LA BEATIFICACIÓN DE CRISTÓBAL COLÓN Y EL 12 DE OCTUBRE

LA BEATIFICACIÓN DE CRISTÓBAL COLÓN Y EL 12 DE OCTUBRE

Oswaldo Ramirez González

A propósito de uno de los tantos asuntos pendientes que el expresidente Andrés Manuel heredó a Claudia Sheinbaum, actual presidenta de México -relacionado con la carta que nuestro país le envió al rey de España, Felipe VI de Borbón solicitando  la corona ibérica se disculpe de los genocidios y saqueos originados por la conquista y colonización del continente americano y que es considerado uno de los acontecimientos más terribles en la historia de la humanidad-, esta petición ha llevado a estire y afloje mediático entre ambas partes. Esta disputa ha tomado fuerza en días recientes a propósito de la conmemoración del 12 de octubre.

Todo comenzó con Marco Polo.

Tal como lo dictan los cánones educativos tradicionales de los libros de la SEP, el 12 de octubre de 1492 arribó a tierras caribeñas por primera vez del continente europeo, un contingente de tres navíos: dos carabelas (barcos de gran peso y cuyo desplazamiento era generalmente muy lento) y una nao china (barca más ligera construida en el lejano oriente). La Niña, La Pinta y la Santa María, al mando de Cristóbal Colón desembarcaron en la isla de Guananí, a la que bautizó como San Salvador. Este fue el primero de cuatro viajes que dicho personaje realizó a este continente. Las incursiones tuvieron como resultado la exploración de una parte del Mar Caribe y las Antillas; aunque bordeó las costas de Jamaica y desembarcó en las islas de los países conocidos actualmente como Puerto Rico y Haití, técnicamente nunca tocó tierras continentales.

El objetivo principal de estas exploraciones fue establecer enclaves comerciales que permitieran acortar la distancia entre Europa y el Lejano Oriente (las indias). Era una tentativa de encontrar una ruta más rápida con los reinos mongoles de China y la ruta de la seda. Con esto se pretendía ganar la carrera comercial a la República de Florencia (Italia), así como con los turcos y sultanatos musulmanes, quienes tenían el control y derecho de paso desde oriente próximo, incluyendo Medio Oriente y gran parte del Mar Mediterráneo. El control de esta región y de los caminos fue el resultado de disputas añejas que datan de los inicios de la Edad Media y a los que se conoce como cruzadas; es decir, las guerras entre cristianos liderados por el Papa y reinos católicos europeos en contra de turcos y musulmanes, cuyo objetivo era controlar Tierra Santa.

Aproximadamente doscientos cincuenta años antes de la llegada de Cristóbal Colón a las islas caribeñas, Marco Polo (1254-1324), comerciante de origen veneciano, estableció el primer contacto de carácter mercantil con pueblos de Asia Central y China (Armenia, Persia y Afganistán). Actualmente existe el debate sobre si realmente llegó a visitar la corte del Gran Kublai Kan emperador de China; se dice que fue su consejero real y que llegó a gobernar la ciudad de Yangzhou por un breve tiempo. A su regreso a la península itálica fue testigo de las guerras entre las repúblicas florentinas italianas. Fue puesto prisionero un tiempo; a su liberación ocupó un lugar de privilegio como consejero de la República de Venecia; sus conexiones con la política y el conocimiento de las rutas de intercambio le dieron renombre, convirtiéndolo en un notable y acaudalado mercader. El detalle de sus viajes quedó registrado en “El Libro de las Maravillas del Mundo” conocido también como “Los Viajes de Marco Polo, obra a la que siglos después tuvo acceso el navegante genovés.

El origen de Colón.

A propósito de la aseveración sobre el origen de este navegante ¿cuál era el origen de este marinero y navegante europeo? Tradicionalmente se pensó que era nativo de Génova, lo que explicaría el interés y familiaridad por los viajes de Marco Polo, así como su capacidad y experiencia relativa a las rutas marítimas mediterráneas y demás, cuestión que también estaba dada debido a que se dedicaba al mismo oficio que el mercader veneciano. No obstante, la verdad sobre su origen quedó desmentida de manera oficial recientemente en los medios de comunicación. Un artículo periodístico de RT Noticias en español, asegura que científicos de la Universidad de Granada descartaron la hipótesis sostenida por varios historiadores, sobre su procedencia y su origen genovés. Según éstos, se realizaron pruebas de ADN realizadas a sus restos mortuorios, que concluyeron que Colón era de ascendencia judía sefardí. Uno de los investigadores encargados de este proceso, José Antonio Lorente, científico forense señaló que:

“El origen de los judíos sefardíes es Sefarad, y Sefarad es el nombre en hebrero que se le designa a la península ibérica, hoy España.” Con base en estos indicios y en las revisiones documentales de la época, el número proporcional de judíos sefardíes que vivían en España superaba notablemente a la porción poblacional asentada en que entonces en Italia, léase 200 mil versus 15 mil, respectivamente. Esta idea se refuerza con la nula presencia de indicios escriturales o estructuras gramaticales derivadas a la latina de aquella época en textos que fueron escritos por el explorador, lo que refuerza la hipótesis de que no era italiano. Por si fuera poco, los cálculos temporales no concuerdan, debido a que para el tiempo en que Colón vivía, la República de Génova había expulsado a la mayor parte de los judíos desde hacía varios siglos (1100), obligando a que gran parte de la migración se asentara en lugares al otro extremo de Europa, en la península ibérica.

Finalmente, esta nota periodística asegura que Cristóbal Colón probablemente vivió marginado de la sociedad, ocultando su origen y prácticas religiosas. A este respecto, cabe decir que el dato y deducción no es nuevo. En la película “1492: La conquista del paraíso” de Ridley Scott (Paramount Pictures, 1992), en los primeros minutos del filme se da un guiño sobre su posible origen judío. Por si fuera poco, hace ciento once años la primicia a esta discusión la dio una publicación de origen metodista. En su número del 24 de julio de 1913, página 466, El Abogado Cristiano Ilustrado, periódico oficial de la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME), está escrito un pequeño artículo titulado “La nacionalidad de Colón” el cual dice lo siguiente:

“Todavía se discute la cuestión referente a la nacionalidad del descubridor de la América, Cristóbal Colón. Según leemos, un historiador español, Enrique Arribas, ha descubierto 18 documentos que prueban que Colón fue judío. Era natural de Pontevedra; sus tíos se llamaban Abraham, Eleazar, Jacob y Benjamín. Arribas dice que si Colón hubiera sido conocido como judío hubiera sido excomulgado por la Iglesia…”

Es probable que esta haya sido la principal razón por la que la beatificación de este personaje no se llevó a cabo; ello pese a que veinte años antes de esta nota las referencias a la vida, homenajes y detalles sobre la aportación a la historia occidental de Cristóbal Colón encontraron una antesala hacia los 400 años de su llegada a las américas a lo largo de 1892, previo y posterior a esa fecha.

Colón: los festejos y la controversia sobre su beatificación.

El Abogado Cristiano Ilustrado fue uno de los dos medios impresos más importantes a finales del siglo XIX y principios del XX, no sólo para el metodismo mexicano, sino del protestantismo en general, junto con El Evangelista Mexicano Ilustrado, órgano de prensa de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur (IMES). Se convirtió también, además del testimonio escrito cristiano y la agenda misionera, en un vertedero de ideas y novedades políticas, sociales, económicas y demás de la época. Tal fue el caso de la conmemoración del “400 aniversario del Descubrimiento de las Américas”, dicho sea, con este carácter, en el entendido de que el pensamiento positivista de los editores e intelectuales metodistas mexicanos, a su vez porfiristas, tenían una visión distinta de este proceso histórico con respecto a lo que hoy se puede debatir.

Conceptos como la “hispanidad” o “el encuentro entre dos mundos”, no estaban a discusión porque ni siquiera habían sido planteados. 1892 fue declarado por los editores de El Abogado Cristiano Ilustrado como el año de conmemoración del cuarto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras. Este acontecimiento también fue aprovechado potencialmente para generar las mayores ventas y suscripciones posibles, tanto ese año como el siguiente; la manera de incentivarlo era la entrega de un “bonito grabado de Cristóbal Colón” junto con la entrega complementaria de los números que faltasen al cerrar el año; así lo señaló el agente de publicaciones, Francisco Borton, en la página 191 de su número del 1ro de diciembre de 1892.

Cabe señalar que la cobertura de noticias en referencia tanto a este personaje como al afamado hecho histórico, no se limitó a los años 1891, 1892 y 1893. Los preparativos empezaron desde cuatro años antes -o por lo menos es lo que infieren las notas informativas durante 1888, que señalaron que el gobierno de España apartó un fondo de cien mil pesos que llamó “fondo de Cristóbal Colón”, el cual tuvo como finalidad ocuparse en la construcción de un monumento, mismo que a mediados de ese año fue inaugurado en Barcelona por la reina  Regente de España (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de febrero de 1888, 21p., El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de julio de 1888, 100p.) 

Prácticamente fueron nulas las plumas críticas de El Abogado Cristiano Ilustrado hacia este personaje y el proceso histórico en el que se vio desarrollado. Llama la atención la nota editorial publicada tres años después, el 1ro de noviembre de 1895, cuyo título es “El pasado, el presente y el porvenir de la tierra de Juan Diego.” En ella, pese a que se trata de un recuento de cómo el catolicismo imperó en las costumbres, tradición e identidad de México, por una parte, halaga que fuera “la piedad cristiana católica” la que hizo posible llevarle el evangelio a los indígenas, mismo que fue posible gracias a la falta de unidad de los diversos pueblos. En esta misma editorial, se contrastan las diferencias culturales entre los españoles y los indígenas, justificando la fe cristiana y en cierto punto la violencia con la que fue impuesta en las tierras americanas, al mismo tiempo que  sopesan la idea de que este método degeneró una enajenación religiosa que antepone la figura de la virgen de Guadalupe y de Juan Diego a la de Jesucristo y la virgen María, que traspasa las prácticas dentro de las parroquias hacia la vida pública y cotidiana, en un tradicionalismo que significó un choque y un gran trabajo en la tarea de los misioneros protestantes.

Siguiendo con el 400 aniversario, los números de la segunda mitad del 1892 estuvieron dedicados a ensalzar el Descubrimiento de América y a su protagonista, Cristóbal Colón, siendo los de los meses de octubre y noviembre los más marcados por este tema. Destaca la editorial del 1ro de octubre, en el cual se desmenuza la personalidad histórica de un Cristóbal, sus contemporáneos, contexto y motivaciones. En efecto, el texto de esa fecha revela un matiz crítico hacia lo que significó la figura de Cristóbal Colón. En una visión complementaria, considero que esta editorial nos ayuda a entender las circunstancias que le motivaron en plantear una ruta alternativa hacia las Indias, territorio del cual siempre estuvo convencido había llegado. Recordemos que fue Américo Vespucio quien verificó los mapas cartográficos y dedujo que la tierra “descubierta” por Colón no eran las indias, sino otra porción territorial distinta, de ahí que nuestro continente lleve en honor y memoria su nombre y no el de Colón.

De la misma manera, conviene repensar la figura de Colón, como un sujeto que actuó de acuerdo con las circunstancias y a los límites de sus objetivos. No podemos suponer ni por un instante encajar su protagonismo como una suerte de plan maquiavélico en el que él sería la antesala del proceso que por cuatrocientos años afectó y transformó la cultura e historia de nuestra tierra. La reconfiguración de la península ibérica vivió procesos acelerados que apenas le dieron pauta para asimilar de lo que era parte. La expulsión de los moriscos (reinos árabes) que por más de setecientos años dominaron política, militar y comercialmente gran parte de la península, sólo fue posible con la unión de los medievales de Castilla y Aragón. Ambos sentaron las bases del Imperio Español de ultramar; en tanto que el reino de Castilla, liderado por la Reina Isabel, fue el principal artífice que estuvo detrás del financiamiento del proyecto comercial de Colón… Pero volviendo al punto, Cristóbal fue en cierta medida “víctima” de las circunstancias. La conquista, el saqueo, la colonización y el establecimiento del virreinato fueron procesos inherentes a la realidad posterior a su muerte. Cierto, es claro que sus exploraciones marcaron un antes y un después en el desarrollo comercial marítimo europeo que trajo consigo posteriores exploraciones provenientes de Inglaterra, Francia, Italia, Portugal y Flandes. Algunos autores afirman que este fue un momento clave en el nacimiento del capitalismo; en mi opinión sólo se trató de la expansión de la que desde siglos atrás ya eran parte, lejano, cercano y medio oriente asiático con Europa, por medio de las rutas establecidas por el imperio mongol (chino) y por los sultanatos árabes. En pocas palabras: el horizonte capitalista y la globalización proveniente desde Europa, Asia y parte de África, encontró en estos acontecimientos un punto que cerró y expandió a límites infinitos a las Américas y al Océano Pacífico.

Ahora bien ¿En dónde se inserta la beatificación de Colón? ¿Hubo méritos para ello? ¿Cuál fue el proceso y propuesta?

El conde Roselly de Lorgnes, autor del libro “Historia de Cristóbal Colón”, solicitó la beatificación de éste, para lo cual presentó al nuncio apostólico un memorial firmado por seiscientos prelados; veinte de estos eran cardenales, cinco patriarcas y ciento veintiún arzobispos (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de septiembre de 1884, 47p.). A pesar de que hubo optimismo al celebrar los 400 años de la llegada de Colón a América, la beatificación significó la otra cara de la moneda, misma que desde que fue dada a conocer la iniciativa recibió toda suerte de debates. Véanse las opiniones vertidas en El Abogado, condenando principalmente la doble moral de la iglesia católica. En este mismo orden de ideas, en la nota editorial correspondiente al 15 de agosto de 1892, titulada “Las Conquistas del Protestantismo”, critica duramente el proceder de la iglesia católica, a pesar de que ésta fuera en origen la primera en llegar a este continente, por medio del que hasta entonces se suponía era de fe católica.

Pese a que las discusiones se dan a lo largo de ese año y los siguientes, hacia principios del siglo XX el debate entre El Abogado Cristiano Ilustrado, El Amigo de la Verdad y La Voz de México -estos dos últimos, periódicos de corte católico- llegó a un punto muerto. Con el tiempo se fue olvidando el asunto, sobreentendiéndose que dicha iniciativa nunca pasó a un segundo nivel. Esto cobra sentido y se ha ratificado recientemente en el portal web de noticias católicas llamado COPE, que publicó hace unos días el artículo “Cristóbal Colón: Los motivos por los que la Iglesia ha rechazado (hasta ahora) su canonización”. Según éste, la principal causa por la que fracasó la propuesta fue por el creciente laicismo en Francia a finales del siglo XIX, país de donde salió la propuesta.

Si al argumento anterior sumamos que con toda certeza el Vaticano supiese con antelación los antecedentes judíos de Cristóbal Colón, la explicación se complementa y se entiende el porqué durante mucho tiempo, a pesar de los servicios prestados a la iglesia católica por medio de la corona de Castilla y Aragón, fue vituperado y tachado de hereje por la Santa Sede. Luego de esto, por muy progresista que sea el papa, como es el caso de Francisco actualmente, veo complicado a corto plazo que la discusión sobre su beatificación sean un punto prioritario en la agenda del Vaticano.  

Revisemos nuestra historia…

Ya son más de quinientos años de aquel 12 de octubre, 532 para ser exactos. Muchas generaciones, procesos de largo, corto y mediano aliento han pasado por nuestro planeta. Si bien es cierto, los protocolos importan y sanan heridas, pero no dejan de ser arenga, sal y sazón en la arena política de los discursos políticos, independientemente del color o tendencia. No caigamos en la demagogia de los discursos a modo que hoy, para complacer su ignorancia y contagiarla a las masas, crea controversias sin un sustento histórico; quitan estatuas de avenidas, mientras crean alrededor de ello discursos de odio y división. Tampoco seamos aquellos abyectos que con fuerza iracunda profanamos y maltratamos monumentos inertes, sin entender que son parte de nuestra identidad y patrimonio cultural. Repensemos nuestra historia con cada trozo, cada migaja de aquello que no sólo forma parte de nuestra historia de vida, sino de los procesos complejos de nuestra cultura: lengua, religión, sistema político, económico, social, etc. Al final podemos intentar encontrar un punto medio entre la historia que cuentan los vencidos y los vencedores, porque de ambos llevamos parte. 

 No olvidemos también, que es menester como metodistas estar abiertos a las ideas valorando nuestras raíces no sólo de fe, sino de la historia patria. No por nada Jean Pierre Bastián infiere a la “cívica protestante” como una de las grandes estrategias de inserción cuyos resultados en la educación y en el impacto social, en su momento rindieron frutos. Desde luego que el conocimiento histórico no es sólo para charlas de café y nostalgia; tampoco para desempolvar las anécdotas y fechas importantes únicamente en los aniversarios de congregaciones e instituciones. Mucho menos para idealizar a aquellos que tradicionalmente se les han hecho llamar “los héroes que nos dieron patria”, porque tal como nosotros fueron sujetos comunes, presentes en circunstancias adversas.

Pero si de algo sirve recordar, rememoremos las tertulias que las Ligas Epworth dedicaron a exaltar los valores de personajes de la historia de nuestro país, entre ellos Cristóbal Colón. No por nada un Juan de Dios Peza y Justo Sierra incluyeron loas y poesías para este personaje, que también quedaron para la posteridad en las páginas de El Abogado Cristiano Ilustrado, en su momento. Hay que recordar que allá por el año de 1893, en Guadalajara, Jal., se inauguró una escuela secundaria cuyo nombre fue “Instituto Colón”, de la cual esperemos haya tiempo de hablar a detalle en otra ocasión. Cierro este artículo con un chiste de humor blanco incluido en la sección de “Ocurrencias” del susodicho periódico, publicada el 13 de febrero de 1913:

“Exámenes de historia.

  • ¿Qué hizo Cristóbal Colón tan luego puso el pie en América?
  • Se apresuró a poner el otro…”

Fuentes.

Abogado Cristiano Ilustrado, El; años 1884, 1888, 1891, 1892, 1893, 1895, 1896, 1913.

BASTIAN, Jean-Pierre (1993). Los disidentes. Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911, Fondo de Cultura Económica, México.

Cristóbal Colón: Los motivos por los que la Iglesia ha rechazado (hasta ahora) su canonización, en https://www.cope.es/religion/hoy-en-dia/iglesia-universal/noticias/cristobal-colon-los-motivos-por-los-que-iglesia-rechazado-hasta-ahora-canonizacion-20231207_3039395  Consultado el 13 de octubre de 2024.

Revelan el verdadero origen de Cristóbal Colón es judío sefardí en https://esrt.press/actualidad/526392-revelar-cristobal-colon-realmente-judio-sefardita consultado el 10 de octubre de 2024.

1492: La conquista del paraíso (1992). Película. Director: Ridley Scott; Gaumont-Paramount Pictures. España-Francia.