La falsa dicotomía entre lo público y lo privado (1 Samuel 8 – 10)

La falsa dicotomía entre lo público y lo privado (1 Samuel 8 – 10)

Mtro. Manuel Osorio Romero

Introducción: Creo que en esencia 1 Samuel 8 – 10 nos revela el proceso interno que venía evolucionando en el pueblo de Dios. Según lo observamos: “El Señor le dijo: «Haz lo que el pueblo te pide. ¡No te están rechazando a ti, sino a mí! ¡No me quieren como rey! Están haciendo lo mismo de siempre. Los saqué de Egipto, pero ellos me abandonaron y sirvieron a otros dioses y ahora están haciendo lo mismo contigo. ” (1Sa 8:7-8, PDT)

La frase: «Están haciendo lo mismo de siempre», revela la tendencia o proceso interno y continuo de Israel por procurar sustituir a Dios. En el pasado estos intentos eran más descarados y evidentes. Un ejemplo de ello fue la ocasión en que sustituyeron a Dios por un becerro de oro.

Sin embargo, en la época de Samuel esta propensión a sustituir a Dios produjo una propuesta más sutil y elaborada. Según vemos al final del texto: «y ahora están haciendo lo mismo contigo», refiriéndose a SamuelYa no plantea la destitución total de Yahveh por otro ídolo, sino que propone una sustitución “parcial” de Dios por lo que representa Samuel en él ámbito público o político, formalizando así la falsa dicotomía entre la espiritualidad privada o religiosa, separándola de la espiritualidad pública, social y política.

Veamos los principios sobre los cuales se construye la propuesta:

  1. El bienestar del pueblo es la razón fundamental de lo público; por lo tanto, es una tarea que mejor se puede lograr a través de estructuras y sistemas humanos.
  2. Los líderes espirituales han demostrado ser vulnerables, sus fallas en la vida pública son más evidentes y escandalosas; por lo tanto, un sistema humano y laico, aunque presente deficiencias, es preferible a uno que presuma de creyente.
  3. No quedan dudas de que la estructura humana y burocrática más probada, desarrollada, moderna, eficiente y estable, alcanzada por la humanidad para el momento, es la monarquía.

En resumen, el bienestar político y social del pueblo se puede construir sin la participación directa de Dios; y para ello no son indispensables hombres espirituales, llamados y consagrados como los jueces. Basta con hombres de ciencia, artesanos, agricultores y demás profesionales. Basta con la consolidación de tres estamentos fundamentales: El rey humano, los jueces humanos y los sacerdotes humanos. Dios podrá consultar con ellos, y ellos con Dios cuando sea necesario.

La realidad es que todos los sistemas políticos y burocráticos diseñados por el hombre, y que básicamente se sostienen sobre los mismos principios que una vez propuso Israel, son ineficientes, injustos y corruptibles. No importa si Dios está invitado a participar o si lo mantienen como un simple espectador. No es posible, como proponen algunos políticos, construir el reino de Dios sin Dios. Lo más cierto y comprobado hasta ahora es que el sistema político, cualquiera que sea, puede ser sustituido, pero Dios nunca.

Lo que más necesita nuestro país no es un sistema político nuevo, ni una confrontación a muerte que prive a muchos de ver en sus vidas las promesas de Dios. Lo que más necesita la nación son personas nacidas de nuevo, dispuestas a deponer sus gustos o disgustos, como lo hizo Samuel, para ganar en paz y a través del diálogo tiempo para la esperanza y la redención. No hay que temer, Dios no ha cambiado y mantiene el control de la historia. Dios le concedió a los ancianos experimentar el rotundo fracaso con un rey conforme al corazón del pueblo, como Saúl; para luego levantar a uno conforme a su corazón, como David. Y a partir de él, renovar su pacto perpetuo con la promesa del Mesías.

Un comentario sobre “La falsa dicotomía entre lo público y lo privado (1 Samuel 8 – 10)

Los comentarios están cerrados.