HISTORIA NÚM. 29
JULIA IBARRA ZAPATA
Pbro. Baltazar González Carrillo
Hago un paréntesis en la cronología de mi vida (1963-1964) para contarles una historia más, una historia de Amor:
Les conté que al regresar al Seminario en Marzo de 1963 para cursar mi segundo año me reencontré con aquella bella muchacha que conocí al inicio de las campañas del PRE en el internado de la Granja Huentepec; en aquella ocasión, un día, después de comer fui asignado a uno de los domésticos que consistía en lavar la loza; el sistema era el siguiente: los meseros recogían la loza y la llevaban al primer lavado, luego esa loza pasaba al enjuague y luego esa loza pasaba al secado y en seguida a colocar la loza limpia en sus debidos anaqueles. Pues bien, yo era el encargado de secar la loza que recibía de la persona que la estaba enjuagando, y esa persona era la Señorita Julia.
Desde el primer momento que la vi me gustó esa chica, por lo que aproveché mi cercanía con ella y cuando me pasaba la loza yo procuraba tomarle su mano…Noté que al principio no le gustó mi flirteo… pero luego ya no sentí su rechazo. Nos fuimos a las campañas, regresamos a México y durante el resto del año de 1962 no la volví a ver hasta Marzo de 1963, cuando ella ingresó al Seminario.

Durante Marzo y Abril volví a mostrarle mi interés y pronto llegó Semana Santa, fecha en que todos los estudiantes se iban a cumplir con sus respectivos pastorados y otros a disfrutar de sus vacaciones. Los estudiantes de la Iglesia “Discípulos” se quedaron para atender la naciente iglesia de ellos en la colonia Narvarte, y yo también me quedé por estar asignado a la Iglesia de Gante. El personal de la cocina y lavandería también salió de vacaciones, por lo que los estudiantes nos organizamos por equipos, unos para cocinar, otros como meseros, otros para lavar la loza y otros para surtir la despensa. A Julia y a mí nos tocó esta última comisión, es decir, ir de compras al supermercado para abastecer nuestro comedor.
Esta fue una magnífica oportunidad para manifestarle a Julia no sólo mi interés, sino mi amor por ella y finalmente solicitarle formalmente que fuera mi novia… y ella me respondió que sí…
Cuando se reiniciaron las clases la noticia de nuestro noviazgo se corrió entre todo el alumnado, llegando a los oídos de Miss Ruth Leslie, quien era la encargada de las señoritas estudiantes de los “Discípulos”. En los siguientes días Miss Ruth me llamó para platicar conmigo respecto a mi relación sentimental con Julia; me aseguró que aunque ella estaba de acuerdo si mis intenciones eran serias, pero que había que llenar un requisito, y éste era la aprobación del padre de la señorita Julia y que, por cierto – me dijo- la próxima semana vendrá a la capital para atender asuntos agrarios y que sin duda alguna vendría a saludar a su hija. Esta será la oportunidad- agregó- para que usted le solicite el permiso al señor Ibarra…
Ese día llegó, y el señor Néstor Ibarra Hernández vino al Seminario y Miss Ruth se encargó de concertar una cita entre el señor Ibarra y yo… Me presenté con muchos nervios, porque el travieso de Daniel me lo había dibujado como un hombre muy alto, fornido y con malos modales… y me encontré con todo lo contrario: un hombre bajito de estatura, muy humilde, muy serio pero sobre todo muy cristiano. Después de solicitarle su permiso para seguir manteniendo nuestra relación de noviazgo, él me manifestó que tanto Julia como yo ya éramos adultos, que respetaba nuestra decisión y sobre todo que los dos nos estábamos preparando para servir en la obra de Dios.
Nuestro noviazgo se afianzó a lo largo de los años 1963 y 1964. En Noviembre de 1964 Julia terminó su curso, se graduó y se fue a trabajar en su Iglesia.
1965 fue un año en que continuamos nuestro noviazgo, pero ahora fijándonos la meta de casarnos después de mi graduación. Nuestra comunicación era sólo a través de la correspondencia; es decir, nos escribíamos casi a diario…
De nuestra boda, de nuestra familia y nuestro ministerio les seguiré contando en las siguientes historias.
Siempre le he dado gracias a Dios por haber conocido a Julia, a sus padres y a sus hermanos y hermanas, quienes han sido mi segunda familia a lo largo de mi vida. Julia y yo llevamos más de 55 años de casados y juntos hemos estado felices. Hemos llorado, pero una vez más nuestro amor y la bendición de Dios nos ha mantenido siempre unidos.
Foto de Julia Ibarra Zapata, tomada de la página de Facebook https://www.facebook.com/BaltazarGlez
