¿A qué edad debemos servir al Señor?

¿A qué edad debemos servir al Señor?

Esta pregunta es la que todos nosotros nos hacemos alguna vez en la vida, así que para contestarla tendremos que definir qué es Servir al Señor. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra servir significa obsequiar a alguien o hacer algo en su beneficio; estar al Servicio de alguien; ser de utilidad o ser adecuado para alguien; también significa ejercer un empleo o cargo en lugar de alguien.

En cuanto al servicio cristiano podemos decir que servir a Dios significa seguir a Jesús, y esto se verá reflejado en 2 sentidos: amar a Dios, obedecer su palabra y andar como él anduvo; y amar a los demás haciendo todo el bien al prójimo.

La Biblia nos enseña que debemos escoger a quién servir. En Josué 24:15 se nos anima a servir a Dios; Josué confronta al pueblo y les dice. “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis, si a los dioses a quien sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

El servir al Señor siendo útiles a la humanidad -y en especial a su pueblo- nos confronta con una realidad: Él nos desafía a salir de nuestra zona de confort he imitar el estilo de vida de Jesús viviendo en santidad, viviendo para Dios y no satisfaciendo a los deseos de nuestra carne; y la otra parte, servir al Señor para obedecer la gran comisión de ir y predicar el evangelio a toda criatura.

Ciertamente, este llamado te llevará a tener que esforzarte y sufrir los vituperios de Cristo; pero a lo largo de mi vida he podido experimentar esa parte de la escritura donde nos narra que los apóstoles se sentían gozosos de sufrir penalidades por causa de servir al Señor, y es muy grato poder alcanzar ese tipo de gozo del servicio cristiano.

He pasado por pruebas (no pocas) de diversas clases y por diversos desiertos; pero de todas ellos me gozo, porque he podido ver la mano provisoria de Jehová. He podido desarrollar carácter y fortaleza, sabiendo que sea lo que sea que venga, de todo ello me librará Jehová. Porque en estos 40 años de servicio cristiano, la mano del Señor no se ha acortado para bendecirme y sacarme vencedora de todo lo que me ha querido detener.

Me convertí a la edad de 28 años bajo el ministerio de una mujer muy consagrada que ocupaba el puesto de diácono en la Iglesia Metodista de mi ciudad natal. Tuvieron la paciencia y la sabiduría para discipular e inspirarme a servir al Señor. Cuando tenía tan sólo 6 meses de convertida, la gente de la iglesia me pedía orar por ellos; para mí era un gozo servir de esta manera, pero me llamaba la atención que eran hermanos que tenían muchos años asistiendo al templo; yo, recién convertida, oraba con mucho fervor y amor.

El Señor me siguió capacitando en muchas áreas. Mi pastor me ponía a predicar, dirigir, evangelizar; ocupé varios cargos en la iglesia. Después vino la formación ministerial y el cargo pastoral, aún sin terminar mi preparación; pero eso no impidió que me preparara para hacerlo de la mejor manera, siempre teniendo presente que no servimos a los hombres sino a un Dios Todopoderoso y Santo.

Podía ver cómo el Señor me prosperaba en mis oraciones, así que desarrollé fe en la oración y en sus promesas. Dios siempre me contestó de acuerdo con su voluntad, plan y propósito.

Iba caminando a pasos agigantados en el ministerio del servicio cristiano; pero el enemigo puso tantos obstáculos que tuve que parar, esto con el fin de salvar esos obstáculos y que pudiera ser totalmente libre para una dedicación en cuerpo y alma.

En la actualidad cuento con 68 años. Mi pasión por el servicio cristiano es más firme que nunca. Me encuentro desafiando muchos retos: como tener que viajar hasta 5 horas de distancia de mi casa a mi cargo pastoral; vivir en una casa pastoral muy antigua en el centro de una ciudad cosmopolita, en donde su vida nocturna es intensa, por lo que me es complicado dormir. Para visitar a los hermanos hay que caminar largas rutas extenuantes, entre callejones con pendientes peligrosas y resbaladizas. Sin embargo, puedo ver la mano de nuestro mi Señor Jesucristo, que me guarda de peligros y accidentes; y continúo haciendo la tarea que mi Padre me encomendó, respaldada por su gran amor. Al mismo tiempo, he decidido reingresar al Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo para retomar (o reiniciar) mis estudios teológicos, tomando clases en línea. Con ello, doy testimonio de que cuando hay amor por nuestro Salvador debemos hacer las cosas bien, sorteando todos los obstáculos que se presenten.

Hoy te quiero animar a que le sirvas al Señor; con el poco o mucho conocimiento que tengas, el Señor suplirá tus deficiencias. Que sea la edad que tengas, seas un niño, un adolescente, un joven, un adulto o adulto mayor, no importa, Él nos puede bendecir cuando somos portadores de la preciosa semilla de la salvación. No podemos ponerle pretextos a Dios, porque en la Biblia vemos cómo usó a un joven que llevaba sólo peces y panes; adultos y adultos mayores como Moisés, el profeta Elías; y tantos hombres de Dios que en su vejez sirvieron dando su vida por el evangelio.

¿Cuál es el motivo por el cual no le sirves el día de hoy a un padre amoroso que dio su vida en la cruz por ti y por mí, y por todos los perdidos que no le conocen y que están esperando que te acerques para decirles que hay perdón y redención en el nombre de Jesús? Yo te animo a que empieces a servirle de todo corazón. 

“Abre tu boca que yo la llenaré.” Salmos 81:10

Maria de los Angeles Olguín Velázquez
PLMT en Guanajuato, Gto.
Iglesia Metodista Santísima Trinidad