Por Rubén P. Rivera
A lo largo de 65 años de pastorado he escuchado comentarios como los que ahora presento, a veces a manera de chiste y en otras ocasiones en serio.
Hoy los someto a la amable consideración de los lectores con la idea de que consideren si es o no cierto lo que a continuación expongo en dos casos.
PRIMER CASO.
A un mercado de flores entra un creyente cristiano para comprar flores con las cuales adornará el templo al que pertenece. Tras de revisar las opciones se decide por unas flores sencillas, de bajo costo. Al hacer los arreglos del pago pregunta al florista si hay un precio especial para templos. Entonces el florista comenta: Usted es cristiano, ¿verdad?; sí, ¿cómo lo supo?- contesta el cliente, porque efectivamente asisto al templo que está muy cerca de aquí y aprovecho para invitarlo. le aseguro que nos dará mucho gusto recibirlo en nuestras reuniones. Muchas gracias, le dice el florista, pero no me interesa visitarlos y le diré por qué: mire, a mi florería vienen muchas personas que pertenecen a diferentes religiones: católicos, judíos, la Luz del Mundo, mormones, iglesia Universal esos de “pare de sufrir”, etc. Todos ellos llegan y me piden para sus templos las flores más bonitas, cuesten lo que cuesten, y me pagan lo que les digo, sin regatear. En cambio, los cristianos vienen y escogen flores baratas y no muy bonitas; y al pagar generalmente me piden algún descuento; esto me da a entender que seguramente el Dios de los cristianos no ha de valer mucho, puesto que no merece la mejor ofrenda floral que se le pueda dar; y por ello es que no me llama la atención visitar su templo. Si a ustedes su Dios no les importa, menos importará a los que no somos cristianos ¿no cree?
SEGUNDO CASO.
Un cristiano de buena posición social, dueño de varios negocios, platica con otro congregante:
Fíjate, hermano que he tenido que tomar la decisión de no prestar dinero o cosas a hermanos en la fe, porque no cumplen con el pago o no me regresan las cosas que les he prestado; y si acaso lo hacen, me las regresan maltratadas y a veces ya inservibles y no son para ofrecer la reposición de lo prestado. Tengo que recordarles dos y tres veces su deuda y me prometen cumplir, pero no lo hacen. Aparte de defraudarme, son mentirosos. A veces me dan la impresión de que son descarados e incumplidos, porque saben que como soy cristiano no voy a recurrir a la justicia para demandarlos por incumplimiento, ya que se trata de hermanos cristianos. Me da tristeza que los no creyentes con quienes tengo tratos sean más cumplidos que los que son de la fe. Estos malos testimonios me han enfriado la voluntad de servir a mis hermanos siendo que Dios me ha bendecido tanto ;y me gustaría mucho poder sacarlos de apuros ajustándome a sus condiciones, inclusive si no están en la posibilidad de pagar o de devolver el objeto que les haya prestado, siempre que me lo hagan saber. Yo respetaría su sinceridad, pero la mayoría me promete cumplir y son puras mentiras. Todo esto me ha hecho cerrarme a ayudar a los hermanos aunque quisiera hacerlo.
CONCLUSIÓN.
¿Y usted, qué piensa sobre estos casos? ¿Será cierto que muchos cristianos somos así? Si esto es cierto, tal vez por ello hay quienes no quieren saber de nuestras congregaciones y en vez de ganar nuevos feligreses los perdemos por causa de nuestro mal testimonio. Si tal es el caso en su congregación ¿no cree que es tiempo de ser cristianos honestos y veraces?

Totalmente cierto. Mi esposa es Ortodoncista y tiene algunos pacientes cristianos. TODOS le piden descuento cuando les entrega el presupuesto de su tratamiento, luego cuando empiezan con su tratamiento, llegan tarde, se enojan porque pierden la cita, le levantan la voz a la recepcionista del consultorio !Quiero hablar con la doctora! Se les atiende, cuando salen en lugar de pagar su consulta le dicen a la asistente “Dígale a la doctora que se me olvidó la bolsa en el carro, que luego vengo o le hago una transferencia”. Esto es cierto como lo es. Difícilmente ya acepta pacientes cristianos, los canaliza a otros doctores porque perdemos la amistad, le faltan el respeto a las empleadas y a ella. Ningún otro paciente se atreve a hacer estas cosas, solo los “hermanos”.
Emilio Flores y Paty de la Rosa nos congregamos en Shalom en Chihuahua, Chih. Saludos y bendiciones.
emilioflores@yahoo.com
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