POR: CRISTIAN OSEAS.
Hace unos días leía algo sobre la crisis de valores en México. El autor del artículo decía lo que todos sabemos ya: México está pasando por una crisis; el autor habla de la entrada del neoliberalismo como el hito inicial de momento crítico para México, y plantea que los valores cristianos están cambiando. ¡De acuerdísimo!
Pero… lo que no nos dice el autor es qué lo sustituye, y cómo esos valores están siendo sustituidos. Si bien es cierto que los medios masivos de comunicación son promotores de valores específicos que son contrarios a los cristianos, decir que ésa es la causa de la sustitución de valores es quedarse corto. No es nada nuevo que los gobiernos que hemos tenido, poco o nada han hecho por sancionar los contenidos programáticos de los medios de comunicación; y mucho menos ahora con un internet fuera de control, en que los niños, niñas y adolescentes tienen fácil acceso, ya no al porno ni a la violencia mediada por la actuación, sino a cortos en los que personas comunes y corrientes completamente desinhibidas (algunas) exponen a otros a contenidos que no representan el conjunto de valores de la sociedad mexicana tradicional.
Pero luego viene una pregunta: ¿Qué valores son los qué se están también sustituyendo? Obviamente pretender dar respuesta a una pregunta tan compleja en una opinión tan modesta y breve será difícil; pero, una cosa es cierta: la palabra COLONIZACIÓN es clave cuando se habla de los valores imperantes en nuestro México de ayer y de hoy.
Ahora más que nunca, es evidente que los valores importados por el catolicismo romano durante la Colonia Hispánica eran valores redefinidos o mediados por la axiología europea prereformada. Y después de la contrarreforma, el siguiente hito axiológico lo proponen los valores del liberalismo que, al igual que el anterior, representa la importación también colonizadora de la axiología norteamericana; que tampoco podemos engañarnos que fuera puramente cristiana (como lo pretenden algunos nacionalistas norteamericanos), sino más bien con fuertes tintes deístas y más adelante con una visión liberalista eurocéntrica. Finalmente y como bien lo señalaba el autor comentado, el tercer hito es el neoliberalismo que es globalizante y prepara lo necesario para una axiología integrada a lo cosmopolita; sin embargo es en 1990 (foro de Sao Paulo) en que se estructura una campaña global de valores que han redefinido la axiología mundial y que ahora reestructuran la política, la economía, la educación y en general la cultura, desde una cosmovisión completamente extraña al cristianismo bíblico.
Si las anteriores colonizaciones presentaban valores cristianos tergiversados (por ejemplo, el heroísmo español en la Colonia Hispánica, o la noción de salvación por la civilización del Cultural Gospel en el liberalismo clásico), ahora se presenta una axiología ajena a la cosmovisión bíblica no sólo tergiversadora de ésta, sino contraria.
Lo moral ya no se cifra en los valores absolutos y emanados de la autoridad bíblica, fundada en la presuposición de un Dios esencialmente bueno, lleno de gracia y verdad. Ahora tienen como base:
- Un relativismo que, por su subjetividad inevitable (dadas las insuficientes capacidades del hombre para tener certidumbre entre la identidad de lo percibido y la realidad, lo que no se niega a Kant), tampoco se resuelve con la noción apriorística;
- Una búsqueda de ese rationale de los valores morales con fundamento en el romanticismo, el existencialismo, el materialismo, y finalmente en el constructo social (un neorosseauanismo pragmático y deconstruccionista).
Se suele decir en los ámbitos no cristianos (y a veces en los “cristianos”) que el cristianismo es obsoleto y que su axiología es inaplicable como modelo performador de la cultura. Lo cierto es que, a pesar de su tergiversación, la axiología y cosmovisión bíblica ha sido fundamento para la incrustación de valores, que incluso quienes están en contra de la Biblia no pueden desechar de sus propias conciencias; lo que ha fracasado no es el cristianismo, sino la tergiversación del mismo.
El cristiano -al igual que el no cristiano, el ateo y el poscristiano- quiere “el bien de la humanidad”, quiere una axiología consistente, desea justicia y certidumbre como toda alma humana. La diferencia es que el cristiano sabe que la última realidad de esa utopía (o eutopía, como lo dijera otro autor) está en la esperanza de Cristo; no en la esperanza de Moltmann o en utopías marxistas o progresistas, sino en la venida real y verdadera de Jesucristo como Señor de la creación. Sin embargo, esto es inaceptable para quien ha abandonado la perspectiva sobrenatural de la revelación; por lo que, como ya se ve en los párrafos anteriores, inevitablemente ha tenido que recurrir a una agenda moral global basada en un rationale antropocéntrico, democrático, pero difícilmente representativo y una vez más tergiversador de la dignidad humana; porque cuando el hombre “mata” a Dios su imagen muere junto con él (¿Cómo operamos nosotros? ése sería tema de otra reflexión).
Pero… ¿Cómo opera la neo colonización ideológica? ¿Cuál es el mecanismo por el cual la axiología cristiana bíblica es desplazada? El deconstruccionismo es relativista; por ende, su intolerancia sólo puede ser en contra de los absolutos. Hacer que el paradigma axiológico bíblico (pleno como en la Biblia, o tergiversado como en los proyectos culturales) sea totalmente desplazado, primero, es imposible; porque, como ya dijimos, el bien ya sea para la Gloria de Dios o para propósitos puramente humanos, siempre es buscado y no hay otra fuente de bien sino Dios; segundo, no puede implicar un rechazo que no sea coloreado de “acuerdo y consenso social” por lo que a todos se les permite libertad de pensamiento, pero se considera que el pensamiento sobre absolutos es violento (excepto el absoluto de lo relativo, que es en sí mismo una contradicción). Así, el mecanismo por el cual se sustituyen los valores bíblicos se plantea como una parética: permite que los valores cristianos se piensen, pero los desplaza con un conjunto de valores que son paralelos e impuestos a través de una agenda colonizadora global.
Un ejemplo lo tenemos en los controles constitucionales de los derechos humanos, donde la dignidad humana es definida por la autodeterminación humana en el colectivo democrático; pero que no sólo establece el contenido de los derechos, sino la forma en que éstos deben ser interpretados al colisionar unos con otros, apuntando a esa moral reconstruida como fondo hermenéutico para la aplicación de esos derechos. Esto es un cambio del neoconstitucionalismo que acepta posturas interpretativas -incluso antidemocráticas y totalitaristas-, siempre que se justifiquen a la luz de ese rationale de la agenda globalizadora: esto no es otra cosa que una colonización, pero ideológica. Y como no hay como citar las propias fuentes, cito a Comanducci (2003) en su obra “Formas de (neo)constitucionalismo: un análisis metateórico” sobre el constitucionalismo nuevo: “En una segunda acepción designa, en cambio, algunos elementos estructurales de un sistema jurídico y político, que son descritos y explicados por el (neo)constitucionalismo como teoría, o que satisfacen los requisitos del (neo)constitucionalismo como ideología”. Y Cito a Ferrajoli (2001) en su obra “Derechos Fundamentales” sobre la noción de derechos fundamentales: “todos aquellos derechos subjetivos que corresponden universalmente a ‘todos’ los seres humanos en cuanto dotados del status de personas, de ciudadanos o personas con capacidad de obrar”… “es ideológicamente neutral, desde que es válida cualquiera que sea la filosofía jurídica o política que se profese: positivista o iusnaturalista, liberal o socialista e incluso antiliberal y antidemocrática” (Pero resulta que no existe la neutralidad religiosa, como lo veremos en otro tema).
¿Y nosotros?: chupándonos el dedo, creyendo que vamos a decolonizar la iglesia, cuando nuestras “armas de descolonización” son precisamente las estrategias de colonización que propagandean el obsoletismo cristiano en pro de esa agenda global de colonización ideológica. Abran bien los ojos: no hay otro camino que el regreso a la revelación en la Palabra de Dios.
