El Tiempo de Dios
Solemos utilizar la frase “el tiempo de Dios” para referirnos a momentos en que ocurren acontecimientos oportunos para que algo se concrete. La misma Biblia nos habla de que Jesús vino a este mundo “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4). Y siempre preferimos hablar de este “tiempo de Dios” con una connotación positiva, aspirando a que entonces ocurran cosas que anhelamos; pero la realidad es que también en el “tiempo de Dios” suceden acontecimientos que nos pueden resultar difíciles de sobrellevar, y esos no pensamos que ocurran en el “tiempo de Dios”.
Pero, si nos ponemos a pensar en la frase, en sí misma incluye la realidad de que finalmente “el tiempo de Dios” es de Dios. Es una dimensión que a él le plació crear para que nosotros viviéramos, y en ese telón de fondo tuviéramos oportunidad de hacer su voluntad, aunque muchas veces usando el albedrío que él mismo nos dio decidiéramos hacer la nuestra. El tiempo y el albedrío son dos regalos que recibimos, y que podemos usar con las consecuencias de hacerlo como él quiere, o las consecuencias de hacer lo que nosotros queremos. Lo primero trae armonía y propósito; lo segundo, confusión y desvío.
Cuando llegue el final de nuestra vida en la tierra, el tiempo como lo conocemos dejará de ser; y lo que hagamos ahora con ese tiempo determinará cómo pasaremos a la eternidad, donde este tiempo de Dios ya no será necesario. Si lo usamos sabiamente, rindiéndonos a Cristo y dejando que él nos dirija en el uso de ese tiempo, al llegar nuestra hora podremos decir, como Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).
Hay alguien que ya terminó su carrera en esta tierra, para quien el tiempo ya no es necesario: al estar trabajando en la presente edición tuvimos la triste noticia del fallecimiento de un colaborador para la unidad de las iglesias metodistas en Estados Unidos, América Latina y el Caribe: el Rev. Edgar Avitia Legarda, parte del liderazgo de Ministerios Globales, órgano de ayuda de la Iglesia Metodista Unida, y también historiador metodista de la CANCEN, de quien tenemos una semblanza preparada por dos amigos muy cercanos a él. Nuestro respeto y oración para pedir fortaleza y paz a su familia en este tiempo de duelo.
Es tiempo de conferencias y convenciones, y en este número pueden leer los relatos de la 33a. Conferencia Anual del Sureste, la 33a. Conferencia Anual Norcentral, y la Convención de Ligas Metodistas de Jóvenes e Intermedios de la Conferencia Anual de México, crónicas frescas para guardar en la memoria. Y el júbilo por los 150 años del Metodismo en nuestro México es compartido por una conferencia hermana de Estados Unidos: la Conferencia Anual Río Texas, que nos comparte su resolución de celebrar con nosotros una herencia común. Igualmente tenemos la reseña de una magna celebración que hizo la Conferencia Anual Septentrional por este 150 aniversario.
De la pluma de varios colaboradores tenemos: una reflexión titulada “Comprendí”, otra sobre la violencia de género titulada “Espiritualidad de la no violencia”, y un revelador texto sobre la influencia globalista en nuestros valores cristianos titulada “Valores y agendas en la colonia global”. Asimismo, continuamos con los artículos sobre las doctrinas prominentes del metodismo, esta vez “La doctrina de la justificación por la fe”: les animamos a leer y reflexionar sobre todos ellos, y a compartirnos sus reacciones en el espacio que tiene cada escrito al final.
La historia tiene varios lugares en esta edición del 30 de junio: “Coros Metodistas”, una semblanza de los coros en diferentes lugares y épocas en México; está incluida la historia de la formación de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México; y la Dirección de Archivo e Historia Metodista nos trae el relato de Charles W. Dress, uno de los primeros pastores norteamericanos que hubo en el país.
Finalmente tenemos las secciones Noticias Internacionales y una que queremos comenzar, titulada “´Apaga´ las redes y ´enciende´ un buen libro”, donde estaremos comentando el contenido de obras que nos parezcan interesantes y útiles de leer. Se nos escapaba mencionar el relato de cómo se renovó recientemente el piso del centenario edificio que alberga al Seminario Juan Wesley, cuyo proceso se muestra paso a paso.
Esperamos que el tiempo que empleen en leer este periódico sea provechoso para ustedes. Finalmente, el tiempo es una dimensión dada por Dios para poder entregárselo a él, y así conectarnos con él en la eternidad.
María Elena Silva Olivares
