(Tercera parte)
Eygler Villa Terán1
Nota de la Dirección: Esta es la tercera parte de un análisis de la realidad cultual en Colombia, según el autor, que nos parece aplicable también a la situación que vivimos en México.
Elementos constitutivos del culto según Isaías 1:10-20
A partir del estudio exegético de este pasaje, se pueden notar cuatro elementos fundamentales que deben tenerse presentes al ofrecerle culto a Dios.
Teología. Desde el inicio del texto se aprecia que los oferentes no tenían conocimiento sobre quién es Dios ni de sus deseos. El hecho de que el Señor les diga: ִכי
ֲח ֵצ ָרי
ִמ ֶּי ְד ֶּכם ְר ֹמס
ִמי־ ִב ֵקׁש ז ֹאת
ָפ ָני
ֵל ָראֹות
ָת ֹבאו
es una muestra de que desconocían quién era Dios.
Además, el rechazo del Señor a todo lo que le ofrecían, incluso las oraciones, refleja que los oferentes no sólo desconocen a Dios, sino que también no logran satisfacerlo. En este sentido, el culto que realizan es vacío pues lo hacen para recibir el favor de Dios, aunque ellos en la relación con el prójimo aprueban que no merecen ser favorecidos por el Señor.
Es por eso que los profetas de Israel predican en contra de la idolatría; no es porque la gente hubiera dejado de ir al templo, porque ya no ofrecieran sacrificios o como en este caso, porque estaban adorando a otros dioses. Este no es el problema aquí. El problema de Israel en este texto es rendir culto a Dios sin que se reflejen estos cuatro elementos constitutivos. Es decir, había una escisión entre teología, historia, ética y práctica. Por un lado, tenían las manos manchadas de sangre e iniquidad. Por otro, sus muchos sacrificios reflejaban una teología pagana del culto que implica que cuanto más y mejores ofrendas presenten, el Señor aceptaría dicho culto. Y esto era precisamente lo que hacían muchos pueblos vecinos al ofrecer culto a sus dioses.
Un estudio de los textos proféticos de los pueblos vecinos de Israel muestra que los profetas paganos frecuentemente exhortaban a la gente a ofrecer más y más sacrificios porque los dioses tenían hambre o estaban molestos (57). Pero esto no es lo que hace Isaías y otros de los profetas bíblicos que critican el culto. Lo que Isaías dice al pueblo es que Dios está cansado de sus sacrificios y que todo esto se ha vuelto una carga para él. Además, textos como el de Oseas 6:6 muestran precisamente que el culto implica un conocimiento de Dios: “Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio, y más en el conocimiento de Dios que en los holocaustos”.
El hecho de que los animales que se ofrecían eran engordados debe haber sido una de las razones para que el profeta objetara el pensamiento distorsionado que consistía en que engordar el sacrificio tenía como resultado un mayor efecto sobre el Señor (58). Esto también refleja la comprensión errónea de Dios que tenían los oferentes.
Historia. El hecho de que se mencione una serie de festividades tales como luna nueva, día de reposo y demás fiestas señaladas (Is 1:13-14), indica que el pueblo tenía una serie de festividades que le recordaban momentos particulares del obrar de Dios en medio de ellos desde su salida de Egipto. Además, estas fiestas que se mencionan son muy conocidas: la pascua, el sábado, la fiesta de los tabernáculos, la fiesta de trompetas y la fiesta de la expiación, incluido el ayuno (59).Respecto a esto, Acosta señala que el pueblo de Israel tenía una serie de celebraciones especiales, que llegaron a convertirse en un calendario litúrgico. Dichas festividades estaban determinadas por la historia y por el calendario agrícola (60).Esto muestra que la historia refuerza el elemento teológico del culto.
En este sentido, estas fiestas que menciona Isaías establecen principios que pueden ser aplicados a la liturgia. Uno es que la historia sirve para saber y conocer la teología en un determinado evento. Otro principio es que la historia habla del actuar humano y sus consecuencias en el pasado, presente y futuro. Por tanto, estas fiestas tenían una finalidad histórica que no se centra tanto en detalles, sino en ejemplificar y llamar la atención a su
audiencia sobre ciertos conceptos teológicos (61).Pero como se mencionó en el elemento teológico, estas fiestas no estaban produciendo el efecto esperado en el pueblo. Aun así, el elemento histórico es útil para descubrir la persona de Dios por medio de sus obras; señalar lo que se espera del hombre y dar modelos concretos de los principios de Dios aplicados a situaciones reales (62).Por esto, la historia como parte de la liturgia debe ser intencionada y con objetivos bien establecidos.
Ética. Un tema fundamental en la predicación profética consiste en que Dios no se agrada de los sacrificios o la práctica cultual que no está acompañada con manifestaciones concretas de justicia y con expresiones reales de misericordia (Is 1:16-17). Por ello, todos los actos litúrgicos deben estar cimentados en la moral y la justicia para no provocar el rechazo del Señor; porque como se ha visto en este pasaje de Isaías, Dios mismo se opone al sistema cultual desprovisto de moral y ética (63).En este sentido, el profeta no está opuesto a la práctica litúrgica como tal, lo que rechaza abiertamente es la práctica sin repercusiones morales ni transformaciones éticas. Por eso para Isaías, lo fundamental de la experiencia de culto es cómo la gente trata a las viudas y a los huérfanos. La exhortación a practicar la justicia, principalmente con los pobres, oprimidos y marginados de la sociedad, es uno de los temas de mayor relevancia en el libro (8:21-9:5; 29:18-21; 58:6-7; 61:1-2) (64).
Estas demandas éticas que Isaías presenta al pueblo aparecen por medio de una serie de imperativos que tenían que cumplir si querían que su culto fuera aceptado ante el Señor: lávense, límpiense, quiten la iniquidad de sus obras, dejen de hacer lo malo, aprendan a hacer el bien, busquen el juicio, restituyan al oprimido, hagan justicia al huérfano y amparen a la viuda.
Respecto a estas demandas éticas, Deuteronomio 26 indica la forma de cómo lo hacía el pueblo cuando se presentaba ante el Señor con sus primicias y sus diezmos.
Primero, la persona al presentarse declaraba ante el Señor y delante de toda la comunidad que del fruto de la tierra y de su trabajo, había apartado una porción para el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda (26:12-15). Esto indica que su ofrenda va acompañada de
obediencia hacia los mandamientos del Señor, los cuales no sólo incluyen actos litúrgicos sino también hechos específicos en favor de otros (65). Segundo, en este pasaje de Deuteronomio se muestra lo inclusivo que es este acto litúrgico. El oferente se presenta con su grupo familiar y personas cercanas en una celebración donde también participan el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda. Esto señala que todos participaban de la bendición de Dios, lo cual era posible por la obediencia y solidaridad de los que tenían más (66).
Ahora bien, este mandato de hacer justicia no era novedoso para el pueblo de Dios, porque esto era uno de los requerimientos que el Señor les había demandado como nación. Por tanto, debían tratar a cada persona lo suficientemente bien como para ser considerado un miembro pleno de la comunidad. Y como refleja el texto bíblico, el Señor se inclina preferen temente hacia los pobres y marginados, lo cual debe ser una imitación del pueblo de Dios en su práctica de la ética y la justicia (67).
Práctica. El pueblo tenía unas prácticas bien establecidas de culto, aunque, en este caso, son rechazadas por el Señor debido a la iniquidad y falta de compromiso del pueblo hacia Dios (Is 1:11-15). Por eso, (v. 11) el venir del pueblo a la casa del Señor no le generaba ninguna satisfacción, sino que lo veía como un pisoteo infame de sus atrios. Sin embargo, el versículo 18 inicia con la expresión “vengan ahora”. Este segundo venir se da en el marco de las demandas hechas en Isaías 1:16-17 respecto a la práctica de la justicia que debe verse reflejada en la atención que debía tener el pueblo hacia los más marginados de la sociedad. En este sentido, este “vengan ahora” da a comprender que las prácticas litúrgicas, en el marco de esta nueva reorientación histórica, ética y teológica, van a ser aceptadas y agradables al Señor. Esto se refleja en la práctica cultual del Antiguo y Nuevo Testamento, así como en la historia temprana del cristianismo, como se verá a continuación.
Práctica de Isaías 1:10-20 en el Antiguo Testamento
Son muchos los textos de la Biblia hebrea que muestran una actitud positiva hacia el culto sacrificial, pero para efectos de este trabajo se mencionarán los que son más evidentes. Por ejemplo, una gran parte de Levítico consta de pasajes que describen y
prescriben los actos litúrgicos para el pueblo de Israel. En este sentido, Levítico es la pieza central del Pentateuco en relación al culto del pueblo de Dios. Todo el sistema sacrificial del tabernáculo se encuentra en el centro mismo de la Torá (68).En este período de la vida de Israel el Señor entrega a su pueblo el don del culto como mediación; esto puede notarse en textos clave de la Torá (Ex 25.1—31:17; 35:1—40:38, en todo Levítico y Números 3:1— 10:10). Estos textos son palabras de institución cultual que reflejan una teología subyacente en la práctica litúrgica, en la cual el culto está interesado en mantener la relación con el Señor. Por consiguiente, se entiende el cuidado minucioso que se le presta a su organización debido a que el culto se hace en la presencia del Dios santo (69).
Por ello, cuando se dan las instrucciones en el Sinaí para la construcción del tabernáculo es con la consideración de que el Señor habitaría en ese lugar (Ex 25:1— 31:17). En este sentido, el culto debe preservar una creación rectamente ordenada por la experiencia que provee como medio de encuentro entre Dios y el hombre. Respecto a esto, Brueggemann dice que el culto del tabernáculo es un vehículo por el cual el pecado de Israel es borrado de forma regular y efectiva, a fin de posibilitar la presencia de Dios en medio de su pueblo y mantener la comunión (70).Entonces, el culto es un lugar de misericordia, que mantiene sana la relación entre el Señor y su pueblo cuando se hace de la forma como Dios lo estipula.
Ahora bien, las prácticas sacrificiales que se describen en Levítico 1:1—7:38 son un medio en que Israel podía interactuar con el Señor. Para esto hacía ofrendas de holocaustos (Lv 1:1-17; 6:8-13); ofrendas de vegetales (Lv 2:1-16; 6:14-23) y ofrendas de comunión (Lv 3:1-17; 7:11-26). Con dichas ofrendas Israel manifiesta un compromiso serio con el Señor y se mantenía en relación con él (71).Sin embargo, todas estas formas de sacrificio requerían tener buenas relaciones no sólo con Dios sino también con el prójimo para que el acto litúrgico fuera aceptado ante el Señor (Lv 6:1-6).
También en Deuteronomio 12—26 se describe la realización del culto. Según Acosta, estos capítulos son de carácter litúrgico donde se incluyen actos y palabras que “se
sustentan en una teología pensada y elaborada con el propósito de establecer un orden específico para el culto, las razones históricas y teológicas por las que se adora a Dios” (72).Es notable que en estos capítulos también se pide que los oferentes hagan partícipes, de lo que se haga en el culto a los más marginados de la sociedad, como evidencia de que están siendo obedientes al Señor con este mandamiento (26:12-15).
Otros textos como Job y los Salmos indican que la vida misma del creyente estaba vinculada con el culto. En el caso de Job, cuando se defiende de quienes lo acusaban, señala una serie de oraciones condicionales que atestiguan su obediencia respecto a la ayuda al huérfano, la viuda y al necesitado (Jb 31:16-21). En la misma línea, algunos Salmos muestran la manera como el orante declara su piedad y buenas obras para con los más necesitados (73).
Además, los profetas Isaías y Jeremías, aunque se vinculan en la literatura profética que critica el culto, señalan la importancia de guardar el día de reposo. Por ejemplo, en Isaías 56:1-7 dice lo siguiente:
Así dice el Señor: Preserven el derecho y hagan justicia, porque mi salvación está para llegar y mi justicia para ser revelada. Cuán bienaventurado es el hombre que hace esto, y el hijo del hombre que a ello se aferra; que guarda el día de reposo sin profanarlo, y guarda su mano de hacer mal alguno. Que el extranjero que se ha allegado al Señor, no diga: Ciertamente el Señor me separará de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí, soy un árbol seco. Porque así dice el Señor: A los eunucos que guardan mis días de reposo, escogen lo que me agrada y se mantienen firmes en mi pacto, les daré en mi casa y en mis muros un lugar, y un nombre mejor que el de hijos e hijas; les daré nombre eterno que nunca será borrado. Y a los extranjeros que se alleguen al Señor para servirle, y para amar el nombre del Señor, para ser sus siervos, a todos los que guardan el día de reposo sin profanarlo, y se mantienen firmes en mi pacto, yo los traeré a mi santo monte, y los alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
En esto se puede notar que Isaías no está en contra del culto, lo que intenta lograr en los oferentes es que su culto refleje una correcta teología que se note en la práctica y en el uso del elemento histórico. Esto sin dejar por fuera la práctica de la ética y la justicia.
Además, en Isaías 43:22-28 se nota que el Señor, quien en el capítulo 1 rechaza el culto, ahora se muestra preocupado porque el pueblo ha dejado de hacerlo y el pecado sigue en
aumento. Por su parte, el profeta Jeremías hace un llamado a guardar el día de reposo, porque al hacerlo los demás actos litúrgicos serán aceptos ante el Señor. Pero si no lo hacen, el texto afirma que Jerusalén y aun la vida misma será destruida (Jr 17:21-27).
Siguiendo con los profetas, Ezequiel concede un valor fundamental al culto en su visión. El texto muestra que el templo, los sacrificios y las fiestas son centrales en la Nueva Jerusalén (40:1—46:24). Respecto a esto, Sicre dice que se podría objetar que el culto será importante en el nuevo Reino de Dios, todavía no realizado, cuando el Señor termine de transformar a sus escogidos y les implante la justicia. Pero el mismo autor rechaza dicha objeción al indicar que otros profetas posexílicos no se limitan a que llegue este nuevo reino, sino que sin demora exhortan al pueblo a que cumplan correctamente con las prácticas cultuales (74).Uno de estos profetas es Ageo, quien exhorta al pueblo al regresar del exilio, a reconstruir el templo del Señor (Ag 1:9); pues ellos pensaban que todavía no era el tiempo en que esto debía hacerse. Se nota con esto que para Ageo, los que regresaron del exilio no debían desinteresarse del culto como si no tuviera ningún valor (75). Esto mismo se nota en el profeta Zacarías, quien resalta la labor del gobernador Zorobabel en la construcción y terminación de la casa del Señor (Za 4:9).
Un último profeta del Antiguo Testamento que también se preocupa por la rectitud en el culto es Malaquías, quien hace su imprecación debido a que el pueblo ya no está trayendo los mejores animales, como sí se da en Isaías 1:11. Por el contrario, ahora lo que se ofrece al Señor son los peores animales: cojos, enfermos y robados que ni siquiera a su gobernante lo ofrecerían (Ml 1:8).
Ahora bien, para la época exílica y posexílica se crean las sinagogas como un espacio para la realización del culto. El propósito principal de la sinagoga era el de capacitar a los hombres para escuchar la ley leída y expuesta. El acto litúrgico central era la lectura de la ley, primero en hebreo y luego en la lengua común acompañada de una exposición. Alrededor de esto se hacían cantos y oraciones. Para la alabanza se usaban los antiguos salmos y otros nuevos. Las oraciones tenían una forma tal que todos podían tomar
parte en su recitado y eran transmitidas en forma oral hasta probablemente el siglo cuatro y cinco de nuestra era (76).
Todos estos textos del Antiguo Testamento ponen de manifiesto el equilibrio que debe haber en los cuatro elementos que constituyen el culto de acuerdo con Isaías 1:10-20. Por un lado, cuando el culto sólo se centra en la práctica sin tener en cuenta la teología y sin ningún compromiso con la ética y la justicia, tiende a ser rechazado por el Señor. Por otro lado, cuando se deja de practicar el culto, los profetas recalcan su importancia debido a que es un medio por el cual el ser humano puede mantenerse en una relación con Dios y con el prójimo.
(Concluirá….)
NOTAS
57 Milton Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto en Deuteronomio 12 y 26”, Círculo de reflexión litúrgica (blog), Último acceso: 19 de abril de 2021, http://elartedeseryhacerculto.blogspot.com/.
58 Hans Wildberger, Isaiah 1-12: a commentary. Trad. de Thomas H. Trapp. (Minneapolis: Fortress Press, 1991), 43.
59 Anton C. Vrame, “Theodoret, Bishop of Kyros as an Exegete of Isaiah 1: A Translation of His Commentary, with an Introduction” The Greek Orthodox Theological Review 34, n.° 2 (1989): 142.
60 Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto”.
61 Eduardo M. Ramírez, “Liturgia: el uso de la historia en el culto”, Iglesia y Misión 5, n.° 3 (1986): 138.
62 Ramírez, “Liturgia: uso de historia”, 138.
63 Pagán, Isaías, 57.
64 Pagán, Isaías, 57.
65 Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto”.
66 Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto”.
67 Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento, 449.
68 Göran, “Rejected Sacrifice Prophetic Literature”, 31.
69 Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento, 695.
70 Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento, 699.
71 Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento, 700.
72 Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto”.
73 Acosta Benítez, “El arte de ser y hacer culto”.
74 Sicre, Introducción al profetismo bíblico, 441.
75 Sicre, Introducción al profetismo bíblico, 441.
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