”, en pocas palabras, pensar que todos son clientes, y al cliente hay que darle lo que pida. Hay clientelismo político, laboral, educativo, y religioso. Y en esta figura, la de la religión, el cliente es el congregante, y hay que darle lo que pida; el proveedor es el pastor o la autoridad religiosa (superintendente, obispo, conferencia), y éstos se tienen que amoldar y cumplir las exigencias del cliente: el culto más dinámico o corto, sermones cortos o llenos de contenidos teológicos; que visite, que escuche, que cumpla todos los caprichos, y entonces será un buen pastor. Por otro lado, el pastor tiene que sujetarse a estas exigencias, incluso a las falsas muestras de afecto -llegando incluso a la hipocresía-, porque, está de por medio su estabilidad mental, familiar y económica; porque, a nadie le gustan las quejas hacia nuestra persona, los regaños, y más si son mal fundados.
¿Por qué hemos llegado a este punto? Porque hemos olvidado un gran mandamiento:
Amarás al Señor Tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… y a tu prójimo como a ti mismo
Mateo 22:37 y 39
En la vida, todos hemos visto en el paso del tiempo el tránsito mortal de varios pastores y laicos. Los hombres y mujeres del ayer, que oraban con devoción, que ayunaban con convicción, que se sujetaban al pastor para ayudarlo por el bien de todos, ya no están. Los pastores y pastoras de ayer, que recorrieron caminos, que vivieron sin comunidades, pero predicando con el corazón con su familia hombro a hombro, ya no están. ¿Quiénes están?
Hoy estamos los hombres, mujeres, pastores y pastoras de Fe; la Fe que nos llama no a prometer, sino a jurar con convicción, que podemos Amar a Dios con todas nuestras fuerzas y a nuestro prójimo. Por ello no podemos caer en el clientelismo; porque Dios, nuestra Fe, nuestra Salvación, no es un producto. Venimos al Templo a agradecer a Dios por nuestra vida, y nuestro pastor nos da el mensaje de que Dios no nos ha dejado, sino está con nosotros, además de ser ejemplo de que sí es posible Amar a Dios y a nuestro prójimo; porque él/ella, nuestro pastor, ama a Dios y nos ama a nosotros, a pesar de nuestros errores y defectos, a pesar de nuestras fallas, declives, derrotas, hipocresías, falsedades, pecados. Dios, el gran pastor, nos Ama.
A pesar de los fracasos, límites o derrotas de la Iglesia Metodista, ésta ha prevalecido 150 años porque Dios, el gran pastor, ama a esta Iglesia.
Gracias a Dios por los pastores y laicos del pasado, que amaron a Dios con todo su corazón y al prójimo.
Gracias a Dios, hoy, por cada pastor y pastora, que nos son ejemplo de que podemos Amar a Dios y a nuestro prójimo. Gracias a Dios por cada laico que se compromete a no ser cliente, sino baluarte de Fe y Amor a Dios mismo.
Gracias, pastores de la Iglesia Metodista, por su ejemplo.
Gracias a Dios, por su amor para con nosotros.
Dios está con nosotros.
Mtro. José Manuel Tinoco Reyes.
