Pastor Heriberto Cantoriano Jiménez.
Se ha derramado mucha tinta en papel sobre el segundo libro de la Biblia Hebrea, el Éxodo, del cual dice Pablo Richard: “empieza a recuperar la memoria histórica del pueblo que está allá cerca del Mar Muerto”. Los textos que forman el libro procuran recuperar la identidad y conciencia de que son el pueblo del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, aquellos patriarcas del Medio Oriente que con sus diálogos constantes le fueron dando forma al Dios que se revela, que se deja sentir y palpar.
El camino abre horizontes; los que salen de Egipto no conocen la Tierra que fluye leche y miel, “sólo de oídas”, pero les pertenece por heredad; viajarán como pueblo y en el camino recibirán las condiciones básicas que les permitirán establecer relaciones con Dios y con el prójimo, será vertical y horizontal. Las ordenanzas les ayudarán en el fino arte de las relaciones filiales y valoración del que estará más próximo que otros.
También nosotros nos encontramos constantemente entre la esclavitud y la tierra prometida. Nuestra mente nos hará malas jugadas, llevándonos al recuerdo únicamente de lo malo realizado; un esfuerzo no sólo humano, sino también espiritual y de acompañamiento pastoral hará que salgamos sanos de las heridas y podamos auxiliar a otros que se encuentren en circunstancias de necesidad. Se espera que “la salida de la esclavitud”, el “camino por el desierto” con sus perspectivas teológicas, nos den el foro suficiente para valorar de dónde salimos y hacia dónde vamos: nos dirigimos hacia la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, nos dirá Juan en su Apocalipsis. La geografía bíblica y su diálogo teológico nos dicen que van por el camino de Dios y van guiados, les llevará más allá del Río Jordán.
La experiencia se convertirá en una epopeya de las que no se pierden en el tiempo, provocan fantasía e imaginación; pensar que el calzado no se desgastó, la ropa conservó su textura, y los fenómenos naturales estuvieron presentes por cuarenta años, eso es digno de registrarlo en nuestros cuadernos de notas. Dios es Dios del Éxodo y del sustento diario: se preocupó por las pequeñas cosas, le dio a su pueblo lo que pidieron [murmurando] y aun lo que no pidieron plugo a Dios darles. La lectura devocional nos lleva a comprendernos mejor a nosotros mismos, además, para encontrar respuestas a las cuestiones más profundas que anidan en nuestros corazones.
Debemos pisar con sumo cuidado los terrenos de la Biblia. Llegamos al corazón de la fe de un pueblo, mismo que con sus respectivas y relatos fundantes nos dicen a distancia de muchos siglos que fueron personas normales, no todas santas, perfectas; el camino por el desierto les fue humanizando y sensibilizando.
Eso nos ofrece el itinerario del tiempo de cuaresma, su color litúrgico, la himnología y lo que la plástica visualmente nos informará. Van a vivir en carne propia que mirar desde arriba [con arrogancia] no es lo mejor; los altibajos: muerte-vida, gracia-desgracia, felicidad-infelicidad, hambre-satisfacción, enfrentarán lo complicado de la vida como pueblo que va hacia la casa-la tierra.
La distancia del texto de “la Salida” y nosotros es un desafío frecuente por los desiertos espirituales a los que ingresamos constantemente. Muchos no sabemos cómo salir, hacia dónde dar el primer paso; lo que hacemos es lo mismo que el Profeta Elías, sentarnos, acostarnos, dormir y dejarnos morir. ¿Cómo asumimos la capacidad de afrontar las crisis que invitan a la reconstrucción, a la reingeniería y a no perder la capacidad de amar? Todos sufrimos, pero no todos sufrimos igual; todos cometemos pecado; esos son puntos de convergencia, común a todos los seres humanos.
Hoy tenemos delante de nuestros ojos la memoria de un pasado siempre presente [un presente continuo]; se ha convertido, en el curso de los siglos, en obra escrita compartida en lugares comunes, en literatura, libro en el interior de otros libros, el Pentateuco o la Torá [ley]. Con un vistazo a la Carta a los Romanos tendremos que descubrir a qué se refiere el Apóstol al citar la Ley, como se denomina en hebreo. El texto alcanzó su redacción definitiva tras la tragedia del exilio babilónico del 587-586; y muy probablemente bajo su influjo, desde Babilonia empezaron a darle valor a la tradición oral y poco a poco llegó la tradición escrita. Se había ido desarrollando poco a poco, a lo largo del tiempo, y, a través de la reelaboración sacerdotal, y las diferentes escuelas que dejaron un legado. Julio Trebolle dice que es complicado descubrir qué escuela redactó en su formato final los trozos que le dieron forma al Penta o hexateuco, el cual se venía configurando como la obra llamada a sellar el futuro del pueblo hebreo. y relaciones: «Se resalta la memoria del éxodo como evento emancipador paradigmático y fuente generadora de las normas de justicia social [Dt. 5, 15; 15,15; 24,18, 22; Miqueas 6, 4].
El éxodo define a Dios como libertador y a Israel como el pueblo que debe preservar fielmente el recuerdo de su liberación. No debe, por consiguiente, existir opresión alguna en el pueblo que Dios ha liberado de la esclavitud. Ese es el objetivo de la celebración anual de la pascua [Dt. 26,1-11], como ceremonia litúrgica que conmemora la liberación de los esclavos hebreos de la opresión egipcia. No se trata únicamente de rememorar el evento fundante y fundamental del éxodo, sino ante todo hacer de esa memoria la piedra de toque de una sociedad donde imperen la equidad, la justicia y la solidaridad. La lectura que hagamos en este tiempo litúrgico debe ser reparadora: leer y escuchar de diferentes modos y finalidades, sentir nuestras esperanzas, mismas que serán el recurso para darle sentido a tus esperanzas, voz a nuestras miserias, deseos, le damos sentido a lo que se ve como algo etéreo.
Sanemos algunas heridas que dejamos al tiempo y sólo se han enconado más. Dios nos dará las fuerzas necesarias para reemprender el camino que nos lleva al Señor que muere en la cruz y Resucita glorioso al tercer día, para todas las cosas siempre habrá un tercer día. Que este espacio nos ayude a dialogar, intercambiar vida a través de la experiencia sanada-tratada. Quien bien lee la Biblia, no lo hace para olvidar, o para evadir la realidad: es un ejercicio para relacionar el texto con la vida, darle mantenimiento a la dignidad de ser parte del pueblo, conversar con nuestra humanidad a pesar de todo lo que nos sucede.
Si te encuentras en el desierto espiritual, no te dejes morir. Busca a quien te puede dar cobijo. Déjate encontrar por el Dios de Moisés en el Monte Horeb.
