La voz de las míticas cantoras entre los cristianos de los primeros siglos
Jesús Caos Huerta Rodríguez
Los primeros cristianos heredaron de los judíos los textos sagrados del Antiguo Testamento (AT). No obstante, a diferencia de lo que comúnmente se piensa, la cristiandad no recuperó los relatos, personajes e historias del judaísmo a través del texto hebreo de las Escrituras, sino que lo hizo mediante la traducción griega de las Escrituras judaicas. Así pues, la traducción griega del AT, denominada los LXX o Septuaginta, fue realmente el vehículo mediante el cual los cristianos primitivos tuvieron acceso a los textos hebreos del judaísmo.
La apropiación del AT en la versión griega tuvo un impacto notable en el pensamiento, léxico e imágenes utilizadas por la cristiandad para comprender su legado. Al respecto, existen numerosos ejemplos que dan cuenta de esta situación. Tal vez, el caso más ilustrativo de este proceso de helenización, implícito por el uso de la Septuaginta, sea el empleo de un léxico más griego para hablar de Dios y del ser humano. Los nombres hebreos para referirse a la divinidad, tales como Yahvé, Adónai, El, Elohim, Elyón, El-Saday, Sebaoth, etc. fueron reducidos a dos términos Κύριος (Señor) y Θεὸς (Dios). De igual forma, por ejemplo, la expresión característica del AT “Yahvé Sebaoth” es traducida por el término παντοκράτωρ (todopoderoso), misma palabra que en la cultura helenística se utilizaba para describir a Zeus (Huerta Rodríguez, 2018).
El influjo helenístico no sólo se hizo presente en el léxico, sino también se vio reflejado en los estilos literarios. La huella “griega” en la Septuaginta, la versión utilizada por los primeros cristianos, es patente en ciertas reminiscencias homéricas y platónicas ubicadas en el libro de Proverbios. Igualmente, se puede establecer un estrecho paralelismo entre el Libro de Job con respecto a la mitología y fábula de la literatura clásica, sólo por citar algunos casos (Fernández Marcos, 2000, pp. 314-315).
Así la “Biblia griega” o Septuaginta facilitó la incorporación de los cristianos a la cultura helenizada del Imperio Romano (Law, 2014). Sin embargo, ello implicó la adopción y aceptación de la mitología griega manifestadas en el uso de imágenes y figuras procedentes del mundo de la cultura grecorromana. Este proceso de helenización dio lugar a que animales mitológicos griegos, que no están en el texto hebreo veterotestamentario, fueran introducidos en la Biblia griega. Por consiguiente, los cristianos de los primeros siglos tuvieron acceso a una serie de elementos mitológicos que ellos consideraron parte de las Escrituras Sagradas.
El caso más fascinante probablemente sea la recepción de las sirenas como parte del lenguaje bíblico de la versión griega del AT. De acuerdo con Rahner (2003, p. 330) los traductores adoptaron la imagen de las sirenas para identificar dos palabras que refieren a dos creaturas del AT hebreo. El primero de estos vocablos es םינת, tannîm, cuyo significado primario es chacal; mientras que, el segundo de ellos es la expresión תונב הנעי , benôt ya ’anâh, la cual podría traducirse como el femenino de la palabra avestruz. Los pasajes de la Septuaginta donde se inserta la figura de las sirenas son los siguientes:
Isaías 13.21 (LXX): καὶ ἀναπαύσονται ἐκεῖ θηρία καὶ ἐμπλησθήσονται αἱ οἰκίαι ἤχου καὶ ἀναπαύσονται ἐκεῖ σειρῆνες καὶ δαιμόνια ἐκεῖ ὀρχήσονται.
Allí descansarán las fieras y las casas se llenarán de ruido, y allí reposarán sirenas, y allí danzarán demonios.
Isaías 34.13 (LXX): καὶ ἀναφύσει εἰς τὰς πόλεις αὐτῶν ἀκάνθινα ξύλα καὶ εἰς τὰ ὀχυρώματα αὐτῆς καὶ ἔσται ἔπαυλις σειρήνων καὶ αὐλὴ στρουθῶν.
Y en sus ciudades y en sus fortificaciones brotarán árboles espinosos y se convertirá en mansión de sirenas y habitáculo de gorriones
Isaías 43.20 (LXX): εὐλογήσει με τὰ θηρία τοῦ ἀγροῦ σειρῆνες καὶ θυγατέρες στρουθῶν ὅτι ἔδωκα ἐν τῇ ἐρήμῳ ὕδωρ καὶ ποταμοὺς ἐν τῇ ἀνύδρῳ ποτίσαι τὸ γένος μου τὸ ἐκλεκτόν.
Los animales salvajes del campo me bendecirán, sirenas y avestruces, porque puse agua en el desierto y ríos en el páramo para abrevar a mi raza escogida.
Job 30.29 (LXX): ἀδελφὸς γέγονα σειρήνων, ἑταῖρος δὲ στρουθῶν.
En hermano de sirenas me he convertido, en compañero de avestruces.
Jeremías 27.39 (LXX): διὰ τοῦτο κατοικήσουσιν ἰνδάλματα ἐν ταῖς νήσοις καὶ κατοικήσουσιν ἐν αὐτῇ θυγατέρες σειρήνων οὐ μὴ κατοικηθῇ οὐκέτι εἰς τὸν αἰῶνα.
Por eso habitarán apariciones en las islas y habitarán en ella hijas de sirena. Ya no será habitada más nunca.
Miqueas 1.8 (LXX): ἕνεκεν τούτου κόψεται καὶ θρηνήσει πορεύσεται ἀνυπόδετος καὶ γυμνὴ ποιήσεται κοπετὸν ὡς δρακόντων καὶ πένθος ὡς θυγατέρων σειρήνων.
Por eso se lamentará y gemirá, andará descalza y desnuda, prorrumpirá en lamentaciones como la de dragones y en duelo como el de hijas de sirena.
Estos seis pasajes bíblicos demuestran la estrecha conexión que existía entre las primeras comunidades cristianas con el entorno cultural helenizado del Imperio Romano. La Septuaginta era el texto que circulaba en la cristiandad inicial, pues de hecho las citas bíblicas del AT en el NT no se corresponden con la versión hebrea. Por el contrario, cuando los escritores neotestamentarios recuperan las citas del AT emplean un tipo textual más cercano a la Septuaginta que a la versión hebrea. Sólo basta comparar en nuestras actuales Biblias, que no usan ya la Septuaginta para el texto del AT, un versículo del AT citado en el NT para percatarse de las diferencias existentes en ambos textos. En la antigüedad no era así; puesto que el texto utilizado para citar el AT era la versión griega. Por consiguiente, es de esperar que cuando los cristianos de los primeros siglos utilizaban estos pasajes donde aparecen las sirenas, lo hagan conforme al texto de la Septuaginta.
Al respecto, la evidencia es interesante, pues efectivamente estos pasajes, tal y como los transmite la Biblia griega, fueron utilizados por la cristiandad de los primeros siglos. Los autores eclesiásticos denominados Padres de la iglesia emplearon estos pasajes en sus escritos y siempre lo hicieron conforme al texto griego. De esta situación hay varios ejemplos, pero uno de los más interesantes es Clemente de Alejandría. En varios pasajes de la obra de este teólogo de finales del segundo siglo se puede leer referencias a las sirenas. Una de las citas más llamativas se encuentra en Stromata VI 50.4, donde dice cuando comenta el pasaje de Isaías 11.7:
“Por el contrario, el pueblo gentil es representado por la osa animal impuro y salvaje. Engendra la cría como un feto deforme, y con la lengua va dando figura hasta darle semejanza de animal. En efecto, el gentil que se convierte de la gentilidad es formado por el Logos hasta abandonar la vida animal, y una vez domesticado también él se santifica como el buey. He aquí lo que dice el profeta: Me bendecirán las sirenas y las hijas de avestruces y todas las fieras del campo (Is. 43.20). Hay que reconocer que las fieras del campo -es decir- es lo propio de los animales inmundos…” (Merino, 2005, p. 145).
Clemente de Alejandría no cuestiona la validez de las sirenas, sino que asume el texto bíblico como tal y lo aplica directamente al desarrollo de su argumentación. Para este cristiano del siglo II las sirenas, juntamente con la osa, las hijas de avestruz y las fieras del campo representan el pueblo gentil que se acerca a la fe cristiana. Por consiguiente, el teólogo alejandrino está convencido que la conversión de los gentiles aparece enunciada desde las palabras del profeta Isaías (Huerta Rodríguez, 2021).
Por esa misma época, otro Padre de la Iglesia retoma el mismo pasaje de Isaías 43:20 y le confiere una interpretación similar. Tertuliano de Cartago recupera esa cita de la versión griega del AT y la traduce al latín (Vetus latina). Al igual que Clemente, el texto bíblico le sirve para referir a la conversión de los gentiles anunciada por Isaías. El cartaginés escribe lo siguiente:
sicut et praedicans de nationum conversione: benedicent me bestiae agri, sirenes et filiae passerum; non utique ab hirundinum pullis et vulpeculis, et illis monstruosis fabulosisque cantricibus fausta omina relaturus est (Adv.Marc. III 5.3).
De la misma manera, cuando anuncia la conversión de los gentiles, dice: “las bestias del campo, las sirenas y las hijas de avestruz me bendecirán”, ciertamente no tiene la intención de recibir felices auspicios de las golondrinas, de los cachorros de zorro y de esas monumentales cantoras de fábula (Huerta Rodríguez, 2022, p. 44).
Sin duda, ambos teólogos emplean la versión griega del AT, lo cual demuestra la importancia que tenía la Septuaginta para las primeras comunidades de cristianos. Lo relevante del caso es que no cuestionan jamás la figura de las sirenas; por el contrario, asumen la imagen de estas míticas cantoras como un elemento bíblico que implica un simbolismo que merece ser interpretado. La influencia de la Septuaginta persiste a lo largo de los siguientes siglos, pues hacia la cuarta centuria las sirenas siguen apareciendo en los motivos temáticos de los Padres de la iglesia. Eusebio de Cesarea, en su comentario a Isaías continúa trabajando sobre la versión griega del AT, vuelve a retomar el tema de la conversión de los gentiles como un acontecimiento anticipado en el pasaje de Isaías 43.20:
“E incluso si también hubiera ciertas sirenas que engañaran a las almas humanas con placeres y letras demoníacas, adornadas con ilusorias palabras elocuentes, incluso ellas también me alabarán después de que hayan cambiado. Sin embargo, también hay hijas de avestruces, o según las otras traducciones griegas: También avestruces, un animal que vive en la naturaleza y áreas deshabitadas, y también fue domesticado y enseñado a alabar a Dios. Y la razón de estas cosas es que di agua en la naturaleza y proporcioné la fuerza de los ríos que fluyen en la naturaleza. Entonces, los animales del campo, las sirenas y los avestruces beberán mi agua, y su naturaleza cambiará para que sean dóciles y racionales”.
La cita de Eusebio resulta interesante por varias razones. Primero, atestigua que está usando la versión griega del AT (no hay que olvidar que este extracto de la obra de Eusebio corresponde al comentario de Isaías). Segundo, reconoce que tiene diferentes textos griegos de este mismo pasaje, en donde unos dicen “hijas de avestruz” y otros simplemente dicen “avestruz”; es decir, Eusebio tiene acceso a varias versiones griegas del mismo texto del AT. Tercero, a pesar de haber consultado varias versiones griegas, se puede inferir que todas ellas conservan la palabra “sirenas” en el texto, pues de lo contrario lo hubiera señalado como hizo con el asunto del vocablo “avestruz”. Todas estas observaciones demuestran que la cristiandad primitiva no tenía inconveniente que en sus “biblias” apareciera la palabra “sirenas”.
Estos textos no son los únicos que refieren a las sirenas en Isaías. A estas citas habría que sumarle también los escritos de Ambrosio de Milán, quien hacia finales del siglo IV refiere dos textos bíblicos alusivos a las sirenas dentro de un mismo pasaje de su obra De fide III 1.4:
También Isaías nombró a las sirenas y a las hijas de los pájaros (Isaías 43.20); Jeremías recuerda, respecto a Babilonia, que habitan en ella las hijas de las sirenas (LXX Jeremías 27.39), para mostrar a los babilonios que los halagos de la confusión del siglo deben ser comparados con las fábulas antiguas sobre la vida licenciosa, que, como en el litoral escabroso de esta vida, hacen resonar una canción dulce, pero mortífera, que parece seducir los espíritus de los jóvenes; también el sabio poeta griego [Homero] es inducido a salvar este escollo como rodeado por determinados lazos de su personal prudencia. Así se consideró difícil que, antes de la venida de Cristo, no pudieran escapar a los engañosos deleites del placer incluso los más fuertes (García, 2009, p. 139).
Estos pasajes no son los únicos textos utilizados y comentados por la cristiandad durante los primeros siglos donde se alude a las sirenas. Las referencias a las sirenas son numerosas entre los Padres de la iglesia. Por ejemplo, tan sólo para las citas de Isaías se pueden identificar al menos ocho Padres de la iglesia que refieren Isaías 13:21 en alguna de sus obras: Teodoreto de Ciro (In Esaiam V 13.21), Juan Crisóstomo (Is: 7.25), Basilio de Cesarea (Is. 274, 276), Gregorio de Nisa (Eun. II 437), Eusebio de Cesarea (Is. I 67), Ambrosio de Milán (Psal. 43), Procopio de Gaza (Is. 88-89, 92) y Jerónimo de Estridón (Ep. 22.6). Para el caso de la referencia a las sirenas en Isaías 34:13 están: Eusebio de Cesarea (Is. II 8) y Teodoreto de Ciro (Is. X 34.13) recuperan este pasaje bíblico en sus respectivos comentarios. Mientras que para el texto de Isaías 43:20, el cual se ha estado comentando en este escrito, están: Tertuliano (Adv.Marc. III 5.3), Clemente de Alejandría (Strom. VI 50.4), Teodoreto de Ciro (Is. XIII 43.20), Eusebio de Cesarea (Is. II 25), Ambrosio de Milán (De fide III 1.4) y Procopio de Gaza (Gen. 212) (Huerta Rodríguez, 2022, p. 41).
La cantidad de referencias permite hacerse una idea de la manera en que la antigua cristiandad recuperó el texto del AT. Indudablemente, antes de la versión latina de las Sagradas Escrituras denominada “Vulgata” los cristianos utilizaron la Septuaginta, ya sea en griego o en su versión latina (Vetus Latina), para leer los textos veterotestamentarios. Este hecho puede arrojar por lo menos dos conclusiones provisionales sobre el asunto: Primero, la incorporación de la versión hebrea del AT en nuestras versiones occidentales de la Biblia ha desfasado a la cristiandad de sus orígenes. Curiosamente se suele pensar que el texto hebreo nos acerca más al sistema de creencias originales del cristianismo, pero lo cierto es que la introducción de las fuentes hebreas termina separando a la iglesia de sus auténticas raíces. No en vano hay que recordar que el NT se escribió en griego y no en alguna lengua semítica, porque el contexto cultural helenizado así lo exigía. De igual manera, debido a ese mismo contexto fuertemente helenizado, la cristiandad se acercó a través del texto de la Septuaginta a las Escrituras Sagradas del judaísmo. La evidencia que sustenta esta última consideración formulada es el caso de las “sirenas”. La primera cristiandad leyó, comentó y usó la versión griega de las sirenas y no tuvo ningún problema en recuperar la imagen de las sirenas como parte del lenguaje bíblico.
Una segunda conclusión, aún más sugerente, es la idea que se tiene de la Biblia hoy día en ciertos círculos cristianos. Si se asume la lectura literal de los textos bíblicos, tal y como lo hacen algunos fundamentalistas, entonces habría que aceptar la posibilidad de la existencia de las sirenas, pues terminarían siendo “bíblicas”. Sin duda, esta sería una conclusión absurda, pero que llama poderosamente la atención a lo que habitualmente se le denomina “bíblico”. En todo caso, sería más conveniente pensar y reflexionar acerca de la manera como entendemos e interpretamos el texto bíblico.
Al margen de las conclusiones formuladas cabe una inquietud final: Cuál debería de ser el texto utilizado hoy en día en las comunidades eclesiásticas occidentales cuando se lee Isaías 43.20. La versión predominante del protestantismo, la Reina Valera 60, dice: “Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos de avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido”. Mientras que la Septuaginta dice: “Los animales salvajes del campo me bendecirán, sirenas y avestruces, porque puse agua en el desierto y ríos en el páramo para abrevar a mi raza escogida”. Lo cierto es que la primera opción no fue utilizada por la cristiandad primitiva, sino la segunda alternativa es la que prevaleció entre los primeros cristianos. De tal suerte que, si se desea recuperar el tipo textual original de las comunidades cristianas iniciales, habría que considerar incorporar las sirenas como un elemento cultural heredado de las antiguas fuentes cristianas.
Referencias
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Fernández Marcos. M. y Spottorno Díaz-Caro, M.ª V. (coords.) (2015). La Biblia griega. Septuaginta IV. Libros proféticos. Sígueme.
García, S. (2009). Ambrosio de Milán. Sobre la fe. Editorial Ciudad Nueva.
Huerta Rodríguez, J. C. (2018). Exégesis bíblica en Clemente de Alejandría: Uso e interpretación de las citas de los LXX (Pentateuco). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
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Huerta Rodríguez, J.C. (2022). La recepción de Isaías 43.20 en Adversus Marcionem de Tertuliano: Las sirenas como un tipo de los “gentiles” y como un caso de hibridismo cultural. Philologica Canariensia, 28, pp. 37-54.
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