EDITORIAL

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¿Quién es este Rey de gloria?

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla. 
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
Él es el Rey de la gloria.

Salmo 24:7-10

Estamos por iniciar la Semana Santa, que para los creyentes en Jesús es el recuerdo de los últimos días de él en la tierra, los acontecimientos que rodearon su pasión, muerte y resurrección. 

El inicio de la semana mayor este año será el próximo 13 de abril, y nos permitirá recordar la entrada de Jesús en Jerusalén, siendo aclamado por muchos, ante la mirada reprobatoria de los líderes religiosos de la época. Esa entrada nos recuerda la parte del salmo citado arriba, que habla de un Rey de gloria entrando con firmeza en sus dominios. Podemos imaginarnos a la distancia las demostraciones de adoración que la gente le habrá hecho, y seguramente querríamos haber estado allí para unirnos a esa celebración de la entrada del Maestro en la santa ciudad. El salmo contiene una prosopopeya, una exhortación a las puertas a que se alcen y dejen pasar al Rey glorioso, que la Biblia nos dice entró humildemente montado en un pollino, hijo de una asna. 

Ese humilde Jesús, que mansamente entraba a la ciudad, era nada menos que Jehová, “fuerte y valiente”, “poderoso en batalla”, que estaba por culminar la obra para la cual había venido al mundo: la salvación del género humano.Y ahora, más de dos mil años después de ese recibimiento que se le dio, nosotros, los que hemos decidido depositar nuestra confianza en el sacrificio de Cristo para nuestra salvación, tenemos oportunidad una vez más de reflexionar en cómo diariamente dejar entrar a Jesús a nuestra vida, nuestra familia, ciudad, estado y nación.

¿Qué significa dejar entrar al Rey de gloria ? Muchas cosas: entre otras, significa permitir que examine todos los aspectos de nuestra vida y los ordene según su soberana voluntad; significa ya no presentarle en oración nuestras peticiones como si fueran una lista de mandado que él debe surtir, sino presentarnos para que sea él quien nos hable y nos diga qué quiere que hagamos con nuestra vida; significa entregarle con plena confianza cada una de las áreas de nuestro ser -mente, voluntad y emociones- y las cosas que nos importan -nuestra familia, amigos, trabajo, escuela, autoridades civiles y eclesiásticas- y dejar nuestra arrogancia, arrogancia que perdió a Saúl, el primer rey de Israel, y de la que se nos habla en “El rey Saúl: narcisismo y abuso espiritual”, que concluye en esta edición del 31 de marzo. En suma, dejar entrar al Rey de gloria significa no solamente aceptarlo como Salvador, sino como Señor de nuestra vida. 

En esta Semana Santa 2025, una vez más, podemos invitar a otros que no lo conocen a dejar entrar al Rey de gloria en sus vidas: invitémosles a las reuniones que se organicen en nuestras congregaciones para que puedan tener un momento de adoración y reflexión junto con nosotros y ¿quién sabe? éste sea su momento de dejar entrar a ese Rey de gloria en sus vidas, para que les muestre, como a nosotros, el camino por donde deben andar, ese camino que es también el destino final, la eternidad con el Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Ese Rey de gloria que entró en Jerusalén es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6) y nadie viene al Padre si no es a través de él.

Para eso formamos parte del cuerpo de Cristo, su iglesia: para dejar entrar al Rey de Gloria a nuestra vida completa, y no cansarnos de invitar a otros a que hagan lo mismo.

Ésta es una edición sobre testimonios: tenemos varias crónicas de reuniones de distrito habidas en las conferencias del Sureste y Norcentral, así como celebraciones jubilosas de nuestras legionarias de servicio cristiano, en su octogésimo aniversario de creación. Del mismo modo, en “¿Será cierto?” vemos un reto a examinar la calidad de nuestro testimonio a otros; e incluimos el artículo “Un diván del tamaño del estadio PNG”, donde se reflexiona sobre el compartir nuestro testimonio personal con otros. Esperamos puedan leer, comentar y compartir cada una de las colaboraciones que nos regalan los escritores de esta edición.

Afectuosamente,
María Elena Silva Olivares