Pastor Guillermo Niño Fernández
Cita Bíblica: Carta a los Efesios 1:3-14.
El profesor Luis Alonso Shökel considera que este texto bíblico es una oración sobre la bendición. El fin de esta bendición era ser escuchada en el acto litúrgico de oración en la asamblea. Por lo regular los escritos que ahora tenemos en el Nuevo Testamento fueron leídos por algún miembro de las congregaciones en la región de Asia, entre ellas la comunidad de Éfeso. Algunos biblístas consideran esta porción bíblica como una bendición pre-bautismal que expresa el gozo profundo y la acción de gracias de los que serán bautizados, compartida por toda la congregación en el acto del bautismo. También el acto de gratitud es porque esos nuevos creyentes ahora experimentarán una nueva vida en Cristo, el perdón de pecados, la incorporación a Cristo y el sello del Espíritu Santo que, por cierto, es el tema de la epístola.
Esta bendición nos abre las puertas del plan de Salvación de Dios, que se presenta como un diálogo de amor. Éste es el plan de Dios manifestado en la muerte y resurrección en Jesús. Pablo introduce este mensaje en la carta por medio de una oración, de adoración y celebración.
Para San Jerónimo el relato bíblico es un himno bautismal que se enfoca en el perdón de pecados, el afiliarse a Cristo y ser sellados por el Espíritu Santo. Este texto es comparado con la Primera Carta de Pedro 1:3-12, por el tema de Cristo y el bautizo. Hay que entender que el bautismo en el contexto bíblico del Nuevo Testamento era la señal que recibía el miembro que se añadiría al pueblo del nuevo pacto; el bautizo reemplazó a la circuncisión (Colosenses 2:11-12).
PROFUNDIZANDO EN EL RELATO.
Al ser miembros del nuevo pacto, ahora por medio de la fe en Cristo, debemos de reflexionar sobre el tema de ser libres de nuestro pasado sin Cristo y buscar hacer la voluntad de Dios.
Sobre el primer tema, cuando seguimos a Jesucristo y lo aceptamos como nuestro Señor y Dios implica para nosotros el tener una vida consagrada. En el versículo 4 menciona la palabra “consagrados” en griego, ἅγιος, jágios, cuyo significado es: estar libre de culpa moralmente hablando (Jágios es derivada de la palabra ἁγνός, jagnós, que significa inocente). Entonces, al seguir a Jesús, nosotros somos libres de acciones pecaminosas; es decir, no las practicamos, por eso somos libres e inocentes de haber hecho el mal. Esto quiere decir que en la vida del creyente el Espíritu Santo ha actuado a favor para ser regenerados del mal y por consecuencia inocentes del pecado que reinaba antes de aceptar a Jesús en su vida.
Las preguntas para reflexionar personalmente y como Iglesia son: ¿En qué acciones pecaminosas de nuestras vidas sin Jesús hemos sido regenerados por el Espíritu de Dios? ¿Cómo ha sido nuestro proceso? ¿Cuál ha sido el esfuerzo de nuestra parte? Demos un tiempo para reflexionar.
El segundo tema es la voluntad de Dios; sobre esto nos preguntamos, ¿cómo un cristiano puede descubrir la voluntad de Dios? La respuesta que nos da el Reverendo Juan Wesley en este sentido es que encontraremos la voluntad de Dios al consultar las Sagradas Escrituras; y puedo añadir, interpretada por un pastor, pastora o laicos con las herramientas exegéticas correspondientes. Pero es posible que surja otra pregunta: ¿Cómo saber la voluntad de Dios si no hay una respuesta específica y concreta para mi caso en las Escrituras? La Biblia proporciona una regla general aplicable a todos los casos en la 1ra. Carta a los Tesalonicenses 4:3: “La voluntad de Dios es vuestra santificación”; es decir, la voluntad de Dios es que nosotros hagamos el bien, con el fin de ser mejores personas, tener una vida digna.
NUESTRA REALIDAD.
Sobre el tema de ¿cómo saber hacer la voluntad de Dios? daré unos ejemplos. Muchos jóvenes y adultos giran en torno a preguntas tales como: ¿quién será mi pareja? ¿a qué me voy a dedicar? ¿qué estudiaré? ¿qué haré con mi vida? Ante estas interrogantes nos debemos de preguntar en qué opciones de las respuestas que tengo de estas preguntas puedo alcanzar la santidad y hacer el bien.
Algo fundamental es la guía del Espíritu Santo. Cuando estemos en esta situación, nuestra oración debe ser: quiero saber lo que es más conveniente y me ayude a crecer en santidad y ser más útil. Es decir, las decisiones que tomaré, en relación con éstas y otras dudas, deben llevarme a fortalecer mi fe, a ser mejor persona y a vivir en santidad.
A veces nos inclinamos por buscar respuestas por medio de métodos fanáticos; por ejemplo: “si pasa un ave sobre la persona que me gusta cuando estamos platicando”, o “si se viste de cierta manera con ciertos colores”, o “si me llama por teléfono hoy, seremos novios o esposos”. En otras ocasiones, consideramos, por ejemplo, la cercanía de determinado trabajo, la comodidad económica del empleo, las prestaciones de Ley y salidas (que no está mal buscarlas; pero si ese trabajo no permite que mi fe se desarrolle entonces no es el trabajo adecuado). Sobre los estudios y la carrera que quieren ejercer también debemos preguntarnos si será de bendición para nuestra vida espiritual; es decir, que nuestra relación con Dios no se dañe y, por lo contrario, se fortalezca con la posibilidad de seguir sirviendo en la Iglesia local.
Hágase la siguiente pregunta: ¿hasta este momento, he realizado la voluntad de Dios como persona, como familia, como Iglesia y como sociedad?
Nota: Mi sugerencia es que si usted tiene un trabajo en este momento que le impide el asistir a las actividades de la Iglesia entre semana y el domingo, no lo deje. Primero busque otro trabajo que pueda facilitarle estar en algunas de las actividades de la Iglesia; y cuando tenga seguro ese empleo y si le conviene, puede cambiar de trabajo.
