(Parte 2)
Eygler Villa Terán
Nota de la Dirección: Aunque el artículo hace referencia a un contexto colombiano, consideramos que puede ayudar a revisar el tema cultual como lo vivimos en México. Lo dejamos a consideración de ustedes. Las notas y referencias van al final del escrito. Por su extensión, será compartido en varias entregas.
Exégesis de Isaías 1.10-20
En este texto, el profeta Isaías de partida muestra la situación religiosa que atravesaba Israel. El profeta inicia con la expresión “escuchen la palabra del Señor” (v. 10) y cierra con la oración “porque la boca del Señor ha hablado” (v. 20). Esta sección de Isaías aparece introducida por medio del vocativo, que denota la llamada a escuchar y a prestar atención. Y los versículos 18-20 inician y terminan con una estructura convencional donde aparece el Señor como el emisor (18). En este sentido, el pasaje de Isaías 1:10-20 muestra algunas conexiones temáticas con la sección anterior en que el Señor tiende a intensificar su ira en tiempos de crisis, aun cuando las ceremonias cultuales se dan en el calendario establecido. Esta ira del Señor puede verse en la protesta que hace Isaías al sistema cultual, lo cual era común en la profecía clásica (Os 4:6; Am 5:21-24; Mi 6:6-8), en que los cultos estatales eran atacados debido a la legitimación de un sistema opresor que afectaba, sobre todo, a los más vulnerables de la sociedad (19).
En este pasaje de Isaías se puede notar la siguiente estructura: primer llamamiento: la ira del Señor (vv. 10-11). Lo que el Señor no ha pedido: culto inútil (vv. 12-15). Lo que el Señor demanda (vv. 16-17). Segundo llamamiento: la invitación del Señor (vv. 18-20) (20).Respecto a esta protesta hacia el culto, Motyer introduce la pregunta de si Isaías estaba renunciando a la tradición en la que había crecido, en la que se sostenía que todas estas prácticas habían sido instituidas por el Señor. De igual forma, se pregunta si el profeta estaba proponiendo una moral sin el aspecto litúrgico (21). Y la respuesta para esto es negativa, ya que el llamamiento que hace el profeta es a regresar a la integración de los elementos constitutivos del culto establecido por el Señor, los cuales son, según este pasaje, ética, práctica, historia y teología.
De acuerdo con la instrucción mosaica, el culto fue establecido para que el pueblo permaneciera en una vida de obediencia y siguiera en la presencia del Señor pese a sus fracasos (22), como se ve en las palabras que Moisés dice a faraón de parte del Señor “Deja ir a mi pueblo para que me rinda culto” (Ex 9:13). Ahora bien, sin la obediencia requerida, el sistema litúrgico carecía de utilidad, lo cual es el mensaje primordial de este pasaje. Debido a esa falta de obediencia es que el Señor manifiesta su repudio al culto que el pueblo le ofrecía. Es por ello que profetas como Isaías (29:13-14), Amós (5:4-6, 21-27) y Oseas (5:15-6:6) se pronuncian al respecto. Estos profetas critican el culto al considerarlo vacío, rechazan una liturgia que no compromete a quienes la realizan para vivir de acuerdo la voluntad del Señor (23). Y es en este sentido que Isaías hace esta imprecación del culto, como lo indica Loza Vera seguidamente:
Isaías, hablando en nombre del Señor, no rechaza pura y simplemente cualquier forma o acto de culto. Pero, si algo tiene que decir respecto a lo que hace el pueblo en su tiempo, es que se trata de un culto vano; es un ritualismo vacío que no compromete a nada. Si algo falta, y en realidad falta mucho, es porque una buena relación con el Señor no se reduce al ofrecimiento de sacrificios, holocaustos, y
ofrendas e incluso hacer oración con manos levantadas hacia el Señor: todo esto adquiriría sentido si hubiera el esfuerzo por tratar de vivir según la voluntad de Dios (24).
Todos estos detalles se describirán a continuación.
El primer llamamiento de Isaías muestra de entrada la creciente ira del Señor hacia los gobernantes y el pueblo, por la forma tan directa en que los identifica (Is 1:10-11).
Aunque la expresión inmediatamente anterior al versículo 10 es una voz generadora de esperanza por la preservación de un remanente por parte del Señor, dicha esperanza se rompe en el versículo 10. Aquí los líderes de la ciudad y el pueblo son llamados a rendir cuentas: ¡Escuchen la palabra del Señor, gobernantes de Sodoma! ¡Escuchen la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra! Esta identificación del pueblo de Dios con las peores ciudades mencionadas en el texto bíblico pareció muy fuerte para algunos de los primeros intérpretes de Isaías. Respecto a esto, Baer menciona que Targum Jonathan desvía la comparación reduciendo la metáfora a un símil: “¡Escuchen la palabra del Señor, gobernantes cuyas obras son tan malas como las de los gobernantes de Sodoma! ¡Escuchen la ley de nuestro Dios, pueblo cuyas obras se asemejan a las del pueblo de Gomorra! » (25). No es de extrañar la búsqueda de alivio de las traducciones en los detalles del texto, ya que el texto masorético afirma algo inesperado respecto al culto del pueblo de Dios, el Señor se ha convertido en su enemigo y rechaza el culto que ellos le ofrecen tan suntuosamente.
Sin embargo, el hecho de que se convoque a los “líderes de Sodoma” y al “pueblo de Gomorra” puede ser visto como un atisbo de esperanza, aunque tales identificaciones sean molestas, quizá odiosas. En este sentido, la mención de Sodoma y Gomorra establece una conexión con el versículo 9. Esta identificación evidencia lo que significa olvidar al
Señor, pero también muestra la misericordia del Señor que es la que ha hecho que el pueblo no haya perecido del todo como Sodoma y Gomorra, aunque en el texto se compara a la nación con estas ciudades. Esta identificación se da porque el pueblo había hecho del pecado un estilo de vida aceptable (26).
Respecto al atisbo de esperanza que aparece (v. 10), los verbos escuchar y atender que aquí aparecen son los mismos del versículo 2, pero en el llamado del primero (v. 10) es al pueblo. Este llamado no es tanto a juicio, sino a un centro de instrucción en que Jerusalén y Judá están convocadas a escuchar la Palabra del Señor, a escuchar su enseñanza (27). Esta consideración es viable debido a que las preguntas retóricas que siguen (vv. 11-12), ¿Qué significa para mí la abundancia de sus sacrificios? ¿Quién demanda esto de ustedes de que pisoteen mis atrios? no parece condenar, sino más bien pedir a Jerusalén que reconozca su error y corrija sus caminos. Dicha interpretación es afirmada por los mandatos positivos en los versículos 16-17, donde estas acciones están destinadas a reemplazar el culto vano a Dios por parte de los oferentes inmorales por un culto productivo que implique la justicia social a los más vulnerables de la comunidad. Y es bueno recordar que la retórica más implacable de Isaías a menudo tiene como objetivo principal el arrepentimiento en lugar de la condenación (28).
Ahora bien, se cuestiona si el activismo religioso del pueblo tiene algo que ver con los deseos del Señor. De hecho, el Señor dice que nunca ha pedido ese despliegue de regalos cuando vienen a él. Esto puede notarse en las tres afirmaciones del versículo 11: los sacrificios no significan nada para el Señor; no aportan nada; no hacen nada. Aunque la sangre era central en los sacrificios, aquí no logran satisfacer al Señor. La expresión “dice el Señor” está en imperfecto, lo cual da el sentido de que sigue diciendo, pues para el Señor es muy importante y quiere que su mensaje les llegue aunque sea por la repetición (29). El lenguaje que el Señor usa aquí refleja que verdaderamente está harto, fastidiado o cansado por todo lo que le ofrecen. Esta enumeración de lo que le ofrecían (sacrificios, holocaustos, grasa de animales cebados, sangre de novillos y machos cabríos) y la enumeración que sigue del versículo 13 en adelante, subraya la riqueza y variedad del sistema litúrgico (30). Esto no es un rechazo sin sentido por parte del Señor, pues Dios no rechaza cualquier sacrificio u ofrenda; lo que él rechaza es el culto sin la consciencia de quién es Dios y que se realice sin involucrar todos los elementos que harán que sea aceptable para él.
Después del primer llamamiento, sigue una crítica al culto vacío, que señala lo que el Señor no ha pedido y se da la razón por la que el Señor rechaza tan tajantemente el culto que se le ofrece (vv. 12-15). Aquí se muestra que si el Señor estuviera negando el culto no describiría el templo como sus atrios (v. 12), ya que afirma que la casa donde se efectuaban los sacrificios era suya. Esto debido a que el propósito del culto establecido por el Señor era que su pueblo se presentara delante de él, como lo expresan los textos en Ex 23:17; 24:15; 34:20, 23. Sin embargo, el Señor está considerando este venir como una forma de hollar sus atrios, lo cual puede referirse a los muchos animales que eran conducidos para los sacrificios o a las personas que los conducían (31). Pero, en esto se nota que el presentarse ante el Señor (lo cual parece una referencia a lo que el Señor había ordenado antiguamente respecto a las grandes fiestas de peregrinación que se realizaban cada año, en las cuales se exigía no presentarse con las manos vacías (Ex 23:14-17; 34:18, 22-23) ha quedado reducido a un pisoteo infame de los atrios del Señor (32).
En la crítica al culto vacío se incluye hasta oración, donde tiene poco sentido levantar las manos, y el Señor no quiere ser la razón por la que ellos lo hacen (vv. 13-15); más bien, se tapa la cara, (lo que es un antropomorfismo evidente) (33). El lenguaje fuerte por parte del Señor continúa al catalogar la adoración del pueblo como vana, odiosa e insoportable (v. 13). Esto es parecido a lo que dice a Jeremías cuando acusa al pueblo de convertir la casa del Señor en cueva de ladrones (Jr 7:11) al igual que lo hace Jesús en el templo (Mt 21:13). Acudían como ladrones y volvían como ladrones, la presencia del Señor no les predisponía a cambiar moralmente (34). La mención del día de reposo reafirma el hecho de que el Señor no condena el culto como tal sino el hecho de creer que la sola práctica bastaba para tener una buena relación con él. Extender las manos acompaña la oración y por eso el Señor dice que no quiere escuchar. El verbo aborrecer (v. 14), en este contexto indica que el Señor detestaba con todo el corazón. Además, el hecho de decir “las tiene aborrecidas”, se infiere que hubo un momento en que dicho sistema litúrgico no era una carga sino algo agradable al Señor.
El hecho de que se incluya en la crítica el acto litúrgico de la oración es una reafirmación que indica que no se está condenando este acto litúrgico sino su abuso. Por esto, la oración había perdido su valor. Y no solo la oración sino también los intercesores eran rechazados
por parte del Señor (35). Pero, ¿qué invalida todo este culto? Respecto a esto se puede decir que el problema no está en la manera en que Judá ofrece culto al Señor, aunque varios de los versículos, leídos por separado, parecen sugerir esa conclusión. Más bien, lo que el Señor no soporta son las asambleas solemnes donde impera la iniquidad (v. 13). Además, este culto de Judá provoca ofensa en el receptor divino en lugar de satisfacerlo porque los oferentes lo presentaban con las manos llenas de sangre (v. 15). Por esto, el culto estaba siendo invalidado y no porque tuviera algún defecto intrínseco.
Por ello, la solución no radicaba en reordenar algún detalle del culto o llevando más ofrenda, sino en transformar la vida de quienes pisotean mis atrios en su obstinada determinación de hacer aceptar al Señor estos regalos tan manchados de sangre (36). El versículo 15 cierra la posibilidad a cualquier resultado que los oferentes del culto pudieran haber esperado “Cuando extiendas tus manos, esconderé mis ojos de ti; aunque hagas muchas oraciones, no te escucharé”. Esto debido a que la abundancia del pecado que se había vuelto normal en la vida del pueblo, inundaba todo el culto que se hacía en el templo, a tal punto que el texto muestra una conexión entre asambleas solemnes e iniquidad (v. 13), entre pecado y manos llenas de sangre (37). En este sentido, dicha iniquidad es comunitaria, pública y explotadora de los pobres y marginados como se notará seguidamente en las demandas que hace el Señor.
Luego de la condenación que hace el Señor del culto vacío, aparecen ciertas demandas que abren la posibilidad para que el culto sea aceptado; se hacen dichas demandas sin desconocer la actitud del pueblo, ya el culto que practicaban no demostraba un compromiso sincero con el Señor. La serie de acusaciones del pasaje clarifica que es por la profunda maldad de quienes realizan dichos sacrificios, ofrendas y oraciones, el Señor rechaza sus actos litúrgicos. Pues él está viendo en las manos la sangre y la injusticia de quienes vienen a sus atrios. Por tanto, les demanda un cambio de vida. Dicha demanda se expresa como una invitación a una purificación ritual (lávense, límpiense) con señalamientos concretos como el respetar el derecho de los oprimidos, el hacer justicia al huérfano y defender la causa de la viuda (38).
La primera demanda consiste en una acción positiva que repare la situación con el Señor. Y el mandato directo es que se laven (ֲחצו ַר ). Según Blenkinsopp, este lavado es una simbología de la purificación moral, ya que el segundo de los dos verbos (purifíquense) tiene mayormente el sentido de una purificación moral (39). También Baer ve este mandato a lavarse y a purificarse como limpieza moral, pues él dice que estas acciones purificadoras están integradas en actividades que se realizan por fuera de los muros del templo; por ello argumenta que es una limpieza moral más que de culto (40). Sin embargo, la expresión ֲחצו ַר aparece 73 veces en el AT, de las cuales 52 tienen que ver con la limpieza ceremonial (41). Además, como este pasaje está en un contexto litúrgico, lo más probable es que dicha expresión aluda a la limpieza ceremonial. Esto permite argumentar que si Isaías estuviera rechazando el culto en sí no hubiera usado este verbo, porque la mayoría de las veces se aplica a contextos ceremoniales. Otra expresión que usa el autor con la cual confirma el carácter ceremonial de lavarse es limpiaos (ּ֔כו ַז ִה ), situado al lado de lávense sin partícula conectora. Por tanto, limpiaos transmite la idea central y lavaos la cualifica. Lo cual puede expresarse como “limpiaos delante del Señor mediante las ordenanzas purificadoras que él ha ordenado” (42).
Luego de estos mandatos “lávense, purifíquense”, el Señor da cinco ordenanzas para
reorientar la vida personal y comunitaria: ִריבו ְפטו ִׁש
ַא ְשרו
ִד ְרׁשו
ִל ְמדו
(v. 17). Esto implica el
abandono decisivo de esa vida de apariencias por una nueva conformada por la obediencia al Señor (43). La última triada de mandatos hace referencia a un llamado a la justicia, la cual se evidencia al reprender al opresor, defender al huérfano y abogar por la causa de la viuda. Por ello, para De Sousa en el versículo 17 se encuentra lo que significa practicar el bien; pero el culto falso encamina al pueblo a la opresión y falta de cuidado por los pobres y débiles de la sociedad, quienes tienden a ser representados en la Biblia por los huérfanos y las viudas (Dt 10:18; 14:29; 16:11; 24:20-21; Sal 146:9) (44). En este punto el mensaje de Isaías coincide con el de Amós quien también relaciona el culto con la implantación en la sociedad de un orden justo y fraternal (Am 5:18-27). No tiene ningún sentido dar culto a Dios y oprimir al prójimo, porque el hecho de practicar la justicia, hace que el culto cobre un sentido transformador (45).
Entonces se puede ver que estos nueve imperativos (vv. 16-17) involucran algún aspecto de comportamiento justo y renovación comunitaria. Por esto, la purificación litúrgica debe verse reflejada en las acciones tomadas a favor de los más marginados como los huérfanos y las viudas. En este sentido, para que el culto fuera aceptado, la exigencia era la práctica de la justicia en todos los aspectos de la vida (46). Esto establece las bases al segundo llamado que hace el Señor para que el pueblo acatara esta manera vivir como se muestra seguidamente.
Por último, el segundo llamado consiste en la invitación del Señor al pueblo para que reconozca la gravedad del pecado en que vive y para que comprenda la grandeza y la bondad de Dios, quien les da la oportunidad de arrepentirse (vv. 18-20). La bondad del Señor consecuentemente debe llevar a la reflexión, de modo que se traduzca en hechos concretos como es la práctica de la justicia (47). Estos versículos se caracterizan por ser unos de los más famosos del libro de Isaías, ya que aquí se indica que el arrepentimiento y la obediencia son valores fundamentales en la vida (48). Además, hay un sabor de urgencia en las palabras del Señor debido a que el problema de fondo es real y muy grave. Por eso, persuade a su pueblo para que vuelva a la cordura, puesto que el cambio de actitud que les demanda sigue siendo una posibilidad incluso en tiempos de culpa y juicio (49).
Según Motyer, el versículo 18 tiene una connotación legal de un tribunal, donde resulta importante notar que cuando el pueblo es llamado al veredicto, el juez les responde con una oferta de perdón y oportunidad para un cambio de vida (50). Por ello, la petición inicial del Señor ilustra una contienda en la que cada parte pueda expresar su agravio y hacer su mejor esfuerzo para justificarse (51). En este sentido, el Señor está dispuesto adefender su caso, pero espera que la otra parte declare y asuma su culpa y responsabilidad. Como resultado de eso, se obtendrá una limpieza completa por parte del Señor, la cual desafía la sabiduría común de que algunas manchas son demasiado profundas para eliminarlas: aunque tus pecados sean como el escarlata, serán como la nieve; aunque sean rojas como el carmesí, serán como lana. Y así como la nieve y la lana muestran lo que es blanco por naturaleza, la promesa del Señor afirma que los volverá a este estado. Se podría decir, la promesa es volverlos como al principio de la creación, sin culpa de pecado. Pero no sólo dice que eliminará la mancha del pecado, sino también la misma naturaleza de donde surge la mancha (52). Esta mención de los pecados rojos siendo emblanquecidos establece una conexión semántica con el lavado de las manos manchadas de sangre del v.
15. Por esto se puede afirmar que la mancha de sangre que hay en las manos desaparecerá por completo si se vuelven al Señor.
Ahora bien, para lograr la limpieza total, hay que tomar una decisión frente al llamado del Señor: Si queréis y obedecéis, comeréis lo mejor de la tierra; pero si rehusáis y os rebeláis, por la espada seréis devorados. Ciertamente, la boca del Señor ha hablado (vv. 19-20). Como se puede notar, Israel tiene solo dos opciones y cada una tiene consecuencias reales e inevitables. Dichas opciones reiteran la tradición deuteronómica (Dt 30: 15-20) en que Israel debe elegir entre la vida y la muerte. Puede optar por la obediencia, lo que significa elegir la vida que les ofrece el Señor; pero puede rechazar dicha oferta y ser devorados por la espada (53). Por ello, ante este desafío de la Palabra de Dios, cada uno tiene que decidir (54). Y los verbos que aparecen en estos versículos indican que lo que el Señor espera es una respuesta práctica de la voluntad (55).
Además, el hecho de que se ofrezca una última reevaluación de la nación, es un indicio manifiesto que recalca la urgencia de la elección. Lo primero que deben hacer es escuchar para que su destino no sea como el de Sodoma y Gomorra. Si están dispuestos y escuchan, les espera la bendición. Una vez más, se invita a Israel a asumir el papel de un estudiante que interioriza con alegría la instrucción de su maestro (56). Si lo hacen, comerán lo mejor de la tierra. Pero si se niegan a aprender, les espera el destino de estas dos ciudades o como dice el texto: serán devorados por la espada. Hacerlo, es prepararse para comer lo mejor que la tierra tiene para ofrecer. De esto puede decirse que lo que está en juego es una cuestión de vida o muerte, y es el mismo Señor quien lo declara: porque la boca del Señor ha hablado.
Con base a esta exégesis de Isaías 1:10-20, se puede afirmar que el Señor no rechaza el culto en su totalidad, lo que está denunciando abiertamente es que se ofrezca con iniquidad, con la creencia de que el Señor no ve, no se da cuenta de lo que está pasando con la vida del oferente. Por tanto, toda esta denuncia del culto se convierte en un material probatorio de que el Señor se toma el culto muy en serio. Por ello, es crucial analizar los elementos del culto que aparecen explícita o implícitamente en este pasaje de Isaías, los cuales se abordarán a continuación.
(Continuará….)
Sobre el autor:
Eygler Villa Terán es estudiante de cuarto año de la FUSBC. Psicólogo egresado de la Universidad de Antioquia. Docente de cátedra de la FUSBC desde 2021 y docente del Instituto Ministerial de Medellín desde el año 2020.
NOTAS:
18. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39), 169.
19. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39), 174.
20. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 60.
21. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 60.
22. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 60.
23. José, Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, Biblioteca bíblica básica 7 (Estella, España: Verbo divino, 2011), 194.
24. Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, 196.
25. Baer, “Isaías”, 16.
26. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 61
27. Baer, “Isaías”, 16.
28. Baer, “Isaías”, 16.
29. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 61.
30 Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, 195.
31. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 62.
32. Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, 196.
33. Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, 196.
34. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 62.
35. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 62.
36. Baer, “Isaías”, 17.
37. Breneman, “El culto verdadero: un mensaje de Isaías”, Iglesia y Misión 6, n.° 2 (1987): 22.
38. Loza, Vera, Introducción al profetismo: Isaías, 196.
39. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39), 175.
40. Baer, “Isaías”, 18.
41. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 63.
42. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 63.
43. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 63.
44. Rodrigo de Sousa, “Isaías”, En Comentario Bíblico Contemporáneo, eds. C. René Padilla, Milton Acosta y Rosalee Velloso (San Sebastián, Costa Rica: Certeza, 2019), 851.
45. Samuel Pagán, Comentario bíblico latinoamericano, Antiguo Testamento II: libros proféticos y sapienciales, ed. Armando J. Levoratti (Estella, Navarra: Verbo Divino, 2007), 271; Samuel Pagán, Isaías, ed. Justo L. González, Conozca su Biblia (Minneapolis: Augsburg Fortress, 2007), 57.
46. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39), 175.
47. De Sousa, “Isaías”, 850.
48. Pagán, Isaías, 58; Pagán, Antiguo Testamento II, 271.
49. Baer, “Isaías”, 20.
50. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 63; Pagán, Isaías, 58.
51. Baer, “Isaías”, 20.
52. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 64.
53. Walter Brueggemann, Isaiah 1-39. (Louisville, Ky.: Westminster John Knox Press, 1998), 20.
54. Breneman, “El culto verdadero”, 23.
55. Motyer, Comentario Antiguo Testamento: Isaías, 64.
56. Baer, “Isaías”, 21.
Bibliografía
Acosta Benítez, Milton. “El arte de ser y hacer culto en Deuteronomio 12 y 26”. Círculo de reflexión litúrgica (blog). Último acceso: 19 de abril de 2021. http://elartedeseryhacerculto.blogspot.com/.
Baer Potter, David. “Isaías”. Clases, Profetas Posteriores, Seminario Bíblico de Colombia, agosto de 2020.
Blenkinsopp, Joseph. El libro de Isaías (1-39). Trad. de francisco Javier Molina de la Torre. Biblioteca de estudios bíblicos 1, n.° 147. Salamanca: Sígueme, 2015.
Breneman, Mervin J. “El culto verdadero: un mensaje de Isaías”. Iglesia y Misión 6, n.° 2 (1987): 21-24.
Brueggemann, Walter. Isaiah 1-39. Louisville, Ky.: Westminster John Knox Press, 1998.
Teología del Antiguo Testamento: un juicio a Yahvé. Testimonio. Disputa.
Defensa. Trad. de Francisco J. Molina de la Torre. Biblioteca de estudios bíblicos
121. Salamanca: Sígueme, 2007.
De Sousa, Rodrigo. “Isaías”. En comentario bíblico contemporáneo, eds. C. René Padilla, Milton Acosta y Rosalee Velloso, 845-932. San Sebastián, Costa Rica: Certeza, 2019.
García Jurado, Francisco. “La carta sobre los cristianos escrita por Plinio el Joven”.
Reinventar la Antigüedad. (Blog). Último acceso: 19 de abril de 2021. https://clasicos.hypotheses.org/2929.
Göran, Eidevall. “Rejected Sacrifice in the Prophetic Literature: A Rhetorical Perspective.”
Svensk Exegetisk Årsbok 78 (2013): 31–45.
Keill C. F. y F. J. Delitzsch. Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento. Isaías.
Trad. de Xabier Pikaza. Comentarios bíblicos Antiguo Testamento. Barcelona: CLIE, 2016.
López Rubio, Amós. “Celebrar, participar, crear: equipos de liturgia”. Arte, liturgia y teología, n.° 36 (2013): 23-57.
Loza Vera, José. Introducción al profetismo: Isaías. Biblioteca bíblica básica 7. Estella, España: Verbo Divino, 2011.
Maxwell William D. El culto cristiano: su evolución y sus formas. Trad. de Roberto E. Ríos. Biblioteca de estudios teológicos. Argentina: Methopress, 1963.
Motyer, Alec. Comentario Antiguo Testamento: Isaías. 2.ª ed. Trad. de Daniel Menezo.
Grupos bíblicos unidos de España. Barcelona: Andamio, 2009.
Pagán, Samuel. Comentario bíblico latinoamericano. Antiguo Testamento II: libros proféticos y sapienciales, ed. Armando J. Levoratti. Estella, Navarra: Verbo Divino, 2007.
Isaías, ed. Justo L. González. Conozca su Biblia. Minneapolis: Augsburg Fortress, 2007.
Ramírez, Eduardo M. “Liturgia: culto y celebración”. Iglesias y Misión 8, n.° 2 (1989): 35- 38.
“Liturgia: el uso de la historia en el culto”. Iglesia y Misión 5, n.° 3 (1986): 138- 139.
Rodríguez, Sebastián. Antología de la liturgia cristiana. Liturgia para el siglo XXI.
Terrassa, Barcelona: CLIE, 1999.
Sicre, José Luis. Introducción al profetismo bíblico. Estudios bíblicos. Estella-Navarra: Verbo Divino, 2011.
Varela Álvarez, Juan J. El culto cristiano: origen, evolución, actualidad. Terrassa, Barcelona: CLIE, 2002.
Vrame, Anton C. “Theodoret, Bishop of Kyros as an Exegete of Isaiah 1: A Translation of His Commentary, with an Introduction.” The Greek Orthodox Theological
Review 34, n.° 2 (1989): 127-47.
Wildberger, Hans. Isaiah 1-12: a commentary. Trad. de Thomas H. Trapp. Minneapolis: Fortress Press, 1991.
