El ser llamado a ser pastor en un país extranjero, muy diferente en cultura al tuyo, es, sin duda, un reto grande. Mi esposa y yo, por la gracia de Dios, fuimos tomados en cuenta para venir a pastorear un ministerio hispano en los Estados Unidos (lo que de antemano representa un desafío, ya que tuvimos que desprendernos de todo; familia, amigos, cosas materiales, e incluso de nuestra mascota; pero no te preocupes, quedó en buenas manos, y por lo que sé, vive como rey). Además, sabíamos que el idioma, la idiosincrasia, la mentalidad y las reglas son total y completamente diferentes a como las solemos llevar en nuestro país. Es un mundo ampliamente distinto y nuevo para nosotros; por ende, adaptarse a este estilo de vida ha resultado todo un desafío.
Por otro lado, al venir, estábamos cargados de mitos y «leyendas urbanas» que oímos en nuestro país (México) sobre cómo es la vida acá, y que, al llegar a este lugar, resulta que no son para nada ciertas; o que, de alguna forma, no son como lo imaginamos del otro lado del río, es decir, descubrimos que la realidad es otra a la de los mitos transmitidos o escuchados. Por lo tanto, hoy trataré, con base en mi experiencia y en mi contexto ministerial, de compartir aquellos mitos que imaginamos o construimos sin conocer la verdadera realidad detrás de una vida en los Estados Unidos. Pero, sin más por el momento, aquí te dejo los mitos y las realidades de vivir y ser pastor en el país vecino del norte.
Mito #1 «La gente siempre tiene dinero»: A quienes se vienen a vivir a Estados Unidos, se les cataloga inmediatamente como personas adineradas. Es como si pensáramos que, con tan sólo poner un pie en este país, las personas automáticamente se vuelven millonarias. Posiblemente esto sea debido a que los vemos usando aquellos celulares muy famosos de la «manzanita» con todos sus accesorios; o los miramos conduciendo «trocas» último modelo, difíciles de adquirir en nuestro país de origen; o, bien, usan ropa de marca o de diseñador muy a menudo. Sin embargo, la realidad es que esto no es así: se tiene que trabajar muy duro y ahorrar para poder comprar algún «lujito». En nuestra experiencia aquí en Estados Unidos, nosotros no podemos adquirir fácilmente un teléfono o un automóvil de manera rápida sin un buen historial crediticio, y construir eso toma algo de tiempo; incluso si lo quisieras comprar al contado, no es tan sencillo hacerlo, requiere de ahorro y constancia para poder privarte de algunas otras cosas. Asimismo, algunos bienes que llegamos a tener, o, son donaciones, regalos, o, están en oferta a tal grado que se vuelven accesibles a nuestro presupuesto; encima, aunque se gana en dólares, gastamos en esa misma moneda: se pagan servicios, seguros y renta. Y en cuanto al tema de la salud, ya mejor ni hablamos, esta es un área muy costosa. En nuestro caso, no contamos con seguro médico que nos ayude a amortiguar si llegamos a tener una enfermedad o una emergencia, por lo que, si necesitamos algún servicio de esta índole, lo tenemos que costear directo de nuestro bolsillo. En resumidas cuentas, aunque es cierto que algunas cosas son asequibles -más que en otros países-, no siempre se cuenta con el dinero o capital suficiente para ir comprando cosas a diestra y siniestra, mucho menos somos ricos o millonarios de la noche a la mañana.
Mito#2 «El ministerio es mucho más fácil allá»: Al estar acá haciendo ministerio, nos hemos dado cuenta de que las iglesias y ministerios cuentan con una cantidad enorme de recursos de todo tipo. Los templos tienen materiales didácticos como no te puedes imaginar; poseen salones y cuartos para jugar, enseñar, y hasta descansar; además, gozan de fondos y presupuestos de los cuales se puede tomar mano para hacer más dócil y manejable el ministerio, lo cual nos puede llevar a pensar que la obra y el trabajo pastoral es en demasía sencillo y cómodo. No obstante, esto está muy alejado de la verdadera realidad. Aunque las iglesias y templos cuenten con los materiales y recursos suficientes, eso no quita los desafíos que se suelen presentar cuando trabajamos y ministramos a personas. Lo que esto quiere decir, es que, a pesar de tener mucha accesibilidad a diversos medios, las problemáticas son las mismas que en cualquier lugar donde se halle una comunidad de fe: tenemos matrimonios rotos que hay que ayudar a sanar, hay problemas de adicciones y vicios; animamos a los afligidos, exhortamos a los rebeldes y amamos a quienes nos aborrecen; incluso, hasta trabajadores sociales, abogados y médicos somos. En fin, ciertamente encontramos más bienes o capital, pero también luchamos día a día por hacer ministerio y llevar una pastoral adecuada entre nuestras iglesias y feligresía.
Mito #3 «Se fue tras pastos verdes»: Es muy común escuchar esta expresión entre colegas pastores cuando alguien se va a hacer ministerio en los Estados Unidos (la expresión «pastos verdes» hace referencia al color de los billetes de moneda oficial de este país, el dólar). Automáticamente deducimos que ese alguien ha sido motivado principalmente por el amor al dinero y que su único objetivo es ir a recrearse a estos «pastos verdes» de prosperidad y abundancia. Solemos etiquetar a los siervos que emigran como avaros, interesados y materialistas. No obstante, muchas de las veces no nos ponemos a pensar lo duro o difícil que ha sido para aquellos que salimos de nuestro país el venir a hacer ministerio acá. La verdad o la realidad, es que, aunque la vida sea sencilla o haya más poder adquisitivo que en nuestros países de origen, no vivimos nadando en dinero ni lujos; al contrario, a veces nos encontramos en situaciones complicadas que muchas de las ocasiones nos hacen quebrarnos y desgastarnos. Al igual que muchos inmigrantes, muchas de las veces deseamos con anhelo un poquito de nuestras raíces, un pedacito de nuestro país, porque como bien se dice «aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión». Por lo tanto, no seamos insensibles con quienes se han venido sinceramente a servir a Dios de este lado del «charco», ya que muchas de las veces hay historias honestas de servicio, devoción y piedad al Señor. No todo se trata de dinero, lujos y comodidades.
Conclusión.
Quienes hemos sido llamados a algún ministerio en los Estados Unidos no vivimos como reyes ni como ricos. Tratamos de «echarle todos los kilos» por el bien del evangelio. Muchas veces pasamos situaciones complicadas y difíciles lejos de casa y familia, haciéndole frente a las barreras del idioma y la cultura. No dejamos de ser inmigrantes; y aunque podamos residir con nuestros papeles y visas, experimentamos la alienación que todo extranjero vive. Deseamos muchas de las veces tener un «taquito callejero» en nuestras manos, o caminar por el parque con un «elotito con chilito del que sí pica»; y aunque vivamos en un país que nos ofrece algo más que nuestra tierra, nuestra esencia nunca nos deja y nuestra patria nunca sale de nuestro corazón.
Para finalizar, no nos dejemos llevar por aquellos mitos que oímos sobre quienes se vienen a ministrar, trabajar o servir a la Unión Americana. En su lugar, oremos por ellos, tratemos de contactarlos y darles alguna palabra de aliento y motivación, y abracémosles a la distancia; nunca perdamos ese calorcito latino que nos caracteriza entre nosotros. Ya sea que vivamos lejos o cerca, tengamos en cuenta el amarnos y orar unos por otros.
… Y ustedes nos están ayudando al orar por nosotros. Entonces mucha gente dará gracias porque Dios contestó bondadosamente tantas oraciones por nuestra seguridad.
2 Corintios 1:11
Pbro I. Daniel Cárdenas
