EL TIEMPO PERFECTO

EL TIEMPO PERFECTO

«*Estoy confundido, Señor. Tengo mis propios planes y sueños. No estoy seguro de si realmente estás ahí, o si sólo eres una ilusión. He trabajado duro para construir mis sueños y metas, pero me da miedo que tú los puedas arruinar.»

Todo cambió cuando después de esa conversación, 3 días después recibí un mensaje invitándome a realizar trabajo misional. Acepté el reto y me fui a una ciudad desconocida con 12 personas que no conocía. Allí me sumergí en una congregación, donde participaba en devocionales, cultos, pláticas y todo tipo de actividades religiosas.

En la misión se hacía principalmente lo que es servir a los demás: íbamos a lugares donde estaban iglesias intentando levantarse, lugares donde podías tu visualizar toda la violencia, destrucción, abuso, pero principalmente corrupción. Desde el más pequeño hasta el más grande, la mente de cada uno de ellos estaba dañada por actos humanos (desconfianza, egoísmo, enojo, rabia). Muchos perseguían sus sueños, como los 1.700 migrantes en la frontera que anhelaban una oportunidad americana para “Una mejor calidad de vida”. Sin embargo, no avisaron a la ciudad de su llegada y, como era de esperar, ésta no estaba preparada para acoger a tanta gente; había muchos migrantes que son profesionales cualificados, como ingenieros, psicólogos, maestros, abogados y otros.

Entre tanta multitud, corrupción, abusos, egoísmo y dificultades, había un grupo de 10 adolescentes. Sin experiencia, algunos sin hablar español, con miedo, pero dispuestos a servir, a aprender, a no rendirse, a apoyarse. Pero yo me preguntaba: ¿Cómo hablar de un Dios que nunca he conocido? ¿Qué puedo ofrecer yo, que dudo de su existencia?

A pesar de tener esas preguntas en mi mente todo el día, no dejaba de intentar conocerlo. Oraba, aunque dudara; leía la Biblia, aunque dudara;  hablaba de Dios, aunque dudara. Pero sinceramente me sentía fuera de lugar, no encajaba ahí, no me emocionaba estar ahí. ¿Qué hacía yo ahí entonces?

Agotado de la situación, del lugar, de intentarlo, tras pasar un mes ahí, me di cuenta de algo. Mi corazón se había endurecido, y no sabía cómo suavizarlo. Sus palabras no me tocaban, nada me emocionaba. Había ocultado mis emociones tan hondo que había olvidado cómo vivir en este mundo.

Al darme cuenta de mi estado, el pastor nos propuso que escribiéramos un lamento, un texto donde le expresáramos a Dios nuestro sentir. Cansado de la soledad, de no notar su presencia, le abrí mi corazón en ese lamento, le confesé mi frustración, mi desesperanza. Anhelaba tener eso de lo que todos hablaban;  y aunque la batalla era dura, no me rendí. Tenía claro que sólo con paciencia y constancia podría lograr algo; y si no lo lograba al final de los dos meses, me daría por vencido en buscar a un Dios. Así de simple lo tenía en mi cabeza.

Durante las últimas dos semanas, empecé a percibir cambios en mi entorno: veía las cosas de otra manera, empezaba a presenciar milagros. Uno de ellos y el más impactante fue, como en la Biblia, de los cinco panes y los dos peces. Después de un evento que se llenó de personas, no había suficientes despensas para toda la comunidad. Con el corazón apenado, pensábamos que tendríamos que decirles que se nos acabó, pero ahí ocurrió lo inesperado. Seguíamos y seguíamos repartiendo decenas de bolsas a todas las personas. ¡Sólo eran 25 bolsas! ¡Y alcanzaron para 50! ¡Y sobraron!

Otro de los milagros que presencié fue cómo Dios se mueve entre las personas para traer las buenas nuevas. Un grupo de la iglesia de 10 miembros organizó un campamento para 60 jóvenes. Y esos jóvenes no eran parte de una “liga”, sino que Dios movió todo para que ellos se conocieran por primera vez, se juntaran por primera vez y conocieran a Dios por primera vez.

¿Qué pensarías si te contara que en Monterrey hay un asilo administrado por 2 personas y 2 trabajadores? Este asilo no está reconocido por el estado, no recibe ayuda del estado ni tiene forma de pago. Además, los 2 administradores son mayores de 60 años. Ellos oran cuando necesitan algo y Dios provee. ¡Así ha sido por 18 años! ¡Dios provee a los que confían en él! No quiero decir que las condiciones del asilo sean las más adecuadas o las más limpias, pero Dios actúa para que no les falte comida, ni agua, ni bendición.

Este grupo que fue a ayudar; se llama QUADW, un grupo de 10 personas que nos conocimos en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Durante dos meses, compartimos experiencias y nos convertimos en una familia.

Nací en una familia cristiana, pero nunca me sentí parte de la iglesia. Sólo seguía las costumbres de los demás, sin entender ni vivir lo que creía. Era un cristiano-ateo, que creía en un ser superior, pero lo dudaba y lo ignoraba. Y ahora felizmente me considero cristiano de corazón.

Dios ha hecho maravillas para que yo viviera esta aventura, pero no es mi historia lo que importa, sino lo que Él obra en secreto en cada uno de nosotros. Si este era su plan para mí… ¿Qué no hará contigo si te atreves a confiar en Él?

ATTE JAAZIEL FLORES ALBA