El rey Saúl: narcisismo y abuso espiritual

El rey Saúl: narcisismo y abuso espiritual

Manuel E. Osorio R. 
Seminario Metodista Juan Wesley 

(Segunda parte)

Saúl y su falta de responsabilidad al manipular la verdad

Uno de los rasgos más preocupantes del carácter de Saúl es su incapacidad para asumir responsabilidad por sus acciones. En lugar de aceptar sus errores y buscar restauración, manipula la verdad para justificarse, trasladando la culpa a otros. Un claro ejemplo de esto se encuentra en 1 Samuel 15:20-21, cuando, tras desobedecer la orden de Dios de destruir completamente a los amalecitas, intenta defenderse ante Samuel:

«Antes bien, he obedecido la voz de Jehová (…) Mas el pueblo tomó del botín, ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal» (1 Samuel 15:20-21).

La palabra hebrea (shamáti), que significa «oír, escuchar, obedecer», es utilizada por Saúl para afirmar falsamente que ha cumplido la voluntad de Dios, cuando en realidad su obediencia fue selectiva e incompleta.

La manipulación de la verdad y la evasión de responsabilidad

La manipulación de la verdad es una herramienta de control en entornos abusivos, donde la culpa siempre recae en otros y no en el líder (McKnight & Barringer, 2020). Saúl emplea tres tácticas típicas de un líder manipulador:

  1. Medias verdades: Declara que obedeció, pero omite que dejó con vida al rey Agag y preservó lo mejor del ganado.
  2. Culpar a otros: En vez de aceptar su error, traslada la responsabilidad al pueblo, como si él no tuviera autoridad sobre ellos.
  3. Justificación religiosa: Racionaliza su desobediencia diciendo que los animales fueron guardados para «ofrecer sacrificios a Jehová». Este patrón de comportamiento es común en el abuso espiritual, donde los líderes usan argumentos religiosos para encubrir sus fallos (Enroth, 1992), justificando malas decisiones con supuestas intenciones piadosas.Manipulación de la espiritualidad para encubrir el pecado

El problema con la justificación de Saúl es que su obediencia parcial no es verdadera obediencia. En su intento de quedar bien, recurre a la manipulación religiosa, como lo hacen algunos líderes espirituales hoy en día:

  1. Encubren sus errores con frases como «Dios me puso aquí» o «Así es como Dios me usa».
  2. Usan la Escritura selectivamente para justificar decisiones egoístas.
  3. Desvían la culpa hacia otros en lugar de reconocer sus propias fallas.

Saúl nos muestra cómo el orgullo y la falta de responsabilidad pueden llevar a un líder a perder su llamado. Su obsesión por mantener su imagen lo llevó a un ciclo de autojustificación y desobediencia, que finalmente lo alejó de la voluntad de Dios.

El peligro de un liderazgo sin rendición de cuentas

Cuando un líder no asume responsabilidad y manipula la verdad para proteger su imagen, pone en riesgo la salud espiritual de su comunidad. En contraste, un liderazgo piadoso se basa en la transparencia, la humildad y la rendición de cuentas. Saúl fue rechazado por Dios porque prefirió justificar su desobediencia antes que arrepentirse genuinamente. Su historia nos enseña que Dios no busca excusas ni justificaciones religiosas, sino corazones sinceros y rendidos. En la iglesia de hoy, es esencial identificar y corregir estos patrones para evitar que el liderazgo se convierta en una plataforma de manipulación, en lugar de un medio de servicio y edificación.

Conclusión

Saúl demostró una incapacidad crónica para asumir responsabilidad por sus errores, recurriendo a la manipulación de la verdad y la justificación religiosa para proteger su imagen. Este comportamiento refleja un liderazgo narcisista que pone en peligro la salud espiritual de la comunidad. Un líder verdadero debe ser transparente, rendir cuentas y reconocer sus fallas sin excusas. Sin embargo, la falta de responsabilidad de Saúl no fue su único defecto; su inseguridad personal lo llevó a desarrollar celos y paranoia, especialmentehacia aquellos que amenazaban su posición de poder.Saul, sus celos y paranoia: la persecución de David

Uno de los rasgos más destructivos en la vida de Saúl fue su incapacidad para manejar la comparación y el éxito de otros. Su inseguridad como líder lo llevó a desarrollar un profundo sentimiento de celos y paranoia, especialmente hacia David, cuya creciente popularidad se convirtió en una amenaza a su trono. El ascenso de David provocó en Saúl un profundo miedo a ser reemplazado. Su reacción no fue de humildad ni de reflexión, sino de hostilidad y persecución (Figueroa & Tombs, 2022).

La crisis de Saúl comenzó cuando David, tras derrotar a Goliat, recibió una ovación pública superior a la del propio rey. La aclamación del pueblo quedó reflejada en su cántico:

«A Saúl hirió a sus miles, y a David a sus diez miles» (1 Samuel 18:7).

La reacción de Saúl ante este reconocimiento fue inmediata y visceral:

«Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David» (1 Samuel 18:8-9).

La expresión hebrea – (vayehí Shaúl ¯awo¯n et-David) indica que Saúl miró a David con sospecha, resentimiento y hostilidad. La palabra clave aquí es (¯awo¯n), que implica una mirada distorsionada por la amargura y la envidia.

Celos que llevan a la paranoia y la persecución

Saúl interpretó la ovación popular no como un reconocimiento legítimo a la valentía de David, sino como una señal de que su reino estaba en peligro. Su razonamiento fue extremo: «No le falta más que el reino» (1 Samuel 18:8), lo que revela su creciente paranoia.

En lugar de alegrarse por el éxito de un siervo de Dios, Saúl lo vio como una amenaza directa a su autoridad. Su respuesta no fue de humildad ni de reflexión, sino de hostilidad y persecución. Desde ese momento, comenzó a tramar la eliminación de David, lanzándole una lanza en un arrebato de ira (1 Samuel 18:10-11) y enviándolo a misiones peligrosas con la esperanza de que muriera en batalla (1 Samuel 18:17-25).Este patrón de conducta no solo es una muestra de inseguridad personal, sino también un ejemplo clásico de abuso espiritual. En el contexto eclesial, los líderes espirituales con tendencias narcisistas ven a los talentos emergentes como amenazas en lugar de oportunidades para la edificación del cuerpo de Cristo. Este tipo de control se observa en estructuras eclesiales tóxicas, donde cualquier forma de disidencia es castigada con exclusión o manipulación (Johnson & VanVonderen, 1991).

La trampa de la envidia y el abuso de poder

El problema de Saúl no era solo su envidia hacia David, sino lo que hizo con ella. En lugar de someter su corazón a Dios y reconocer Su soberanía, dejó que su inseguridad lo consumiera, desarrollando una obsesión por eliminar a quien consideraba su rival.

Este patrón es común en algunos líderes espirituales hoy en día. En lugar de invertir en la formación de nuevos talentos, algunos prefieren desacreditar, excluir o incluso expulsar a aquellos que podrían “opacar” su influencia. Esta actitud puede generar:

  1. Una cultura de favoritismo: Donde los que son percibidos como leales al líder reciben privilegios, mientras que aquellos que destacan por méritos propios son ignorados o atacados.
  2. Un liderazgo basado en el control: En el que el líder manipula, restringe o castiga a quienes considera una amenaza.
  3. Un ambiente tóxico en la iglesia: Donde el crecimiento de otros no es celebrado, sino visto con recelo y desconfianza.

El liderazgo según Dios vs. el liderazgo según Saúl

Saúl se aferró desesperadamente a su poder, olvidando que el liderazgo en el Reino de Dios no es una cuestión de autopreservación, sino de servicio. En contraste, un líder conforme al corazón de Dios se alegra cuando otros son levantados y capacitados para la obra del ministerio. El caso de Saúl nos enseña que el liderazgo centrado en la autoimagen y el temor a perder el control lleva a la autodestrucción y el rechazo de Dios. En cambio, el liderazgo genuino se fundamenta en la confianza en la soberanía de Dios y en la edificaciónmutua dentro del cuerpo de Cristo.

Conclusión

Los celos y la paranoia de Saúl hacia David ilustran cómo el miedo a perder el control puede transformar a un líder en un perseguidor de aquellos que deberían ser sus aliados. En lugar de celebrar el éxito de David como una bendición para Israel, Saúl lo vio como una amenaza personal. Este patrón de conducta resalta la necesidad de líderes que prioricen el bien común sobre sus intereses personales. La incapacidad de Saúl para manejar la comparación con otros no solo alimentó su paranoia, sino que también lo llevó a resistir cualquier forma de crítica o corrección, un rasgo que profundizó su caída espiritual.


(Continuará…)Bibliografía

Borgoño, C., & Hodge, C. (2021). El abuso de conciencia. Hacia una definición que permita su tipificación penal canónica. Veritas, 50, 173-195.

DeGroat, C. (2020). When narcissism comes to church: Healing your community from emotional and spiritual abuse. InterVarsity Press.

Enroth, R. M. (1992). Churches that abuse. Zondervan.

Figueroa, R., & Tombs, D. (2022). El abuso espiritual de religiosas: Caso de estudio: Siervas del Plan de Dios. Teología y Vida, 63(3), 399-424. https://doi.org/10.7764/TyV/633/5/399-424

Johnson, D., & VanVonderen, J. (1991). The subtle power of spiritual abuse: Recognizing and escaping spiritual manipulation and false spiritual authority within the church. Bethany House Publishers.

McKnight, S., & Barringer, L. (2020). A church called Tov: Forming a goodness culture that resists abuses of power and promotes healing. Tyndale House Publishers.