¿IMPORTA LO DE ADENTRO O LO DE AFUERA?
La adoración al Señor empieza en el interior del hombre, pero se materializa en objetos y lugares para este propósito: En la descripción del tabernáculo y del templo de Jerusalén abundan los detalles en cuanto a los materiales y medidas de cada parte de ellos, así como de la indumentaria y consagración de quienes estarían dedicados a su servicio. Dios le da a Moisés las instrucciones para elaborar y levantar el tabernáculo, como las vemos en Éxodo 25-30: y el proceso de cumplir todas esas instrucciones lo leemos en el mismo Éxodo, capítulos 36:8-40:33, que termina con la frase “Así acabó Moisés la obra”. Pero estos detalles dan por sentado que hay previamente una relación de amor y dependencia del pueblo de Israel hacia el Dios que les mandaba erigir ese tabernáculo.
Lo mismo sucede con la edificación del templo de Salomón, que su padre David quiso hacer (2 Samuel 7:1-2) y que Dios no se lo permitió (1 Reyes 5:3): En 1 Reyes 6 se describe esta construcción, igualmente teniendo la referencia de que había una relación de amor y dependencia, primero de David y luego de su hijo, hacia ese Dios que los había levantado.
Por eso, cuando leemos en 2 Reyes 25:9 que Nabuzaradán “quemó la casa de Jehová”, esa casa que con tanto detalle y devoción había sido hecha, tenemos que recordar que ya antes el pueblo y sus líderes -con algunas excepciones- habían dejado la adoración genuina al Dios que les había liberado de Egipto y les había traído a la tierra de promisión. De manera que la destrucción física vino a ser únicamente un reflejo de la destrucción espiritual que ya antes había tenido lugar en el corazón del pueblo elegido.
Dios ya no le veía sentido a cuidar las instalaciones físicas de un lugar de adoración, si no había un sustento espiritual para tenerlo, en la mente y el corazón de ese pueblo elegido. Esta destrucción fue profetizada y cumplida, de modo que el pueblo de Israel no pudo decir que Dios no le había advertido de lo que iba a suceder. ¡Para qué conservar un templo, si ese templo incluso había llegado a albergar figuras de reptiles y de bestias abominables (Ezequiel 8:8-18)!
En la actualidad es lo mismo: la belleza de nuestras instalaciones en la iglesia no tiene sentido si no es el reflejo de una vida espiritual íntima, en privado y en público. Cuando nos veamos tentados a preocuparnos por el aspecto de nuestros templos y otros lugares de reunión, tenemos que preguntarnos si la motivación para embellecerlos es sólo nuestra vanidad o si viene de un corazón como el de Salomón, que dijo: “…la casa que tengo que edificar, ha de ser grande; porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses” (2 Crónicas 2:5).
Lo ceremonioso y lo ritualista no tiene sentido si no hay un corazón sincero para acercarnos a Dios. Podemos tener una apariencia de piedad; y sin embargo, como en Ezequiel 8, tener habitaciones en nuestro corazón llenas de “reptiles y bestias abominables”, pecados ocultos con los que estamos muy a gusto y no nos queremos deshacer de ellos. En este año de aniversario 150 del metodismo oficial en México, tenemos que recordar que lo de afuera importa, sí; pero importa más lo de adentro, que le da sustento a lo de afuera.
Los invitamos a leer todas y cada una de las colaboraciones de esta edición del 31 de agosto de 2023. Empezamos con una interesante crónica de la 37a. Conferencia Anual Septentrional, realizada en julio pasado, así como un avance de lo que será la Jornada Conmemorativa “Herencia y Desafíos”, que dicha Conferencia Anual tendrá el próximo mes de septiembre.
Siguiendo con la historia, Un Fan Ganteano continúa con la remembranza de sucesos notables ocurridos durante estos 150 años de historia metodista en México, además de compartirnos una muy completa cronología de hechos de la vida de Gonzalo Báez-Camargo, en el 40° aniversario de su fallecimiento. Concluimos la crónica de los 50 años del Seminario Juan Wesley en Monterrey, N.L.; y podremos leer un poema escrito para el otro de nuestros seminarios, el Dr. Gonzalo Báez Camargo, de la autoría de uno de sus alumnos.
Tenemos un desafiante escrito, titulado “Mente Abierta”, para hacernos reflexionar en lo que realmente consiste este concepto, ante el embate de doctrinas ajenas a la Palabra de Dios. Y hay un cuestionamiento sobre si los creyentes tenemos o no que enfrentarnos a las enfermedades de salud mental en nuestras congregaciones, en un escrito preparado por Brenda Romero Grimaldi. Además, una serie de consideraciones sobre lo que es ser pastor metodista en una comunidad hispana allá en Estados Unidos, en “Mitos y realidades de ser pastor en el «gabacho»”.
¿Cómo se enfrenta el dolor? con las manos, nos dice una reflexiva colaboración incluida en este número. Además hay un poema que nos lleva a considerar que, realmente, la venida del Señor PODRÍA SER HOY. Los invitamos a leer estos y otros escritos de la presente edición.
Gracias una vez más por ser parte de los lectores de El Evangelista Mexicano, y por compartirnos sus opiniones e inquietudes a este órgano oficial de la Iglesia Metodista de México.
María Elena Silva Olivares

Excelente.
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