EDITORIAL

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El Alfa y la Omega (𝛂 y 𝛺) del año 2024

En este nuevo año, como quizá en los anteriores, podemos tener grandes expectativas o grandes interrogantes. Esta fecha simboliza un comienzo posible o deseado para el alcance de nuestras metas, aunque podemos encontrarnos al principio de esta jornada anual con el hecho de que no sabemos cómo comenzar, o qué decir, o qué hacer para encaminarnos o mantenernos en la ruta que tenemos por delante.

Ya sea que se trate de planes a realizar, o conversaciones que tener, la manera más segura de comenzar este nuevo año es de rodillas ante el que tiene en su mano todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, Cristo. Él es, como dice, “el Alfa y la Omega”, representando con la primera y última letras del alfabeto hebreo su carácter de Dios que engloba todos los aspectos de la vida del hombre. Por ser un Ser total, le da sentido a nuestra particularidad humana:Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso (Apocalipsis 1:8)– Su amor es, como dice el canto infantil:

“Tan alto, que no puedo estar arriba de él;
tan bajo, que no puedo estar abajo de él;
tan ancho, que no puedo estar afuera de él.
¡Grande es el amor de Dios!”.

El amor de Dios en nuestra vida le da sentido y confianza a nuestro andar. Podemos estar seguros en el amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ese amor nos podemos mover con certidumbre y ser dirigidos en el inicio de un nuevo trabajo, en la realización de una nueva conversación, o en el principio de un nuevo recorrido. A donde sea que nos dirijamos, o lo que sea que vayamos a decir, recordar que él es el Alfa y la Omega nos permite saber que si lo tenemos como Señor de nuestra vida él está al inicio y al final del recorrido que vayamos a hacer, de lo que vayamos a hablar, y eso nos da confianza para seguir adelante. Él sabe cuál es nuestro lugar.

En este primer número del año 2024 tenemos la reseña del Encuentro Nacional de Ligas Metodistas de Jóvenes e Intermedios, con el profético título de Mi Lugar, que constituyó un feliz reencuentro de nuestros jóvenes a nivel nacional luego de tres años de pandemia. Tenemos significativas revisiones históricas sobre nuestros himnarios en “Algunos de nuestros himnarios, cuarta parte”; y la última parte de los 150 datos de historia de la IMMAR; así como una reflexión sobre cómo se desarrolló la jornada final de celebración por nuestro Sesquicentenario en el emblemático templo La Santísima Trinidad, en la Ciudad de México, mediante el escrito  “Reflexiones del marco de los 150”.

Un comentario sobre el fanatismo religioso que aún hoy día vemos en nuestro país es materia de “Intolerancia y fanatismo religioso en México”. El Director de Archivo e Historia nos relata aspectos de la vída del misionero JP Hauser; y tenemos una transcripción del folleto “El uso del dinero”, de Juan Wesley, el fundador del metodismo, que toca un aspecto siempre necesario de ver al principio de cada año: cómo debemos usar nuestro dinero. También incluimos un testimonio de sanidad del Pbro. Baltazar González Carrillo, dentro de su “Historias de una historia”. Esperamos su lectura sea motivo de reflexión en nuestros lectores.

En el poema “El último paso” veremos una perspectiva esperanzadora de la muerte, ese trance final al que todos nos dirigimos. Aprovechamos esta mención para reconocer la vida y ministerio de Sandra Magallanes de Chávez (+), esposa del Pbro. Juan Manuel Chávez, pastor de la Conferencia Anual Oriental, que el 14 de enero fue llamada a la presencia del Señor, y enviamos nuestro respeto y condolencia a toda su familia; ella ha dado en verdad “El último paso”.

Dios es el Alfa y la Omega de nuestro día -o debe serlo-, el Alfa y la Omega del año que acaba de terminar, y anhelamos que sea, seguramente, el Alfa y la Omega de este 2024 y del resto de nuestra vida.

Sinceramente,
María Elena Silva Olivares