EDITORIAL

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Hacer lo que podamos, mientras podamos

Todo lo que te viniere a la mano para hacer,
hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol,
adonde vas, no hay obra, ni trabajo,
ni ciencia, ni sabiduría”
Eclesiastés 9:10

En nuestra actividad cotidiana tenemos trabajos agradables, que de gusto nos dedicamos a realizar: alguna visita, tarea o conversación que nos da un sentido de gratificación o logro; esos momentos quisiéramos que se prolongaran e incluso podemos buscar formas o pretextos para involucrarnos en ello. Pero también tenemos actividades que resultan tediosas o difíciles de hacer, y sin embargo nos resultan necesarias para poder avanzar en el logro de los planes y propósitos que Dios tiene para nosotros. ¿Ejemplos?: un montón de ropa por lavar y planchar; un tema difícil de tratar con nuestro cónyuge, nuestros hijos o algún compañero de trabajo, y al que estamos francamente “sacándole la vuelta”, hablando en lenguaje coloquial; una visita incómoda, o un trabajo escolar o de oficina difícil o aburrido. Todas estas tareas se interponen entre nosotros y ese sentido de logro que tanto nos complace tener; y sabemos que, si no las ejecutamos, no podemos acceder a esa satisfacción de la meta alcanzada.

Buscamos prolongar lo que nos resulta grato, y posponer aquello que nos es desagradable. Y al recurrir al consejo de la Palabra nos damos cuenta de que simplemente debemos realizar la tarea que tenemos por delante “según nuestras fuerzas”: lo grato y lo desagradable van a estar allí, y nosotros simplemente debemos acometer cada tarea usando las fuerzas que tenemos. El punto es que humanamente esas fuerzas se acaban, aunque las tareas que tenemos por delante nos parezca que nunca terminan. Pero un día terminarán, cuando vayamos al Seol (en otras versiones se dice “a la tumba”, “el sepulcro”, “la muerte”).

¿Qué hacer?: la misma Biblia nos dice que nos fortalezcamos en el Señor y en el poder de su fuerza, y nos ordena vestirnos de “toda la armadura de Dios” en Efesios 6, para poder salir adelante en el día malo y habiendo acabado todo estar firmes. Entonces, esas fuerzas que podemos tener, no deben ser nuestras, sino obtenidas directamente del Espíritu Santo, que nos las da, lo mismo para hacer aquellas tareas que nos producen gozo como las que nos producen hastío o rechazo. Todas son parte del mismo paquete de lo que ”nos viene a la mano por hacer”, y todas colaboran para nuestro crecimiento personal… recordando que un día, cuando nos llegue “nuestra hora”, ni unas ni otras las podremos hacer más. 

En este mes -de vacaciones para algunos y de cambios para otros- pensar que simplemente tenemos que hacer la tarea por delante, fortaleciéndonos en el Señor y en el poder de su fuerza nos quitará la ansiedad por retener lo grato y evitar lo desagradable. Que así lo podamos hacer: lo que podamos, mientras podamos.

Esta edición contiene artículos para reflexionar sobre lo que es ser Metodista en nuestra iglesia mexicana, lo que podemos entender como avivamiento verdadero, y saber cómo opera el cristiano en un mundo hostil hacia la Iglesia y sus creencias; la cremación y cómo nos enfrentamos a esta forma de despedir a nuestros deudos es motivo también de reflexión en este número de El Evangelista Mexicano. Agradecemos las colaboraciones de nuestros autores sobre todos estos temas, que para algunos pueden ser difíciles de considerar.

Tenemos una meditación sobre la misericordia de Dios, que podemos ver en los más sencillos detalles del diario vivir; y cómo esa misericordia se ha mostrado en la historia del Seminario Juan Wesley, nos la cuenta una crónica presentada en el aniversario 50 de esa institución. Invitamos a los lectores a leer estas colaboraciones. 

El Fan Ganteano nos presenta una recapitulación de lo que es la Disciplina de nuestra Iglesia Metodista, dentro de los escritos conmemorativos de su 150 aniversario. Y leeremos una nota sorprendente de cómo los alumnos de la UMAD incursionan en trabajos de ayuda a la comunidad, en la sección de noticias de esa institución metodista. También se incluyen noticias de otras latitudes, así como la invitación a leer un libro que nos resulte grato de leer y útil para nuestro acervo cultural, en la sección “Apaga” las redes y “enciende” un buen libro.

Un saludo a nuestros lectores, y gracias por cada uno de sus comentarios y reacciones a los escritos que provienen de la pluma de nuestros colaboradores. Ustedes son parte de El Evangelista Mexicano.

María Elena Silva Olivares