En este inicio de año, ya pasado el tiempo navideño y de fin de año, así como el Año Nuevo, es propicio reflexionar sobre la fidelidad de Dios y sus promesas para nosotros. Esto, basado en la lectura del profeta Isaías, en el capítulo 43, donde nos dice: Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”. Esta afirmación nos lleva a declarar: soy del Señor, mientras Él nos responde: mío eres tú. El versículo continúa: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo.
El inicio de un nuevo año siempre trae consigo un momento para detenernos ante el umbral del futuro y contemplar lo que hay por delante. Al llegar a una encrucijada, dos caminos se abren y nos invade cierta incertidumbre sobre cuál dirección tomar. Un año es sólo una medida de tiempo, un concepto humano para organizar nuestra vida en segmentos. Pensamos: 12 meses han pasado y 12 meses me esperan. Tal vez ahora mismo estás haciendo un balance de tu vida, revisando los logros, los momentos difíciles, las oraciones respondidas, las carencias, las luchas financieras, los problemas de salud o cualquier situación que hayas enfrentado en este tiempo.
Ahora, al mirar hacia este 2025, deseamos la certeza de que el Señor irá con nosotros. Como el pueblo de Israel dijo a Moisés: Vamos contigo, pero asegúrate de que Dios esté contigo. También dijeron a Dios: Señor, no nos saques de aquí si Tú no vas con nosotros. Hoy le decimos lo mismo: Padre, no nos permitas continuar este año sin la seguridad de que tu mano, tu bendición y tus promesas están con nosotros.
Quiero compartir con ustedes hoy un mensaje de ánimo y esperanza: el Señor tiene un propósito para nuestras vidas, un propósito específico para cada uno de nosotros. Las palabras que Dios inspiró en el profeta Isaías estaban dirigidas a un pueblo infiel, que había pecado, caído en la idolatría y adoptado prácticas contaminantes. Este pueblo enfrentaba la amenaza de una nación poderosa, Asiria, que ya había causado destrucción anteriormente. En el libro de Isaías encontramos un equilibrio entre palabras de condenación y palabras de esperanza. Esto refleja el corazón paternal, generoso y amoroso de Dios, que incluso mientras corrige, planea la reconciliación con sus hijos.
Estas palabras, aunque escritas para Israel hace siglos, también son para nosotros. Son palabras eternas y universales, que reflejan la intención de Dios para nuestras vidas. Al caminar con Cristo, al seguir la palabra de Dios y vivir conforme a sus caminos, podemos estar seguros de que Él cumplirá sus promesas. En este año 2025, creamos firmemente que esta palabra es para nosotros.
El capítulo 42 de Isaías describe a un pueblo oprimido y saqueado, que ha rechazado a Dios repetidamente. Sin embargo, en el capítulo 43, el Señor dice: Ahora tengo algo diferente para ti; tengo bendición para tu vida. Nosotros, como Israel, a menudo fallamos al Señor y nos desviamos de sus caminos. Tal vez sentimos que ya no hay esperanza, que Dios ha retirado su misericordia. Pero hoy quiero asegurarte que, si Dios perdonó a Israel, también nos perdonará a nosotros.
Dios tiene un corazón bondadoso y lleno de gracia para quienes se arrepienten y buscan su rostro. La obediencia a Dios es el lugar más seguro para sus hijos, porque allí el enemigo no puede prevalecer. No permitamos que los errores del pasado nos hagan perder de vista los propósitos de Dios. Si el Señor hizo esto por Israel bajo la antigua alianza, cuánto más ahora, bajo la gracia y cubiertos por la sangre de Cristo.
Cuando leemos en la Escritura “Así dice Jehová”, vemos un Dios comprometido con su carácter y sus promesas. El Señor no cambia; si Él ha declarado bendiciones sobre nuestras vidas, las cumplirá. Isaías 43:1 nos recuerda que Dios no solo nos creó, sino que también nos formó. Esto significa que tiene un propósito claro para cada uno de nosotros.
Dios no es un creador distante; Él sigue involucrado en su creación y, especialmente, en nuestras vidas. Desde el vientre de nuestra madre, Dios nos ha formado y nos ha acompañado en cada etapa. Él es fiel, incluso cuando nosotros no lo somos. Aunque nuestras emociones cambien, Dios permanece constante y comprometido. Es difícil creer esto cuando enfrentamos problemas, pero Dios utiliza cada situación, incluso las pruebas y los silencios, para moldearnos a su imagen. Él nos llama a confiar en su fidelidad, sabiendo que completará la buena obra que ha comenzado en nosotros. El pasaje de Isaías 43 también nos habla de la redención. Redimir implica un compromiso profundo de Dios con nosotros. Él no nos abandona; está trabajando en cada aspecto de nuestras vidas para cumplir sus propósitos.
En Romanos 8:31-32 leemos: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”. Este pasaje nos recuerda una verdad fundamental: si Cristo nos compró con su sangre preciosa, todo lo demás en nuestra vida son cosas pequeñas comparadas con este regalo eterno. Por eso, debemos tener siempre presente que llevamos un sello inquebrantable, un sello que nadie puede quitarnos. Nuestro destino eterno está asegurado. Así como Dios le dijo a Israel: «Yo te puse nombre», también a nosotros nos conoce personalmente.
Dios nos llama por nuestro nombre y está íntimamente involucrado en nuestra vida, en cada situación que atravesamos. Esto nos asegura que podemos tener un diálogo continuo con Él, confiando en su fidelidad y amor. Te animo a que en este próximo año renueves tu fe en esta verdad: Dios te conoce por tu nombre. El salmista nos recuerda que en su libro están escritas todas las cosas que serían formadas, sin faltar una de ellas. Dios nos dice: “No temas, porque yo te conozco; yo te puse nombre, mío eres tú”.
Cuando Dios dice: “Cuando pases por los ríos, yo estaré contigo”, nos está recordando su fidelidad pasada y asegurándonos que seguirá siendo fiel en el presente y el futuro. Los ríos representan los obstáculos, las dificultades que enfrentamos en nuestra vida y que intentan alejarnos de las bendiciones que Él tiene para nosotros. Pero el Señor nos dice claramente: «No temas, no te preocupes». Cuando luches contra impedimentos que el enemigo intente colocar en tu camino, recuerda que Dios estará contigo en cada batalla.
La palabra del Señor también declara: “Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Esta afirmación nos da la certeza de que el poder de Dios supera cualquier fuerza que podamos enfrentar. Más poderoso es Aquel que está con nosotros, que aquel que está en el mundo. Así que, mientras avanzamos hacia un nuevo año, recordemos que no estamos solos. Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, y quien pelea nuestras batallas.
Pbro. I. Gilberto Carballo Cerecedo
La Santísima Trinidad, León, Guanajuato
Distrito Bajío, Conferencia Anual Septentrional
