“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo,
que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre;
el hijo sí queda para siempre.
36 Así que, si el Hijo os libertare,
seréis verdaderamente libres.
Juan 8:34-36
Desde niños nos han enseñado que septiembre es el mes de la patria: el 13 recordamos el sacrificio de los Niños Héroes, el 15 somos testigos de la ceremonia de el grito de independencia, el 16 continuamos con esta celebración a través de desfiles, el 27 recordamos la entrada del Ejército Trigarante a la capital del país, marcando oficialmente el fin de la Guerra de Independencia. Es el mes de la libertad para los mexicanos. Para nosotros como creyentes en Jesús, sin embargo, es un pretexto muy útil para hablar de la LIBERTAD con mayúsculas, esa verdadera libertad que nos ha dado Cristo:
Libertad del pecado, porque nos ha cambiado de ser esclavos, cautivos de nuestras tendencias a hacer lo malo, a ser ahora hijos en la casa de nuestro Padre. Nuestra naturaleza humana, que nos atrae hacia la desobediencia, es contrarrestada por la naturaleza de Cristo, que ahora vive dentro de nosotros y nos da la fuerza para sacudirnos el yugo de esclavitud, porque su obediencia es superior a nuestra desobediencia; y luego se nos exhorta a permanecer firmes en esa libertad con que Cristo nos ha hecho libres. Como esclavos, no teníamos hogar; ahora como hijos, quedamos en casa para siempre.
Libertad del pecado, porque el acta de los decretos que había contra nosotros Cristo la tomó, la quitó del medio y la clavó en la cruz: ahora el diablo no puede acusarnos ante el Padre, porque tenemos un Abogado llamado Jesucristo el justo. Cuando confesamos nuestros pecados -pero de verdad, sin “maquillarnos” ante el Padre y ante nuestros semejantes, pretendiendo ser algo que no somos-, Dios es fiel y justo para perdonar esos pecados y limpiarnos de toda maldad.
Libertad del pecado, porque el gran amor que Dios nos mostró al darnos a su único Hijo para que al creer en él tengamos vida eterna, echa fuera el temor; ya no tenemos miedo del castigo. El diablo ya no es el dueño de nuestra vida; y podemos decir, como si nuestra vida se tratase de una casa, que esa casa ahora tiene un nuevo dueño, y ese dueño se llama Cristo, que pagó hasta el último centavo por ella. Podemos decirle al enemigo de nuestras almas: “sí, soy pecador; pero Cristo pagó por mis pecados en la cruz y ahora él es el nuevo dueño de esta casa; cualquier cosa que quieras tratar, entiéndete con el nuevo dueño de mi vida, porque tú ya no lo eres”.
El movimiento libertario que dio origen a lo que hoy conocemos como nuestra nación mexicana no se compara con el acto libertario que realizó Cristo al rescatarnos del mercado donde estábamos como esclavos del pecado, la mazmorra donde vivíamos muertos en vida, comprándonos para estar ahora en el reino de la luz, el reino de su Padre. El Espíritu Santo nos recuerda esto constantemente, y nos da testimonio, seguridad, certeza de que por medio de Cristo somos hijos de Dios; herederos si juntamente sufrimos con él, para que juntamente con él seamos glorificados. La libertad no significa que ya no hay sufrimiento; lo hay, pero ahora lo pasamos acompañados por Cristo; y aunque andemos en valle de sombra de muerte, no temeremos mal alguno, porque él estará con nosotros, su vara y su cayado nos infunden aliento.
El himno Grande gozo hay en mi alma, del autor John R. Sweney, expresa con júbilo esta verdad (1); transcribimos un fragmento y recomendamos este sitio de la IMMAR para consulta de melodía y letras de otros himnos:
Paz divina hay en mi alma hoy,
porque Cristo me salvó;
las cadenas rotas ya están,
Jesús me libertó.
Invitamos también a leer las aportaciones de los escritores en este número del 15 de septiembre, que son también expresión de esa libertad para manifestar las ideas en el albedrío que Dios nos ha dado; agradeciendo a nuestro Gran Libertador, Jesucristo, cuya presencia tomando control de nuestra mente, voluntad y emociones nos hace verdaderamente libres. De verdad: Si el Hijo nos libertare, seremos verdaderamente libres.
Con afecto,
María Elena Silva Olivares
NOTA:
(1) https://himnario.immar.org.mx/24-grande-gozo-hay-en-mi-alma/
