Que no te duela mi partida.
La muerte es el último paso de la vida
¡Que nos lleva a la otra vida!
Hoy no perdí, ¡Gané!
Hoy empecé a recibir la corona de gloria
Que Jesús me prometió
Cuando derrotó a la muerte y la sorbió en victoria.
¿Que si la separación se siente?
¿Y que si quedan los recuerdos?
Sí, y de pronto se detienen
los sueños y los anhelos
de conquistas en el mundo
y disfrutar más momentos.
Mas ¿qué es lo que se acaba?
¡Es la sombra! ¡Es la apariencia!
Es el límite del ser
y de nuestra poca ciencia,
Pues del morir pa´ delante
Se abre el cielo o el infierno,
Se abre la verdad completa
Para vivir lo eterno,
Lo que nunca acaba o muere
Créaslo o creas que es cuento.
La muerte es inexorable
Y más inexorable es la vida.
Mientras tú vivas aquí
Ten el alma agradecida
Para cuando allá pases,
Lo quieras o no lo quieras,
Lo creas o no lo creas
¡No tengas muerte, sino vida!
Así que, como te digo,
Que no te duela mi partida.
La muerte es el último paso de la vida
¡Que nos lleva a la otra vida!
Al escuchar ayer y hoy, la noticia de la muerte de una cantautora, de pronto me vinieron las primeras líneas de este poema. Hace unos días estuve en el funeral de un buen hermano y compañero de ministerio, Homero García; y aún unos días antes de ello, falleció un pastor muy respetado y querido por muchos: Elías Díaz Reyes.
Sólo pude asistir al funeral de Homero. La nota alta fue gratitud. Varios tuvimos la oportunidad de dar gracias a Dios por su vida y testificar de algunas experiencias que vivimos con él y cómo apreciamos muchas de las cosas que él hizo.
Es curiosa la forma en que muchos se refieren a la muerte. Algunos la tratan con mucho miedo y otros con expresiones de burla, de risa o “no me hace nada”. De cualquier forma llega a todos. Sólo habrá una generación que no experimentará la muerte física: la que esté presente a la venida del Señor.
La expresión de emociones y sentimientos es ineludible en momentos del fallecimiento de algún ser querido. Los recuerdos corren como ríos. Las preguntas brotan como manantiales. Las dudas, la culpa, las recriminaciones, lamentos y muchas cosas más, pero ya no es tiempo para mucho de eso.
El dolor aparece; pero creo que en aquellos que han vivido en plenitud, el dolor es altamente sobrepasado por la gratitud y el gozo por la otra persona. Que el Señor me dé la gracia de vivir de tal manera que, al momento en que sea llamado, suceda así; que la gratitud y el gozo, y aún la esperanza, rebasen abundantemente cualquier pena y dolor.
Raúl García de Ochoa
Cd. Benito Juárez, N.L.
8 de enero de 2024
